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How Can ESPCs be Used to Re-engine the B-52H Fleet?

A. ADAPTING ESPC MODEL TO MOBILE ASSETS

14. How Can ESPCs be Used to Re-engine the B-52H Fleet?

En las primeras décadas del siglo XX, algunos comentadores lanzaron la hipótesis de que el evangelio de Juan había sido escrito originalmente en arameo. Las investigaciones sobre esta cuestión han continuado, pero las pruebas para inclinar la convicción por un original arameo no han sido suficientemente fuertes5. Preva-

5M. É. Boismard – A. Lamouille, Un évangile pré-johannique: Jn 1,1–2,12,

lece, pues, la opinión de que el evangelio fue escrito directamente en griego.

El griego del cuarto evangelio es la “lengua común” del siglo I. Es un griego bastante correcto, aunque no elegante, y el voca- bulario es muy reducido: entre las 15.420 palabras de que consta el evangelio, sólo hay 1.011 vocablos diferentes. La sintaxis es correcta, pero muy simple: hay preferencia por el estilo directo; no existen prácticamente los períodos; las partículas y las prepo- siciones son escasas; no se encuentran en abundancia los verbos compuestos, que son tan insinuantes, dan precisión y matizan el pensamiento.

El evangelio ofrece muchos vocablos hebreos o arameos, algunos de los cuales el autor traduce para sus lectores, que no conocían esas lenguas: Rabbi (1,38), Amén, amén (1,51) (25 veces), Mesías (1,41; 4,25), Kefás (1,42), Bethesdá (5,2), Manná (6,31.49), Siloam (9,7), Thomas (11,6; 21,2), Osanná (12,13), Gabbathá (19,13), Golgothá (19,17), Rabbouní (20,16).

Hay expresiones que son semitas por la lengua y el pensamiento; por ejemplo, “hacer la verdad” (3,21); “entregar su alma” (10,11.15.17);

“juzgar” por condenar (3,18); “qué hay entre tú y yo, mujer” (2,4); “hijos de la luz” (12,16); “en verdad, en verdad” (25 veces).

Como conclusión, se detecta una persona que, pensando con mentalidad semita, escribía o dictaba en griego.

2. ESTILO Y PROCEDIMIENTOS LITERARIOS

a) Cualidades estilísticas

No es posible exponer en una apretada síntesis las cualidades estilísticas que forman la riqueza literaria del cuarto evangelio.

Maestro en la pintura de caracteres, el autor del evangelio con dos o tres rasgos graba para siempre en la memoria del lector la psi- cología de sus personajes: María, la madre de Jesús (2,1-5; 19,25-27); Pedro (1,42; 6,68s; 13,6-9.24.36s; 18,17; 20,2-10; 21,3.7.11.15-22); Natanael (1,46-51); Nicodemo (3,1-10; 7,50; 19,39); la mujer sa- maritana (4,7-42); Felipe (1,45s; 6,7; 12,21s; 14,8-10); Tomás (11,16; 14,5; 20,25.28).

ma actual y el evangelio prejoánico representan diferentes traducciones de un mismo original arameo.

Las discusiones se desarrollan con fuerza y dramatismo; los diálogos están impregnados de vida y movimiento; la majestad y la grandiosidad, a base de frases cortas e incisivas, se dan la mano a cada paso con la sublimidad y la delicadeza y con el arte ex- quisito.

Para comprender mejor el mensaje del evangelio es necesario atender al carácter literario del mismo: la interacción de los perso- najes, los diálogos simbólicos, los discursos, la ironía, los malenten- didos, el doble significado de muchas afirmaciones. El “drama en la narración” está en el corazón de su mensaje6.

A cada momento, el evangelio deja traslucir los sentimientos que llenan el corazón de ese “discípulo-testigo” que vio, oyó y creyó en Jesús (1,39; 19,35; 20,8), a quien pudo contemplar, en el profundo misterio de su persona, gracias a la luz del Espíritu Paráclito, el cual “le enseñó y le recordó” todo cuanto hizo y dijo “el Verbo de la Vida” (1 Jn 1,1).

b) Formas literarias

Escrito por un semita, el evangelio está sembrado de “formas” o “figuras literarias” características de la mentalidad oriental7.

1. Fácilmente se descubren textos en “paralelismo” sinonímico, antitético o sintético (1,3; 3,6.36; 5,21; 6,39-40).

2. La “inclusión semítica” (repetición del mismo pensamiento al principio y al final de una unidad literaria) puede descubrirse en pe- queñas unidades (6,34-40; 14,16-26) o en grandes conjuntos: las menciones de Transjordania (1,28 y 10,40; el tema de la fe (2,11 y 20,29); la alusión al Cordero de Pascua (1,29 y 19,36); la mención del Espíritu Santo dado a Jesús y a sus discípulos (1,32 y 20,22); Jesús, el Verbo hecho carne, que es Dios (1,1 y 20,28).

