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Enterprise Information Systems in Construction Research

Chapter 2: Literature Review

2.5 Enterprise Information Systems in Construction Research

una caracterización de partida, habría que proceder a una ¿/¿-construcción, ope­ rada analíticamente, la que debiera reflejar el campo analítico de incidencia de la teoría en la práctica. La definición del Otro supone además la ubicación de todos los datos en juego, la que solo es posible siguiendo en Lacan las relaciones de la geometría del yo con la topología del sujeto. E n su representación del esquema L, Lacan agrega las siguientes reflexiones sob re la dialéctica de la intersubjetivi- dad: “Es así que si el hombre se pone a pensar el orden simbólico, es en primer lugar porque se halla apresado en su ser. La ilusión de que lo ha formado por su conciencia proviene de que es por vía de u n a específica apertura desmesurada (beance) de su relación imaginaria con su semejante que ha podido entrar en este

orden como sujeto. Pero no ha podido hacer esa entrada más que por el desfila­ dero radical de la palabra, o sea, el mismo del cual hemos podido reconocer en el juego del niño un momento genético, pero q u e en su forma completa se reprodu­ ce cada vez que el sujeto se dirige al Otro c o m o absoluto, es decir, como el Otro que puede anularlo a él mismo, de la m ism a manera que él lo puede actuando con él, es decir, haciéndose objeto para en gañ arlo” (E. p. 53). Confróntese más adelante el movimiento de nuestra interpretación del O tro absoluto.

En sus reflexiones sobre Schreber, Lacan presenta una versión simplificada del esquema L que llama esquema Lam bda, y sobre el que opera las transfor­ maciones topológicas exigibles por la estru ctu ra de la psicosis:

no d eb em os sa lim o s del ejem p lo; el O tro es en p rim e r lu ­ gar la estructura, la m aqueta com o sum a de las dos escenas. E l O tro es así un lugar, esto es, un sitio no espacial: en la maqueta la m aqueta misma, esa “otra escena” desde donde sería posible “leer” la ubicación del sujeto. Volviendo a los aforism os laca- nianos: de este O tro habla la frase “el inconsciente es el discur­ so del O tro ”. E l discurso, se ve, debió entonces articularse sobre los pilares de nuestra m aqueta, a saber, sobre los pilares de la dialéctica de la intersubjetividad. Se podría con clu ir entonces: el O tro es el código, o mejor, el lugar del código (pero habría que proceder con cautela y no tom ar la palabra código por lo que ella vale en la teoría de la inform ación, esto es, com o sim ­ ple tesoro de posibilidades preconcebidas) (cfr. SSDD, p. 8 0 7 ). Cautela que recomienda transform ar la frase en una definición tautológica y literal: si entonces el O tro es el lugar del código, el código es entonces el lugar del O tro. ¿Para qué sirve la trans­ form ación? Para señalar simplemente una prim era correspon­ dencia de lugares (en un p rim er análisis los lugares se super­ ponen; en un análisis inm ediatam ente u lterior se deberá dar cabida a dos líneas o dos pisos que redupliquen los lugares15).

Este esquema -escrib e- significa “que la condición del sujeto S (neurosis o psicosis) depende de lo que se desarrolla en el O tro A. Lo que ahí se desarrolla está articulado como un discurso (el inconsciente es el discurso del Otro), del cual Freud ha buscado definir primeramente la sintaxis por los trozos que en momentos privilegiados, sueños, lapsus, chistes, nos llegan de él. ¿Cómo el suje­ to podría interesarse en ese discurso si él no fuera ya parte pregnante? Lo es, en efecto, en tanto (es) tirado (tire) hacia las cuatro esquinas del esquema: a saber, S,

su inefable y estúpida existencia, a, sus objetos, y a’, su yo (moí), a saber, lo que se

refleja de su forma en sus objetos, y A, el lugar desde donde puede planteársele la cuestión de su existencia” (QPTPP, p, 549).

