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Ubicación: los mapuches (mapu: tierra; che: gente), son originarios de Chile.

Habitaban la región ubicada entre los ríos Itata y Toltem. Esta parcialidad central de una etnia mayor, compartió con los Picunche (gente del norte) y los Huilliche (gente del sur) un estilo de vida y una misma lengua.

Estas parcialidades, junto con otras tribus afines, fueron globalmente bautizadas por los blancos como Araucanos.

Origen: existen varias hipótesis acerca del origen de esta etnia, que cobra

mayores o menores adeptos de acuerdo al lugar afectado.

Una primera hipótesis establece que los mapuches son grupos de pampas patagónicos que cruzaron en un determinado momento de la prehistoria la cordillera.

Una segunda hipótesis, con una mayor contrastación empírica, establece que son de origen andino. Es justamente ese origen andino o el contacto temprano con otras etnias del mismo origen (Incas) lo que les permite obtener experiencia bélica y de defensa que usan contra los españoles.

Lengua: la lengua utilizada por esta etnia es el mapuzungun o mapu dungun

(lengua de la tierra). Esta lengua se caracterizaba por ser muy sonora y rítmica.

La mayoría de los cronistas que estuvieron en contacto con esta comunidad intentó escribir los sonidos emitidos por ellos, pero descubrieron que era una lengua ágrafa para nuestros conocimientos occidentales.

En realidad se cree que si bien los mapuches aparentemente no han tenido un sistema de escritura manifiesto, la simbología utilizada en los tejidos y las pinturas rupestres han sido su sistema manifiesto de escritura.

El mapuzungun fue utilizado por los conquistadores como lengua franca en la región lo que provocó que muchas lenguas de tribus minoritarias quedaran ocultadas y luego desaparecieran.

Medio ecológico: el medio ecológico originario de esta comunidad fue la Selva

Valdiviana, ello es lo que ha condicionado su cosmovisión y sus actividades productivas.

Economía: su modo de subsistencia se basaba en la horticultura, practicada en

la cercanía de los valles fluviales. Se cultivaba maíz, quinoa, porotos, calabazas, etc., junto con la recolección, la caza y la cría en pequeña escala de llamas y animales menores. Estas actividades daban lugar a una vida sedentaria. El medio ecológico en que habitaban les permitía la recolección de una gran variedad de frutos y raíces.

Los mapuches tenían una dieta con poca carne, obtenida por caza de fauna menor y existía un alto consumo de harina de maíz, frutas, yerbas, verduras, porotos, zapallo, complementando en zonas costeras con mariscos y pescados.

Cosmovisión: el pueblo mapuche posee una teofanía a la que se invoca o alude

por medio de sus atributos o por interdicción de su nombre. Así, Nguenechén no sería el nombre de una deidad superior sino la invocación de sus atributos como “creador, dueño y dominador de la gente”. Esta divinidad integra y totaliza una serie de polaridades, antinomias o contrarios transcendiéndolos. Tales oposiciones se refieren a la edad, rango de parentesco, sexo y tonalidad de la influencia, ya que las entidades son consideras bisexuales y atemporales: anciano (Fucha), anciana (Kushe), hombre joven (Weche) y mujer joven (Ullcha).

El pueblo mapuche no le rinde culto a esta divinidad, la ceremonia más importante que los reúne anualmente es el Nguillatún, la rogativa en la que se pide a Nguenechen por la fertilidad de los campos y el bienestar general.

El cosmos es concebido en cuatro planos: el cielo (wenú), el medio cielo (anca wenú), la tierra (mapú) y el mundo subterráneo (minché mapú).

En el cielo (wenú) hay seres benéficos, como el Nguenechén y las almas de los antepasados. El medio cielo es maléfico. La tierra posee cuatro regiones, de las cuales el este (puel) y el sur (willú) son benignas; este (nguñú) y norte (pikúm) son malignas. En el mundo subterráneo habitan seres diminutos, como los Kollallache y los Tinguiririka.

Existen numerosos personajes míticos que se encuentran presentes en las leyendas mapuches referentes a diversos aspectos, como por ejemplo Ollal y las serpientes Kaikái y Trentrén son algunos de los mencionados en el relato sobre el origen del cosmos y los mapuches.

