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Ethical behavior in the workplace

Chapter 2: Work orientations and unethical behavior: Does a calling orientation reduce unethical

2.4 Ethical behavior in the workplace

Aprobados los Estatutos y determinado el emplazamiento de la Colonia-sanatorio, el proyecto entraba en una nueva fase. Por un lado, se proseguía con la labor propagandística, tan necesaria para la envergadura de lo que se proponía hacer. El entusiasta Jaime González Castellano aprove- chaba un foro tan especializado como el XIV Congreso Internacional de Medicina, celebrado en Madrid a finales de abril de 1903, para presentar, en la Sección de Dermatología, una comunica- ción sobre la lepra y aludir al proyectado sanatorio de Fontilles. Hasta allí llevó los Estatutos, los planos del establecimiento y unas fotografías del paraje de Fontilles. Su interés, según escribe, estuvo dirigido «a llamar la atención de los poderes públicos y de los hombres de ciencia […] a fin de recabar, para nuestro proyecto, el apoyo de eminencias científicas y de políticos eminentes». Al regresar de Madrid, su satisfacción era completa: había sido presentado por el secretario de la aludida sección, Juan Azúa Suárez, a los médicos extranjeros, y el mencionado Azúa había introducido incluso una proposición «para que se declarara oficialmente en todas las naciones la necesidad de fundar sanatorios como el nuestro». Hasta un «político de talla» se le había ofrecido a gestionar en las Cortes y con el ministro de la Gobernación la concesión de un crédito para la prevista carretera a Fontilles.24

Por otro lado, el miércoles 22 de abril de 1903 tenía lugar en la casa social de la Unión Católica Gandiense la primera reunión constituyente del Patronato, sesión importante porque ponía fin a la provisionalidad del último año y activaba la normalidad estatutaria.25 En realidad, durante años sería Gandia la sede del Patronato y el principal «centro de decisiones», pues no en balde en la ciudad ducal residían el P. Ferrís (en el palacio del Santo Duque, colegio y noviciado de los jesuitas), Joaquín Ballester y un buen número de miembros del grupo impulsor. Presidida la sesión por el arcipreste de Gandia, Miguel Belda Ferrer, contó con la presencia de 14 patronos y la representación delegada de otros catorce. Tras la lectura de los Estatutos, se pasó a elegir los miembros directivos de las Juntas General y de Gobierno, que lo fueron por aclamación. De este modo, la Junta General quedó formada por: presidente, el arzobispo Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros; vicepresidentes, Fernando Núñez Robres (marqués de Montortal) y Enrique Trénor Montesinos (conde de Montornés); secretario, Leopoldo Trénor y Palavicino; y vicesecretario, Joaquín Rodríguez de Valcárcel y de León (conde de Pestagua). Por su parte, para

revista venía prestando, desde el primer momento, una valiosa labor de difusión y concienciación a favor del proyectado sanatorio, hasta el punto de haber abierto una sección específica («En favor de los leprosos de la lepra», se titulaba en un principio) para dar a sus lectores puntual información de los pasos que se iban dando y acoger en sus páginas varios artículos de Jaime González Castellano sobre la cuestión.

24 En AF-(3/mayo/1903)-González/Ballester. Los congresistas tuvieron ocasión de visitar el Hospital de San Juan de Dios, de Madrid, donde había siete leprosos valencianos de entre once enfermos.

25 En los escritos previos de convocatoria de la reunión se citaba «Paseo Germanías, 11», de Gandia, como sede social del Patronato, es decir, la misma dirección de la Unión Católica Gandiense. Es probable que la coincidencia tuviera que ver con el hecho de que Joaquín Ballester era vicepresidente de la citada entidad socialcatólica, creada a finales del verano de 1902.