1S Aludimos a los gráficos lacanianos del deseo. Lacan hace partir la ope- i ación de deconstrucción analítica (a la que nos referíamos en la nota 14), de un gi áfico sencillo que hace referencia a esa lógica de la precipitación pero en un

Para esta superposición el código es la condición del m ensaje así com o el O tro es la condición d el sujeto. Pero el O tro la c a - niano no es quien detenta el código:

es

el código, puesto que n o se distingue de la articulación m a y o r que estructuró el sujeto. E l sujeto lacaniano, el “sujeto que habla”, solo habla a c o n d i­ ción de ser hablado: no emite mensajes, recibe los mensajes que emite. E l emisor del mensaje -se g ú n fórmula de L a c a n - recibe del receptor el mensaje en form a invertida.

E l contexto de la frase de M ille r hace sencilla su significa­ ción. E n efecto, el yo lacaniano se define en el in terior del re -

La línea SS’ figura la cadena del significante mientras que la línea A S la

intencionalidad de un sujeto, en cuyo extrem o debe ser figurado como marcado por la escisión y articulaciones por donde se inserta en el lenguaje. Los cortes señalan la constitución retrógrada, por retroacción de la palabra sobre el sujeto.

Lacan parte del postulado saussuriano de la arbitrariedad del significante, y de la condición, en el límite, según la cual no habría lenguaje sin la posibilidad de un deslizamiento indefinido del campo d e l significante sobre el campo del significado. El deslizamiento debe e n co n tra r su fin en el proceso por el cual la significación verbal hace su entrada en la sentencia, y que Lacan describe en términos, habría que decir, de abrocham ientos circulares (bouclé). Para dar

cuenta del fin del deslizamiento y de la fijación y conexión relativa entre los dos campos, y ahí donde Saussure introducía su famoso dibujo de líneas horizon­ tales onduladas cortadas por líneas verticales, creando así espacios que ponían en contacto la zona de arriba con la zona d e abajo, y hablaba de “articulu s”, Lacan utiliza la expresión “point de capitón” , punto de almohadillado. La re­ troacción del corte de la derecha sobre el c o rte de la izquierda de las dos líneas en el gráfico constituye la condición de ese alm ohadillado.

gistro imaginario y en prim er lugar es un yo especular. Y por lo m ism o, abrocha desde adentro la estructura que lo estructura desde afuera. Su función es ónticam ente positiva y gnoseoló- g icam en te nula: es una función de d escon ocim ien to. A h o ra bien, es este desconocim iento, y no su saber, ni ninguna p re­ sunta función de síntesis del yo, el que queda desdoblado en un sujeto que sólo se distingue de la e stru ctu ra a co n d ició n de no d istin gu irse de ella (banda de M oebius) (cfr. sobre la “cu ad ratu ra im posible”, SSDD)16.

En efecto, el primer propósito del gráfico se refiere al sentido de las líneas y los cortes. Estos deben ser leídos primero como conduciendo la significación de derecha a izquierda, y en seguida de izquierda a derecha (siguiendo el trazado de puntos que agregamos al esquema original). Estos parecen adecuados para repre­ sentar la capacidad del significante de abandonar su lugar para volver a él según la comparación con esos tableros de enunciados comerciales con luces que hacen un recorrido circular. Este esquema, agrega Lacan, sirve para observar la relación del sujeto con el significante en el hecho lingüístico. Inmediatamente Lacan desdobla la línea correspondiente a la cadena del significante en dos líneas o pisos:

La de arriba, figurando desde entonces el inconsciente, junto a la que de­ berá representarse el deseo; y la de abajo, figurando verbalizaciones del sujeto, y junto a la cual deberá representarse la relación de demanda del sujeto con respecto al Otro, sus dependencias. La técnica psicoanalítica, señala Lacan, con­ sistirá en no confundir los dos pisos, los que en realidad aparecen superpuestos, y por un desmontaje de las demandas del sujeto, conducir a éste hacia su deseo (cfr. DI y SSDD).

16 La expresión y fórm ula según la cual el “sujeto se halla en relación

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