4.3 RESEARCH PROCEEDURES AND ETHICS
4.3.4 Ethical issues
ntre algunas vezes que Felicia a sus huéspedes llevaba a holgar a la fuente de los laureles, por ser el lugar más que otro alguno agradable, un día ya que querían entrar al pradezico de la fuente estaba, vieron assentados a la corriente d´ella dos pastoras que en su aspecto mostraban un señorío entre otra cuales quería y junto con esto hermosas por el cabo, principalmente una d´ellas que menor que la otra parescía. Enfrente de ella estaba de pies un zagal, limpiándose con la falda del sayo las lágrimas que por su rostro descendían. Las pastoras mirándose una a otra, por pago de su lloro, no otra cosa más que una graciosa risa le davan. Sireno, Silvano y Selvagia conosciendo ser aquel el pastor que les mostró la carta cuando de casa de Felicia para las suyas caminaban, se retiraron afuera y haciendo todos lo mesmo, Sireno dixo: “¡O, cómo huelgo de hallar a aqueste zagal porque si cantasse veriades no ser ficción la dulçura que de su canto os hemos alabado! Pero, duéleme en extremo que le veo en términos que no me querrá hazer verdadero”.
“No tengas pena- dixo Felicia- que no dexará de cantar y para que mejor oírse podáis, veníos comigo muy quedos que yo os pondré en parte do no seáis d´ellos vistos y podáis gozar de su canto”. Hablando estaban las pastoras con el zagal cuando Felicia le puso lo más cerca que sin ser vistos podían estar, pero no tan cerca que entender pudiessen sus pláticas. “Más hermosas que comedidas- dixo don Felis- son aquellas zagalas, pues no mandan al pastor que se assiente”. “No proviene de aí - dixo Felicia- sino del mucho respeto que él a la menor tiene. Y assí jamás en presencia d´ella se ha podido con él acabar que en pie no esté salvo cuando se hallan presentes personas con quién su amor dissimular convengo”. “¿Por qué está tan triste?- dixo Selvagia- que según me paresce, por lo que de su carta coligimos ninguna cosa su zagala podía hazer ni dezir de que él grandísimo gozo no recibiesse”. “Hásele buelto la rueda de la fortuna- respondió Felicia- que como por premio de su amor solo tuviesse gozar la presencia y conversación de su zagala de donde todo el contento del mundo le venían, agora le es fuerça por algunos días apartarse d´ella de a do la miseria posible le nasce y lo que más atormenta es no saber cuando podrá bolver a verla. Empero escuchad y estad atentos que le mandan cantar”. En esto le vieron sacar un rabel de su çurrón y d´esta manera con boz llorosa començó:
Fílida, zagala mía, ¿qué me parto ya sin ti?, ¡ay que no, mas ay que sí!,
¡O si del mundo partiesse!,
pues de ti mi bien me parto, 5 si mi desdicha quisiesse.
¡O si la muerte viniesse por ti, pastora, y por mí! ¡Ay que no, mas ay que sí!
Pérdoname si codicio 10 tu injusta y temprana muerte
que mi amor de bravo y fuerte, me haze salir de quicio;
celos son que hacen su oficio,
por irme y quedar tú aquí. 15 ¡Ay que no, mas ay que sí!
No son celos por pensar
que has de amor de otro pastor, pues sé, por mi mal, que amor
no puede en tu pecho entrar. 20 Recelo que has de olvidar
que me viste o que te vi. ¡Ay que no, mas ay que sí!
Mas si sospechas, zagala,
olvidarme, ¡ay dolor fiero!, 25 la muerte me da primero
que pienses cosa tan mala, al dolor la pena iguala, reciba este don de ti.
Por librarme en tal estrecho bien temo matarte a ti
porque estás dentro en mi pecho. Haz, zagala, noble lecho
de salirte, ¿quieres? Di. 35 ¡Ay que no, mas ay que sí!
Haz comigo este concierto de salirte por un hora que luego entrarás, pastora.
Si hay entrar en cuerpo muerto, 40 que si sales, a fe cierto
de darme yo muerte a mí. ¡Ay que no, mas ay que sí!
Como si en tu mano fuesse,
digo salgas do de estás, 45 pero salir no podrás,
ni yo puedo, aunque quisieses, no quiero ya que pudiesse querer y valor perdí.
¡Ay que no, mas ay que sí! 50
Si en algo grato te soy, te ruego, zagala mía, digas si quiera algún día: “Mi pastor, ¿dónde está hoy?”,
por leve mi pena doy, 55 si lo hazes, di que sí.
¡Ay que no, mas ay que sí!
Dilo siquiera burlando,
tanto te va en no decirlo, 60 una vida restaurando,
humilde, poco demando, pues que poco merescí. ¡Ay que no, mas ay que sí!
