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Una de las primeras distinciones que se realiza en relación a la pro- pia trayectoria de participación, es haberla comenzado mientras se cursaba la enseñanza media o posteriormente en la Universidad y el papel que cumplen las organizaciones políticas y sociales existentes en este proceso.

Respecto a la primera, la escuela secundaria aparece, en el relato de las y los dirigentes estudiantiles, como el espacio/momento en que se concretan un conjunto de intereses de participar y colaborar en la transformación de los entornos más inmediatos. Al respecto, es intere- sante notar que esta primera experiencia no se inscribe necesariamente como la consecuencia lógica de ingresar a una organización y más aún cuando el contexto institucional no facilita la participación estudiantil:

“Es que nunca participé de un tipo de organización, siempre lo hice de forma particular, individual. Fui presidenta de curso, y

después fui vocera de la asamblea de mi colegio. Me llevé todos los malos ratos que me tenía que llevar y luego de eso, sin gastar- me todos los malos ratos que pasé durante el 2011 cuando iba en tercero medio, fui de nuevo presidenta durante el cuarto medio al año siguiente. A partir de las movilizaciones constituimos un centro de alumnos, porque antes no teníamos ese espacio (J.M)”

Estas dinámicas más individuales de interés por el bien común definen y explican en alguna medida una comprensión de las organizaciones estudiantiles en tensión y/o contradicción con la existencia y/o inci- dencia que tengan organizaciones políticas del mundo juvenil en esos mismos lugares y caracterizan incluso al mundo universitario. Tal vez allí radica esa idea del Centro de Alumnos (Secundarios) y la federación de estudiantes (Universidad) como espacios no partidistas o no consti- tuidos ni disputados por los partidos políticos:

“En el 2011 cuando entré a la UCM nadie sabía si había una federación ni nada. A principios de marzo me acerqué a buscar en la universidad, y me enteré de que había una electa y asumida recientemente. Ya participaba en grupos de discusión intelec- tual, pero siempre me llamó la atención la política por fuera de los bagajes de los partidos políticos, por eso decidí ingresar a la Federación”. (M.J).

De allí que se reconozcan diversas prácticas asociativas, algunas de ellas individuales e informales, que van aproximando a los estudiantes hacia el compromiso con una organización estudiantil o política:

“Y en ese contexto yo me acerque a la federación de estudiantes, a la FECH, y empecé a colaborar con la (promoción) del área de comunicaciones de la FECH, como una revista que partió ese año que se llamaba Bello Público. Entonces ahí trate de vincular lo que estaba estudiando con el activismo estudiantil, sin todavía militar en ninguna organización” (F.F).

Por otra parte, la participación en las organizaciones estudianti- les es el resultado de procesos y experiencias sociales y políticas previas o en curso, y en el marco de las cuales el ingreso a las organizaciones estudiantiles se inscribe en el marco de proyectos políticos más amplios que trascienden los impactos al interior de las escuelas y universidades. Se trata, en términos generales, de sujetos con un proyecto político específico y organizaciones de re- ferencia ya establecidas:

“Yo partí en el activismo más político y social, años bastante previos a lo que fue mi experiencia fundamental en el 2011 como dirigente de la Universidad de Valparaíso. Fue por el año 2004 y 2005 que me tocó ser dirigente de mí colegio en el Juan XXIII que queda en El Belloto, ahí fui Presidente del Centro de Alumnos junto a un grupo de amigos que ya teníamos inquietudes polí- ticas y sociales, y a través del centro de estudiantes se podrían desarrollar. Lo que buscábamos hacer era intentar generar orga- nización más allá del colegio, en este caso en la zona de Quilpué, en el Belloto, acá en el interior de la quinta. Lo que buscábamos hacer fue crear una coordinadora de estudiantes secundarios que eso igual tuvo su fruto en el 2005 cuando generamos una primera instancia de coordinación y yo en ese momento estaba saliendo del colegio, pero ya había quedado organizado un grupo en 4°”. (S.F)

Se reconoce la importancia que tienen las amistades y los afectos en el proceso de involucramiento político. En particular, las relaciones afec- tivas/amorosas como estimulantes a la hora de participar y vincularse políticamente:

