CHAPTER 6. EU ECONOMIC DIPLOMACY IN THE EASTERN
6.4 EU ECONOMIC DIPLOMACY: ACHIEVEMENTS AND FAILURES
Detrás de este pretencioso título no hay más que un intento de mostrar cómo al pensar la comunicación social desde la cultura -como problema cultural- nos aparece un escenario desconocido. ¿Qué significa para el trabajo de las ONGD decir que la comunicación se decide en terrenos de culturas e identidades? Supone dotarse de apoyos teóricos para reflexionar sobre los cambios de fondo que se han producido en el mundo: hablamos de la irrupción de una sociedad sumida en la incertidumbre y de un sujeto frágil, de identidades múltiples y movedizas. Pero también armarse con herramientas prácticas que permitan a las ONGD comunicarse con esa sociedad y ese individuo novedosos, reapren- der a conectar con la juventud, por ejemplo.
Replantearse la comunicación en las ONGD desde la cultura, –como problema cultural– exige mirar los procesos
comunicativos desde su profundo sentido antropológico53. Es decir, colocar en el centro del debate el tema de la iden-
tidad de los actores sociales. Hoy, comunicar implica conquistar la propia imagen y la propia voz, en un proceso diná- mico de interacción y negociación con otras voces e imágenes, en el que se van construyendo las formas también diná- micas de ser, las identidades individuales y colectivas. ¿Qué significa esto? ¿Cómo hacer ver esta realidad compleja a las ONGD?
Despliego el tema con la ayuda de tres preguntas: • ¿Cómo ha cambiado la sociedad y qué significa? • ¿Ante qué tipo de sujeto social estamos?
• ¿Han percibido y metabolizadolas ONGD estos cambios?
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4.1. Descubrir una sociedad desconocida
Las instituciones actuales no saben muy bien cómo comunicarse con la ciudadanía. ¿Cómo hacerse ver y oír para tras- ladar al público lo que se quiere decir en medio de un universo discursivo que, en realidad, es una selva de símbolos y llamadas contradictorias? Rara vez se consigue lo que se pretende, salvo cuando se dispone de importantes recur- sos técnicos y económicos y se opta por hacer publicidad sin grandes preocupaciones éticas. Y, aun así, los éxitos son casi siempre efímeros.
¿Qué está sucediendo? En general se asume que:
• Vivimos en una sociedad de y para los individuos, donde valores como la curiosidad, el interés por el vecino/a, la
motivación hacia lo público y la solidaridad languidecen o, simplemente, ya se han echado al saco del olvido54.
• El grueso de las personas muestra falta de interés, escasa generosidad y mínima predisposición para movilizarse. Entonces, ¿si la sociedad es, en sí misma, insolidaria, qué culpa tienen las ONGD de no conseguir movilizar a la ciu- dadanía? Desde ahí se pretende explicar los problemas de estas organizaciones a la hora de transmitir la realidad sobre fenómenos como la cooperación para el desarrollo al conjunto de la sociedad o, incluso, para incentivar y movi- lizar a su personal socio, colaborador y donante hacia la acción solidaria. Late hoy al interior de las organizaciones un clima de cierto desánimo, y no poco escepticismo, porque las ONGD están lejos de encontrar el tono y el modo ade- cuados de contar el drama de la pobreza y la exclusión social.
¿Y qué pasa con la juventud? ¿Pasaron irremediablemente los tiempos en los que la juventud llamaba a las puertas de las ONGD, las asaltaban y las inundaban de anhelos, sueños y creatividad para transformar el mundo? ¿Ha muer- to la esperanza y las ONGD corren el riesgo de dejar de creer en lo que hacen?, ¿Qué es lo que ha cambiado? Si que- remos resolver el problema habrá que evitar caer en la tentación exculpatoria y apuntar hacia el otro/a, y sí reparar en que, tal vez, la realidad es la que ha cambiado y nosotros y nosotras, demasiado ocupados/as con lo urgente, no hemos sabido acompañarla.
4.1.1. Comunicar sobre tierras movedizas
Ya no contamos con una idea o instancia central que nos facilite la comprensión, regulación y expresión, que nos diga cómo son las cosas, qué debemos y no debemos hacer, y cómo debemos manifestarnos. Hoy las identidades (indivi- duales y colectivas) penden de un frágil hilo, oscilante e inestable. Sin embargo, nos está costando mucho, como ins- tituciones, como ciudadanía, asumir que la sociedad se ha transformado tanto y tan profundamente en tan poco tiem- po. Deambulan todavía por ahí nostálgicos de lo absoluto, empeñados en negar lo evidente: ha muerto la certeza como actitud ante la vida. El paisaje es ya otro y está teñido de heterogeneidad, diversidad y multiculturalidad.
