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Evaluation and Assessment

La Revolución Industrial del siglo XIX fue precedida por (en realidad, fue posible gracias a) importantes cambios en la agricultura que mejoraron de forma significativa el rendimiento agrícola (Clough 1968). Esos factores que, en Europa y Norteamérica, contribuyeron a aumentar la productividad agrícola en un corto espacio de tiempo fueron entre otros: 1) la mecanización del proceso de cultivo y cosecha; 2) el uso creciente de fertilizantes y de la irrigación; y 3) la reorganización de la tenencia de las tierras.

La Revolución Industrial generó toda una serie de instrumentos mecánicos, sobre todo cosechadoras mecánicas, que aceleraron enormemente la recolección. Las cosechadoras, arrastradas originalmente por caballos o bueyes, pasaron después a ser tiradas por un transformador de energía más eficiente: el tractor. En conjunto, la mecanización de la agricultura aumentó enormemente el número de áreas que una persona (o unas pocas personas) podían cultivar, y la cantidad de tierra que podía ser dedicada a la producción de más de una cosecha anual, dado que el cultivo y la cosecha resultaban mucho más fáciles.

Aunque la mecanización constituyó, ciertamente, un factor principal en el aumento de la productividad agrícola, sobre todo en Norteamérica, donde la tierra era abundante en relación con el número de personas existentes, no constituye sin embargo un requisito imprescindible. El único requisito real es la intensificación de la agricultura, es decir, la obtención de un mayor rendimiento de la tierra utilizada, ya sea por medios mecánicos, mediante la energía humana o cualquier otra forma. En Norteamérica, donde la densidad de población era baja y la mano de obra escasa, la energía suplementaria precisa para intensificar la agricultura procedió de los instrumentos mecánicos. Por otro lado en Japón, donde incluso en los orígenes de la industrialización había un excedente de mano de obra, dicha energía suplementaria tuvo un origen humano: más personas trabajando más y más eficazmente la tierra.

Un método para intensificar la agricultura consiste en recurrir a la cosecha múltiple, es decir, a la producción de más de una cosecha anual con el mismo trozo de tierra. El uso cada vez mayor de fertilizantes y la progresiva irrigación de áreas anteriormente demasiado secas para poder ser cultivadas han contribuido en gran medida a hacer posible las cosechas múltiples y un uso más intenso de la tierra dedicadas a producir una cosecha única al permitir cultivarlas cada año (sin tener que dejarlas regularmente en barbecho).

La reorganización de la tierra cultivable ha hecho posible también muchas innovaciones agrícolas. La agrupación de parcelas en unidades más grandes y la utilización de prados y pastizales para cultivos y no para pastos han permitido un aumento de la producción, sobre todo en Estados Unidos

y en Europa. ya que las explotaciones agrícolas grandes introducen economías de escala que permiten invertir en tractores, fertilizantes, sistemas de irrigación y otras costosas mejoras. En Estados Unidos éste es un proceso con una larga historia y que aún continua: por ejemplo, entre 1960 y 1974 el número de pequeñas explotaciones agrícolas disminuyó en ese país en un 50 por 100, pasando de un total de 3.600 a otro de sólo 1.800. Esto no quiere decir que el número de acres cultivados haya disminuido mucho, sino más bien que existe una creciente tendencia hacia el establecimiento de grandes explotaciones agrícolas y la desaparición de las pequeñas granjas familiares. He de añadir que la comercialización de las explotaciones agrícolas no está vinculada de forma tan estrecha, como se cree a veces, a grandes sociedades mercantiles. En 1975 sólo el 7 por 100 de la tierra cultivada pertenecía. en Estados Unidos, a empresas: el 5 por 100 era de propiedad estatal: el resto era propiedad de individuos independientes o de consorcios o de heredades.

