CHAPTER TWO METHODOLOGY
2.3 Methodology 1 Introduction
2.4.6 Ethical issues
La obesidad es una enfermedad no transmisible que se ha incrementado y se irá incrementando en el futuro, y por su trascendencia en la carga de morbilidad y mortalidad de la población a nivel mundial es un problema de salud pública que no sólo afecta a la población adulta sino también y con gran preocupación a la población infantil.
El sobrepeso y la obesidad, como expresiones de malnutrición, son considerados como un riesgo para la salud de las personas. Este aumento de la masa corporal conlleva a una serie de complicaciones metabólicas, mecánicas y también en la esfera psicosocial.49,50
Dada su complejidad existen diversos factores que lo influencian; se señala a la predisposición genética, determinantes metabólicos, neuroendocrinos y estilo de vida como los factores más contribuyentes a su aparición; mencionándose también a los factores como práctica de lactancia materna, tiempo de ocio (ver televisión, videojuegos, internet), ejercicio físico, como factores importantes en su desarrollo y que en su mayoría son susceptibles de ser mejorados o corregidos brindándonos una posibilidad de intervención.
Con respecto al tipo de lactancia de los escolares, Dewey K, et al.42 encontró que niños alimentados con fórmula eran más pesados que los que recibieron leche materna en los primeros 6 meses de vida, resultado
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similar al de esta investigación con respecto a esa variable. También Von Kries50 halló un efecto protector constante y dependiente de la dosis de la lactancia materna, sobre el riesgo de sobrepeso y obesidad en un trabajo realizado en niños en edad escolar. Otros estudios también asocian las prácticas de alimentación del lactante que involucran lactancia artificial, con el desarrollo de obesidad,51 coincidiendo, también de modo general con los resultados de este estudio: los que tuvieron lactancia mixta tuvieron 3 veces más riesgo de ser obesos que aquellos que se alimentaron exclusivamente del pecho materno.
Se señala que el patrón de alimentación a libre demanda favorece la adquisición de una mejor capacidad de autocontrol de la ingesta, al permitir que el niño responda de forma más adecuada a las sensaciones internas de hambre y saciedad, hecho que no se produce de igual forma en la alimentación artificial. Por otra parte, el efecto protector de la leche materna podría atribuirse al menor contenido proteico de la leche humana en relación con las fórmulas, lo que ocasiona menor ingestión de proteínas y menor influencia en el incremento ponderal.26
El niño lactado al pecho materno controla mejor la cantidad de su ingesta, porque se satisface con mayor facilidad, ya que la saciedad no depende sólo del volumen ingerido, sino también del tipo y concentración del alimento.26
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Gillman M, et al.52 concluyeron que niños quienes recibieron lactancia materna más que lactancia artificial (fórmula) o quienes recibieron lactancia materna por mayor tiempo tienen menos riesgo a desarrollar sobrepeso en la pubertad y adolescencia. Por otro lado, Adair S, et al.53 en su revisión concluye que lactancia materna ofrece una protección débil a moderado contra la obesidad, con las relaciones dosis-respuesta que indica una disminución del riesgo de obesidad con una mayor duración de la lactancia materna.
Dado que el sobrepeso es en la evolución un eslabón previo para el desarrollo de obesidad podemos mencionar que los resultados de este estudio se complementan. Si bien, Adair S, et al.53 concluye que lactancia materna ofrece una protección débil a moderado contra la obesidad, con las relaciones dosis-respuesta se corrobora una disminución del riesgo de obesidad con una mayor duración de la lactancia materna.
En el estudio realizado por Loaiza y Atalah21 cuyo objetivo fue el determinar la prevalencia de obesidad en escolares de Punta Arenas y los principales factores de riesgo asociados se encontró que la prevalencia de obesidad fue 23,8% y de sobrepeso 22% además que los escolares ven en promedio 3,0 ± 1,7 horas de TV/día y sólo practican actividad física extra programática 0,7 ± 1,4 horas/semana y que la alimentación es poco saludable. Los análisis multivariados demostraron mayor riesgo de obesidad con un IMC materno >ó = 25 (OR=2,8 IC 1,6-5,0) y > 4 horas/día
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frente a TV (OR=1,7 IC 1,0-2,9) valores que como vemos son parecidos en este grupo etáreo.
En Argentina, un trabajo publicado por Poletti36 sobre niños con sobrepeso, encontró que el 36% no realizaba ninguna actividad física fuera de la escuela. Confirmado en el presente estudio donde el mayor por ciento de los escolares que no practicaba deportes se ubicó en el grupo sobrepeso (67,5 %). Para los escolares que no practicaban deportes el riesgo de obesidad fue 3 veces mayor respecto a los que sí practicaban deportes.
