4.4 Accuracy
4.4.2 Evaluating GMC saliency estimation
2) Geografía de implantación de la primera Observancia
Es interesante mirar al perfil geográfico de distribución de los primeros conventos reformados de la provincia de Aragón, ya que parece obedecer a un criterio organizado de distribución de los franciscanos en el territorio.
En efecto, si incluimos el eremitorio de Lliría, teniendo en cuenta el otorgamiento de la bula papal, entre los primeros conventos observantes, veremos que, junto con Chelva y Manzanera, los conventos del Santo Espíritu, Segorbe y Llíria forman un área cuadrangular que va desde el interior del reino de Valencia hacia la costa.
11 http://riunet.upv.es/handle/10251/5181
El punto más septentrional está constituido por el convento de Manzanera, al noroeste del reino de Valencia. Bajando progresivamente desde Manzanera hacia la costa en dirección a Valencia, a lo largo de una línea imaginaria encontraríamos primero Segorbe y luego Gilet, ya casi en la costa mediterránea. Desde el Santo Espíritu, el convento de Llíria volvería a ser una fundación en el interior del reino, pero la más meridional de las cinco. Desde Llíria, podríamos proseguir hasta Chelva, la más occidental de las nuevas fundaciones del interior del reino de Valencia. Siguiendo hasta el norte-‐este volveríamos a Manzanera, considerado nuestro punto de partida.
Al contrario, si no tenemos en cuenta la fundación en Llíria, dado que es probable que el convento no se llegase a constituir en época medieval, el área formada por las comunidades pasaría a dibujar un triángulo, teniendo como lados las líneas que conecta Chelva a Manzanera; Manzanera, Segorbe y Gilet; Gilet y Chelva.
En ambos casos, vemos que el perímetro formado por los primeros conventos observantes delinea un área precisa, que se extiende al norte de la ciudad de Valencia, desde el área más interior del reino hacia la costa, incluyendo rutas comerciales. En tal área está presente la población musulmana y judía. En efecto, en los lugares escogidos para las nuevas fundaciones, a excepción de Manzanera, de la cual no hemos encontrado informaciones sobre su población, está presente una comunidad judía y musulmana.
-‐ Chelva
Chelva formaba parte del homónimo vizcondado concedido por Juan I en 1390 a Pedro Ladrón de Villanova. El vizcondado incluía la villa de Manzanera, el río y valle de Chelva, el castillo de Domeño, los lugares de Loriguilla y Calles, el castillo y valle de Chelva, el castillo de Sagra, Sinarcas y la Torre de Castro en los términos de Moya y de Requena (Hinojosa Montalvo (2002), 544). Chelva tiene una vieja tradición de presencia judía, existiendo un barrio judío que comprende el barrio de Azogue y el Callejón de Camote, con sus portillos, pero no hay textos que ratifiquen dicha ubicación (Hinojosa Montalvo (1999), 190).
En cuanto a la población islámica, Juan Alfonso de Xèrica expulsa a los mudéjares de su señorío, acusados de haber ayudado al rey de Castilla durante la guerra de los dos Pedros, por lo que pierden su población islámica una serie de localidades, entre las cuales está Chelva. En 1370, Buenaventura de Arborea, viuda de Pere de Xèrica, quiere repoblar Chelva y Toixa con mudéjares, para obtener mayores rentas. Sin embargo, Pedro el Ceremonioso le ordena repoblarla con cristianos, porque los lugares se encontraban en la frontera con Castilla y los mudéjares habían sido culpables de lesa majestad en la guerra pasada. Por esta razón, solo autoriza que se instalen mudéjares en los arrabales y en las alquerías de estas poblaciones. Se cuenta con 42 cabezas de familia en Chelva en el mismo año. En 1510, la población islámica se mantiene, aunque no se conozca su proporción. El fogatge de aquel año especifica que había 254 casas de cristianos y mudéjares en Chelva, luego corregido a 231 casas (Ferrer i Mallol (2003), 27-‐154).
