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El estado en el sistema capitalista

1. Introducción

Pocos temas provocan tanta polémica como la actuación es- tatal. Discusiones sobre su papel en la sociedad; acusaciones sobre su escasa regulación del sector financiero en EE.UU., que condujo a la profunda crisis actual; y el reclamo para acrecentar su intervención o, por el contrario, opiniones que mantienen propuestas radicales para minimizar su papel. De una u otra manera y con las intenciones más diversas y opues- tas, no cabe duda que es un tema complejo y de incidencia profunda, directa y cotidiana.

Los analistas económicos han puesto de moda la idea de que la crisis actual condujo a un cambio radical: de un Estado que no intervenía en la economía, pasamos a otro que sí lo hace, que regula, fomenta y participa. ¿Será cierto que pre-crisis el Estado no intervenía?

¿Qué papel cumple y cuáles son las alternativas que se pre- sentan?; ¿cuáles son sus vínculos con los fenómenos econó- micos, o es que su actuación tiene cierta prescindencia en relación con ellos?; ¿debe el Estado actuar en la economía con un papel protagónico, o constituye una carga que debería- mos disminuir? Muchas son las interrogantes. Corresponden además a cuestiones de primer orden. Intentaremos arrojar alguna luz sobre ellas.

2. antecedentes en la teoría

económica.

Como anotamos en el capítulo sobre las teorías económicas, con el mercantilismo el Estado pasa a cumplir un papel fun- damental, al respaldar y defender el proceso de acumulación originaria en algunos países europeos en beneficio de sus clases dominantes. El proteccionismo, la conquista colonial, los monopolios de comercio, las leyes y medidas coercitivas

por medio de las cuales se separó al productor directo de sus medios de producción, fueron los instrumentos utilizados que convirtieron al Estado en una fuerza económica de primer orden.

La fisiocracia, por el contrario, al defender el orden agrario tradicional, sustentaba el origen divino de las clases sociales y planteaba que el Estado no debía alterar el orden natural del sistema económico.

Adam Smith propugnaba la no intervención estatal, buscando con ello fomentar la libertad económica capitalista en detri- mento de las viejas clases dominantes que aún mantenían un peso fundamental en el Estado. Buscaba fomentar la libertad económica como forma de incentivar el desarrollo de los sec- tores progresistas que surgen en su época, y que conducen a la formación del sistema capitalista. David Ricardo también impulsó la libertad económica y el no intervencionismo estatal para disminuir el poder de la clase terrateniente. Ricardo pro- ponía el librecambio sólo para las mercancías importadas por Inglaterra –para abaratar su precio-, mientras que anotaba las ventajas que este país obtenía mediante la regulación no librecambista del comercio con sus colonias.6 La defensa de

los intereses de la burguesía industrial lo llevó por un lado a combatir a los terratenientes y, por otro, a señalar las venta- jas del comercio colonial, precisamente en momentos en que Inglaterra se constituía en primera potencia, aprovechándose del mercado mundial para desarrollar su industria. En todo ello el Estado figuraba al centro de la problemática.

A fines del siglo XIX el carácter competitivo del sistema capi- talista dio paso a una economía dominada por monopolios que controlaban ramas enteras de la producción a nivel mundial. 6 1 La relación histórica entre esta concepción del librecambio que Ricardo proponía

para Inglaterra y el librecambio que hoy los países desarrollados proponen a los depen- dientes, mientras que ellos protegen su producción es, para perjuicio de estos últimos países evidente.

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Su necesidad de expansión, y la defensa que los Estados de los países hacen de sus intereses, llevan a diversos conflictos que culminan con la Primera Guerra Mundial. El pensamiento económico neoclásico, que tiene aquel marco histórico, intenta encubrir los problemas de concentración en pocas manos, del dominio del mundo por escasos países que se aprovechan de las riquezas de innumerables naciones, y de la explotación de millones de seres humanos, planteando que el Estado debe cumplir sólo un papel de juez y gendarme, cuando el resultado del reparto del mundo por los países capitalistas a fines del siglo pasado demuestra una férrea acción estatal a favor de los mo- nopolios y la falsedad de la tesis de la neutralidad estatal. La crisis de 1929– impide continuar sosteniendo la no inter- vención estatal en la vida económica. Con ello surge un cam- bio en las teorías económicas de los sectores dominantes. Pasa a primer plano Keynes, con su justificación de la intervención estatal para solucionar problemas coyunturales de demanda insuficiente. De esta forma los gastos estatales cumplirían un papel anticíclico o antidepresivo, al garantizar en momentos determinados una capacidad de compra que permita sostener una demanda global suficiente para el equilibrio del sistema. La política intervencionista anticíclica keynesiana se impulsó en total acuerdo con las bases teóricas del pensamiento neoclási- co;7 pero, según Keynes, la acción estatal debía interrumpirse

una vez recuperada la dinámica natural del sistema. El hecho es que esta intervención fue adoptando cada vez más el carác- ter de preventiva, en lugar de curativa como fue la propuesta, y estableciendo vínculos bastante estrechos con las necesida- des políticas presentes en las diferentes coyunturas. Así de las propuestas iniciales de intervención periódica se pasó a una presencia interventora sistemática en los más variados ámbi- tos de la vida económica. Esta permanencia sustancial de la acción estatal es un cambio por parte de la teoría económica que podemos ubicar aproximadamente a partir de la década 7 En la misma época un economista polaco, Michal Kalecki, analizó independiente- mente los problemas coyunturales del capitalismo y desarrolló una concepción sobre la intervención estatal muy emparentada con la de Keynes, y superior a la de este último en otros aspectos del funcionamiento del sistema. Partió inicialmente de un esquema marxista, aunque luego introdujo muchos elementos que no corresponden a esta con- cepción.

de los cincuenta. Su expresión máxima es el llamado “ Estado benefactor” o “ Estado de bienestar”.

3. ¿Qué es y qué papel cumple el

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