Si el ejercicio se practica de manera organizada produce beneficios en el orden enzimático y cambios importantes en diversas fracciones de lípidos del suero, reducción del colesterol y de los triglicéridos y elevación del colesterol unido a lipoproteínas, influye sobre la respuesta de la insulina a una sobrecarga de glucosa y da lugar a reducción de la insulina plasmática, lo que mejora la tolerancia a la glucosa.42
Los informes de estudios retrospectivos sobre la materia en estudio muestran coincidencias y sugiere que la realización de deporte durante la niñez favorece el proceso de crecimiento, debido a la estimulación que se produce a nivel de tejido óseo y muscular. La práctica de deporte desde edades tempranas repercute en el aspecto afectivo, social y cognitivo, desarrolla capacidades como la percepción espacial, coordinación motora,
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la agilidad y el equilibrio. También el deporte ayuda a la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de diversos problemas sociales (delincuencia, adicción a las drogas, alcoholismo, violencia familiar, etc.) o incluso, emocionales y mentales (ansiedad, aislamiento, depresión).42
El tiempo de exposición de niños y adolescentes ante el televisor es muy elevado. Según Poletti36 un estudio efectuado en niños y adolescentes de Estados Unidos de América, el promedio de horas por día frente al televisor, videojuegos y computadora fue de 7 horas 57 minutos. Mirar televisión por espacios prolongados ha sido señalado como una de las causas importantes de desarrollo de obesidad en niños y adolescentes.
Un estudio realizado en España en escolares de 10 a 14 años señala que los niños con sobrepeso vieron más la televisión que los normopeso, resultados similares se reportan por otros autores.32
Hancox R, Poulton R.54 estudio de cohorte, encontraron que el sobrepeso en todas las edades tuvo asociación significativa con el promedio de horas de ver televisión para esas edades siendo mayor la asociación en niñas que niños la cual permanece significativa luego del ajuste con el IMC de los padres y el nivel socioeconómico. Se concluyó que el tiempo de ver televisión es un predictor significativo del IMC y el sobrepeso en la niñez. Este estudio no es estrictamente comparable con este trabajo, entre otras razones, por la diferencia metodológica de estudio.
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La obesidad en familiares de primera línea del niño sobrepeso, se menciona por Martínez,55 en Argentina, quién reportó un 6,6 % de obesidad en ambos progenitores, 13,3 % de obesidad materna y 14, 7 % de obesidad paterna.
Está bien establecido que si ambos progenitores son obesos el riesgo para la descendencia es del 80 %, cuando sólo uno de los progenitores lo es, el riesgo desciende al 40 %, y si ninguno de los progenitores es obeso, el riesgo en sus hijos queda en el 3-7 %.38
Reilly et al.20 en el Reino Unido. Evaluaron a 8234 niños de 7 años donde los resultados revelaron que 8 de 25 posibles factores fueron asociados al riesgo de obesidad en la niñez, entre ellos se mencionan a la obesidad paterna (ambos padres: OR ajustado 10.44, 95% intervalo de confianza 5.11 a 21.32).
Rennie K, et al.56 sugiere que la obesidad de los padres es un fuerte predictor de aumento de peso excesivo en los niños, lo que refleja no sólo una predisposición genética a aumentar de peso, sino también los efectos ambientales coincidiendo con Kanda A, et al.57 y Tabacchi G, et al.58 en que la presencia de uno o ambos padres con sobrepeso representa un mayor riesgo de obesidad en sus hijos. Así, Fuentes E, et al.59 en su estudio encontró que el sobrepeso infantil se asoció a la obesidad materna (OR 3.71, IC del 95% 1.40 – 9.84). En este estudio el 52.5 % en
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los niños con sobrepeso no tenían padres obesos, el 37.5% si presentaba obesidad la madre o el padre.