No se han hallado referencias de la presencia de una comunidad franciscana en Chelva hasta la primera comunidad de finales del siglo XIV.
-‐ Manzanera
En los estudios consultados no hemos encontrado referencias específicas a la población de Manzanera. Tampoco se han hallado referencias a la presencia de una comunidad franciscana en Manzanera hasta la primera comunidad de finales del siglo XIV.
-‐ Morvedre y Gilet
Morvedre tiene una importancia geográfica estratégica, ya que se encuentra en la ruta del Mediterráneo y en el punto de arranque de la vía que llevaba a las tierras de Aragón, a Teruel y el valle del Ebro (Hinojosa Montalvo (2001), 102).
Después de la destrucción de la aljama judía de Valencia en 1391, la aljama de Morvedre se convierte en la más importante del reino (Díaz Borrás (2004), 247-‐318). Por esta razón, aquí se encuentran las familias judías más destacadas. Además, los viejos y nuevos judíos de Morvedre mantienen relaciones económicas con los conversos de Valencia. La frecuencia de los viajes en 1400 hará que los jurados de Valencia pidan al rey Martín una legislación que prohíba los viajes de los judíos para proteger a los neófitos (Meyerson (2004), 184-‐186). La aljama de Morvedre ejerce influencia en las de las localidades cercanas, como Benavites, Burriana, Canet, Marines (Hinojosa Montalvo (1999), 191-‐196).
Los judíos de Morvedre se dedican a actividades comerciales del sector secundario y terciario, como artesanía (textil y orfebrería), comercio, préstamo de dinero con interés. Las fuentes que proporcionan informaciones sobre sus actividades son sobre todo los registros de Cancillería real, puesto que faltan los datos proporcionados por protocolos notariales o actas municipales, por lo que la reconstrucción de la actividad comercial de los judíos resulta incompleta. No obstante, en un primer intento de reconstrucción, los judíos de Morvedre resultan ser animadores de la economía de la localidad y de su entorno comarcal. El comercio se dividía en tres niveles: el local, comarcal e internacional. En cuanto al comercio dentro de la propia aljama, es significativa la ordenanza que Jaume I impone sobre la recaudación de impuestos sobre las transacciones mercantiles. La proposición había sido presentada por la misma comunidad judía, que de esta forma quería hacer frente a las imposiciones ordinarias de la aljama y de las extraordinarias de los monarcas. En efecto, los monarcas imponían importantes demandas monetarias en algunas ocasiones, como la conquista de Cerdeña de 1323, en la que los judíos recurren a la imposición de la sisa sobre los productos que son objeto de transacción en el mercado. Otra actividad desarrollada, era el préstamo con interés, también gravado por imposiciones. La usura llevada a cabo con cristianos o musulmanes con carta de obligación de pena al cuarto o sin ella abona tres dineros por libra del capital del préstamo. El préstamo hecho por el judío de dinero o ropas
mediante carta de comanda abonaría un dinero por libra y, si el judío recibía préstamo o comanda de cristiano o musulmán, pagaría de tasa por cada libra de cantidad consignada en la carta de comanda tres dineros. Los prestamistas estaban obligados a jurar su profesión cada año ante el comprador de la sisa dos días después de ser adjudicada la misma, prometiendo pagar los impuestos correspondientes por dinero prestado en el plazo de los tres días siguientes al préstamo. El prestamista también tenía que jurar ante el justicia de la villa que desempeñaría su oficio con honestidad y según la legislación foral y que no cobraría más intereses de los legales, es decir un veinte por ciento (Hinojosa Montalvo (2001), 101-‐132). Con la expulsión de los judíos de 1492, salen de Morvedre unas setecientas personas (Civera i Gómez (2003), 65-‐92).
