is the model of pseudorange errors at the satellite due to multipath, of variance
3) SBAS corrections
4.5. Error Correlation Time
¿Cuál es la relación entre democracia y desarrollo? ¿Por qué es tan importante para el desarrollo? Estas preguntas han sido abordadas seriamente por Amartya Sen. De acuerdo con este autor, la democracia, y más explícitamente la libertad política inherente a su conformación, constituye la piedra angular para el desarrollo humano. En su enfoque de las capacidades, la democracia desempeña tres papeles importantes al actuar en su do- ble condición de medio y fin. Como medio, la contribución de la libertad política y de la expansión de los derechos civiles tiene una doble función. Por una parte, refuerza “la respuesta obtenida por el pueblo cuando expresa y sostiene sus demandas de atención política” (Sen, 1995). En particular, autores como Rodrik (1998) han comprobado el im- pacto instrumental (redistributivo) de la democracia, al demostrar que la competencia y la participación políticas aumentan considerablemente el nivel de salarios industriales en la economía. Por otra parte, la libertad política y la expansión de los derechos civiles au- mentan el diálogo entre los diferentes actores y, así, contribuyen al “papel constructivo en la conceptualización de las ‘necesidades’ –incluida la interpretación del concepto de ‘ne- cesidades económicas’ en un contexto social–”. Como fin, la democracia cumple y encaja perfectamente con la idea de desarrollo definida como “la supresión de las principales fuentes de no libertad” (Sen, 1995), de la posesión del propio destino, y ayuda a zanjar la brecha dejada por situaciones de extrema privación.
Si bien la democracia es invariablemente importante, Sen (1995) nos advierte sobre sus resultados indeseados debidos a la posible manipulación que esta situación de liber- tad puede traer aparejada: “La democracia no sirve como cura automática de todos los males así como la quinina cura la malaria; ésta es una característica básica de la libertad en general: mucho depende de cómo se ejercen las libertades”. Por cierto, la democracia puede servir como marco ideal para legitimar actitudes conducentes a mayor privación. Existen numerosos casos (por ejemplo, el apartheid en Sudáfrica y el régimen de Milosevic en Yugoslavia) en los que poliarquías participativas reconocidas internacionalmente han respaldado o aceptado un nivel importante de privación en sectores de la población con escasos recursos económicos y políticos (Dahl, 1971; Przeworski, 1998). En la democra- cia, las decisiones adoptadas por una mayoría pueden perjudicar seriamente los intereses de una minoría.
Si bien está lejos de ser perfecta, la democracia ha demostrado ser el menos malo de los sistemas políticos de representación que el ser humano ha desarrollado hasta ahora. Más aún, parece que la democracia es el mejor socio para lograr el crecimiento económi- co encaminado hacia el desarrollo. Es cierto que las experiencias de desarrollo de algu- nos países del Sudeste asiático contradicen esta afirmación, los bajos niveles de des-
igualdad de ingresos y de corrupción en esta región nos permitirían pensar que los intereses
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del sector público y los de la población están en consonancia. Esta alineación de intere- ses entre el Estado y la población es uno de los objetivos que persigue la democracia.
La democracia y el desarrollo económico (y viceversa)
A partir de los factores determinantes del buen funcionamiento de la democracia ya ana- lizados, se puede deducir fácilmente la importancia del desarrollo económico para que aparezca la mayoría de dichos factores. Indudablemente, se requieren altos niveles de desarrollo económico para brindar un nivel adecuado de educación, salud y sistemas de información, que a su vez promuevan actitudes políticas en favor de la democracia (Muller, 1995). La evidencia empírica respalda estas ideas.
Como ilustra el cuadro 6.1, los niveles más altos de democracia están estrechamente asociados con los niveles más altos en los indicadores de desarrollo socioeconómico. Parece que las variables se retroalimentan y cuanto “más rica es una nación tanto mayor es la posibilidad de que se sostenga una democracia” (Lipset, 1983). También es cierto que cuanto más competitivo sea el sistema político, “más probabilidades tendrá el país de estar en un nivel relativamente alto de desarrollo socioeconómico” (Dahl, 1971). De todos modos, cualesquiera sean las relaciones de causalidad, es claro que no son unidireccionales y parece que sean muy complejas.
