cuando la mujer no trabaja fuera de casa y carece de
independencia económica, como suele ocurrir en las familias de clase media, las mujeres son, en realidad, enseres o
propiedades de sus maridos.
3. La sociedad legitima tal sistema de familia al considerar esa estructura como la institución fundamental de todas las sociedades. En realidad, se trata de una afirmación falsa, como lo muestra gran parte de la evidencia arqueológica y
antropológica. Durante la mayor parte del tiempo de la prehistoria humana no existieron jamás tales estructuras familiares. Antes bien, las personas mantenían lazos en redes extensas de parentesco: las gens, grandes grupos de personas unidas por lazos de sangre. Además, estos lazos se establecían por línea materna porque el vínculo directo con la madre de un hijo era más fácil de demostrar que el vínculo directo con el padre. Las gens eran, pues, matrilineales. Eran también
matriarcales porque la mujer ostentaba un poder considerable y, en las economías primitivas de cazadores y recolectores, cumplían una función económica crucial e independiente como recolectoras, artesanas, almacenadoras y distribuidoras de materias primas. Ejercían este poder en lo que se refiere a las formas colectivas y cooperativas de vida, al uso de mercancías, a la crianza de los hijos, y en lo relativo a la toma de decisiones, y a la elección libre y sin trabas de mujeres u hombres como compañeros sexuales y afectivos. En Los orígenes... se
relaciona este tipo de sociedad, que Marx y Engels describieron en todas partes como comunismo primitivo, con el estatus social libre y poderoso de las mujeres.
4. Los factores que destruyeron este tipo de sistema social, dando lugar a lo que Marx y Engels denominaron “la derrota histórico-mundial del sexo femenino” (Engels, 1884/1970:87) son económicos, en especial la sustitución de la caza y la recolección por las economías de pastoreo, horticultura y agricultura. Con este cambio surgió la propiedad, la idea y la realidad de que ciertos miembros del grupo se proclamaron propietarios de los recursos esenciales para la producción económica. Fueron los hombres los que se proclamaron propietarios, ya que su movilidad, su fuerza y su monopolio sobre ciertas herramientas les confirieron poder económico. Con tal cambio los hombres desarrollaron, en tanto poseedores de propiedad, las
necesidades tanto de una mano de obra complaciente —escla- vos, cautivos, mujeres casadas o niños— como de herederos que sirvieran como medio para preservar y transmitir la
propiedad. Así surgió la primera familia, un amo y sus esclavos- sirvientes, esposas-sirvientes, niños-sirvientes, una unidad en la que el señor defendía fieramente su pretensión de acceso sexual único a sus mujeres para asegurarse de la autenticidad de sus herederos. Al final, los hijos también vendrían a apoyar este sistema de control sexual, porque sobre él descansarían sus pretensiones de alcanzar la propiedad.
5. Desde entonces, la explotación del trabajo desarrolló estructuras de dominación cada vez más complejas, en
particular relaciones de clase; se creó el orden político para salvaguardar todos estos sistemas de dominación; y la familia evolucionó junto con las transformaciones históricas de los sistemas económicos y de propiedad hasta convertirse en una institución enmarcada y dependiente de ellos, que refleja las enormes injusticias de la economía política y dicta la subordinación de las mujeres. Sólo con la destrucción de los derechos de propiedad mediante la revolución comunista futura las mujeres obtendrán libertad de acción social, política, económica y personal.
Antropólogos y arqueólogos han criticado las evidencias en que se basa Los orígenes, y las feministas acusan a esa obra de no captar muchos de los sentidos de la enorme complejidad de la opresión femenina. Pero Los orígenes… ofrece una poderosa teoría sociológica de la desigualdad entre los géneros, que se opone drásticamente a la teoría sociológica de Parsons, porque expresa la afirmación de que todas las mujeres están oprimidas, analiza el modo en que la familia apuntala esta opresión —una institución considerada casi sagrada por los sectores más poderosos de la sociedad— y vincula las ramificaciones de esta subordinación con el estatus económico y sexual de las mujeres.