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la Junta de Gobierno se eligió como presidente honorario a Miguel Belda Ferrer (arcipreste de la Iglesia Colegiata de Gandia), y como presidente efectivo a Juan Vallier y García Alessón; vi- cepresidente, Joaquín Ballester Lloret; tesorero, Vicente Sáenz de Juano y Rignón; vicetesorero, Ramón Rovira Orlandis; secretario, Luis García Guijarro; vocales, Francisco Gómez, Fernando Núñez-Robres y Galiano, P. Carlos Ferrís, y Carlos Corbí Orellana; arquitectos, Joaquín Belda y Manuel Peris Ferrando; y, finalmente, como médico, Jaime González Castellano.26

Los otros puntos de la reunión se acordaron igualmente con facilidad para agilizar los trámites y seguir buscando apoyos. En este sentido, se aprobó delegar en la Junta de Gobierno todas las facultades para la organización de la colonia, con mención expresa de compra de terrenos en el emplazamiento elegido. Asimismo, y puesto que persistía la intención de levantar un sanatorio de ámbito nacional, se acordó estimular la creación de juntas locales y provinciales en toda Es- paña que, para una mayor eficacia de su labor, mantendrían comunicación directa con la Junta de Gobierno. Se vio también la conveniencia de publicar un folleto de propaganda y editar unas tarjetas postales con referencias a la colonia y panorámicas del paisaje de Fontilles.27

En efecto, si hemos de hacer caso a la Revista de Gandía, los meses siguientes fueron de intensa actividad propagandística. De todas partes llegaban noticias de la buena acogida e interés por el proyectado sanatorio-colonia. A mediados de julio ya se habían formado juntas de propaganda en Barcelona, Sevilla, Bilbao, Zaragoza, Logroño, Toledo, Castellón y Alcoi, a cuyo frente figuraban normalmente sacerdotes junto a personas social y económicamente relevantes. Asimismo, algunos

26 De algunos nombres poseemos información significativa. Así, Fernando Núñez Robres (marqués de Montortal) era uno de los mayores propietarios de las provincias de Valencia y Albacete; pertenecía al Partido Conservador silvelista; había sido presidente de la Asociación de Católicos, de la Sociedad Económica de Amigos del País y de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad; fallecería unas semanas después de esta reunión del Patronato. Enrique Trénor Montesinos (conde de Montornés) era un gran propietario que había centrado su actividad en el mejoramiento y cultivo de sus fincas (en especial, su heredad de la Vallesa de Mandor); era un activo dirigente del sindicalismo agrario de carácter cooperativo y del socialcatolicismo valenciano. Leopoldo Trénor Palavicino, ingeniero, estaba muy vinculado al catolicismo político de la ciudad de Valencia. Joaquín Rodríguez de Valcárcel (conde de Pestagua) era gran propietario de tierras en Gandia. Juan Vallier era hermano del marqués de González de Quirós, y permaneció vinculado a Fontilles hasta su fallecimiento en 1966. Luis García Guijarro, hijo del registrador de la Propiedad de Gandia, era en estas fechas un joven estudiante de apenas 20 años; unos años más tarde, sería estrecho colaborador de Luis Lucia Lucia en la Derecha Regional Valenciana. Manuel Peris Ferrando era arquitecto municipal y arquitecto diocesano, autor de algunos edificios emblemáticos de Valencia (como la casa de la Gran Vía Marqués del Turia, Núm. 9). Vicente Sáenz de Juano y Rignón, heredero de un amplio patrimonio, fue fiscal en Gandia muchos años, participando activamente en la política local al lado de su primo Luis Vallier Lapeyre: J. E. ALONSO, Saénz de Juano, Gandia, 2002, pp. 28-31.

27 En AF-(22/abril/1903)-Acta. La Revista de Gandía, de 25 de abril de 1903 (Núm. 158) trae una amplia crónica de la reunión constituyente del Patronato. A partir de este número, la mencionada revista –asumiendo el papel de órgano informativo– seguirá dando cuenta a sus lectores en una sección que pasó a denominar «Boletín de la Colonia Nacional de S. Francisco de Borja para leprosos». Una de las primeras tarjetas postales, al precio de 5 céntimos, representaba a san Francisco de Borja suministrando una taza de alimento a un enfermo: en Revista de Gandía, de 13 de junio de 1903 (Núm. 165). Más tarde, en noviembre, aparecerían las postales con vistas del paraje de Fontilles, de las que, según una fuente, se hizo una tirada de 30.000 tarjetas.

