En primer lugar, vamos a analizar el mercado de factores productivos más importante y complejo: el mercado de trabajo, también llamado mercado
laboral. Para ello, comenzaremos analizando las características particulares
que la fuerza de trabajo tiene como mercancía, continuaremos estudiando el valor de la fuerza de trabajo, su relación con el salario y la determinación de este último, veremos el origen y desarrollo del conflicto laboral, la lucha de clases y el movimiento obrero, y concluiremos profundizando en uno de los problemas más graves de las economías capitalistas actuales, en general, y de la española, en particular: el paro.
IV.2.1 La fuerza de trabajo como mercancía
Sabemos que la fuerza de trabajo es el factor productivo más importante de la economía y que, además, es tratada como una mercancía, ya que se compra y se vende como cualquier otra. Pero, además, la fuerza de trabajo es la
fuerza productiva más importante por tres razones básicas:
― Es el único factor activo, ya que solo la fuerza de trabajo es capaz de movilizar los medios de producción y ponerlos a funcionar. Los recursos
naturales y los bienes de capital son pasivos, ya que no realizarán su labor si no es mediante la intervención de los trabajadores.
― Es el único factor que crea valor nuevo, puesto que los medios de producción se limitan a transferir el suyo propio a las mercancías producidas. Por eso, como ya vimos, el capital invertido en la fuerza de trabajo es variable (es decir, con capacidad de ampliación), mientras que el capital utilizado para adquirir medios de producción es constante.
― Y, en tercer lugar, no se trata solamente de un factor de producción, sino que es un elemento fundamental para la realización material, personal
y social del ser humano. La puesta en marcha de la fuerza de trabajo, el
desarrollo de su potencial productivo, no es simplemente un proceso de creación de valor y de fabricación de mercancías, sino que determina la capacidad de consumo y, con ello, el bienestar material del trabajador. Además, el tipo de trabajo que desempeñan los asalariados, el prestigio que comporta, la creatividad e iniciativa que permiten y su utilidad social constituyen algunos de los elementos más importantes de la vida en el capitalismo. Por eso, cuestiones como el paro, el subempleo o la sobreexplotación laboral no son sólo fenómenos económicos, sino factores de los que depende enormemente el grado de felicidad o infelicidad del ser humano.
Además, la fuerza de trabajo es tratada en el capitalismo como una
mercancía especial por dos razones fundamentales:
― Por un lado, su precio, que es el salario, no es simplemente un coste para la empresa, como pueda serlo el precio de cualquier medio de producción, sino que de su cuantía y, sobre todo, de la comparación entre ésta y el valor que aporta la fuerza de trabajo al proceso productivo depende la tasa de
plusvalor, dato que, a su vez, condiciona la tasa de ganancia.
― Por otro lado, el salario constituye la única fuente de ingresos significativos para la inmensa mayoría de los ciudadanos, por lo que no es simplemente un coste para la empresa, sino el determinante fundamental de
la demanda solvente total del mercado, de la que dependen, lógicamente, las empresas.
Obviamente, el hecho de que el salario sea, al mismo tiempo, el coste más importante para las empresas y el factor más determinante para la demanda constituye una gran contradicción del capitalismo ya que, si se reducen los salarios, las empresas lograrán mayor tasa de plusvalor, pero venderán menos; y si el salario aumenta, la demanda crecerá, pero la tasa de plusvalor disminuirá. Volveremos sobre este punto más adelante.
Como consecuencia de las cuatro razones comentadas, el mercado
laboral no es un mercado cualquiera, sino el escenario fundamental donde se
dirime la lucha de clases. En su seno, las empresas y los trabajadores se enfrentan y, en su caso, negocian y deciden, según los resultados de la pugna
distributiva, dos claves esenciales de la economía capitalista: los salarios y el plusvalor. Por eso, el mercado de trabajo está sujeto a enormes tensiones y
es objeto de una especialísima atención por parte de toda la sociedad y, por supuesto, del Estado.