En cuanto a la población musulmana, dentro de la villa los musulmanes son casi inexistentes después de 1238. En efecto, los mudéjares se quedan en las alquerías y villas de los alrededores, como Algar, Petre, Algimia, Benavites, Estivella, Gilet. En 1407 el rey Martín erige una nueva morería, probablemente a causa del mal estado en el que se encontraba la de Morvedre, y que había llevado a abandonar los campos y a una disminución de las rentas municipales y reales. En 1421 la morería contaba con 124 casas, pero diez años después sólo quedan 18 (Villamanzo-‐ Aleixandre (1995), 71-‐84). En la zona del Camp de Morvedre, Camp de Llíria, Camp de Túria, Horta de Valencia y Foya de Bunyol, se han contado 2.708 fuegos mudéjares. En el caso de Gilet, los fuegos eran 80, mientras que la morería de Morvedre contaba con 9 fuegos mudéjares en el año 1510 (Ferrer i Mallol (2003), 27-‐154).
Antes de la edificación del Santo Espíritu en Gilet, se había construido otro convento franciscano en Morvedre. La primera referencia encontrada es de 1301, pero la misma indica que en esta época el convento estaba ya bien establecido, siendo probable su fundación en 1248, el mismo año que el de Játiva. No obstante, el convento de Morvedre fue uno de los conventos menos importantes de la custodia de Valencia (Webster (2000b), 65-‐66). Como indica una referencia de Martín de mayo de 1402, parece ser que el convento de Morvedre se encontraba en mal estado y necesitaba reparaciones (ACA, Cancillería, r. 2131, ff. 187rv).
-‐ Segorbe
Segorbe, sede de un pequeño obispado, es el centro principal de la comarca del Alto Palancia, situada a mitad entre Teruel y Valencia, que en la Edad Media se afianzó como uno de los polos de desarrollo económico y de producción de manufacturas más importantes del reino. En la misma área está presente una importante concentración de población islámica, presente sobre todo en la Serra d’Espadà, Serra d’Eslida y en el Vall de Almonacid, pero también en Segorbe (Aparici (1998), 289-‐310). La morería de la ciudad tenía 150 fuegos en 1410 y crece a los 205 en 1421, llegando a representar el 30% de la villa. No obstante, en 1426 los fuegos bajan a 150, para aumentar a 180 en 1433 (Ferrer i Mallol (2003), 27-‐154). Aquí, los musulmanes se dedican sobre todo a la alfarería, campo en el cual predomina el artesanado musulmán (Aparici (1998), 289-‐310). A través del estudio de las “Tablas de general”, se ha podido determinar la participación de los musulmanes del Alto Palancia en las actividades comerciales del área desde mediados del siglo XV. Tal actividad
era favorecida por la proximidad de las aljamas en un corto radio geográfico (Villanueva Morte (2009), 739-‐760).
En Segorbe también estaba presente la población judía, citada por primera vez en el reparto del tributo de 1274. Algunos miembros de la comunidad judía emigran en 1320, 1321 y 1324 hacia Valencia. Además, debido a su posición geográfica, la comunidad judía de Segorbe mantiene contactos familiares y comerciales con los judíos aragoneses. En 1390 el infante Martín les autoriza a imponer sisas e impuestos sobre el pan, vino, carne y otras mercaderías durante diez años. En siglo XIII la comunidad judía ya estaba organizada en aljamas y en la segunda mitad del siglo XIV tenía una sinagoga. No se conocen conflictos en esta comunidad a causa de las violencias de 1391. En el siglo XV, se tiene conocimiento de 8 fuegos en 1421, dato que se traduciría en la presencia de entre 28 y 40 personas, que representaban el 1,16% de la población, pero no se tienen más datos sobre la comunidad a lo largo de la centuria (Hinojosa Montalvo (1999), 185-‐ 186).
Igual que en Valencia, en Segorbe hay constancia de los conflictos entre bandos, que encontramos documentados en los registros de Cancillería real entre diciembre de 1396 (ACA, Cancillería, r. 2110, ff. 52rv) y julio de 1431 (ARV, Cancillería, r. 47, f. 64r). Además, hemos encontrado referencias a una cuestión entre Segorbe y Morvedre sobre el uso del agua de río de ésta última entre junio de 1404 (ACA, Cancillería, r. 2139, ff. 156rv) y agosto de 1457 (ARV, Cancillería, r. 278, ff. 149v, 150rv).