ayuntamientos de la zona –el de Xeraco, Vallada y Gandia– adoptaban el acuerdo de convertirse en patronos, abonando cantidades a cuenta de las mil pesetas necesarias para adquirir tal con- dición. En ocasiones eran revistas católicas las que por su parte hacían de altavoces de lo que se estaba gestando en torno al sanatorio –como Lectura Dominical, de Madrid–, suscitando donati- vos. Otras veces era el incansable González Castellano el que buscaba un hueco en la prensa de Valencia-capital para detallar y difundir cómo la iniciativa privada estaba supliendo en Fontilles «las deficiencias del poder central»; después, ufano, escribía a Joaquín Ballester adjuntándole el recorte de El Mercantil Valenciano, en el que había escrito su artículo, diciéndole que hasta un periódico republicano «admite gustoso en sus columnas cuanto sirva para la propaganda del Sanatorio nuestro; el mismo Director se me ha ofrecido a dar publicidad a cuanto redunde en provecho de la benéfica institución».28

Mediado 1903, la principal novedad fue el inicio de las obras de una carretera que debía unir el futuro sanatorio con la de Tormos-Orba, enlace necesario, entre otras razones, para poder después facilitar el acceso y abastecimiento del material para la construcción del sanatorio. A finales de julio se había tomado nota de los propietarios afectados por el trazado para proceder a la compra de los terrenos, siendo Joaquín Ballester el que empezó a negociar la tasación econó- mica acompañado de dos peritos tasadores: uno, de parte de la Junta de Gobierno, y otro, de los propietarios. Y aunque desde primeros de junio un grupo de nueve muchachos había empezado a quitar las piedras del futuro camino, el 7 de agosto tenía lugar la inauguración formal del inicio de las obras, con la asistencia de numerosísimo público –se habla de cinco mil personas– de los pueblos de alrededor. Los discursos del vicario de Tormos, de los párrocos de Laguar, Murla y Benichembla, de un padre escolapio, de Joaquín Ballester y del P. Ferrís se centraron en «persuadir al numeroso auditorio de que la gigantesca obra que se iba a inaugurar exigía, por sus colosales proporciones, la decidida cooperación de todos los corazones, y que a realizarla debíamos ayudar cada cual en la medida de sus fuerzas, como habían ofrecido ayudar elementos de todas las clases de España». Al día siguiente, según la escena que describe un testigo, «en el primer campo que hubo necesidad de ocupar, con los trabajadores a la vista, y habilitados al efecto a la sombra de un árbol una mesa y un escribiente, se pagó la expropiación de los terrenos, término de Orba, a cuantos dueños de parcelas tasadas se presentaron, atendiendo a la invitación que con anterio- ridad se les había dirigido».29

28 En AF-(19/julio/1903)-González/Ballester. El escrito de González Castellano en El Mercantil Valenciano, de 17 de julio de 1903 (Núm. 12.444). El artículo terminaba: «Lo que no han podido conseguir los poderes públicos con su prolija reglamentación y sus apremiantes órdenes, lo han conseguido unos cuantos hombres de posición modesta y sin más recursos que los de la caridad». En Caridad heroica, ob. cit., pp. 168-178, puede verse el listado completo de las cincuenta y dos Juntas de propaganda y recaudación ya constituidas en 1904.

29 En «Sanatorio de San Francisco de Borja para leprosos en Fontilles», ponencia de Rafael Vidal y Bas presentada en 1906 al Congreso Nacional de Educación Protectora de la Infancia Abandonada, Viciosa y Delincuente, Madrid, 1908. También, La Voz de Valencia, de 28 de agosto de 1903 (Núm. 863).