Feminismo marxista contemporáneo. Feminismo marxista contemporáneo.Feminismo marxista contemporáneo.
Feminismo marxista contemporáneo.Feminismo marxista contemporáneo. Las feministas marxistas contemporáneas enmarcan las relaciones de género en lo que consideran la estructura más fundamental del sistema de clases, y en particular en la estructura del sistema de clases capitalista contemporáneo. Desde este punto de vista teórico, la naturaleza de las experiencias vitales de todo individuo constituye, en primer lugar, un reflejo de su posición de clase y, en segundo lugar, de su género. Las mujeres de clases
opuestas tienen entre ellas menos experiencias vitales en común que las de las mujeres de cualquier clase con los hombres de su misma clase. Por ejemplo, por lo que respecta a las experiencias y los intereses determinados por la clase, las mujeres ricas de clase alta se oponen radicalmente a las mujeres trabajadoras manuales o a las indigentes que viven del
subsidio social. Sin embargo, las ricas mujeres de clase alta comparten muchas experiencias e intereses con los hombres de su misma clase. A partir de este hecho, las feministas marxistas admiten que dentro de todas las clases las mujeres están en desventaja frente a los hombres en lo que se refiere a bienes materiales, poder, estatus y posibilidades de autorrealización. Las causas de esta desigualdad residen en la organización del propio capitalismo.
El hecho de que la desigualdad entre los géneros se enmarca dentro del sistema de clases se ve con mayor claridad y precisión en la clase dominante del capitalismo
contemporáneo, la burguesía. Los varones burgueses poseen los recursos productivos y organizativos de la producción industrial, del comercio agrícola y del mercado nacional e internacional. Las mujeres de la clase burguesa no son propietarias, sino que constituyen ellas mismas una propiedad,
DESARROLLO HUMANO LOCAL, GÉNERO, INFANCIA, POBLACIÓN Y SALUD
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esposas y posesiones de los burgueses varones, que
comprenden el arte de la posesión en el sentido más profundo. Las mujeres burguesas son mercancías atractivas y distintivas en un proceso continuo de intercambio entre los hombres (G. Rubin, 1975) y, con frecuencia, constituyen un medio mercantil en las alianzas de propiedad de los hombres. Las mujeres burguesas producen y crían a los hijos que en un futuro heredarán los recursos socioeconómicos de los padres. Las mujeres burguesas proporcionan también servicios emocionales, sociales y sexuales a los hombres de su clase. Y son recompensadas con un modo de vida lujoso propio de su clase. Las mujeres burguesas son, pues, en los términos de Rosa Luxemburgo, “el parásito de un parásito” (1971: 220; citado en MacKinnon, 1982: 7).
La desigualdad entre los géneros en las clases asalariadas también es funcional para el capitalismo y, por tanto, los capitalistas la perpetúan. Las mujeres asalariadas reciben, dado su bajo estatus social, salarios bajos y se resisten a la
sindicalización debido a su percepción de su marginalidad dentro del sector asalariado. Así, constituyen para las clases dirigentes una fuente de ganancias que no ofrece resistencia. Es más, la marginalidad de las mujeres en el sector asalariado las convierte en una parte importante del ejército de reserva de fuerza de trabajo que, como grupo alternativo de trabajadores, actúa como una amenaza y un freno para las demandas de los asalariados sindicados. En el papel de amas de casa, esposas y madres, las mujeres apoyan inconscientemente el proceso económicamente ventajoso de los burgueses al ser
consumidoras de bienes y servicios para el hogar y cuidadoras no pagadas que, al hacerlo, subsidian y financian los costes reales de la reproducción y el mantenimiento de la fuerza de trabajo (Gardiner, 1979). Finalmente, aunque de importancia secundaria para las marxistas, la esposa del trabajador asalariado da a su esposo una experiencia mínima de poder personal, compensación por su ausencia real de poder en la sociedad. Ella es, en otras palabras “la esclava del esclavo” (MacKinnon, 1982: 8).
