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El Conurbano

En los años 90, los medios difundieron la ideología de la globalización según la cual se acababan las fronteras y los territorios. Pese a eso siguieron ordenando sus modelos de negocios geográficamente y creando discursivamente terri- torios e identidades.

El Conurbano Bonaerense es uno de esos territorios crea- dos en el cual se está forjando una identidad conjunta. El llamado «Conurbano» es una porción territorial que rodea a la Capital Federal. Estos 24 partidos concentran casi 10 millones de personas. Su población numerosa y su cercanía con la Capital Federal, convierte a este sector en un motor esencial de la economía nacional y le dan un contundente poderío electoral.

Las identidades de cada ciudad (quilmeño, adroguense, berazateguense, moronense, etc.) se fueron perdiendo para conformar una pertenencia regional al Conurbano. Una palabra que parece definir modos de vivir juntos y hasta de ver el mundo. Mientras algunos a la filiación «Conurbano» le dan valores tremendistas, parte de sus habitantes lo retoma con una actitud reivindicativa. Allí juega una fuerte presencia la idea de identidad. Ese proce- so por el cual un grupo social se cohesiona a través de lazos simbólicos preestablecidos y a la vez que se van ge-

nerando con el devenir de la historia y la cultura común. Sostiene Gilberto Giménez que

Si asumimos el punto de vista de los sujetos indivi- duales, la identidad puede definirse como un proceso subjetivo (y frecuentemente auto-reflexivo) por el que los sujetos definen su diferencia de otros sujetos (y de su entorno social) mediante la auto-asignación de un repertorio de atributos culturales frecuentemente va- lorizados y relativamente estables en el tiempo. Pero debe añadirse de inmediato una precisión capital: la auto-identificación del sujeto del modo susodicho re- quiere ser reconocida por los demás sujetos con quie- nes interactúa para que exista social y públicamente. Por eso decimos que la identidad del individuo no es simplemente numérica, sino también una identidad cualitativa que se forma, se mantiene y se manifiesta en y por los procesos de interacción y comunicación social (Giménez, 2004).

La identidad colectiva, si bien puede recaer en un reduccionismo y generalización, existe desde el momento en que un grupo reconoce como parte de su cultura deter- minados valores, prácticas, hábitos y una historia común. A la vez, los «otros» la reconocen en ellos, produciendo una identificación. En el caso del Conurbano, los discursos sociales que pretenden identificarlo provienen de una cons- trucción desde el afuera. Un enfoque minimizador y simplificador de las problemáticas que pueden existir en el Conurbano Bonaerense es el que, de modo metonímico, proponen los medios masivos de comunicación para defi- nir el territorio. La inseguridad, la droga, la violencia, una juventud perdida, son los significantes recurrentes preferi- dos para categorizar un territorio caótico y desesperado. De ello que la simple definición «Conurbano», por insis- tencia, remita a aspectos negativos de toda una comuni- dad. A su vez, Conurbano equivale a suburbio, lo que hace

Lía Gómez (Compiladora)

que esa oscuridad significante persista en el término. Eso que rodea, que es y no es, que es ciudad pero no es «la gran ciudad» lindante; que es subdesarrollado, pero no es un espacio rural con una temporalidad otra para la socializa- ción; esa identidad confusa y errante hace del Conurbano Bonaerense un terreno contingente.

Mediante discursos sociales mediáticos asistimos a una lucha política por el sentido de un espacio territorial. Los procesos culturales se configuran materia y simbólicamente en el entramado de estas luchas por la hegemonía del senti- do. Sostiene Gilberto Giménez:

la cultura no puede considerarse como una «instancia exterior» a la política, sino como una dimensión in- herente a la vida política o, más precisamente, como una dimensión analítica de todas las prácticas políti- cas. Esto significa que, lejos de ser un decorado acce- sorio e inesencial, la cultura impregna todo el campo político y «está en todas partes»: verbalizada en el discurso, incorporada en las creencias, en los ritos y la teatralización del poder, cristalizada en las institu- ciones representativas y en los aparatos de Estado, internalizada en forma de identidades colectivas en conflicto, traducida en forma de ideologías y progra- mas, etc. (Giménez, 2000).

El terreno está signado, entonces, por la lucha de senti- do. Por un lado una categorización ideológica culposa y tributaria de los males sociales; por otro, una insistencia en la reivindicación que apela a «valores» -podría decirse que hasta religiosos- para demostrar la verdad del territo- rio. La familia, el trabajo, el estudio, la solidaridad, la idea de «barrio» se erigen en el discurso como un bastión gené- rico argumentativo que necesita describir su realidad so- cial como «normal».

Dos elementos más hacen del territorio un espacio de in- terés. El primero es que en el Conurbano Bonaerense habita

un cuarto de la población total del país25, y a raíz de esta

masa poblacional se generan preguntas acerca de lo simbó- lico en las maneras de vivir juntos y el interés por vivir allí. En segundo lugar, los estudios académicos sobre el Conurbano Bonaerense se centran principalmente en la so- ciología y la política –por ejemplo Kessler, Svampa y González Bombal (2010)- más que en la comunicación y los procesos de configuración de sentido desde el territorio.