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Para la construcción de la carretera –bajo la dirección del ingeniero Luis Santonja Faus– pa- reció extenderse un ambiente de desinteresada colaboración entre los vecinos de las poblacio- nes cercanas a Fontilles: «hemos de hacer constar que no pasa un solo día sin que se presenten personas a trabajar gratuitamente», señalaba eufórica la Revista de Gandía, que en esta etapa desempeñaba un notable papel de propaganda y apoyo al sanatorio. No obstante, decía confiar en que cuando pasase la recolección y escaldo de la uva, fuesen muchos más los que se presentarían a ofrecer gratuitamente algún jornal; en otro momento, a mediados de septiembre, justificaba la disminución de voluntarios por la marcha de muchos jornaleros a los pueblos de la Ribera del Júcar para la siega del arroz; un tiempo después, en noviembre, informaba de que eran más de sesenta personas las que estaban trabajando, y en enero de 1904 apuntaba que ciento nueve esta- ban explanando el camino. En ocasiones, la citada revista aportaba, como ejemplos estimulantes, detalles de lo que se estaba haciendo en uno u otro pueblo: «las mujeres de Benichembla están haciendo capacitos de limosna para despedregar el camino»; «se sabe con certeza que pasan de doscientos los capazos hechos en Tormos»; «el herrero de Orba se ha ofrecido a poner mangos a las herramientas»; etc. El mensaje de que se estaba colaborando en una obra colectiva era el que conseguían transmitir las páginas de la revista, reforzado además por las repetidas exhortaciones que los sacerdotes de la zona hacían cada domingo desde el púlpito. Pese a lo anterior, cuando se termine su construcción, la Junta de Gobierno habrá gastado prácticamente todo el capital aportado por los patronos, su primera y principal fuente de ingresos.30

Mientras los picos, las barrenas y la dinamita iban abriendo la carretera, se iniciaron las negociaciones para la adquisición de los terrenos de pinares, algarrobos y olivos donde debían levantarse los edificios del sanatorio. El P. Leandro Calvo –profesor de las Escuelas Pías de Gan- dia– había ya hecho un plano de las curvas de nivel, de cinco en cinco metros, del emplazamien- to, plano que abarcaba un área total de más de 730.000 metros cuadrados. Todo parecía, pues, preparado para que la Junta de Gobierno, en su reunión de 22 de diciembre de 1903, autorizase a su presidente y vicepresidente –Juan Vallier y Joaquín Ballester, respectivamente– para que comprasen y levantasen escritura de los terrenos necesarios. Muy ligado a este acuerdo, la cuestión económica necesitó también un replanteamiento, puesto que se mantenía firme el propósito de que el proyecto de colonia fuese «nacional», con el consiguiente incremento de edificios y gastos. Unos meses antes, en mayo, la Caja de Ahorros de Gandia –muy vinculada en su nacimiento al grupo socialcatólico local, y en particular al P. Ferrís y a Joaquín Ballester– había denegado a la Junta de Gobierno la posibilidad de ayudas económicas porque, según se justificó, lo prohibían los estatutos de la Caja; no obstante, ésta se había ofrecido a llevar la contabilidad de la Junta (para ahorrarle gastos de personal) y a recibir los ingresos de los donativos. Tal negativa, unida

30 En el Archivo de Fontilles se conservan unas hojas cosidas con anotaciones de los pagos quincenales hechos a los trabajadores de la carretera (con listado nominal de éstos). Entre la primera anotación (de 23/noviembre/1903) y la última (de 10/julio/1904), cada quincena suponía un importe que oscilaba entre 850 y 1.100 pesetas en jornales. Entre dichas fechas, según las anotaciones contables de Ballester, la construcción de la carretera (entre expropiaciones y jornales) supuso un gasto aproximado de 48.806 pesetas.

a algunas tensiones políticas en la citada Caja, pudo empujar a la Junta de Gobierno a adoptar en esta reunión una decisión sin duda arriesgada, pero que iba a aliviar las necesidades de fi- nanciación: constituir en Pego una nueva Caja de Ahorros, Socorros y Préstamos que recogiera todos los ingresos del sanatorio y, por tanto, que una parte de los beneficios de la nueva entidad sirviesen para financiar los futuros gastos de Fontilles.31