Religión: El mapuche es agradecido: todas las mañanas, antes de empezar a

tomar mate, devuelve el primer sorbo a la tierra.

No se sienten los dueños de la tierra, sino parte de ella, de la naturaleza, del lugar.

El mapuche sabe desde siempre que la Tierra es redonda.

Los cuatro puntos cardinales y las cuatro estaciones están representados en el kultrun, el tamborcito en forma de cuenco que tañen en el nguillatún, la principal ceremonia religiosa.

Esta se realiza hacia fines del verano o comienzos del otoño, en algunos casos con fecha fija, y en otros cuando cambia el mes lunar; pero en cualquier caso, siempre es después de la piñoneada, cuando ya se puede invitar con musaid, una especie de chicha elaborada con piñones fermentados de la araucaria.

Es una rogativa colectiva del pueblo cuya principal finalidad es rezar por el bienestar al Alto Dios (Futa Chair). Particularmente ruegan por la prosperidad de toda la

comunidad, incluyendo al país en su conjunto, y por un año de prosperidad que si así ocurre se manifestará en un clima favorable con lluvias suficientes y buenas pasturas para que los animales crezcan y se reproduzcan sin contratiempos.

Suele ser convocada por el lonko de la comunidad o por quien esté a cargo de organizarla y su duración habitual es de tres o cuatro días.

El ámbito del nguillatún debe ser amplio y en su centro se monta una suerte de altar de banderas o rehue. El rito es muy complejo y en él participan diferentes actores, ya sea en oficios de oraciones, tanto como en danzas, cantos y música.

Entre las danzas se destacan el awunpurrún, danza colectiva y mixta y la masculina o loncomeo. En esta última, los bailarines se pintan y se ponen tocados de plumas de ñandú y cascabeles (kaskawillas); el baile, llamado choique purrúm, imita los movimientos y fintas de este animal.

Se sienten identificados con el ñandú o choique por su analogía en cuanto a costumbres. El macho forma una cuadrilla de 10 a 20 hembras y tienen nido comunitario, donde el macho y la hembra cumplen cada uno su función.

Durante la rogativa, además del kultrun, se suelen utilizar otros instrumentos como son la trutuka (trompeta de caña con un cuerno en sus extremos) y la pifilca (silbato de madera).

Cada familia construye una ramada con troncos y ramas de jarilla y chilca y, mientras los caballos giran frenéticamente en torno del tótem o cúmulo de tierra que oficia de altar, cantan y expresan sus ruegos.

En las ramadas se alojarán los días que dura la ceremonia, en la cual cocinarán sus alimentos sobre fogones y en donde descansarán durante la noche. Dicha ramada se orienta con sus aberturas enfrentadas hacia el este.

En el centro del campamento se instala un rewe, armazón de ramas y cañas en donde se realizarán diversas ofrendas.

La rogativa se inicia con el awún o cabalgata ritual, en la cual participan un grupo de jinetes alineados de a cuatro; mientras las “pillán kuske” (ancianas cantoras), entonan los taiel o cantos ceremoniales que se vinculan con las genealogías de los bailarines que danzan el choique purrún.

Hacia el final de la ceremonia luego de sacrificar algún animal (lanar o equino), y finalizar la comida ritual que se practica, se realizan diversos augurios que van a anunciar las características del tiempo que vendrá.

Otra ceremonia importante es el Wiñoi Tripantu (Año Nuevo Mapuche). Se celebra en el mes de junio, a partir de donde comienza el ciclo de las plantas. Esta ceremonia tiene una duración de dos días y una noche utilizando el mismo espacio físico de la rogativa y con similares características.

Las comunidades mapuches practican hora a hora su filosofía.

Piden permiso al bosque para sacar leña o madera, al lago para pescar truchas o salmones. En los viajes para cruzar la cordillera, un arroyo o un río, hay que pedirles permiso para que se pueda pasar tranquilo y sin novedad.

Los mapuches tratan en cada actividad de no descalabrar la relación de equilibrio que siempre mantuvieron con la naturaleza.

Estos hombres han poblado los bosques y valles de la cordillera andina con espíritus y dioses de una vasta mitología.

