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Por razones obvias, el fascismo no pudo desarrollarse en la Unión Soviética en el periodo que estudiamos (1919-45). Pero eso no significa que el fascismo no tuviera un cierto peso en la historia de los pueblos de la URSS.
"En Rusia" dice Nolte, "se habían dado las raíces de un posible fascismo especialmente fuerte". Se refiere a los grupos prefascistas que surgieron después del intento de revolución izquierdista de 1905. Varios de estos grupos eran puramente de extrema derecha, otros enteramente activistas (como las famosas "Centurias negras" que se destacaron en el curso de numerosos "progroms". Sólo el grupo denominado "Unión del Pueblo Ruso" puede ser designado como el germen de un fascismo ruso, pues tanto como antisemita y anticomunista era anticapitalista y antiliberal, y exigía mejoras sociales para el campesinado, y los obreros. Entre 1905 y 1908 la "Unión del Pueblo Ruso" fue activa e importante, empezando a decaer a partir de esa fecha. Durante los sucesos revolucionarios de 1917 no tendría ninguna participación.
Tras la revolución bolchevique y la derrota de los "ejércitos blancos", muchos miles de exiliados rusos se extendieron por todo el mundo. A muchos les animaba un rencor gigantesco contra los bolcheviques, pero otros muchos echaban también la culpa a los viejos partidos. Era natural que en estos ambientes de exiliados influyera el ejemplo del fascismo, entonces triunfante en toda Europa. El fascismo ruso nació entre los exiliados, y pugnó por penetrar en el interior de la URSS, empeño harto difícil dadas las características de la dictadura stalinista.
En 1931 se creó, en Manchuria, un "Partido Fascista Ruso", dirigido por Rodzaevski. Poco después nacía entre los exiliados en los Estados Unidos, otro partido fascista; ambos se fusionaron en 1934 en el "Partido Fascista Pan-Ruso", y desarrollaron desde Manchuria, una activa labor de infiltración de propaganda en la Unión Soviética.
En Europa, los círculos de exiliados fueron igualmente activos. En 1930 se creó la "Unión de Solidaristas Rusos (NTS) cuya ideología no era fascista, pero si parafascista, distinguiéndose por no profesar el totalitarismo político. La NTS comprendió que debía apoyarse en los medios políticos alemanes anticomunistas si quería destrozar el poder soviético. Las pequeñas organizaciones de exiliados, por sí mismas, no bastaban para derrocar el stalinismo, y se hacía inevitable una acción militar extranjera. Cuando Hitler fue nombrado canciller, muchos exiliados creyeron que él seria el hombre que destruirla el poder soviético. De hecho, elementos rusos exiliados que habían militado en la "UPR" habían tenido cierta importancia en el surgimiento del nacionalsocialismo en Munich "transmitiendo la experiencia de su breve apogeo, y su largo fracaso, al incipiente nacionalsocialismo", como señala Rogger, y mostrando a los alemanes las estrechas conexiones entre judaismo y bolchevismo. Desde 1934, el "Partido Fascista Pan Ruso" estableció contactos con las nuevas autoridades alemanas. En mayo de este año la revista "Fachist", editada por el partido, decía que la política adecuada a seguir era transformar la guerra de la URSS con un país extranjero, en guerra civil, y predicaba el "derrotismo revolucionario", como habían hecho los bolcheviques en la Primera Guerra Mundial: de la derrota surgiría la revolución que librará a los pueblos rusos del marxismo. Se creó también un"Partido Nacionalsocialista Ruso" (RNSD), que proponía una política similar, dirigido por Swetosaroff y fundado en abril de 1933 en Berlín.
Entre las nacionalidades europeas de las URSS, los ucranianos eran los más inclinados hacia el nacionalismo. Para ellos, el régimen soviético era tan opresor como el zarista, pués no les concedía el derecho a la autodeterminación, pero no confiaban en los "fascistas pan rusos" que tampoco respetarían su identidad nacional. El nacionalismo ucraniano, por otra parte, se inclinaba mucho hacia Alemania, y sabía que sólo el conflicto entre Berlín y Moscú podría permitir el renacimiento de una Ucrania libre. De esta forma, los medios nacionalistas ucranianos, sobre todo la "Organización Nacionalista Ucraniana" (OUN), y tanto los exiliados por Europa, como los de las minorías ucranianas de Polonia (Galitzia), y Checoslovaquia (Rutenia subcarpática), se sintieron tentados por el fascismo. Bertin afirma que se dio "una evolución ideológica de la mayor parte de las organizaciones ucranianas hacia posiciones próximas al fascismo o al nacionalsocialismo, pero con ambigüedades". En efecto, el componente básico seguía siendo el nacionalismo; los elementos racistas, o corporativistas se añadían dada la confianza en que la liberación vendría gracias a las potencias fascistas. Cuando la política de la Alemania nacionalsocialista no responda a las esperanzas se producirá un relativo abandono de estas posiciones fascistizantes. En 1938, Hitler no
quiso oponerse a los húngaros por la cuestión de la Rutenia; los rutenos, que habían solicitado el protectorado alemán, fueron invadidos por los húngaros tras la desmembración de Checolovaquia, sin la oposición de Alemania; en 1939, tras la ocupación alemana de Polonia, si bien la población galitziana recibió un trato de favor, no le fue concedida la autonomía. En 1941, finalmente, cuando la URSS es invadida por los elemanes, encontrarán en "Ucrania la activa colaboración de la población, y la ayuda de formaciones armadas de nacionalistas; pero el nacionalismo ucraniano estaba dividido, y sectores rivales proclamaron dos gobiernos autónomos, uno en Lemberg, y otro en Kiev. Los alemanes, eufóricos por sus victorias, no mostraron demasiado interés por el nacionalismo ucraniano y aprovechando la división, disolvieron los dos gobiernos, y prohibieron la acción de grupos nacionalistas ucranianos. Una profunda decepción se extendió entre los medios nacionalistas ucranianos. Surgió un ejército guerrillero que luchó a la vez contra alemanes y soviéticos (UPA: Ejército Insurgente Ucraniano). Ucrania fue, pese a todo, la región más "colaboracionista" de la URSS, y los alemanes reclutaron allí numerosas fuerzas armadas auxiliares; después, en 1943, la SS creó una "División Galitzia", y, el Ejército un denominado "Ejército de Liberación Ucraniano".