Una semana después de la reunión de la Junta se compraban las tres primeras fincas de las que tenemos constancia registral, si bien desde febrero de 1903 ya aparecen diferentes anotaciones contables –que totalizan más de dos mil pesetas– como cantidades entregadas a cuenta a unos dieciocho propietarios. Las tres aludidas fincas representaban en conjunto una extensión de 98.493 metros cuadrados, y se pagaron 633 pesetas por ellas. Era, sin duda, una importante adquisición en firme, pues llegó a pensarse en inaugurar las primeras obras de edificación en el inmediato diciembre, buscando la coincidencia con el cincuenta aniversario de la Declaración Dogmática de la Inmaculada. No será así. Como eran muchos los propietarios afectados, a menudo sin la documentación de propiedad, tocó a Joaquín Ballester negociar y otorgar escritos de compromiso de compra-venta para, mediante tasación pericial, ser adquiridas en el plazo de dos años. Según un testigo –el médico Pedro Ruano, contrario al proyecto, como veremos–, algunos dueños de tierras «pedían precios fabulosos» aprovechándose de la urgencia e interés del Patronato. Por las dificultades de financiación que tenía el sanatorio, la mayoría de propietarios aceptaron el cobro a plazos persuadidos por la autoridad de Diego Pérez de los Cobos, registrador de la propiedad del distrito de Pego en esas fechas. Los problemas que casi de inmediato surgieron explican que hasta febrero de 1905 no se hicieran efectivas nuevas compras de las tierras comprometidas.32

31 En AF-(22/diciembre/1903)-Actas. La decisión de crear una nueva Caja debía de estar tan madura que en la misma sesión se acordó iniciar los trámites de su legalización enviando al ministro de la Gobernación los Estatutos de la nue- va entidad, que serían aprobados en los últimos días de diciembre de 1904. Por otra parte, la Junta aprobó también remitir al ministro una modificación del título «Colonia-Sanatorio para leprosos de San Francisco de Borja» para que fuese sustituido por el de «Colonia Nacional de leprosos, de San Francisco de Borja». Puede verse la relación nominal, de 1904, del Consejo Directivo de la Caja de Ahorros, Socorros y Monte de Piedad de Gandia, en Revista de Gandía, de 22 de abril de 1905 (Núm. 262).

32 En AF-(13/abril/1932)-Doc. Incautación. Si fuesen exactas las averiguaciones que en 1932 hizo el registrador de la Propiedad de Pego, Vicente Riera Rodríguez, para el Expediente de Incautación del Sanatorio, eran 80 las propiedades que habían sido compradas y registradas por el Patronato entre 1903 (las primeras) y 1926 (las últimas) en los términos de Vall de Laguar y de Murla. Del Certificado del citado registrador se deduce que cuando en 1909 entraron en el sanatorio los primeros enfermos, éste había adquirido una extensión de 178.115 metros cuadrados. Si desglosamos por años, en 1903 se compraron 98.493 m2; en 1905, 30.994 m2; en 1906, 25.361 m2; en 1907, 4.075 m2; y en 1908, 19.192 m2. Hasta

1909 las compras se habían hecho a 16 personas diferentes, propietarias de 50 fincas de diverso tamaño y calidad. De los vendedores, fueron los hermanos Ballester Moll (sin parentesco alguno con Joaquín Ballester Lloret) los que vendieron al sanatorio el mayor número de tierras (15 fincas) y la mayor extensión conjunta (21.405 m2); en la compra de sus

tierras se gastó el Patronato el 26,1% del total del importe en terrenos adquiridos hasta 1909. Ciertamente, los datos anteriores no coinciden con los de Caridad heroica, ob. cit., p. 131, que señala una extensión de 730.000 m2 como área

total demarcada para el sanatorio, y cuyos terrenos, según señala, habían pertenecido a 74 propietarios. Es posible que la información de 1932 del registrador Vicente Riera fuese incompleta.

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Por otra parte, 1904 comenzaba con tres publicaciones que iban a reforzar el objetivo de pro- paganda, de tanta importancia para la recaudación de fondos. Primeramente, fue una especie de folleto, de dieciséis páginas, que a lo largo de seis epígrafes y numerosas ilustraciones explicaba el problema de la lepra en la región y resumía los trabajos hechos por la Comisión Organizadora y la Junta de Gobierno. En realidad, con una gran tirada y un bajo coste, el pequeño folleto pre- tendía llegar al mayor número posible de colaboradores y seguidores anónimos del proyectado sanatorio.

Un planteamiento distinto, en cambio, fue el de la segunda publicación, Caridad heroica, aparecida en marzo, poco después de la anterior. En este caso, era un libro lujoso, de edición esmerada en todos sus detalles, destinado a regalo de patronos, juntas locales y personalidades significadas (se enviará, por ejemplo, un ejemplar al papa, así como a los reyes), con el objetivo de agradecer a unos su apoyo y de buscar sumar otros. No es extraño que la preparación de la