3. El “quiasmo”, que consiste en la correspondencia de la primera línea (o verso) con la cuarta, y de la segunda con la tercera: A-B-B’-A’ (cf. 6,36-40; 8,15.36; 10,14). A veces se da una línea o verso cen-

6B. E. Bowe, “Drama and Storytelling in the Gospel of John”, BibToday

38 (2000) 275-281.

7V. Mannucci, Giovanni, il Vangelo narrante. Introduzione all’arte narrati-

va del quarto Vangelo, Dehoniane, Bolonia 1993. P. F. Ellis, “Inclusion, Chiasm, and the Division of the Fourth Gospel”, StVladTheolQuart 42 (1999) 269-338.

tral sin correspondiente; por ejemplo, en el diálogo con Pilato (18,28–19,16):

1. Pilato y los judíos (vv. 28-32). 2. Jesús y Pilato (vv. 33-38a).

3. Pilato y los judíos (vv. 38b-40). 4. Jesús-Rey (19,1-3). 3’ Pilato y los judíos (vv. 4-8). 2’ Jesús y Pilato (vv. 9-12a).

1’ Pilato y los judíos (vv. 12b-15).

c) Diálogos

Una característica muy singular del cuarto evangelio es el em- pleo de “diálogos” como vehículo de pensamiento. Cuando en el evangelio de Juan se presenta un diálogo –aunque sea brevísimo (1,38-39; 2,3-4)–, es preciso poner atención: el autor está deposi- tando, a veces con claridad, a veces en forma enigmática o simbó- lica, una enseñanza teológica importante.

No es raro que en el diálogo la última intervención de Jesús se torne monólogo y se convierta en un discurso; por ejemplo, en el diálogo con Nicodemo (3,10-21); con los discípulos en el pozo de Jacob (4,34-38); en el diálogo eucarístico (6,53-58).

En otras ocasiones, el diálogo culmina con una revelación cris- tológica llena de energía:

1,51: “En verdad, en verdad os digo: Veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

4,26: “Yo soy el que te habla”.

8,58: “En verdad, en verdad os digo: ¡Antes de que Abrahán fuera hecho, yo soy!”.

10,30: “Yo y el Padre somos uno”.

He aquí una serie de diálogos representativos: 1,19-27: Juan Bautista y la embajada oficial. 1,47-51: Jesús y Natanael.

2,3-4: Jesús y su madre en las bodas de Caná. 3,2-21: Jesús y Nicodemo.

4,6-26: Jesús y la samaritana.

4,31-38: Jesús y sus discípulos en Samaría. 6,25-58: El diálogo sobre el pan de la vida.

7,15–8,58: Sección rica en diálogos; el más importante de los cuales es el de la “preexistencia de Jesús” (8,31-58).

10,24-38: Jesús, Mesías e Hijo de Dios.

13,6-11: Jesús y Pedro en el lavatorio de los pies. 13,36-38: Jesús y Pedro: anuncio de las negaciones. 14,1-14: Jesús, camino hacia el Padre.

16,16-33: La alegría por el retorno de Jesús. 18,4-8: Jesús y la turba en Getsemaní. 18,20-23: Jesús y Anás.

18,28–19,16: Jesús y Pilato.

20,15-17: Jesús y María Magdalena. 21,15-18: Jesús y Pedro a orillas del lago.

d) Grandes discursos

Además de los diálogos, el evangelista se ha servido de “grandes

discursos” (con elementos de diálogos) para entregar su pensamiento.

Dos de estos “discursos” han seguido respectivamente al signo del paralítico de Bethesdá (5,1-18 y vv. 19-47) y a la multiplicación de los panes (6,1-15 y vv. 25-59).

El discurso de “Jesús, el buen pastor” (10,1-18) y el discurso de “la glorificación” el domingo de las palmas (12,23-36) son piezas excelentes. Dignos de particular atención son los discursos de des- pedida (14-16).

e) Grandes cuadros

La calidad dramática del evangelista sobresale en los dos grandes frescos literarios que nos ofrece a propósito del “ciego de nacimiento” (9,1-41) y de “la resurrección de Lázaro” (11,1-44).

f) La “oración al Padre” (17,1-26)

Con ella, que es una obra maestra y sublime de arte y de teología, cierra el evangelista la sección de la última cena.

IV. FORMACIÓN DEL CUARTO EVANGELIO

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