Aunque sin duda se trata de algo obvio, quizá convenga repetir que la expansión industrial no puede producirse sin un aumento proporcional de la producción agrícola. La industrialización está asociada tipicamente con la migración de individuos desde zonas rurales a zonas urbanas, originando así un trasvase de mano de obra de la agricultura a la industria. En consecuencia los trabajadores que no abandonan el campo han de ser capaces de producir más para que haya suficiente para ellos mismos pero también para el sector no agrícola de la población. Así pues, la Revolución Industrial hubiera sido imposible de no haber tenido lugar un incremento de la producción agrícola. El economista clásico Adam Smith señaló en una ocasión que “cuando mediante la mejora y el cultivo de la tierra (...) el trabajo de media sociedad resulta suficiente para proporcionar alimentos a la sociedad en su conjunto, la otra mitad (...) puede ser utilizada (..) en la satisfacción de las restantes necesidades y caprichos del género humano”.

En el mundo moderno esos caprichos y necesidades guardan generalmente relación con el desarrollo económico el cual resulta enormemente favorecido si el sector agrícola logra acceder al estadio moderno de alta productividad por persona empleada, ya que sin dicha alta productividad sería preciso importar alimentos. En el mejor de los casos, la importación de alimentos puede ayudar a un país a salir del paso hasta que se produzca el desarrollo agrícola: pero a medida que la población siga creciendo de forma acelerada, aumentarán las presiones para producir más alimentos. Ese ha sido el caso, en décadas recientes, de muchos de los países menos desarrollados, en los que el intento de lograr un aumento rápido de la producción de alimentos ha generado la Revolución Verde. LA REVOLUCIÓN VERDE

¿En qué consiste

La Revolución Verde se inició silenciosamente en los años cuarenta de este siglo en Méjico, en el International Maize and Whcat Improvement Center (Centro Internacional para la mejora del maíz y del trigo) de la Fundación Rockefeller. El objetivo era dar con un medio que permitiese incrementar la producción de granos. Bajo la dirección de Norman Borlaug fueron puestas a punto nuevas variedades de alto rendimiento (VAR) de trigo. conocidas como variedadcs enanas porque tienen tallos más cortos y pedúnculos más numerosos que la mayoría de las variedades tradicionales. A mediados de los años sesenta estas variedades de trigo fueron introducidas en una serie de países, especialmente en la India y Pakistán, con un rápido y espectacular éxito, como cabía esperar tras los

experimentos realizados en Méjico. En 1954 el rendimiento más alto en el cultivo de trigo babia sido, en Méjico, de unas tres toneladas métricas por hectárea: la introducción del trigo VAR aumentó el rendimiento, con una gestión cuidadosa de las cosechas, a seis o incluso ocho toneladas. Una diferencia fundamental radicaba en el hecho de que en las variedades más tradicionales el tallo era más largo y tendía a quebrarse antes de la cosecha, incrementando así las pérdidas por acre: en las variedades enanas esto no ocurre, al tener un tallo más corto. Esta diferencia es, en efecto, crucial ya que la rotura del tallo puede tener efectos devastadores: destruye algunas espigas y daña a otras, por otro lado, la mayor resistencia frente a la rotura hace posible la intensa fertilización e irrigación necesarias para obtener altos rendimientos.

La Revolucion Verde no se limitó al trigo de alto rendimiento: en 1962 la Fundación Ford comenzó a investigar sobre el cultivo del arroz en el lnternationaí Rice Research Instituto, en Filipinas. En unos pocos años se logró poner a punto una variedad enana de arroz de alto rendimiento que, como el trigo VAR, aumentó espectacularmente el rendimiento de cada acre cultivado. La producción de arroz experimentó así un aumento en India y Pakistán, lo mismo que en Filipinas, Indonesia, Vietnam del Sur y varios otros países menos desarrollados.

