6.4 A Theoretical Model
6.4.4 Equilibrium, Functional Forms, and Parameter Values
La forma en que miramos en un proceso psicoterapéutico determi- nará no sólo cómo entendemos a quien tenemos delante, sino también cómo reaccionará frente a nosotros.
Si en el ejercicio clínico, nuestra mirada se ciñe estrictamente a las tipologías psicopatológicas, tendrá una voluntad objetivadora con efectos disciplinarios. La mirada unidireccional de la psicopatología se convierte en una forma de clausura de todo encuentro. Las tipologías pueden ser, por el contrario, suposiciones que guardamos hasta que el propio proceso las vuelva relevantes, sugiriendo un camino a tomar, de modo que uno puede empezar a andar por ese camino pero man- teniendo abiertos los ojos, principio clínico fundamental en el trabajo psicoterapéutico psicocorporal16.
Las estructuras caracteriales estudiadas por la bioenergética, de- sarrolladas básicamente por Alexander Lowen, no son rejas ni cuadros meticulosamente trazados, provistas de rasgos diferenciales. El análisis bioenergético reichiano, y su sistematización caracteriológica, trabaja con formaciones dinámicas que el psicoterapeuta tiene a mano, no para
15 En la medida en que la vasoconstricción cerebral sea importante, y que el neocórtex y el cerebro reptiliano estén desconectados del límbico, se hace necesario recurrir al uso de psicofármacos que interrumpan la dispersión energética, y que permitan al paciente un mínimo de contacto y de comunicación que le posibilite “entrar” en psicoterapia. Siempre es conveniente, además, que la medicación sea complementada con recur- sos energéticos convergentes (vitaminas, oligo-elementos, dieta, homeopatía, uso de mantas orgonóticas, etc.).
16 Cuando en una sesión de candomblé en Salvador (bahía, brasil) pregunté qué impli- caba mantener los ojos bien abiertos, se me respondió: con ganas de vivir y de ver vivir.
que funcionen a la perfección sino como una guía en el abordaje es- tratégico del analista. Las estructuras caracteriales permiten desplegar las configuraciones y los entrelazamientos de los factores psíquicos, somáticos y sociales. Puesto que el analista bioenergético reichiano concibe al carácter como resistencia y coraza, forma y función, historia y estructura, la tarea analítica se fija en el estudio de las organizaciones pulsionales, los mecanismos de defensa, los circuitos de distribución libidinal, los modos de fijación del placer y de la angustia, etc.
Cuando realizamos la lectura corporal del paciente nos concentra- mos en varios aspectos (dinámica estructural del cuerpo, tono muscular, color de la piel, temperatura corporal, expresión sexual de la persona, etc.); uno de los puntos en los que nos focalizamos es en la mirada.
Existe una correspondencia entre los ojos y los diversos tipos de carácter. Cada estructura caracteriológica tiene una expresión típica, que se dibuja más allá de lo ocasional, sirviendo muchas veces como criterio para el diagnóstico y para orientar estrategias de trabajo.
Tenemos que tomar en cuenta que en toda lectura (caracterial, corporal, etc.) toda mirada visibiliza una parte e invisibiliza otra17. Tanto la visibilización como la invisibilización van a ser producto del dispositivo planteado así como del grado de apertura o de clausura de la percepción del psicoterapeuta y de su propio carácter (su forma de mirar y de ser visto, y su forma de no ver y de no ser visto –como mecanismo defensivo–)18.
Solamente con un criterio pedagógico, y tomando en cuenta lo anteriormente dicho, les planteo algunas tendencias que vemos en la mirada de personas que tienen trazos caracteriales cristalizados, siguiendo la modalidad del desarrollo evolutivo de las relaciones obje- tales descrita por Lowen19:
Esquizofrenia: tienen una mirada extraviada o vacía, como si viesen más allá de donde está uno. mientras una parte de ellos nos ve y nos escucha, otra parte está remotamente en otro lugar, careciendo su mirada de un perfil agresivo, motor y material.
17 david Szyniak, “discursos del cuerpo. Intervenciones en la clínica”; Lugar Editorial (buenos Aires, 1999).
18 Para pensar la relación entre visibilidad, invisibilidad y carácter recomiendo el ensayo
de martin H. Astor: “Invisibility and character” publicado en el Clinical journal del IIbA (vol. 5, nro. 1; New York, 1992).
Esquizoides: sus ojos no están cargados de energía, sentimientos ni expresión. Cuando se mira a sus ojos se siente inmediatamente una falta de contacto. La misma da cuenta no sólo de un conflicto en el área ocular, sino también de un nivel energético bajo y en descenso, una respiración restringida y una motilidad general disminuida. Su mirada puede ser difusa y en muchos momentos su expresión congelada es de miedo.
Orales: sus ojos serán tibios, amables y blandos, y probablemente expresarán atracción y un pedido de amor y apoyo, alternando con una actitud de falsa independencia. Tienen una tendencia a la desfocaliza- ción y a la subcarga.
Narcisistas: a pesar de que pueden reflejar cierto brillo, no expre- san mayor sentimiento, unido a una fachada que se caracteriza por su falta de vida y por una expresión fija (por ejemplo la de una máscara de sonrisa permanente). La mirada de una persona que desarrolló de- fensas psicopáticas puede ser penetrante e imperiosa, y expresar una necesidad de control y de dominio, alternando con una mirada sugestiva, seductora e intrigante con la finalidad de atraer a la persona a quien se dirige, en una moción posesiva más o menos latente.
masoquistas: encontramos en su mirada una expresión típica de dolor o de sufrimiento, alternada con una mirada que expresa confusión. Es una mirada “compacta” y focalizada (por ejemplo, en la queja). El patrón de comportamiento de esfuerzos y de derrotas, de intentos y de fracasos de la persona que desarrolló defensas masoquistas, lo pone en contacto con esa sensación de estar atrapado y empantanado, ma- nifestándose en la mirada por medio de una expresión triste, medrosa, carente de autoafirmación e incluso dolorida y confundida.
Rígidos: si bien sus ojos pueden ser intensos y brillantes, expresan dureza y agresividad que utilizan como defensa frente a la tristeza, por ejemplo. Por lo general, encontramos en su mirada un alto grado de focalización (por ejemplo, en el caso de los hombres fálico-narcisistas, en los obsesivos y en los compulsivos, al igual que en los paranoides). En el caso de las mujeres histéricas pueden evitar el contacto ocular, en la medida en que a través del contacto profundo que produce la mirada comienzan a sentir emociones.
En la medida en que toda lectura corporal es una construcción que visualiza algunos elementos invisibilizando otros, si vemos sólo un tipo de carácter no estaremos observando a la persona de una manera completa. Es decir, podemos usar las tipologías caracteriales como
tendencias estructurales y como rasgos dominantes para acceder a un mejor entendimiento de la persona, pero no es posible realizar un proceso psicoterapéutico en esos términos, por lo cual se hace nece- sario ver a la persona en su singularidad20.