IV.2.2 El valor de la fuerza de trabajo
La fuerza de trabajo es una caso muy particular de mercancía porque, por un lado, crea valor (ya que es la única fuente que lo genera en el proceso de producción) y, por otro, como cualquier otra mercancía, tiene valor (es decir, una cantidad de horas de trabajo humano necesario para su producción). Veámoslo con más detalle:
― El valor que la fuerza de trabajo crea está formado por las horas de trabajo que el asalariado dedica al proceso productivo, es decir, el tiempo durante el cual la fuerza de trabajo es utilizada. Estas horas de trabajo se incorporan a la mercancía producida en forma de valor nuevo (v+pv) y constituyen, junto con el valor pasado transmitido por los medios de producción (c), el valor total de la mercancía obtenida (y = c+v+pv).
― El valor que la fuerza de trabajo tiene está compuesto por el valor de todas las mercancías que son necesarias para su producción y reproducción, es decir, todos los medios de vida que el trabajador consume gracias a su salario para procurar su conservación física y social y la de su familia, así como el mantenimiento o la mejora de su propia capacidad de trabajo (v). Así, forman parte del valor de la fuerza de trabajo la suma de los precios de todos los bienes y servicios adquiridos o alquilados por el asalariado (comida, vivienda, transporte, sanidad, educación, ocio...) y, también, la de las personas que dependen económicamente de él o ella.
Es muy importante que nos demos cuenta de que el valor que tiene la fuerza de trabajo no se refiere al conjunto de bienes básicos necesarios únicamente para la pura supervivencia biológica del trabajador, sino a todas las mercancías que consume y que forman parte, por ello, de su cesta de la compra. Se incluye aquí del mismo modo un litro de leche que un viaje a la playa por vacaciones o la matrícula de la universidad de los hijos del asalariado.
IV.2.3 Oferta de trabajo
La oferta de fuerza de trabajo o, más sencillamente, oferta de
trabajo, está compuesta por la capacidad de trabajo que los ciudadanos, en
calidad de trabajadores, ponen a disposición de las empresas a cambio de un salario.
Los factores principales que determinan esta oferta son los siguientes: ― El salario. Cuanto más alto sea el salario que las empresas estén dispuestas
a pagar, mayor será el número de personas dispuestas a trabajar y, consecuentemente, mayor será la oferta de trabajo. Por ello, cuanto mayor sea el salario medio en un determinado sector económico, más trabajadores atraerá del resto de sectores y, de igual manera, cuanto más alto sea el sueldo medio en un país o región, más inmigrantes se trasladarán allí en busca de empleo.
― Los ingresos alternativos al salario. Cuando los ciudadanos no disponen de ingresos distintos a su propio salario, entonces se verán más impelidos a buscar empleo, lo que aumentará la oferta de trabajo. Los posibles ingresos alternativos serán, sobre todo, las transferencias de la Seguridad Social (paro, pensiones de jubilación, enfermedad o invalidez) que constituyen, como luego veremos, el salario diferido. También serían ingresos alternativos al salario los que reciben los capitalistas y los rentistas, puesto que son flujos procedentes, respectivamente, de su capital y sus propiedades que, en caso de desaparecer o disminuir, pueden empujar a estas personas a la búsqueda de un empleo asalariado.
― La legislación laboral y educativa. La normativa legal referente a los requisitos necesarios para trabajar influye sensiblemente en la oferta laboral. Así, por ejemplo, la prohibición del trabajo infantil, el aumento de la duración del periodo de escolarización obligatoria o la disminución de la edad de jubilación provocan una evidente reducción de la oferta de trabajo. ― La superestructura social. Los valores colectivos, la ideología dominante
y las costumbres sociales, así como la religión, tienen un gran efecto en la oferta de trabajo. En un país donde el papel social de la mujer, por ejemplo, esté limitado al ámbito familiar, la oferta laboral será mucho menor que en otro país donde se haya incorporado plenamente al mercado laboral.