En los años sesenta el aumento en el número de acres dedicados al cultivo de arroz y trigo VAR fue lo suficientemente significativo como para merecer un nombre definitorio propio, y así en 1968 la Agency for International Development de Estados Unidos acuñó el término de Revolución Verde para designarlo. En 1965 solo 200 acres en todo el mundo, estaban plantados con trigo VAR en 1971 esa superficie habia pasado a ser de 50 millones de acres. En la India la producción de trigo aumentó de 11 millones de toneladas en 1965 a 27 millones en 1968. La Revolucion Verde esconde, sin embargo, un problema, para producirse con éxito necesita mucho mas que la simple utilización de nuevos tipos de semillas Estas precisan además de fertilizantes, plaguicidas e irrigación en cantidades abundantes y este problema se complica aún más por el hecho de que los fertilizantes y plaguicidas son normalmente, productos derivados del petróleo y de que los sistemas de irrigación necesitan carburante para que las bombas funcionen Se trata de elementos caros cuyo precio, además, aumenta continuamente a medida que como consecuencia de la creciente concentración mundial de la produccion del petróleo el precio de éste (y por tanto de sus derivados) experimenta aumentos sucesivos. Así pues, para que un país en vías de desarrollo pueda tener su Revolución Verde es preciso que cuente con recursos suficientes para comprar los fertilizantes, los plaguicidas y los sistemas de irrigación necesarios para producir altos rendimientos, ya que sin tales accesorios el resultado que se obtiene del trigo o del arroz VAR es básicamente comparable al proporcionado por muchas variedades tradicionales. Dadas éstas y otras dificultades resulta razonable plantearse hasta qué punto la Revolución Verde es, realmente, una “revolución”.

¿Hasta qué punto es una revolución?

Para ser eficaz a nivel mundial la Revolución Verde requeriría cambios fundamentales en la forma en que la vida está organizada en las áreas rurales, y no sólo un cambio en las plantas cultivadas o en los fertilizantes utilizados. Esto se debe a que la Revolución Verde está basada en los métodos de cultivo occidentales (especialmente estadounidenses y canadienses) que enfatizan la utilización de costosos utillajes y equipamientos y el principio de alto riesgo/alto beneficio implícito en toda

economía de escala.

Para un campesino tradicional, con un nivel de producción de mera subsistencia, y acostumbrado a cultivar una variedad de cosechas (no sólo para completar su dieta alimenticia sino también para reducir el riesgo, ya que incluso en un mal año existen probabilidades de lograr buenos resultados en algún cultivo), este tipo de agricultura occidental no tiene por qué resultar necesariamente atrayente. Por supuesto la minimización de los riesgos supone minimizar también los beneficios (es decir, la posibilidad de generar excedentes abundantes). Es de indicar que los riesgos más importantes proceden de los caprichos de la naturaleza, básicamente en forma de mal tiempo, y también de nuevos tipos de plagas y enfermedades. Una helada temprana o una lluvia intensa pueden dar al traste con una cosecha. Por otro lado, aunque las plantas VAR son resistentes a las principales enfermedades y los plaguicidas resultan eficaces contra las principales plagas el ciclo vital de inmunidad dura sólo unos cinco años. Pasado ese tiempo, nuevas rormas de plagas o de enfermedades pueden haber tenido oportunidad de establecerse, arruinando así una cosecha. Obviamente sí, por así decirlo, todos nuestros huevos están en un mismo cesto, el fracaso en la cosecha puede ser económicamente desastroso. La aceptación de este riesgo es algo corriente en las sociedades occidentales, pero para los campesinos con cosechas de mera subsistencia en los paises menos desarrollados, supone toda una nueva forma de pensar y concebir el mundo.

Otro importante peligro inherente en el cultivo de una sola cosecha (o de un número muy reducido de cosechas) es la deficiencia nutricional. El valor nutritivo de las variedades de alto rendimiento no es muy diferente del de variedades anteriores de trigo o arroz y su cultivo puede en cambio eliminar el de cosechas con mayor nivel nutritivo, como por ejemplo de guisantes, judías y lentejas. Una nutrición deficiente puede originar retrasos en el desarrollo fisico y metal, creando así, en la sociedad, problemas sanitarios y sociales que incrementan las dificultades para lograr aumentar la productividad agrícola y el desarrollo económico. Asi que el tipo de cambios que los campesinos occidentales realizarían para incrementar la producción de alimentos podrían disminuir (y de hecho. han disminuido ya en algunos casos) la calidad de vida en determinadas zonas del mundo menos desarrollado.