No hemos encontrado referencias a la presencia franciscana en la ciudad o en el Alto Palancia antes de la fundación del convento de san Blas.
-‐ Llíria
Llíria, situada entre Morvedre y Valencia, en los años posteriores a la conquista, poseía una aljama judía de tamaño medio. En la segunda mitad del siglo XIV la aljama pertenece a la reina Eleonor por donación del monarca, pasando posteriormente a Martín. Durante la guerra de los dos Pedros se arruinan algunas de las fortunas de los judíos que habitaban allí, ya que quedan sin cobrar las deudas pendientes, hecho que lleva a algunos judíos a mendigar por la comarca. Para protegerles del conflicto, la reina traslada a los judíos a Valencia, de donde regresan una vez pasado el peligro. Sin embargo, los judíos de Llíria contribuyen a su toma por parte de los castellanos, como así se deduce del perdón concedido por la reina Eleonor en agosto de 1366 a los hebreos por lesa majestad. La comunidad se resiente de las violencias del pogrom de 1391. No se conoce con exactitud el lugar de residencia de los judíos o el emplazamiento de la sinagoga y del cementerio (Hinojosa Montalvo (1999), 190-‐191).
Como hemos dicho más arriba respecto a Morvedre, en un conjunto de áreas que incluye el Camp de Llíria se han contado 2.708 fuegos mudéjares. No obstante, parece ser que, al principio del siglo XVI, Llíria hubiese perdido la población mudéjar que tenía en el siglo XIII (Ferrer i Mallol (2003), 27-‐ 154).
Por una referencia de julio de 1406 del rey Martín, sabemos que en Llíria había un eremitorio, llamado de san Miquel, donde vivían quince mujeres en clausura (ACA, Cancillería, r. 2150, ff. 63v, 64rv). No obstante, no hemos encontrado datos sobre la presencia de franciscanos antes del otorgamiento de la bula de Benedicto XIII.
2.1) Interés franciscano en el área geográfica
Las características geográficas del área en la que se desarrolla la primera Observancia pueden ser indicativas de las causas que motivan la implantación de las primeras comunidades franciscanas en esta particular área respecto a otras. En efecto, no hay constancia de otras comunidades que se propusieron seguir la regla al pie de la letra en esta época en otras partes de la Corona, fuera de las primeras casas del reino de Valencia.
Las posibles razones que han llevado a la primera Observancia a implantarse al norte de la ciudad de Valencia pueden ser la escasa presencia franciscana en el área, la existencia de vías de comerciales del interior del reino a la costa, la cercanía a los territorios del Patrimonio de Luna y la presencia de musulmanes y judíos en el territorio.
-‐ Escasa presencia franciscana
Como decíamos describiendo los conventos, no se ha hallado información sobre la presencia franciscana en los lugares de las primeras fundaciones, fuera del ejemplo de Morvedre. En efecto, los conventos franciscanos de las cercanas custodias de Barcelona, Lleida o Zaragoza y de la misma custodia de Valencia no se sitúan en el área constituida por Chelva, Manzanera y Segorbe. Así, vemos como el convento de Teruel, de la custodia de Valencia, era la casa más cercana a Manzanera, situada más al sur respecto a Teruel, y Morvedre, perteneciente a la misma custodia, la más cercana a estos conventos en la parte este. Por lo tanto, por su ubicación, las primeras fundaciones observantes constituyen una continuación de la implantación franciscana que se había desarrollado en la parte norte de la Provincia de Aragón, disminuyendo además las distancias con el convento de Játiva, la fundación más meridional de la Provincia.
Por otra parte, el distanciamiento respecto a conventos prexistentes favorecería el desarrollo del propósito de vida planteado por los conventos reformados, evitando conflictos con las comunidades ya situadas en el territorio.
