Los casos que se han presentado no son ni representan la totalidad de ladinos con poder económico y político en Tecpán. Existieron otras familias e individuos que se abrieron camino y se enriquecieron mediante
el establecimiento de negocios y agregándose a la maquinaria que obligaba a la gente a habilitarse. Otra de las personas que estableció negocios en la localidad fue Filemón Ovalle, quien en 1907 junto a un sujeto de apellido Pinzón Conde, monopolizaba el expendio de carne en Tecpán. En ese año, otro ladino de la localidad, Alberto Gaytán, solicitó a la municipalidad una concesión exclusiva para destazar ganado y vender el producto en el municipio durante los siguientes cinco años.42 Para que se le concediera la exclusiva ofreció a la municipalidad la reconstrucción de su edificio, el cual había sido destruido por el terremoto de 1902.
Ante ello, Filemón Ovalle presentó una protesta tratando de persuadir a los miembros de la municipalidad sobre sus derechos exclusivos en el expendio de carne basado en su antigüedad en este oficio en Tecpán. La municipalidad no puso mucha atención a la protesta de Ovalle y de esta suerte tuvo que entrar en la competencia con Gaytán. Comenzó solicitando una concesión exclusiva por diez años, comprometiéndose a vender la carne a precio prefijado, a construir un puente cubierto sobre el barranco que existía a la mitad de la población y a pagar 100 pesos mensuales a la municipalidad en todo el tiempo que durara la concesión. Gaytán por su parte, después de la oferta de Ovalle, ofreció hacer las obras que éste había prometido y al mismo tiempo mantuvo en pie su promesa de reparar el edificio de la municipalidad.43
Aunque no hay una resolución clara sobre la opción tomada por la municipalidad, lo importante es que con ello se demuestra nuevamente la capacidad económica que tenían los ladinos al ofrecer cada cual la construcción de “pequeñas” obras con sus propios recursos, o el subsidio a la municipalidad ofrecido por Ovalle. Al igual que Leoncio Echeverría, estos carniceros tenían suficiente dinero para prometer a la municipali-
42 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29127, E 1, A 1907. 43 Ibidem, 1907.
dad una o dos obras que a ésta le resultaba difícil realizar, dado sus exiguos fondos. Por otra parte, este hecho demuestra que el negocio de la carne y el aguardiente tenía bastante rentabilidad en la localidad y que las personas que mantenían estos monopolios también usaron el cabildo para mantener sus negocios pues, varios años después, Filemón Ovalle se hizo socio de los Marroquín en la lucha por mantenerse dentro de la municipalidad.
Carlos Román también tuvo bastante poder económico en Tecpán. Poseía una finca que él llamaba «La Aurora» con una extensión de una caballería con siete manzanas (50 has), en la cual había establecido una tenería muy próspera y acreditada en el departamento de Chimaltenango a principios del siglo XX.44 También fue notable el molinero Sinforozo López, quien procesaba el trigo de los pequeños productores locales en la década de los ochenta del siglo XIX.45 Igualmente era económicamente poderosa la familia de Rita Cabrera, que tuvo un molino de trigo en las orillas del río Xayá, pero que vendieron con todo y tierras a la munici- palidad en un valor de dos mil pesos pagables en dos cuotas, en la década de los setenta del siglo XIX.46
Otros individuos abrieron pequeñas pulperías, panaderías y farma- cias.47 Dolores Betancourt y Manuel Paz, en 1873, o Bernardo Escobar, en 1930, tenían establecimientos de esta clase.48 La primera era arren- dataria de una pieza en la casa de Tranquilino Pinzón donde vendía «efectos extranjeros» (mantas de indiana) «y otros frutos del país».49 Estos comercios fueron abundantes en la mayoría de los municipios de
44 AGCA, Sección de Tierras, Chimaltenango, P 23, E 3, A 1917.
45 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 28756, E 26, A 1889, y AMTG, Libro
de Actas de Sesiones Municipales, A 1891.
46 AMTG, Libro de Actas de Sesiones Municipales, A 1877.
47 En 1922 el Jefe Político de Chimaltenango informó que en ese año, en Tecpán, se
habían consumido 2,077 quintales de harina. Ése fue el consumo más alto en todo el departamento durante dicho año. AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29604, diciembre de 1922.
48 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29846, A 1926. 49 AGCA, Juzgado, Ramo Criminal, Chimaltenango, L 2, E 6, A 1873.
Chimaltenango, siendo la municipalidad la encargada de exigir y administrar los impuestos que debían pagar mensualmente. La de Chimaltenango, por ejemplo, en el siglo XX, gravó o creó un impuesto sobre estos puestos de venta, pero las propietarias alegaron que sus establecimientos eran modestos y que los grandes eran las tiendas de los chinos. Estos últimos, al parecer, se establecieron a principios de siglo en otros municipios del departamento y no solamente en la cabecera departamental.50
El préstamo de dinero fue otra actividad lucrativa que desarrollaron los ladinos de Tecpán y, por supuesto, los de todo el departamento de Chimaltenango. La Marroquín, dada su «bonanza económica» (ellos se calificaban de esta manera), fue una de las familias prestamistas en la localidad y aprovechó esta situación para manipular a sus deudores. Sus adversarios dijeron en 1927 que habían procedido de ésta manera, es decir, que los insolventes fueron obligados a votar a favor del candidato propuesto por los Marroquín en ese año.51
El préstamo de dinero también afectó a los indígenas. En 1905, el kaqchikel Pablo Tamat se quejaba ante las autoridades porque Filemón Ovalle tardaba en devolverle sus bienes debido a que el tío del primero aún no había pagado una deuda con dicho carnicero y prestamista. Ovalle llevó el caso a los tribunales y acusó a Pablo en lugar de Manuel Tamat, quien era el deudor. Dada esta equivocación se le habían embargado sus bienes a Pablo (60 cuerdas de milpa, ganado y su casa).52 La familia de los Tamat, al parecer, tenía muchas otras deudas con los Ovalle, así la queja referida estaba relacionada con la contraída por su tío con otro individuo llamado Paulino Ovalle.53
50 Sobre los ladinos comerciantes en el municipio de Patzicía véase Isabel Rodas, Op.
Cit., 1997.