Assí como acabó de cantar, ellas se levantaron y la menor que era la Fílida señaló al zagal con el dedo para que le alcançasse su çurrón y cayado que en el suelo estaba. Él con todo comedimiento lo hizo, recibiéndolo ella sin más mudança que si un rabadán suyo se lo diera. En este punto, con pocas razones de las zagalas y muchas lágrimas del pastor, se despidió. Fílida, entonces, mostrando un templado pesar de su despedida, sacó de su çurrón una muy pulida cucharica (devía ser con que ella comía) y se la dio, con la cual el pastor moderó en algo su tristeza. Luego, ellas se salieron del pradezico por la una entrada d´él y el zagal por otra.
“¿No sería bien- dixo Felismena a Felicia- hablar a aquellas hermosas pastoras antes que se vayan?”. “Ora que no todo lo havéis de saber- respondió Felicia- su tiempo se vendrá y holgaréis de ver y tratar a Filida y Cristalio, que assí el pastor que aquí havéis visto se llama. Por agora, no cumple y más que yo sé que les echaríamos en vergüença”.
Con esto, idas las zagalas, ellos se fueron a pradezico y fuente donde en ordenados bailes, dulces cantos, graciosos cuentos, amorosas pláticas gastaron el tiempo que a Felicia le paresció, recogiéndose al templo todos a la hora que por ella les fue avisado. Paresce que no en otro Felicia se desvelava, sino en cómo, adónde, de qué modo y mejor a toda aquella noble compañía solaçar pudiesse y assí una vez por el llano que estaba delante del templo, otra vez al cercano bosque y otra a la fuente dicha los llevava. Verdad es que para tener el alegría39
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En el siglo XVI, alegría tenía género masculino, de ahí la concordancia con el determinante artículo.
posible, don Felis y su esposa, Silvano y su pastora no les era necessario buscarle en cosas exteriores, pues interiormente le gozavan con verse amados todos cuanto amor trocado. Sireno tomava un placer libre a vuelto de los unos y de los otros. Las ninfas procuravan no solo haverle ellas, empero aún regocijar a todos. Parisiles, pasada la ira con lo que le dixo Felicia y desechada la tristeza con tener a su hija presente, estaba estrañamente gozoso.
Stela y Crimene se veían, entre el placer y el pesar, dudosas; por una parte, se alegraban con la esperança por Felicia prometida y con que veían aquellos amantes haver sido por ella remediados; por otra, entristescíanse juzgando no poder hallar camino para sus trabajos y passiones a causa de que aunque a ellas se les pidiera de qué manera estarían contentas, no lo supieran dezir, para que conforme a su voluntad se les diera porque cada una d´ellas en igual grado amava a Delicio y Partenio, principalmente a Stela que no tomara ser querida de Delicio, haviendo de ser de Partenio olvidada, ni quisiera ser amada de Partenio si havía de ser Delicio aborrescida. Solo Delicio en tanto regalo y passatiempo, como allí se le ofrescía, estaba ajeno de consuelo por hallarse ausente de Partenio sin el cual de la vida no quisiera gozar. Representávesele allende d´esto el peligro en que sabía estar como después se dirá, quisiera ir a librarle o morir en la demanda, sino que, por una parte le estava prohibido y por otra, no tenía fuerça para dexar a Stela. Añádiase a esto no la poder ver y hablar como solía a causa de Parisiles. De manera que aunque todos cantavan, nunca con él se pudo acabar que lo hiziesse escusándose con harto floxas razones y assí, cuando buenamente podía, se desviava de toda alegre conversación de cuyo descontento no pequeña parte a sus zagalas cabía. Visto por la sabia Felicia, lo poco que esperança con él valía, una tarde delante de todos le dixo: “Afligido zagal, no dexara de estar de ti quexosa, si no supiera la mucha razón que de estar triste tienes. Por tanto, pues yo no lo estoy, ruego a vosotros todos no os agraviéis sino os puedo complacer y hazédmele a mí tan grande que no le pidáis más de aquello que él de su voluntad dezir os quisiere que timepo vendrá en que os dará las manos llenas. Assí, tú, pastor, por cortesía ni vergüença, no hagas más de lo que vieres que es más a tu contento, pues todos holgamos de dártele”.
“Sabia y discreta señora- respondió Delicio- sino es con ponerme delante a mi Partenio en ninguna cosa mayor merced podía recebir que en la que de presente me has hecho y, pues para tan grande, mi possibilidad es pequeña, quedarás sin el pago devido porque puesto que en señal de sujeción, mi persona para tu servicio quiera ofrescer, sería fuera de razón prometer lo que ya te está obligado”. Don Felis y su esposa, pastores y ninfas dixeron que holgavan de todo aquello en que Delicio recibiesse contento. Él les bolvió las gracias por ello demandándoles perdón por la estrañeza que con ellos usava. Con esta licencia havida de Felicia y de los demás, Delicio passava como podía su tristeza a solas metiéndose por aquel espesso bosque lamentando su desventura y no dexara de perderse en él sino que la altura de las torres del palacio de Felicia le llenavan cuando quería.