En el resto de la Unión Soviética europea, los alemanes tampoco se mostraron, inicialmente, muy favorables a las experiencias "colaboracionistas", que si se extendieron fue más por el interés de los propios rusos que por el de los alemanes. Como soporte político de algunas de las formaciones auxiliares armadas creadas por rusos, se organizaron pequeños grupos nacionalistas y antimarxistas. La NTS aprovechó, por su parte, la oportunidad para actuar en el interior de la URSS, y entre las masas de prisioneros. Un miembro del "Partido Fascista Pan Ruso" llevó adelante una de las más destacadas operaciones "colaboracionistas" Kaminski, quien creó en la región de Lokot una provincia autónoma por él administrada, y una brigada de combate. La política de"derrotismo revolucionario" se estaba llevando a la práctica, pese a la oposición alemana, pues los jerarcas del III Reich parecían más interesados por la conquista del "lebensraum", que por la liberación de la URSS del comunismo.
El movimiento "colaboracionista" ruso sobrepasó las mismas esperanzas de los pequeños partidos fascistas rusos, y se les escapó de las manos. La principal concreción de este "colaboracionismo", el "EjércitoRuso de Liberación", del general VIasov, apenas tuvo lazos orgánicos con estos partidos fascistas. Los grandes documentos ideológicos de este movimiento de liberación ruso, el "Manifiesto de Smolensko" en 1942, y el "Manifiesto de Praga" en 1944, no revelan una ideología fascista. Hay, sí, elementos fascistas, pero junto a elementos paneslavistas, e incluso liberalizadores. La principal influencia venía del NTS, se detectaba la inspiración de algunos socialistas antibolcheviques; la revolución de 1917, por ejemplo, no era juzgada negativamente, aunque sí el régimen stalinista. El fascismo, en conclusión, no desempeñó un papel predominante ni en el ruso, ni en el ucraniano. Había sí, una simpatía más o menos profunda por el fascismo, pero las cirscunstancias del nacimiento de los fascismos y la de estos movimientos eran muy distintas. Aislada totalmente del resto del mundo tras la Revolución Roja, en el terreno ideológico, la doctrina fascista no había podido penetrar y desarrollarse a partir de los citados movimientos prefascistas. Muchos soviéticos dudaron en llamarse a sí mismos "fascistas", pero ésto es engañoso. La propaganda soviética acusaba de fascista a todo enemigo de Stalin, pero jamás precisó qué era el fascismo en realidad; en estas condiciones, muchos antistalinistas aceptaban el calificativo de "fascistas" sólo para marcar su oposición a Stalin.
Nolte ha señalado cómo la "fascistización" del stalinismo ha sido, curiosamente, una de las principales causas que impidió el desarrollo del fascismo en la URSS. "Desde que en la Unión soviética volvían a ser honradas las tradiciones nacionales rusas, ya no surtía efecto contraponer la idea nacional al internacionalismo; el oponer la autoridad a la disolución revolucionaria tenía poco sentido desde que en Moscú residía un "Voschay", un jefe..."Fueron varios los fascistas europeos (entre ellos el español Ramiro Ledesma), que definieron el estado stalinista como "revolución nacional rusa ajena por completo al espíritu auténtico del marxismo. En todo caso, Stalin supo levantar la bandera de la "gran guerra patriótica", frente a los ejércitos alemanes, más interesados en la ocupación militar clásica, con tintes incluso coloniales, que en servir de vehículos de expansión para la ideología fascista. Stalin supo utilizar el patriotismo, introduciendo un himno nacional que sustituyó a "la Internacional", excitó el militarismo (concediendo al ejército de nuevo el uso de signos honoríficos) y hasta se ganó el apoyo de la Iglesia Ortodoxa. No es de extrañar que se produjera, al final de la guerra, un hecho sorprendente para quien no conozca esta faceta del stalinismo: el jefe del "partido fascista pan ruso" volvió voluntariamente a la URSS; Rodzaevski escribió a Stalin diciéndole
que él personificaba lo que ellos habían entendido que debía ser el fascismo ruso. Stalin mostró su verdadera cara de nuevo: mando detener al jefe fascista ruso, encarcelarlo y asesinarlo. El dirigente del Kremlim no dudó en tomar prestados métodos del fascismo para hacerse con el apoyo del pueblo ruso; pero jamás sería un fascista. Junto al dirigente fascista serían asesinados muchos miles de soldados rusos, ucranianos, cosacos, caucasianos y turkestaníes, que habían luchado integrados en las fuerzas armadas alemanas. Cientos de miles de hombres, acusados de "fascistas", que habían creído que sólo con la ayuda alemana sería derrocable el régimen tiránico impuesto a Rusia por Stalin.