Tomando en cuenta estas consideraciones, el Santo Espíritu constituiría una excepción, ya que estaba cerca del convento franciscano de Morvedre. No obstante, es posible que, en el momento de la fundación del Santo Espíritu, el convento de Morvedre, que según Webster no tuvo mucho protagonismo, se encontrase en decadencia. Ante la posibilidad de reformar un convento prexistente y urbano, conducta que la Observancia desarrollará más tarde, se implantó una nueva
fundación a poca distancia, en Gilet, prefiriendo seguir el propósito reformador en una nueva comunidad, distanciada de Morvedre.
-‐ Vías de comercio
Además de lejos de otros conventos, las nuevas fundaciones se alejan de los grandes centros urbanos. No obstante, se sitúan en las vías y caminos comerciales que conectan Teruel y Valencia, el interior del reino y la costa mediterránea, y en lugares, como Segorbe, económicamente relevantes. El dinamismo económico de los territorios donde se sitúan las fundaciones es una condición que se suele repetir en las implantaciones franciscanas, siendo el campo económico el terreno ideal para la predicación de los frailes.
-‐ Patrimonio de Luna
A diferencia de Chelva y Manzanera, de los cuales no es posible determinar la influencia de Eiximenis y de la Corona en sus fundaciones, a partir de la carta del Franciscano de 1392, podemos considerar la intencionalidad de situar los conventos de Segorbe y Santo Espíritu cerca de los territorios del Patrimonio de Luna. De esta forma, los conventos pueden disfrutar del amparo otorgado por la jurisdicción ejercida por María de Luna en los territorios de su Patrimonio, y continúan estando cerca de las dos primeras fundaciones.
-‐ Presencia de judíos y musulmanes
La presencia de judíos y musulmanes en los lugares de fundación de los conventos franciscanos y, en general, en el área en la que se lleva a cabo la primera fase de la Observancia en el reino de Valencia, es un elemento relevante, considerando la tarea pastoral de los franciscanos y, sobre todo, de los observantes. Sobre este tema, sería de mucho interés poder encontrar rastro de las predicaciones llevadas a cabo por los frailes de los conventos y conocer su interrelación con los infieles, sobre todo a la luz de las campañas de predicación de los observantes hacia los judíos. No obstante, de momento no se ha podido hallar este tipo de datos.
A pesar de la falta de información sobre la relación entre los frailes de Chelva, Manzanera, Santo Espíritu y Segorbe con las minorías religiosas de su territorio, la ubicación de los conventos en áreas en las que están presentes judíos y musulmanes puede ser indicativa del propósito pastoral observante, sobre todo teniendo en cuenta la escasa presencia franciscana en el territorio.
En el caso de los judíos, blanco especial de las predicaciones observantes, como veíamos al hablar de Matteo d’Agrigento, su disconformidad respecto a los cristianos no derivaba solo de la falta de entendimiento del mensaje cristológico, sino de la falta de entendimiento de la correcta moral y
practica económica de los cristianos, que, al contrario, era especialmente comprendida por algunos religiosos en particular, como los franciscanos, y los mercaderes entre los laicos.
Así, entre el 1260 y el 1380 se encuentran referencias a los judíos en textos económicos franciscanos en tres niveles semánticos: los judíos como estereotipo de enemigos de la pobreza franciscana; como estereotipo de soporte a la economía de la usura en conexión con la interpretación del Deuteronomio 23 y el relativo debate entre los canonistas; como prestamistas y usureros peligrosos para el orden cristiano moral y económicamente. En cuanto al primer punto, es interesante evidenciar el aspecto de la misión de conversión de los judíos por su implicación apocalíptica, promovida a final del siglo XIII por autores como Pedro de Juan Olivi, Ramon Llull o Roger Bacon, en consecuencia del ideal de pobreza, es decir de la imitación de Cristo como modelo social. En efecto, se exaltaba al perfecto mercader cristiano en oposición a Judas o a los judíos avaros. En el siglo XV, los franciscanos aparecen como expertos en el uso y posesión de técnicas y sutilezas lexicales, perfectos economistas y directores ideales de las economías cristianas locales. Por estas razones, es comprensible el conflicto por la presencia de la economía