Entre algunos días que unos y otros por diversas partes a holgar se ivan, uno d´ellos se hallaron los pastores Sireno, Silvano y Selvagia solos con el viejo Parisiles en un cuarto de la rica casa (haviánse ido Felicia y don Felis por un parte, la demás compañía por otra) al cual Sireno dixo: “Pues a todos los que de amor tratan, señor Parisiles, estos días que aquí has estado te ha plazido darles contentamiento con tus agradables cuentos y razones de las cosas de Cupido, a mí que ningún trato con este niño tengo. ¿Por qué te has de desdeñar darme alguna alegría con algún apazible cuento de cosas pastoriles? El primer día que gozamos de tu sabrosa conversación, propusiste diversas cosas a nosotros tocantes y desde entonces me cargaste de un más que mediano desseo de oírtelas, principalmente aquella del sacrificio de nuestro dios Pan y como antes se le hazía y desde cuándo se tiene en veneración y todo lo que más sobre esto propusiste. Assí que pues agora tu cuento vendrá a cuento pues solos pastores estamos, te ruego me libres d´esta carga”.
“No puedo Sireno, amigo – respondió Parisiles- no obedescerá a lo que me pides, así por ser cosa que a mi oficio pertenesce declarar el rito y honra que a nuestros dioses se debe como por ser cosa que a vosotros está bien saberlo, en especial aquellos que conviene a Pan, dios de los pastores. Cuánto a lo primero no tengáis en poca estima vuestro oficio pues no solo Pan, pero aún muchos otros dioses nuestros le han usado y sin estos emperadores, reyes y personas de gran cualidad y aún más os digo que el primer oficio que en la tierra hubo fue éste (los nombres de los unos y de los otros dexo de deziroslos porque a vosotros poco o nada pertenesce y también sería muy largo), así que no os maravilléis si os dixere que a quien primero los nuestros hizieron sacrificio fue a este dios. Bien entiendo que mi principio havía de ser declarando quién este dios sea, pero como él no le tenga, no se le podré yo poner sino en sí mesmo porque dezir que es todo uno Pan y Fauno (según los autores muestran) no lo creo porque por ellos mesmos los condenaré. Pues dizes Fauno ser hijo de Pico y padre de Latino, Pan hijo de Demogorgón, Dios de la tierra. Dizes (como también afirman) que Pan y Silvano es lo mesmo; es falso pues un muy auténtico autor después de haver contado que venía Pan, dios de los pastores, dixo que también venía Silvano con una raíz del árbol en que Cipariso fue mudado. De lo cual, claro, se colige confundirse mal el uno con el otro. Los que más acertadamente hablan de Silvano dizen ser Dios de las hezes de los elementos, de las cuales todas las cosas materiales toman ser”.
“Por cierto, señor Parisiles- dixo Selvagia- tú nos has destruido lo que en nosotros juzgavamos estar bien fundado porque siempre hemos reputado a los tres por
uno o a lo menos, a los dos”. “No solo vosotros- respondió Parisiles- pero aún casi todos puesto que hayan sido de más cualidad que vosotros”. “A mi estado, mi entendimiento- dixo Selvagia- no es dado entender tanto que pueda contradecirte lo dicho, cuanto más que por decirlo tú es bien darte crédito. Pero una duda se me ofresce acerca d´esto: Afirmaste que Pan no tiene principio y después dixiste que era hijo de Demogorgon, ¿cómo es esto?”.
“Ello está discretamente apuntado- respondió Parisiles- y como persona que va bien atenta a mi cuento. A la verdad, tú te metes en cosa que no sé cómo salga d´ella con la honra de mis dioses o la mía porque doy mi fe que la una ha de faltar, pues, o tengo de confesar no lo entender, o que nuestros dioses son ningunos si hemos de dar crédito a nuestros escriptores. Mas porque me acussas de inadvertido en mis dichos quiero que consideres que cuando dixe Pan no tener principio, fue de mi propia sentencia y la verdad si Pan significa todo. Cuando dixe ser hijo de Demogorgón fue, según el parescer de aquellos que afirmavan ser uno Pan y Fauno y fue cosa conveniente para derribar los de su opinión traer de su sentencia la contradición mostrando sus dichos ser repugnantes. Réstame agora probar no ser hijo de Demogorgón. Cosa indescente sería dezir que el hijo sea dios de su padre y que el hijo, sea padre de su padre y si esto no, provaré a lo menos que todo es uno Pan y Demogorgón, pues yo me atrevo hazer verdad lo uno y lo otro con fundamentos propios suyos. Pan quiere dezir todo y assí para darnos a entender ser dios de todo, le pintan como sabéis. Demogorgon quiere dezir Naturaleza, ora pues Pan es dios de todo, naturaleza es algo, luego Pan es dios de naturaleza. Luego por el consiguiente, si Demogorgon es naturaleza, Pan es dios de Demogorgón. Colegí agora que Pan que es el hijo, es dios de Demogorgón su padre. Si me dixeredes que Naturaleza no es algo sino todo, ya vendréis a confessar que todos es uno Pan y Demogorgon, no dos cosas, pues no puede haver dos cosas que cada una d´ellas sea todo absolutamente. Assí como los nuestros se confunden con este dios, mostraré lo mesmo de otros dioses muchos”.