Es imposible hoy en día hablar de la religión mapuche como un cuerpo integrado y autónomo de creencias y prácticas como suele a veces plantearse, dado que tal como ocurriera con otros aspectos de su cultura, ha sido modificada a través de distintas modalidades según las épocas y lugares.

Tiene por ser supremo a Nguenechén, el “formador de las gentes”. Antu es el sol y su mujer, Kuyen, la luna. Los bosques están poblados de muchos otros espíritus: Ketronamún, enano de una sola pierna que camina a los saltos y trae desgracias; Trauku, un espíritu gigante de la montaña con una barba de una legua de largo; el Ivunche, duende que tiene la cabeza dada vuelta y camina sobre una sola pierna porque la otra le sale de la nuca; Pihuchen, una serpiente emplumada que anuncia la muerte; Huaillepenyú, dios de la niebla (vive a orilla de los lagos y del mar) con cabeza de ternero y cuerpo mitad carnero mitad foca y así se acopla con las mujeres y los animales domésticos dando origen a criaturas deformes; Nguruvili, un gato salvaje con una garra en la cola que vive en los ríos y lagos y se alimenta de los ahogados; Kai Kai Filu, medio culebra y medio caballo que vive en el fondo del mar y es la causa del diluvio universal; y Gualicho, ser maléfico invisible causa de todos los males.

El rezo cada uno lo hace con sus palabras por el día que va a enfrentar. Pide a Nguenechén que lo guíe y le dé fuerzas, que todo lo que tiene pensado hacer se cumpla. Por la noche le da las gracias porque el trabajo realizado salió bien.

Hagan o no bautizar a sus hijos, a quienes íntimamente ponen el nombre de una planta, un animal o un arroyo, lo presentan en el altar del rewe (lugar sagrado) como un nuevo integrante de la comunidad.

En el centro se alza el Chemamuil (muñeco de madera), que generalmente tiene cerca de 100 años.

Allí se realizan las ceremonias y dejan sus ofrendas.

Organización social: la unidad familiar estaba constituida por la familia. La

misma estaba compuesta por el jefe de familia, sus esposas, los hijos e hijas solteras y los hijos casados con sus esposas e hijos.

Existía un fuerte lazo matrimonial entre los mapuches, aspecto demostrado en el gran amor que profesaba a su mujer e hijos.

A pesar de esto la poligamia estaba permitida siempre que el hombre estuviera en buena posición económica para mantener a las mujeres que deseaba tener.

Los nacimientos son celebrados con festejos y es tradición que el padre de la criatura entierre la placenta y todas las mantas utilizadas al momento del parto a cierta distancia de la runa. Las mujeres prosiguen con sus tareas antes y después del parto, que se realiza sentada.

Los ancianos son respetados como jefes de familia y consejeros.

Al formarse una nueva familia, el hijo se instala en las cercanías de la vivienda del padre (residencia patrilocal) o, si vino de otra comunidad, cerca de la vivienda del padre de su mujer.

El cacique es elegido entre los padres de familia de la comunidad en una reunión pública con representantes oficiales; tiene primacía el hijo mayor del cacique fallecido.

La vestimenta que utilizaban los mapuches denotaba una especial preferencia por lucir bien en todo momento y es fiel referencia de su pulcritud.

Las mujeres se ponían en toda ocasión su mejor Quipán (vestido) y la mejor Iquilla (rebozo), además de adornos varios: collares, anillos, prendedores, cadenas, pulseras en muñecas y tobillos y adornos en el pelo.

Los hombres usaban chiripá o Cuxa y Tarilonco (adorno en al cabeza). Sus caballos eran siempre presentados con las mejores prendas y los arneses eran elaborados en plata generalmente.

El calzado utilizado era el tanu (ojotas) de cuero de guanaco y caballo y el Cahuel Sumal (botas de potro).

Las matras y ponchos eran tejidos por las mujeres, las que hilaban la lana de guanaco, teñían con distintas hierbas y arbustos, y luego tejían en el Huitral.

Es sabido que los dibujos realizados por las tejedoras mapuches tienen algún significado. En el caso de los jefes, las guardas de sus ponchos revelaban su historia familiar y sus logros al frente de la comunidad que dirigía.