1. Introducción
Este último capítulo es especialmente importante porque contiene, de manera condensada, una serie de argumentos que muestran el papel decisivo de Dios dentro de la filosofía del nacido en Kilkenny. Con el propósito de dejar esto claro dividí el capítulo en tres apartados, el primero de los cuales lleva por título “Sobre la existencia de Dios”. Como su nombre indica, esta primera sección versa sobre dos argumentos a posteriori, llamados “Argumento del movimiento” y “Argumento a partir de los milagros”, respectivamente, los cuales tienen por finalidad demostrar, a partir de los propios textos y las creencias del irlandés, la existencia de Dios.
Los dos argumentos que presento, más que variantes de los argumentos tradicionales, abordados algunos de ellos en el primer capítulo, son pruebas novedosas porque no han sido desarrolladas con anterioridad460. Justamente la originalidad de estas dos pruebas es la que, deliberadamente, me llevó a incorporarlas en este capítulo y no en el primero, en donde al hacer un recorrido exegético sobre el papel de Dios me limité a presentar los tres argumentos más conocidos por los estudiosos (continuidad, causalidad y lenguaje visual), más un cuarto que llamé del sostenedor, el cual pese a ser una variante del argumento de la continuidad bien puede constituirse en un argumento propio, razón por la cual decidí darle ese enfoque [de sostenedor] y llamarlo con ese nombre.
El motivo por el que surgió la idea de elaborar estos argumentos fue que mientras en la teoría de la visión de Berkeley los signos son causas, en el sentido de que sugieren otras ideas, en su teología los signos son „efectos‟ causados por el “Autor de la naturaleza”; precisamente a partir de la relación efecto-signo-causa461 surgió el interés por desarrollar un par de argumentos que partieran de los efectos, y a partir de
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Digo que son novedosas porque no he encontrado estas pruebas en ningún libro o revista especializada.
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Esta inquietud surgió a partir de la pregunta de Belfrage: “¿Qué nos dicen estos signos, tomados como efectos, acerca de su causa?”. Belfrage, Bertil. Towards a New Interpretation of Berkeley´s Theory of Vision, ed. cit., p. 26.
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ellos se pudiera llegar a la causa de los mismos, esto es, a Dios. Elaborados los argumentos éstos resultaron complementarios entre sí, porque ofrecen dos maneras distintas, una desde la filosofía natural y la otra desde la religión, de acercarse a una misma creencia: la existencia real y constatable de Dios. Por otro lado los dos argumentos se ajustan a lo que Berkeley consideraría una auténtica prueba, según lo dicho por él al inicio del cuarto diálogo del Alcifrón, pues al estar basados en la experiencia cotidiana que la gente tiene del mundo no fueron construidos a partir de tecnicismos, ya que su comprensión quedaría limitada a unos cuantos estudiosos o eruditos462.
El segundo apartado versa sobre el conocimiento de Dios y se centra en tres vías para conocerlo, mismas que surgieron a partir de la propia filosofía del obispo irlandés. Las dos primeras vías, “la vía del mundo” y “la vía a través de uno mismo”, fueron planteadas por Carmen Nols en su libro Zeichenhafte Wirklichkeit463, pero complementadas con mi propia lectura e interpretación de las obras de Berkeley (sobre todo con lo expuesto en los apartados sobre el lenguaje visual y sobre el argumento a partir de los milagros, vistos anteriormente464). Por otro lado la tercera vía la llamo “vía de la enseñanza”, basada en la parte teológica del pensamiento berkeleyano y desarrollada principalmente a partir de los Sermones. Las tres vías, complementarias entre sí, intentan mostrar, de la mejor manera posible, las diversas maneras en que Berkeley asumió que los espíritus finitos podían acceder al conocimiento del espíritu infinito o Dios.
El tercer y último apartado tiene que ver con los atributos propios de la divinidad berkeleyana, tema central de esta investigación. Estos atributos o características son obtenidas a partir de lo mencionado a lo largo de la tesis, ya que para obtener los rasgos propios del espíritu infinito habrá que remitirse a gran parte de lo dicho en este trabajo, pues las obras y temas estudiados, como la ontología, el mundo externo y los argumentos sobre la existencia de Dios, aportan implícitamente diversos aspectos que dan forma a las principales características de la deidad.