La sociedad se presenta hoy como un conjunto de procesos simultáneos de enorme complejidad, cuyos mecanismos profundos se nos escapan (se mueven con demasiada rapidez como para digerirlos) y que estamos lejos de controlar. Nos sacude un auténtico terremoto: tiembla el suelo y con él aquellos pilares en los que apoyábamos nuestra identi-
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54Vitoria Camps (1999)
analiza el papel del individualismo como coartada para esconder la falta de proyecto social y vital. Touraine (1999) habla de un paradójico “contrapensamiento único” que permite a partidos de izquierda disimular que carecen de proyecto social novedoso y de voluntad e imaginación para crearlo, siempre con la coartada de que la globalización actual es irreversible.
dad. ¿Qué somos? Aquellas categorías esenciales -espacio y tiempo: aquí y ahora- que nos lo decían se han tornado confusas y aceleradas. El espacio, la territorialidad, pierde fuerza cada día a medida que las distancias se acortan. El tiempo, ya sólo se conjuga en presente inmediato. Espacio y tiempo están diseñados a la medida de las máquinas y de los procesos de producción, pero no de la naturaleza humana. Podemos hablar con fundamento del estado de la incertidumbre y de una crisis de identidad. ¿Qué significa esta transformación estructural, y cómo pueden las ONGD integrarlas y trabajar con y desde ella?
4.1.2. El desfase entre la forma de comunicar y la forma de querer ser comunicado/a
En general las ONGD siguen pensando la comunicación y practicándola para una sociedad sólida, anclada en las cer-
tezas, y para un sujeto orientado, cuando ya no existen ni la una ni el otro55. Este es el desfase, quizá por eso la comu-
nicación genera tantas frustraciones.
Se oye con demasiada frecuencia aquello de sólo llegamos a los mismos, a los ya convencidos. Ahí reside uno de los
grandes peligros. Enroscarse en un leguaje y un discurso que se agotan en la reafirmación y el uso interno pero que cuando salen a la calle lo hace siempre con la “hucha del Domund” en la mano: para cantar alabanzas promocionales de las propias ONGD (descuidando la explicación de las causas que han provocado las situaciones sobre las que inter- vienen), y para llamar a la donación compulsiva y al consumo de solidaridad.
El hecho de que las ONGD tengan enfrente a una ciudadanía con enorme necesidad de reconocimiento y pretendan comunicarse con ella con la mirada instrumental obsoleta de antaño, dificulta que la juventud llame a sus puertas. Parece que ha llegado la hora de preguntarse, muy en serio, cómo vive la realidad el joven y la joven de esta socie- dad inestable y profundamente desorientada.
Jesús Martín Barbero (2002) denuncia uno de los contrasentidos del actual sistema de educación. Seguimos toman-
do a los alumnos -decía- como sujetos cartesianos. Hoy día el sujeto real que habita nuestras escuelas primarias y
secundarias y universitarias no tiene nada que ver con este sujeto moderno. Es un yo que para nada tiene la estabili- dad del sujeto cartesiano (...). Estamos ante un sujeto cuya auto-conciencia es enormemente problemática porque los mapas de referencia de su identidad ya no es uno sólo, porque los referentes de sus modos de pertenencia son múl- tiples, y por tanto es un sujeto que se identifica desde diferentes ámbitos, con diferentes espacios, oficios y papeles. En estas condiciones, ¿Cómo la juventud va a sentir suyas escuelas, institutos, universidades... ONGD?
Evitar el actual desfase comunicativo entre ONGD y sociedad exige:
• Replantearse la comunicación en términos de construcción de identidades.
• Entender que hablar hoy de identidad supone decir identidades superpuestas, dinámicas y abiertas, no sólidas y uniformes como en el pasado.
• Pasar de una comunicación para la razón (cartesiana y pura: pedagogismo), y de una comunicación para el corazón
(sensiblera y miserabilista), a una comunicación social, es decir, que viva desde el cuerpo (sincera y expresiva).
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55De acuerdo con unos
recientes estudios más del 10% de la población de EE.UU. cree que las imágenes de Amstrong pisando la corteza lunar son un producto cinematográfico, hasta el punto de que algunos científicos han sembrado dudas diseccionando las fotografías y las filmaciones del suceso.