La Revolución Verde es así algo más que simplemente un avance en el cultivo de plantas. Para producirse con eficacia requiere plantaciones en gran escala (lo cual puede suponer la alteración de los sistemas de tenencia de la tierra existentes) y otras formas de organización social. Requiere además, dosis masivas de productos dependientes de fuentes de energía, tales como fertilizantes, plaguicidas y sistemas de irrigación. Un grupo de expertos agrícolas norteamericanos ha estimado que el cultivo de un acre de maíz de alto rendimiento requiere una cantidad de energía equivalente a 80 galones de gasolina. En los países menos desarrollados ello supone que un campesino que obtiene sólo un rendimiento de mera subsistencia habría de gastar todos sus ingresos anuales para poder participar en la Revolución Verde. Lógicamente, no es probable que ningun campesino acepte pagar tan alto precio, a no ser que se le concedan créditos en condiciones muy favorables, algo que no resulta fácil de encontrar en muchas partes del mundo. El coste de la energía no constituyó un problema durante las fases iniciales de la Revolución Verde. No debe, por tanto, sorprendernos que la misma lograra anotarse sus principales tantos antes del aumento de los precios de los carburantes. A lo largo de los años finales de la década de 1960, y hasta 1972, los países en vías de desarrollo

lograron producir la suficiente cantidad de alimentos para, si no llegar a ser totalmente auto- suficientes, sí lograr al menos no aumentar su nivel relativo de dependencia de los países desarrollados. Durante esos mismos años la producción de alimentos en los países desarrollados superó con creces el crecimiento de su población, permitiendo no sólo aumentar la cantidad de personas a alimentar en cada uno de ellos, sino también la generación de un excedente que destinar a los países en vías de desarrollo. Entre 1960 y 1974 la población mundial aumentó en un 33 por 100, pasando de tres mil a casi cuatro mil millones; durante ese mismo período la producción mundial de grano aumentó en un 48 Por 100. Sin embargo estas cifras globales camuflan los problemas de determinadas regiones concretas del mundo. Por ejemplo, en 1965 la India hubo de importar 11 millones de toneladas métricas de trigo para alimentar a su poblacion. Posteriornente, y a medida que la Revolución Verde hizo sentir su impacto, la producción agrícola interna aumentó y en 1972 la India era casi auto-suficiente en cuanto a alimentos. Desgraciadamente, esta dinámica no pudo ser mantenida y en 1975 la India volvió a verse forzada a comprar grano (casi 7 millones de toneladas métricas ese año) porque las cosechas quedaron muy por debajo de lo esperado.

En general, desde comienzos de la decada de 1970 la Revolución Verde ha quedado un tanto marchita, a medida que la producción se ha visto incapaz de crecer con mas rapidez que la población y que las importaciones de alimentos de los países menos desarrollados han aumentado en términos absolutos.

Por ejemplo, en 1970-71 los países menos desarrollados importaron 15 millones de toneladas métricas de grano, mientras que en 1973-74 importaron 30 millones. En 1975 la cifra subió a 51 millones, y en 1979 a 80 millones. En 1979 la producción mundial de alimentos apenas experimentó incremento alguno respecto de 1978 (creció tan sólo en un 0,5 por 100); sin embargo la población aumentó en un 2 por 100. De hecho 1979 fue un año especialmente malo, ya que la sequía padecida en la India y en la Unión Soviética disminuyó la cosecha mundial de granos. Aunque las exportaciones de alimentos hacia los paises en vías de desarrollo han ido aumentando, el número de países exportadores de granos es muy limitado. Cabe así preguntarse cuáles son las perspectivas para alimentar a la gente en aquellos países que no son agrícolamente auto suficientes. La actual estructura de edad del mundo, en la que predominan las edades más jóvenes, implica un elevado impulso de crecimiento demográfico aun en el supuesto de que se produjese un descenso inmediato de la fecundidad en todo el mundo. Sabemos así que el mundo deberá proporcionar alimentos en un tuturo inmediato a, al menos, dos mil millones más de personas de las ahora existentes, si no a más. ¿Podrá la producción de alimentos satisfacer esta demanda?