Como resultado de la revisión de las definiciones sobre el masoquismo que han vertido los diversos autores citados, llegamos a precisar algunas conclusiones que ayudarán a delimitar el concepto de masoquismo.
En primer lugar, habría coincidencia en todos ellos de que el masoquismo incluye la asimilación del dolor a una experiencia placentera de tipo sexual, combinación que devendría fundamental para que se pueda considerar que estamos frente a un cuadro masoquista.
Igualmente hallamos que más de un autor hace referencia a la existencia de dos categorías que establecen una cualidad diferencial entre las variables del masoquismo, que son: lo activo-pasivo, que estaría presente como factor condicionante y determinante para que el masoquismo se dé; y la participación, importante o no, de la consciencia como cualidad clínica, de acuerdo a lo opinado por Kernberg.
Igualmente, el factor sometimiento, o deseo de ser humillado, parece estar presente en casi todos los textos revisados, apareciendo como más importante que el hecho de sentir dolor.
Pese a que los aspectos de la intersubjetividad no estuvieron precisados por los autores que hemos revisado, da la impresión de que la condición para que exista el masoquismo también incluiría que este surja en medio de un vínculo intra o ínter subjetivo. Según Lacan, esta condición sería precisa para que el otro pueda sentir la angustia proyectada.
La mayoría de los autores revisados tiene en cuenta que el masoquismo es el resultado de una alteración de la libido o pulsión, ya que la sintomatología que presentan los casos estudiados así lo acusan. Así, al leer las definiciones que los autores citados proponen, encontramos alusiones directas a la libido, como también a Tánatos, que jugaría un papel central, mientras que otros autores destacan la importancia de la fusión-defusión pulsional en la génesis del masoquismo. En todos los casos, cuando se habla de masoquismo, no podemos omitir los conceptos pulsionales.
También hemos recogido las dos ideas siguientes en los textos revisados: la primera concluye que el masoquismo tiene una incidencia en lo social, más alta de lo que pudiera aparentar, es decir, se halla muy extendido por el mundo en sus diversas categorías. La segunda, que el llamado masoquismo sexual está referido a lo que Freud entendía como masoquismo femenino, y tendría una mínima incidencia en comparación con el masoquismo moral, que no está relacionado tan directamente con lo sexual, pero que tiene una significativa presencia en la vida de las personas.
De la misma forma, revisando las teorizaciones de los diversos autores, encontramos que sí existen referencias a observaciones y señalamientos en torno a la existencia de cuadros compatibles a un masoquismo no patológico, tal como el de las flagelaciones y sufrimientos en los que el sadomasoquismo, como tal, estaría ausente, según la referencia de Deleuze, quien destaca la existencia de flagelaciones sin masoquismo.
Autores como Freud, Rosemberg, Laplanche y Kernberg advierten la existencia de rasgos de masoquismo en los pacientes, como en las personas en general, como cualidades componentes de su carácter o como formas del mismo,
que pueden ser consideradas como normales, no patológicas. La mayoría de ellos considera este sufrimiento placentero como si fuera parte de la función sexual normal, como una manifestación de la naturaleza humana, como un distintivo de la conducta, mas no como una reacción conducente a la autorreparación psíquica, ni como si fuera una defensa para proteger la vida, con excepción de Rosemberg que considera la existencia de un masoquismo guardián de la vida.
Los autores revisados aseveran que en la perversión masoquista la experiencia del placer junto al dolor sería fundamental, pero es únicamente Freud quien propone que no se trataría de una excitación producto del dolor, sino, más bien, de la excitación energética que todo dolor produce.
Respecto a lo pulsional, es Freud quien señala, en su primera teoría pulsional, que es la pulsión vuelta sobre sí misma la que genera dolor, desgarro y sufrimiento, aunque esta sea de tipo autoerótica. Luego, en la segunda teoría pulsional, la vuelta sobre sí mismo correría a cuenta de Tánatos. Este enfoque será tenido en cuenta en nuestra tesis al considerar que efectivamente el tiempo del autoerotismo de la sexualidad jugará un papel importante en los procesos autorreparatorios de la patología pulsional.
Finalmente, encontramos que más de un autor considera la existencia de un masoquismo normal, que forma parte de la infancia o de la sexualidad humana, y que desaparecería con el paso de los años. Pero, nuevamente, ninguno considera que ciertos masoquismos corresponderían a formas de un proceso autorreparador, de donde nosotros consideramos que sufrir cada vez más ordenadamente puede llevar a detener un sufrimiento patológico desordenado.
En efecto, si lográramos diferenciar el proceso psíquico que logra exitosamente convertir las cargas libres en cargas ligadas del proceso psíquico que fracasa en ese intento, tendríamos ahí la diferencia entre un masoquismo patológico y otro no patológico y autorreparador, puesto que finalmente los tiempos de sufrimiento unidos a las fantasías psicosexuales inconscientes se acortarían conforme la fusión pulsional se concretara.
A partir de la discusión anterior, surge la importancia de ordenar los distintos procesos psíquicos donde aparece simultáneamente lo placiente sexual unido al dolor. Lo que hasta aquí encontramos se puede consignar en tres categorías:
- Un masoquismo patológico.
- Una forma de masoquismo pulsional primario, producto de la unión Eros y Tánatos, presente desde el origen de la vida y del momento en que se constituyeron las pulsiones.
- Un masoquismo autorreparador, que surge como necesidad de recomponer la fusión pulsional.