Las mujeres, pues, no son iguales a los hombres, y ello no se debe a un conflicto directo ybásico de intereses entre los géneros, sino al funcionamiento de la opresión de clase, con sus factores de desigualdad ante la propiedad, el trabajo explotado y la alineación. El hecho de que dentro de toda clase las mujeres estén en desventaja frente a los hombres parece no tener en el feminismo marxista ninguna causa estructural inmediata. Antes bien, como en el feminismo liberal, este hecho se debe a una reminiscencia histórica procedente del colapso del comunismo primitivo descrito por Engels. A resultas de todo esto, la solución a la desigualdad entre los géneros es la eliminación de la opresión de clase. Esta destrucción sólo puede lograrse mediante la acción revolucionaria de una clase asalariada unida que incluya tanto a los hombres como a las mujeres. Cualquier movilización directa de las mujeres contra los hombres es considerada contrarrevolucionaria porque
divide a la clase trabajadora, potencialmente revolucionaria. Una revolución de la clase trabajadora que destruya el sistema de clases haciendo que todos los bienes económicos pasen a ser bienes de toda la comunidad liberará también a la sociedad de ese subproducto de la explotación de clase que es la desigualdad entre los géneros.
TTTTTeorías de la opresión de géneroeorías de la opresión de géneroeorías de la opresión de géneroeorías de la opresión de géneroeorías de la opresión de género
Todas las teorías de la opresión de género describen la situación de las mujeres como la consecuencia de una relación de poder directa entre los hombres y las mujeres en la que los hombres “que tienen intereses concretos y fundamentales en el control, uso, sumisión y opresión de las mujeres, llevan a cabo efectivamente sus intereses”. Para las teóricas y teóricos de la opresión de género, las mujeres se encuentran en una situación en la que los hombres las usan, las controlan, las someten y oprimen. Esta pauta de opresión está profunda y
poderosamente incorporada en la organización de la sociedad, una estructura básica de dominación llamada comúnmente
patriarcado. El patriarcado no es la consecuencia azarosa y
secundaria de otra serie de factores, sean éstos la biología, la socialización en roles de sexo o el sistema de clases. Constituye una estructura primaria de poder que se mantiene intencionada y deliberadamente. En efecto, para la mayoría de las teóricas y teóricos de la opresión, las diferencias de género y la
desigualdad entre los géneros son subproductos del patriarcado.
Mientras las primeras teóricas feministas se centraron en cuestiones relativas a la desigualdad entre los géneros, lo que caracteriza a la teoría feminista contemporánea es la intensidad y la fuerza de la preocupación por la opresión (Jaggar, 1983). Debemos precisar aquí que la mayoría de las teóricas feministas contemporáneas son teóricas de la opresión y ciertamente los desarrollos teóricos más novedosos y ricos del feminismo contemporáneo han sido los trabajos de este grupo de teóricas. Los trabajos teóricos sobre la opresión de género representan la punta de lanza, la frontera dinámica en expansión de la teoría feminista contemporánea. Sin embargo, aunque, como veremos más adelante, algunos sociólogos y sociólogas han hecho importantes contribuciones a esta literatura, los sociólogos y sociólogas que analizan cuestiones de género no se sienten, como comunidad, atraídos por las teorías de la opresión. Probablemente es esta divergencia de enfoque teórico sobre la situación de las mujeres —en virtud de la cual los sociólogos se inclinan por las teorías de la diferencia y de la desigualdad y las teóricas y teóricos feministas se inclinan por las teorías de la opresión—, lo que explica el desacuerdo actual entre las dos comunidades respecto de si la teoría sociológica ha tenido seriamente en cuenta o no las implicaciones de las cuestiones planteadas por las feministas.
A continuación nos ocuparemos de las cuatro principales variantes de la teoría feminista; todas ellas se centran en la opresión pero difieren en lo que respecta a las explicaciones de