51 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29996, E 12, A 1927. 52 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29093, E 5, A 1905. 53 Ibidem, 1905.
En 1920, el indígena Francisco Chali García se quejó ante el Ministro de Gobernación por las maquinaciones que habían fraguado en su contra Rafael Méndez y Carlos Román. Chalí dijo que en 1914 este último le había dado en préstamo 2,740 pesos los cuales, según Francisco, había pagado en 1916 ante el juez Antonio Aguirre, pero sólo después de haber estado un año preso debido a dicha deuda y a solicitud de Román. Francisco Chalí volvió a endeudarse con Rafael Méndez en 1915, hipo- tecando un terreno de 100 cuerdas por la cantidad de 1,500 pesos con intereses del 3 al 6% mensuales. El deudor afirmó que por estar sufriendo prisión, cuando se había cumplido el plazo para pagar la deuda, no lo había podido saldar, así que el acreedor remató la propiedad. A pesar de esto, en 1920 Chalí era demandado por Méndez para que pagara 400 pesos que, según este último, aún se le debía por los intereses que no había pagado.54 Raymundo Ovalle, una de las personas que sirvió como secretario de la municipalidad de Tecpán durante casi toda la última década del siglo XIX, había dado en préstamo 4,000 pesos a José María Cuxil en esa época. Este último murió en 1913 sin haber pagado la deuda y, de esta manera, Delfina Girón, que había tenido relaciones amorosas con Ovalle, quien también había muerto en la segunda década del siglo XX, se encargó de cobrar el adeudo. En 1915, Delfina presentó una demanda en contra de los bienes de Cuxil ante el Juzgado de Primera Instancia departamental y, como consecuencia, este tribunal mandó el embargo de los bienes incluyendo una imagen, la de Jesús de Poromá, que estaba bajo el custodio de la familia Cuxil. Aunque finalmente dicha escultura fue dejada fuera del embargo, los demás bienes de Cuxil continuaron confiscados mientras los tribunales resolvían el caso.55
Se observa en estos tres ejemplos que los prestamistas fueron ladinos y los deudores indígenas. Otros casos registrados en Comalapa y Chimal- tenango también tuvieron estas características.56 Esto no significa que
54 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29487, E 11, A 1920. 55 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29323, E 6, A 1915. 56 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30380, E 21, A 1931.
los ladinos no hayan tenido necesidad de hacer préstamos; seguramente sí, pero al no aparecer expedientes sobre ellos o sobre una mayoría de ellos, podría significar que los acreedores tuvieron mucho más tolerancia frente a los mismos ladinos en el pago de las deudas o que, por otro lado, éstos estuvieron mucho más preocupados por cumplir sus compromisos. En cualquiera de los casos, para muchos indígenas los créditos contraídos con ladinos, como se ha visto en los ejemplos presentados, muchas veces significaron la pérdida de sus bienes y de su libertad. Las relaciones que se establecieron alrededor del préstamo y la deuda también manifiestan el poder de los ladinos. No es que todo ello, es decir, la deuda, haya tenido una importancia fundamental en las relaciones entre ambos en Tecpán o en los otros municipios de Chimaltenango, pero fue algo que contribuyó a subordinar a los indígenas.
Los ladinos de la élite local fueron los intermediarios en la adquisición de fuerza de trabajo para las fincas cafetaleras.57 En Tecpán, Carlos Román fue habilitador de la finca Santa Emilia,58 uno de los lugares a donde más indígenas tecpanecos iban a trabajar en el corte de café. Aparicio Girón y Andrés Rodríguez lo fueron de la finca El Recreo. Laureano Bermúdez también tenía un habilitador tecpaneco en 1927.59 Ismael Girón, originario de Tecpán, fue contratista en San José Poaquil a principios del siglo XX. La familia de los Marroquín enganchaba mozos para el cultivo en sus propiedades y para las fincas cafetaleras de la costa sur.60
57 No hay datos sobre si los ladinos de la élite también fueron intermediarios en la
comercialización de productos. Quizá hubo algunos que compraron el trigo o maíz que producían los indígenas y ladinos pobres, tanto para venderlo en los molinos de la región, en la costa sur de Guatemala, en la ciudad capital o en Antigua. Hay evidencias de que los poderosos ladinos de Patzicía, Patzún y Tecpán abastecían con granos a estas ciudades, pero no se sabe si comercializaban solamente sus cosechas o también la que probablemente compraron a los pequeños productores.
58 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29487, E 11, A 1920. 59 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29996, A 1927. 60 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29996, E 12, A 1997.
En cada municipio de Chimaltenango61 existían varios individuos con este trabajo, el cual fue muy rentable, pues como muchos indígenas denunciaron, éstos intermediarios se quedaban con casi la mitad de la paga que debía darse a cada uno de los mozos endeudados. En otras oportunidades fueron ellos quienes persiguieron a los mozos fugados de las fincas y por eso lograron desarrollar un fuerte vínculo con las autoridades que debían ordenar la persecución, es decir, el Jefe Político, los jueces, alcaldes y comisionados políticos.