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Kingston, F.T. The metaphysics of George Berkeley, 1685-1753: Irish philosopher, ed. cit., p. 153. 463 Nols, Carmen. Zeichenhafte Wirklichkeit, ed. cit., Kapitel 4: Gotteserkenntnis.
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Este capítulo está constituido entonces por tres apartados que versan sobre tres aspectos del Dios berkeleyano, a saber, su existencia, su conocimiento, esto es, la manera en que se le puede conocer, y sus rasgos definitorios. Si bien estos aspectos son obtenidos a partir de temas distintos, como el movimiento físico, la creencia en los milagros, el autoconocimiento del espíritu finito o el conocimiento del mundo, al grado de que podrían parecen un tanto inconexos para ser incorporados en un mismo capítulo, se trata en realidad de temas complementarios porque dan sentido y coherencia -desde una aparente divergencia- a la figura de Dios y a su papel fundamental dentro de la filosofía del irlandés.
En suma, este último capítulo tiene el propósito de mostrar que si se lleva a cabo una lectura atenta de la filosofía de Berkeley se podrá ver, con toda claridad, que pese a haber en ella diversos temas, abordados en distintos años y desde distintas disciplinas (como la física, la matemática o la teología), y ser ellos aparentemente divergentes, resulta que Dios es una figura omnipresente y por ello central y unificadora de su pensamiento filosófico.
2. Sobre la existencia de Dios
Como mencioné en la introducción e n el primer capítulo de la tesis aparecen cuatro argumentos, tres de ellos bien estudiados por los comentaristas, sobre la existencia de Dios, sin embargo, al ir profundizando en el pensamiento de Berkeley me quedó claro que en su lucha contra el ateísmo y la irreligión se preocupó por demostrar y defender la figura de Dios de diversas maneras, estando algunas de ellas aún inexploradas para la mayoría de los interesados en el pensamiento de Berkeley465. Por ello, y teniendo en cuenta que el filósofo irlandés no siempre se sirvió de argumentos rigurosos y lógicamente demostrativos para tal empresa, decidí retomar algunas de sus creencias y elaborar a partir de ellas dos nuevos argumentos (el
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Kingston señala que “de hecho, la preocupación de Berkeley por demostrar en la naturaleza la vital y constante actividad de Dios es uno de los más importantes temas, si no el que más, en sus escritos”. Kingston, F. T. The metaphysics of George Berkeley, 1685-1753: Irish philosopher, ed. cit., p. 151.
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argumento del movimiento y el argumento de los milagros), los cuales aportaran más elementos para conocer mejor la manera en que Berkeley creyó posible demostrar la existencia de la divinidad.
2.1 Berkeley y los argumentos a posteriori466
Para algunos estudiosos como Edward Sillem467 Berkeley fue el último de los grandes teólogos naturales antes de Kant468, hecho que le resultó más bien perjudicial. Su figura fue empequeñecida al compararlo con los grandes teólogos naturales que lo precedieron, pero también fue eclipsada por la posterior obra del filósofo alemán; sobre todo porque a partir de la Crítica de la Razón Pura muchos desdeñaron la teología natural prekantiana por considerarla cosa del pasado, “una especie de astronomía precopernicana”, y las pruebas a posteriori para la existencia de Dios fueron consideradas inherentemente deficientes por el uso ilícito que, se argüía, inevitablemente hacían del argumento ontológico. Richard Swinburne comparte esta opinión y considera que la clasificación kantiana de los argumentos para la existencia de Dios, en cosmológicos, ontológicos y físico-teológicos, está “lejos de ser una influencia benéfica”469
. Para el estudioso inglés Kant creyó que sólo podía haber un argumento de cada tipo,
mientras que de hecho claramente puede haber muchos argumentos diferentes bajo cada uno de los epígrafes, que son tan diferentes unos de otros que sería engañoso llamarlos formas del mismo argumento. […] Puede que no todos estos argumentos sean particularmente buenos, pero merecen ser considerados según sus méritos –y la clasificación de Kant oculta su existencia470.