“Ora pues- dixo Silvano- quién crees tú ser Pan”. “Sease quien más quisiéredes- dixo Parisiles- basteos honrar a este dios Pan debaxo de que es dios de todo. El primero (que yo sepa) que a este dios hizo sacrificio fue el rey Evandro y aun el primero que le hizo templo y fue este templo en Arcadia, al pie de un monte llamado antiguamente Olimpo, porque allí dixeron que se havía criado Rómulo. Después se llamó este monte Palatino y Liceo. Havía en él cuatro cosas principales: la una, un bosque consagrado a Júpiter de tal cualidad que si alguno menospreciada la ley, quedaba la entrada, entrava,
moría el tal dentro de un año. En lo alto del monte, había una ara del mesmo Júpiter de gran reverencia. Havía assí mismo una fuente de tan maravillosa naturaleza que paresce haver sido los Dioses más curiosos en ella, que en otra cosa alguna, porque movida su agua mansamente con un ramo de enzina, se levantava luego un vapor espesso semejante a niebla, el cual no mucho después hecho nuve y ayuntado con otros de allí levantados era bastante para hazer lluvía abundosa. Al pie d´él estaba un lugar o espacio que Lupercal se dezía. Afirman unos que tomó este nombre porque allí no se consentía a los lobos ni podían ensobervescerse con el ganado; otros, que porque crió allí a Rómulo y Remo, una mujer llamada Lupa. Aquí, pues, estaba el templo del dios Pan. Los sacrificios que se le hacen toman de aquí nombre Lupercales. Llamávanse antes Licea del monte donde primero se hizieron, ya sabéis que son diez y ocho de enero, los que hazen sacrificios se llaman Lupercos. Éstos mientras le hazían, corrían desnudos por las calles. Cubiertas las caras con máscaras y con riendas que en las manos llevavan hechas de piel de cabra, herían las manos y el vientre de las mujeres preñadas y de las que no podían concebir porque assí el parto era fácil a aquellas y estas otras se hazían preñadas. Andavan desnudos, según algunos, porque les parecía que assí mostravan la ligereza d´este dios; según otros porque los de Arcadia, que fueron los primeros que le hizieron sacrificio, andavan sin vestidura y sin leyes por las selvas vagando; según otros porque Pan aborrescía sumamente los vestidos y assí sin ello le pintan; según otros cuentan, porque estando un día Rómulo y Remo con otros mancebos haciendo estos sacrificios y exercitando sus personas con ellos en cosas a su juventud conformes, dexadas las vestiduras por el calor, les vino nueva que les habían hurtado el ganado. Ellos entonces con los demás, como mancebos airados sin aguardar a vestirle, fueron en seguimiento de los ladrones y, havida la victoria por Remo con los Fabios que en su compañía fueron, cobraron su ganado. Después, por memoria d´esta hazaña, se ordenó que los que hiziessen sacrificio a Pan fuesen desnudos. Todo lo dicho hasta nuestros tiempos ha permanescido, excepto el no ir desnudos que no se usa desde que un dictador romano no rehusó la corona del imperio, que un cónsul hecho Luperco le ponía y fue tan aborrescible al pueblo romano lo que aquel cónsul hizo que por ello aborrescieron también el tal modo de sacrificar. Véis, pues, aquí, amigos, lo que me havéis preguntado que aunque largo os havré parescido por ventura ha quedado más corto de lo que el negocio pedía”.
“Yo a lo menos- dixo Sireno- por breve te juzgo, señor Parisiles, según lo mucho que has tocado. Mas con todo todo no nos harías tanto placer de decirnos por qué causa nuestro dios Pan aborresce tanto los vestidos”.
“Plázeme -respondió Parisiles- de contároslo porque es cosa graciosa. Recreándose a caso Hércules con su mujer Yole por las sombrías selvas y amenos