Respecto al consumo semanal según grupos de alimentos, al comparar los resultados encontramos que estudios realizados en la provincia Cienfuegos, muestran un alto consumo de cereales, granos y azúcares y escaso consumo de frutas, vegetales y pescado. En Costa Rica, Suárez De Ronderos al estudiar la alimentación de escolares entre 7-12 años encontró poco consumo de frutas y vegetales e inadecuado consumo de macro y micro nutrientes42 siendo confirmado en el presente estudio, las cifras encontradas fueron de los lácteos (90%), alimentos azucarados (90%), granos (87.5%), productos envasados (85%), cereales integrales (80%) y huevos (80%). El pescado constituyó el alimento menos consumido con sólo (20%). Al analizar por grupos no se encontraron diferencias porcentuales importantes para ninguno de los alimentos, es decir que el patrón cualitativo de alimentación se comportó de forma similar para ambos, excepto al tratarse de los vegetales, que sólo 75 % de los sobrepesos los consumieron más de 4 veces por semana alcanzando el 90% en el grupo control (p=0,003). La ingestión de vegetales (OR=0,33) y de frutas (OR= 0,19) se comportó como un factor protector del sobrepeso en el grupo estudiado.
El pobre consumo de pescado es preocupante, se reporta que este es rico en ácidos grasos omega 3, beneficiosos para la prevención de
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múltiples enfermedades, pues son cardioprotectores, constituyen fuentes de vitaminas A y D, yodo, entre otros.42
Según las guías de alimentación, deben consumirse tres porciones diarias (300g) de vegetales, por lo que se considera insuficiente su ingestión aún en el grupo control.41
En la bibliografía revisada hay pocos informes específicos, en donde se relacione el tipo de cocción y el sobrepeso y obesidad en niños, en el estudio la cocción de alimentos en medio graso, expuso tres veces más a estos niños al riesgo de sobrepeso.41
Con relación al estilo de alimentación de los padres como factor de riesgo de sobrepeso y obesidad en niños de 5 a 9 años, si bien es un factor poco incluido en la literatura, consideramos que es un factor que podría convertirse en un arma importante de monitoreo de crecimiento e identificación temprana de riesgo de obesidad. Se observa en tabla Nº 8 que el niño que siempre consume lo que quiere, “deja hacer”, tienen 4 veces más posibilidades de sobrepeso y obesidad que los niños con normopeso, con una diferencia significativa, aunque el intervalo de confianza es amplio, este hallazgo ameritaría confirmar estos resultados con muestras más amplias y seleccionadas aleatoriamente.
La alimentación perceptiva o también llamada alimentación interactiva está sustentada en diferentes estudios desarrollados en países africanos
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donde se encontró que las intervenciones que incluyeron “comportamientos de alimentación” como parte de las prácticas recomendadas ejercieron efectos positivos sobre el crecimiento infantil.41 En el estudio solo el 27.5% de los niños con sobrepeso presentó un estilo de alimentación perceptiva, frente al 54 % en los niños con normopeso.
A la luz de los resultados y en base al análisis realizado en el presente estudio, encontramos que el niño con sobrepeso y obesidad se caracterizó por mayor frecuencia de lactancia mixta desde los primeros meses de vida (p<0,037; OR=2.99; 1.28<IC<7), predominio de poca actividad física diaria (p<0,039; OR=4.29; 1.15<IC<15.97), escasa práctica de deportes (p<0,008; OR=3.3; 1.34<IC<8.13), promedio elevado de horas frente al televisor, video o computador (p<0,007; OR=3.38; 1.36<IC<8.39), mayor frecuencia de antecedentes familiares de obesidad (p<0,007; OR=3.81; 1.54<IC<9.42), patrón de alimentación con predominio de cereales integrales, lácteos, huevos, productos envasados, alimentos azucarados y granos, además de escaso consumo de frutas, vegetales y pescado, tipo de cocción en medio graso (p<0,033; OR=2.69; 1.06<IC<6.8), estilo de alimentación de los padres: dejar hacer (p<0,021; OR=3.61; 1.29<IC<10.07).
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5. CONCLUSIONES
Los hábitos dietéticos: lactancia mixta, alimentación con escaso consumo de frutas, vegetales, tipo de cocción en medio graso, estilo de alimentación dejar hacer son factores de riesgo para el desarrollo de sobrepeso y obesidad en los niños estudiados.
La actividad física menor de 2 horas es un factor de riesgo para el desarrollo de sobrepeso y obesidad en los niños estudiados. Comentado [T14]: “ “ Comentado [T15]: Diarias?
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6. RECOMENDACIONES:
Concientización de los padres de familia acerca de problemas nutricionales, disminuir las actividades pasivas como televisión, computadora y videojuegos a menos de 2 horas al día, así como fomentar el incremento de la actividad física y adecuada alimentación orientadas a una mejor calidad de vida.
Incluir en estudios de investigación los factores como control prenatal, peso materno (bajo peso).
Realizar investigaciones que consideren grupo de sobrepeso y obesidad individualmente, y analizar factores de riesgo por cada año de edad.