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Los argumentos a posteriori para la existencia de Dios son, en palabras de Swinburne, aquellos que “afirman que algo experimentado por los hombres es una razón para creer que hay un Dios o que no lo hay”. Swinburne, Richard. The Existence of God. Clarendon Press, Oxford, 2004, p. 8.
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Cfr. “Introduction” en Sillem, Edward A. George Berkeley and the Proofs for the Existence of God. Longmans, Green and Co., London, 1957.
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Posiblemente cuando Sillem habla de “grandes teólogos naturales” anteriores a Kant esté pensando en John Ray, The Wisdom of God (1691), William Derham, Physico-Theology (1713) y Astro-Theology (1714), o en Bernard Nieuwentijt, Het regt gebruik der werelt beschouwingen…, traducida al inglés como The religious philosopher (1715).
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Swinburne, R. The Existence of God, ed. cit., p. 11. 470
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Si los argumentos a posteriori fueron desdeñados a partir de la postura crítica de Kant es algo posterior a Berkeley. En cuanto al filósofo de Kilkenny es claro que creyó en estos argumentos por considerarlos útiles y válidos, y por ello consideró oportuno desarrollar algunos, como el llamado de la continuidad o el de la pasividad471. Para él, como para la mayoría de los filósofos teístas472, todas las personas podían llegar a conocer a Dios debido a que la mente per se hacía posible percibir de alguna manera su existencia. El conocimiento de Dios, pues, era considerado „natural‟473 ya que se presuponía que un correcto pensar y razonar tenía que llevar inevitablemente a la convicción de su existencia; sin embargo Berkeley también tenía claro que la mayoría de las personas admitían la existencia de Dios porque la autoridad de la Iglesia se los enseñaba, es decir, porque lo aprendían, de ahí que “quienes creemos en Dios lo hacemos por costumbre, autoridad, tradición y ley”474
. Precisamente por conocer la existencia de Dios mediante el aprendizaje siempre era posible que muchos olvidasen tal creencia, lo que significaba que no había ninguna garantía de que por el hecho de ser creyentes lo siguieran siendo en el futuro. Aunado a esto, la época de culto a la razón que forma parte del contexto berkeleyano influyó para que los creyentes de la época buscasen una justificación racional, y cada vez mejor argumentada, de su creencia en la divinidad. El oriundo de
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Al intentar mostrar la existencia de Dios mediante pruebas a posteriori Berkeley –y quizá en menor medida Boyle- le dio un mayor alcance al empirismo británico, ya que mientras Locke creyó que no podía demostrar la existencia de Dios Hume ya estaba más cercano al ateísmo.
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El teísmo es básicamente la afirmación de que existe un Dios, pero se distingue del deísmo –entre otras cosas- porque mientras éste sostiene que Dios creó el mundo en un primer momento de su historia y le impuso las leyes de su operación futura, y en adelante lo dejó a su suerte, el teísmo afirma que Dios es en cada momento de la historia del mundo el responsable de su operación en ese momento. El teísmo más ortodoxo sostendría que si el universo, o cualquier otra cosa, tuviese un comienzo de existencia, sería Dios el que hubiese producido tal comienzo o, en su caso, el que hubiese permitido que algún otro ser lo produjese.
Para Swinburne la viabilidad del teísmo radica en su simplicidad, pues es una hipótesis explicativa que intenta ser lo más simple posible, de ahí que postule sólo una persona, una sustancia, y no muchas, que Dios está limitado por la lógica (de no estarlo sería mucho más complejo explicarlo), que sea totalmente libre (pues es más simple que suponer que tiene determinados intereses limit ados), que sea eterno (lo que simplifica la explicación de porqué surgió en un momento específico), etc. Vid. Swinburne, R. The Existence of God, ed. cit., cap. 5, The Intrinsic Probability of Theism, p. 93 ss. 473
“Aunque la mayoría de las personas tienen un conocimiento natural de Dios, pese a ello es necesario que el filósofo haga este conocimiento explícito y clarifique, en la medida de lo posible, qué es y qué no es conocer”. Kingston, F. T. The metaphysics of George Berkeley, 1685-1753: Irish philosopher, ed. cit., p. 153-154.
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