Los Contenidos de TDA

Los contenidos de la Televisión Digital Argentina (TDA) reaccionan contra los contenidos de la TV comercial (que es palermo-céntrica) y los nuevos realizadores pretenden llenar de sentido a esta geografía mediante modos de encarar las temáticas que no buscan reproducir la agenda hegemónica.

Desde la sanción en 2009 de la Ley de Servicios de Co- municación Audiovisual (LSCA) 26.522, en Argentina se comenzó a dar un debate en diversos espacios sociales (que incluye a los mediáticos) sobre la democratización de la co- municación. La ley plantea, entre otras medidas, la inclu- sión a las organizaciones sin fines de lucro en la repartición de licencias. Este estado de cosas, pone de manifiesto a la comunicación como un derecho más que como una posibili- dad o una mercancía. En este sentido, la otra gran medida comunicacional de la época: la implementación de la Televi- sión Digital Terrestre (Norma ISDV-T) hace propicia la multiplicación de pantallas y el otorgamiento de voz y espa- cio a productores independientes, como a historias que no eran contadas en los medios comerciales.

25 Los 24 partidos del Gran Buenos Aires cuentan con una población de

9.910.282 de habitantes, sobre 40.091.359 de habitantes totales del país (Censo 2010), datos disponibles en http://www.censo2010.indec.gov.ar/

Lía Gómez (Compiladora)

Ese proceso comenzó en 2001 cuando la explosión de documentalista sociales se dedicó a registrar el colapso neoliberal. En su libro Imágenes de la crisis en Argentina (2006), Alfredo Alfonso detalló la génesis y desarrollo de las experiencias comunicacionales surgidas en el ocaso neoliberal:

Junto a la aparición de nuevos espacios de participa- ción social, jóvenes con una cámara al hombro van al encuentro con la realidad, y construyen juntos un nue- vo mapa comunicacional. Entre ellos se destaca el lla- mado «cine piquetero», el denominado nuevo cine argentino o videastas que producen sentido desde las pantallas estatales de Buenos Aires (Alfonso, 2006).

Como reacción a ese universo de imágenes –también inspi- rados en los menores costos de producción los programas de TV comercial (Kaos en la Ciudad, Policías en Acción, Ser Ur- bano, entre otros) siguieron esa senda para plasmar territo- rios desde múltiples ángulos y aludieron a diferentes causas.

De esa forma, se reforzó la idea del Conurbano -sedi- mentada en el discurso del malón- según el cual la civilizada Ciudad de Buenos Aires es rodeada siempre por un reino de la barbarie. Readaptada siempre a los nuevos tiempos se convirtió en un tópico periodístico.

Esa tendencia quedó expresada en octubre de 2007 con las denuncias de supuesto fraude cometidas por «los baro- nes»26 del Conurbano para lograr una victoria de Cristina

Fernández de Kirchner y se reforzó, meses después, con el denominado «conflicto del campo» -fractura vivida en el ambiente político, pero también en el universo comunicacional- , ya que llevaría entre otras cosas a evidenciar la operación periodística de los medios de comunicación hegemónicos y culminaría en el debate social y posterior sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

26 Nominalización que le otorgó la prensa a los Intendentes kirchneristas

El denominado «conflicto del campo» de 2008 y su correlato comunicacional provocó la eclosión de blogs: Conurbanos, Deshonestidad Intelectual, Desierto de Ideas, OmixMoron, entre otros. Muchos de los cuales se dedican a analizar el tema del Conurbano y la forma de hacer política logrando visibilidad. Sus autores, todos viven en la región, y en algunos casos son tentados por los medios comerciales y las agrupaciones políticas para expresar su visión.

En contraposición, aparecen libros periodísticos sobre la región, contados desde Buenos Aires. El trabajo publicado por Josefina Licitra lo deja claro desde su título, Los Otros. Una historia del conurbano bonaerense (2011)

En ese marco se implementa en el país la TDA. En el con- texto de apertura y democratización de la comunicación, varios de los programas televisivos continúan las indaga- ciones sobre el Conurbano y reaccionan frente a los discur- sos estigmatizadores de la TV comercial, dedicada a denun- ciar la inseguridad, la desocupación, el clientelismo y la mi- seria, para dar otras visiones. Esta es una apuesta de los medios públicos. Los concursos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) proponen la ayuda econó- mica necesaria a realizadores de todo el país para llevar adelante sus ideas y poder veras plasmadas en televisión. Desde esta propuesta federal, diversa y que busca historias diferentes se produjeron las series «Alegría y Dignidad» (2010) de Cristian Jure y «El Conurbano es Historia» (2010) de Felipe Real. Otras ficciones también se ocupan de temá- ticas enmarcadas en el Conurbano Bonaerense como esce- nario, podemos mencionar los casos de Fango, Vidas del Conurbano, Inconsciente Colectivo, Pueblo Dividido y El Paraíso. Algunos de ellos siguen siendo narrados desde la Ciudad de Buenos Aires. Otros son directores y guionistas regionales. Y su visión, lejos de ser homogénea y promotora de la región, compone un mosaico amplio, diverso y tam- bién crítico.

Lía Gómez (Compiladora)

Las Ficciones