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ENVIRONMENTAL SAMPLING FOR BATRACHOCHYTRIUM

Esta es una serie de cinco textos publicados entre 1994 y 1996 por la Federación de Estudiantes y Asociación de la Escuela de Sociología de la PUCE, que recogieron algunos

de los debates planteados en Sociología, en conjunto con otras escuelas. Aquí se muestran los temas hegemónicos que se posicionaron en esta década, como las categorías que sustituyeron a las marxistas. Es una de las evidencias del trabajo por fortalecer la producción académica de las Ciencias Sociales desde los y las estudiantes, característica que –como hemos visto en la sección anterior– marca la época.

En una de sus presentaciones se justifica la publicación de estos textos:

Es un intento por impulsar la reflexión teórica acerca de problemáticas, que no han sido estudiadas con el rigor que ameritan dentro del ámbito académico universitario. (...) surge a partir de la necesidad de análisis teóricos que sobrepasen los niveles coyunturales. Esto se ha venido expresando dentro del ambiente académico universitario. (Presentación primer número; 1994: s/n)

A través de algunos de estos textos, se sitúa a la democracia como el elemento central de análisis de la sociedad. En el primer número: “Viabilidad de la Democracia”, se posiciona a la democracia como la única vía política para eliminar la exclusión social, y la única forma de hacer política:

En una coyuntura en que se presenta como única alternativa de representación de lo civil dentro de un sistema político cada ves más excluyente, se propone dimensionar la cuestión democrática desde una perspectiva reflexiva, que propicie la generación de mayores campos de debate en las ciencias sociales. (Presentación primer número; 1994: s/n)

La democracia se constituye hoy no solo como un fenómeno y problema para las ciencias sociales, sino que también en cuanto “utopía concreta”. (…) A diferencia de las “ideologías utópicas”, orientadas a la valorización y realización de un estado futuro, la democracia es una realidad actual, (…) la convierten en un lugar u objeto central de prácticas y transformaciones sociopolíticas. (Sánchez-Parga; 1994: 1-2)

Estas expresiones, significaban un enfrentamiento directo -una lucha de significantes- con las experiencias revolucionarias-socialistas, por tacharlas de autoritarias e imposibles. Así, la revolución terminaba siendo una malapalabra, casi innombrable. Se posiciona a la democracia para no hablar de revolución, articulando e instituyendo como imaginarios hegemónicos algunos conceptos: democracia, orden, defensa de la institucionalidad, etc. Ya no se pensaba en la ruptura del sistema, sino en una recomposición desde adentro. Tal como lo muestran los siguientes fragmentos:

La tendencia del pensamiento rupturista-revolucionario al despreciar ciertos valores inmanentes en la democracia, tachándolos de burgueses, permitió el aparecimiento y desarrollo de regímenes brutalmente autoritarios, que en nombre de los ideales redistributivos socialistas sometió a las sociedades en que se implantó a formas de poder y coerción verdaderamente abominables. (Páez, 1994:22)

Siendo esta misma corriente democratizadora la que introduce la crisis de los Estados comunistas. Ya que la reciente revolución anti-comunista no fue económica, sino democrática. (Sánchez-Parga; 1994:5)

Cuando se trae al discurso la revolución en esta década, es para enunciarla con una carga negativa. Puesto que a inicios de los noventa se da una ruptura con la caía del Régimen Soviético, que transforma las maneras de leer el mundo, lo que provoca cambios en las significaciones, instituciones, actores y categorías. La revolución ya no está en la mirada de las y los estudiantes de sociología, sino como un relato nostálgico de las generaciones pasadas, o como un ícono de resistencia más que de transformación, por la oleada de las políticas neoliberales que los gobiernos de turno intentan implementar en el país.

Otra de las problemáticas que está en auge en este periodo es el desarrollo. Desde la Escuela de Sociología se da una visión crítica al desarrollo, con la presentación del texto: “Desarrollo, ajuste y protección” en el mes de abril de 1994. El que es el resultado de un conversatorio realizado en la universidad. En el prólogo se evidencia la posición frente a este tema:

La implementación de las diversas políticas de desarrollo, está dejando resultados muy negativos, no solamente en el campo económico sino en el campo social. En el campo económico la recesión con sus secuelas de desocupación e inflación son quizá las consecuencias más directas, y en el campo social las derivaciones que están experimentando nuestros pueblos tienen caracteres dramáticos, en la medida en que la miseria y la confrontación social están poniendo en riesgo la estabilidad política en diversos países en América Latina. (Pacheco; 1994: s/n)

Esta crítica al desarrollo, es una línea que aún mantiene la Escuela de Sociología de la PUCE, que de hecho está presente en las cátedras de la mención de Desarrollo, pero que no va más allá de su cuestionamiento. Así, las problemáticas y categorías alrededor del desarrollo también se instituyen en esta nueva oleada de significantes, posicionando en sus discursos a la pobreza, mientras se deja de hablar de la lucha de clases. Lo más progresista a lo que se llega, es a hablar de un desarrollo con más participación ciudadana, un intento de vincular al Estado y políticas públicas a los proyectos de desarrollo, en definitiva un desarrollo “alternativo”. Sigue sin pensarse en la posibilidad de ruptura, como se muestra en estos fragmentos de artículos de el texto “Desarrollo, ajuste y protección”:

La participación social y el consenso ciudadano, si bien importante y necesaria, es insuficiente si no cuenta con un entorno político favorable. Con el compromiso de quienes tienen en sus manos la asignación de los recursos. (…) el apoyo de la cooperación por si sola tampoco es suficiente para garantizar la continuidad en las políticas. (Larrea; 1994:31)

Las consecuencias económicas y políticas del modelo de desarrollo neoliberal que profundiza la pobreza, genera descomposición social y es incompatible con el ejercicio de la democracia, señalan la necesidad de impulsar un proyecto de desarrollo alternativo, que tienda a garantizar el crecimiento económico, la justicia social y la vigencia de la democracia. (Espinosa; 1994:44)

En este sentido, se puede afirmar que los cambios de paradigmas responden a cierta realidad en concreto, los cuerpos teóricos que de esa se despliegan son la concreción de una revolución práctica, pues esta conlleva necesariamente una revolución teórica que sustituye al paradigma anterior, como lo señala Alejandro Moreano. Y que en muchas ocasiones otorgan un cambio de significado a las categorías y conceptos que fueron utilizados por cuerpos teóricos anteriores. “Después de todo, es el poder quien tiene la capacidad y la autoridad de nombrar el mundo” (Moreano; 2009: 62).

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