“Mi entrada a las juventudes comunistas fue por una persona del barrio en Maipú, que me gustaba mucho y él entró al Instituto Nacional y empezó a militar en las juventudes comunistas y ahí me invitó a conocerla y empecé a militar; luego él se fue a Cuba a estudiar y falleció allá y eso me influyó bastante para seguir también, seguir en la misma senda luchando por algo y también por esta persona que lo hizo. El resto de mis amigos del barrio eran todos apolíticos, no se interesaban en lo que estaba pasan- do, ellos vivían en su mundo, salir al mall, carretear, ese tipo de jóvenes pero no se metían en nada de lo que estaba sucediendo políticamente. Yo también hacía esas cosas pero después de mi ingreso a las juventudes uno conoce otro mundo, se le abren unas ventanas y ve cosas que otros no ven; al ingresar al partido político eso me pasó y luego estudiando uno comienza a saber qué es lo que pasó anteriormente y cuál es el futuro que uno quiere. (J.P)

Esto hace entrar la importancia y centralidad que tienen organizacio- nes políticas presentes en el mundo estudiantil, principalmente aquella de izquierda. De esta manera, la política partidaria se constituye en una de las formas que agrupa a estudiantes y define colaboraciones con otros grupos existentes en función de la identificación de enemigos

comunes. Todo ello supone un capital político que se traduce en cono- cimiento del campo, identificación de actores y reglas de alianza:

“En cierto momento en el colegio, estábamos en primero medio, y decidimos tirar una lista al Centro de Estudiantes, porque antes la tenía la UDI51, y empezamos a negociar entre los segmentos

y sacamos una lista de izquierda. La lista de izquierda que fue con la Jota52, con el Frente Patriótico, con sectores anarcos y

bueno yo con otra gente que no tenía una tendencia así definida en política” (J.C.H).

Este tipo de procesos de involucramiento supone aprendizajes, donde tal vez el fundamental sea el que la política de alianzas es siempre ines- table y transitoria, y que así como permite asegurar ciertos objetivos mayores también genera tensiones a propósito de los aliados con los cuales se relacionan.

En otros casos, la incorporación a los colectivos y/o agrupacio- nes políticas aparece posterior a las dirigencias ya sea de sus carreras o colegios, como una continuidad “natural” que asegure la proyección de ese compromiso político en el tiempo:

“Mi participación en la política comienza mientras yo estaba en la universidad, previo a eso siempre hubo vocación de participar de los procesos sociales, pero nunca dirigiendo personas ni sien- do parte de espacios de toma de decisiones. Llegue a trabajar con la Izquierda Autónoma, el año 2009 o 2010, y previo a mi integra- ción al colectivo yo era dirigente de mi carrera de Ingeniería Civil Informática en la Universidad Católica de Valparaíso” (N.E).

A partir de lo anterior se evidencia que el movimiento estudiantil 2006- 2011 se constituyó en un lugar de confluencia de vidas que tenían diver- sas experiencias de formación y participación política: más tradicional en algunos casos, emergentes en otros y un conjunto de sujetos que no la poseían. Se produce así un proceso de encuentro valorado posi- tivamente en el marco de la construcción del movimiento estudiantil aunque no exenta de dificultades. Fundamentalmente la paradoja que se produce frente a los que actúan desde los partidos políticos y que aportan un “saber hacer”, en relación a quienes tienen ciertos niveles de desconfianza debido al alto nivel de desprestigio que tienen en general los partidos políticos por parte de la ciudadanía.

51 Unión Demócrata Independiente (UDI), partido político de derecha, fundado por Jaime Guzmán durante la dictadura militar.

Esto también impacta en la diferenciación que se produce y constitu- ye desde los cuales se definen posiciones y asignan roles en la construcción del movimiento estudiantil. Mientras los estudiantes secundarios, que sa- ben menos y cuentan con menor preparación, son tratados como agentes de disturbios más radicalizados, los estudiantes universitarios aparecen como moderados. Se afianza una creencia, en la sociedad pero también reprodu- cida al interior del movimiento estudiantil, que la acción de los estudiantes secundarios se desarrolla más en la calle en tanto la de los universitarios se expresa preferentemente en dinámicas de diálogo y convergencia.

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