Cuadro 6.1
Desarrollo socioeconómico y nivel de democracia Correlación cruzada
Nivel de democracia1
Gasto público en educación 0,2205
Matrícula escolar bruta, nivel primario 0,1045 Matrícula escolar bruta, nivel secundario 0,3422 Matrícula escolar bruta, nivel terciario 0,3117
Tasa de analfabetismo, adultos -0,0996
Tasa de analfabetismo, jóvenes -0,0794
Cantidad de médicos 0,1819
Cantidad de radios 0,3080
Periódicos de publicación diaria 0,2957
Acceso a servicios de salud 0,6433
Camas en hospitales 0,2269
Recaudación impositiva 0,1299
1. Este indicador comprende desde el nivel 0 (el más bajo) al nivel 1 (el más alto de la democracia).
Fuente: Indicadores del Desarrollo Mundial y Polity IV.
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El desarrollo económico y el paso a una economía de mercado facilitada por dicho desarrollo tienen efectos sociológicos y políticos importantes en la sociedad. Por una parte, autores como Muller (1995), pero sobre todo Berger (1987), subrayan el impacto sociológico crucial que tiene el establecimiento de una economía de mercado. De acuer- do con estos teóricos, el paso a una economía basada en el libre mercado con los marcos institucionales adecuados transforma de manera sustancial la estructura de la estratifica- ción social: de una sociedad con una numerosa clase baja, algo propio de las sociedades agrarias, a una sociedad con una creciente clase media cada vez más influyente. Esta nueva capa media con acceso a niveles más altos de educación procura satisfacer nuevas necesidades y aspiraciones en materia de derechos civiles y políticos más amplios. Esto tiene un efecto importante porque debilita el poder que tienen los Estados autocráticos sobre las relaciones socioeconómicas. Esta clase media contribuye eficazmente a la esta- bilidad económica al atenuar “el conflicto premiando a los partidos democráticos y mo- derados y penalizando a los grupos extremistas” (Lipset, 1983).
Más aún, las relaciones económicas basadas en la economía de mercado reducen la importancia del papel que desempeña el sector público en la economía. Como resultado, “cuanto mayor sea el alcance de las fuerzas del mercado, menos espacio habrá para la búsqueda de renta por parte de las elites con acceso privilegiado al poder y a los recursos del Estado” (Lipset, 1994).
Además de las razones sociológicas y políticas, el desarrollo económico y la democra- cia están íntimamente ligados a través de los costos operativos de esta última. Por cierto, todo sistema de representación política tiene sus propios gastos. Sin embargo, las demo- cracias son particularmente costosas por una serie de razones. Por una parte, las accio- nes de consulta y negociación entre un grupo numeroso de personas pueden ser muy costosas. Por otra parte, el complejo sistema de contrapesos necesario para el buen fun- cionamiento de una burocracia democrática incrementa aún más los costos del sistema. Teórica e intuitivamente, parece que el desarrollo económico guarda una relación di- recta positiva con la democracia. Sin embargo, la historia nos ofrece numerosos ejemplos en los que economías avanzadas y desarrolladas no fueron de la mano de sistemas polí- ticos pluralistas y abiertos al disenso. Ése fue el caso de la ex Unión Soviética y de Alema- nia Occidental y, más recientemente, de los países ricos del Medio Oriente, como Arabia Saudita. En todos estos casos, deben explorarse más variables explicativas, ya que debe haber otros factores que distorsionan los efectos positivos del desarrollo económico o que son lo suficientemente poderosos como para contrarrestarlos.
Todos los factores antes expuestos llevan a la conclusión de que si bien el desarrollo económico parece que sea una de las piedras angulares que dan cuenta de la aparición y evolución de la democracia, dista mucho de ser el único factor o incluso, en muchos casos, el más poderoso. El desarrollo económico y el paso de un sistema centralizado de actividad económica a un sistema promercado son condiciones necesarias pero no sufi- cientes para el éxito de la democracia. Es necesario indagar otras relaciones causales.