La aplicación del TENS supone la utilización de corriente alterna de baja frecuencia con fines terapéuticos. Aunque generalmente las ondas utilizadas son bifásicas, en ocasiones son monofásicas, siendo la onda rectangular la que produce una analgesia más duradera y mejor tolerada. Se aplica con una frecuencia de hasta 150 hertzios (hz) máximo, de manera que en el dolor crónico se aplica a frecuencias bajas (hasta 20 hz) y en el dolor agudo y subagudo a frecuencias altas (de 80 a 150 hz). La duración del impulso es de 50-400 microsegundos (µs), y la intensidad de la corriente de 0 a 100 miliamperios (mA), si bien en ningún caso debe resultar molesta para el paciente.
Los efectos beneficiosos del TENS en el tratamiento del dolor se ha comprobado tanto en procesos agudos como crónicos, incluso se ha defendido su uso en lugar de los narcóticos. Se puede apuntar como una de sus ventajas la posibilidad de que el sujeto pueda seguir el tratamiento en su propio domicilio, por su sencillez de manejo.
Se puede realizar electroestimulación analgésica colocando los electrodos en diferentes ubicaciones: sobre la piel, subcutáneos, en astas posteriores de la médula, epidurales, etc.
Para comprender el efecto de la electroterapia con fines antiálgicos es necesario recordar las características de las fibras A-beta, A-delta y C del nervio periférico (Tabla 7), es decir, de las principales fibras aferentes del nervio periférico, así como la teoría de la puerta de Melzack y Wall y el mecanismo de producción y acción de las endorfinas.
Tabla 7. Características de las fibras aferentes del sistema nervioso periférico
Fibras A beta Fibras A Delta Fibras C
Mielínicas Poco mielinizadas Amielínicas
Calibre grueso: 6-12 micras Calibre fino: 1-6 micras Calibre muy fino: 0,2-1 micras
Conducción rápida: 50-70m/s Conducción media: 20-25 m/s Conducción baja: 1-2 m/s
Responsable de la transmisión de sensaciones epicríticas y cinestésicas
Transmisión del dolor rápido y bien localizado tipo picadura
Transmisión del dolor lento sordo, difuso, tipo quemadura
Fuente: ARAMBURU-DE-VEGA, A.; MUÑOZ-DÍAZ, E.; IGUAL-CAMACHO, C. Electroterapia, termoterapia e hidroterapia. Madrid : Síntesis, 1998
La teoría de la puerta de Melzack y Wall se basa en que, a través de la sustancia gelatinosa de la médula, las fibras A transmiten la sensación nerviosa al cerebro por las células T (implicadas en la transmisión); si se tiene en cuenta que las fibras C (1-2 m/s) tienen una velocidad de transmisión más lenta que las A (50-70 m/s), se puede concluir que la señal a través de las fibras A llega antes al cerebro que la transmisión a través de las fibras C
En ambos casos el paso de la información se realiza a través de las células T de la médula espinal. Si se actúa incrementado la actividad de las fibras A-beta, que son las más rápidas, llegando a producir una sobrecarga de transmisión, se puede producir un bloqueo de las fibras C (frecuencias de 5-10 hertzios) responsables de la transmisión al cerebro de la sensación de dolor, con lo que se produce el bloqueo de la señal de dolor al cerebro (Figura 2).
Figura 2. Representación esquemática de la Teoría de la puerta de Melzack y Wall.
Fuente: ARAMBURU-DE-VEGA, A.; MUÑOZ-DÍAZ, E.; IGUAL-CAMACHO, C. Electroterapia, termoterapia e hidroterapia. Madrid : Síntesis, 1998.
La elección de estimulación eléctrica transcutánea para producir analgesia se basa en que investigaciones realizadas han demostrado fehacientemente que las fibras A tienen una mayor respuesta que las C a las ondas no continuas; por el contrario las fibras C lo hacen más y mejor a las continuas o a las que se perciben como tales.
Hay que hacer referencia además a la producción de endorfinas como analgésico endógeno. Siempre que se percibe dolor en el cuerpo el nivel de endorfinas aumenta con la llegada al cerebro de la señal dolorosa. Si mediante la aplicación de electroestimulación se simula el estímulo doloroso, se puede provocar, sin necesidad de que el estímulo eléctrico sea doloroso, un incremento en la producción de endorfinas, para lo cual se deben utilizar frecuencias muy bajas, de 1-5 hz. El efecto analgésico se produce por el incremento en líquido cefalorraquídeo de estos neurotransmisores, que producen el bloqueo de la sustancia P (Adel et al., 1996; Aramburu et al., 1998; Rodríguez , 2004).
En cuanto al uso del TENS en las cervicalgias, existen ensayos clínicos a corto plazo con un número pequeño de pacientes de estudios que comparan esta técnica con otros tratamientos, sin encontrar diferencias entre los grupos (Kjellman et al., 1999; Gross et
2008). Los resultados de efectividad del TENS son escasos, limitados o contradictorios (Kroeling et al., 2005).
Algunos estudios sugieren que el TENS puede disminuir significativamente un dolor de tipo agudo o crónico (Melzack et al., 1983). Sin embargo no se ha encontrado que esta técnica acelere la reincorporación al trabajo o a un grado de funcionalidad normal (Spitzer et al., 1987).
Nordemar & Thorner (1981) desarrolló un ensayo clínico en pacientes con cervicalgia aguda de baja calidad metodológica en el que comparó el TENS más collar cervical (80Hz, usado en tres sesiones de 15 minutos cada una durante una semana; n=10) frente a tratamiento manual más collar cervical (n=10), o el uso de collar cervical solamente (n=10), encontrando diferencias significativas entre el grupo TENS y el grupo al que solamente se le aplicó collarín (si bien la media de edad de los pacientes del grupo TENS era ligeramente inferior a los otros dos grupos, lo que en parte podría explicar los mejores resultados en este grupo). Entre el resto de grupos no se encontraron diferencias significativas.
Al estudiar los efectos de un único tratamiento con TENS (60 Hz; 20 minutos) en 20 pacientes con PGM crónicos (músculo trapecio) en el ensayo realizado por Hsueh et al. (1997), se encontró una disminución significativa en la sensibilidad del PGM y en la intensidad del dolor para los que recibían TENS, en comparación con el tratamiento placebo y la estimulación muscular eléctrica (10 Hz).
En el estudio realizado por Chiu et al. (2005), encontraron similares resultados en los pacientes que recibieron ejercicios y TENS; con ambas técnicas se obtuvieron mejores resultados en el dolor y discapacidad cervical que con el tratamiento mediante infrarrojos, tanto después de la intervención como a los seis meses después.
En otro ensayo realizado sobre pacientes con cervicalgia y síndrome de dolor miofascial, se encontró una reducción del dolor y de la discapacidad mayores en el grupo al que se le aplicó TENS que en el grupo placebo después de la intervención de 10 dias, aunque esta diferencia no se mantuvo al mes y a los 3 meses después (Smania et al., 2005).
En la revisión realizada por Binder et al. (2006), no se encontraron ECAS de suficiente calidad sobre el TENS en pacientes con cervicalgias inespecíficas. En cuanto a la efectividad del TENS frente a las movilizaciones u otras técnicas de TM se encontraron 6 revisiones sistemáticas (Koes et al., 1991a; Aker et al., 1996; Hurtwitz et al., 1996; Kjellman et al., 1999; Philapelphia Panel, 2001; Kroeling et al., 2007;), pero en ninguna de ellas se identificaron ECAS de calidad suficiente.