En la economía real, los ingresos alternativos al salario (ya sea por su reducida cuantía, su condicionalidad o su limitada duración, en el caso del salario diferido, o por sus escasos beneficiarios, cuando se trata de capitalistas y rentistas), son tan poco significativos a nivel general que hacen que la inmensa mayoría de las personas se vea en la obligación de ofrecer su fuerza de trabajo en el mercado laboral. El porcentaje de población en esta situación crece continuamente en el capitalismo, lo que da lugar a un fenómeno conocido como
IV.2.4 Demanda de trabajo
La demanda de fuerza de trabajo o, simplemente, demanda de
trabajo, es la cantidad de asalariados y horas de trabajo que las empresas están
dispuestas a contratar para incorporarlos al proceso de producción a cambio de un salario.
Los factores principales que determinan esta demanda son los siguientes: ― El salario. Cuanto más bajo sea el salario que se resignen o se vean obligados a cobrar los trabajadores, mayor podrá ser el plusvalor extraído por parte de las empresas y, por consiguiente, más empleados estarán dispuestas a contratar y más compañías acudirán a este mercado. Por ello, cuanto menor sea el salario medio de un determinado sector económico, más capitales atraerá del resto de sectores y, de igual manera, cuanto más bajo sea el sueldo en un país o región, más empresas se trasladarán allí para ahorrar costes laborales.
― La productividad de la fuerza de trabajo. Una mayor productividad de la fuerza de trabajo, normalmente debida a una mejor formación de los asalariados y unos medios de producción más avanzados tecnológicamnete, permite obtener más mercancías por cada hora de trabajo, lo que hace que disminuya el valor de cada unidad producida. Esto tendrá dos posibles consecuencias sobre la demanda de trabajo:
‒ Efecto positivo. Una fuerza de trabajo más productiva le resultará más rentable a la empresa, ya que podrá producir más con el mismo coste salarial. Así, si cabe la posibilidad de vender una mayor cantidad de mercancías, entonces la empresa querrá contratar más trabajadores. ‒ Efecto negativo. Sin embargo, si la empresa no es capaz de vender más
productos en el mercado, entonces reducirá su demanda de trabajo, ya que podrá producir lo mismo que antes con menos empleados.
― En realidad, ni el salario ni la productividad por separado son los factores determinantes para las empresas a la hora de decidir su nivel de demanda de
trabajo. Lo que en realidad importa al capital es la relación entre ambas variables, es decir, el coste laboral unitario (clu). Como sabemos (Ud. 2), el coste laboral unitario se calcula dividiendo los salarios (w) entre la productividad de la fuerza de trabajo (π).), es decir: clu = w / π. Si este cociente aumenta porque los salarios crecen más rápido que la productividad de los trabajadores, esto querrá decir que a la empresa le sale más caro el componente laboral en la producción de sus mercancías, por lo que, en tal caso, tratará de reducirlo. Como consecuencia, caerá su demanda de fuerza de trabajo. Por el contrario, si el coste laboral unitario disminuye porque los salarios crecen menos que la productividad, entonces a la empresa le resultará más rentable la mano de obra que antes y, por lo tanto, tenderá a aumentar su demanda de trabajadores.
― El grado de mecanización. La mecanización es el fenómeno por el que la fuerza de trabajo es sustituida por maquinaria con el fin de ahorrar costes y aumentar la productividad. El grado de mecanización se mide mediante la
tasa de composición del capital (c'), que determina la relación entre el
capital constante y el capital total. Su cálculo se realiza así:
c '= c c+v
Es obvio que, a mayor composición de capital, mayor mecanización y menor peso relativo de la fuerza de trabajo en el proceso productivo. Por eso, la mecanización tiende a provocar una disminución de la demanda de trabajo por parte de las empresas que sólo puede ser contrarrestada por un aumento aún mayor de la acumulación de capital, para lo que es necesario un ritmo crecientemente acelerado de producción y consumo.
― La demanda de bienes de consumo y de medios de producción:
demanda derivada. Las empresas necesitarán más mano de obra cuanto
mayores sean sus ventas o sus expectativas de venta, algo que dependerá, lógicamente, de la demanda del producto que fabriquen, ya sea un bien de consumo para los ciudadanos o un bien de capital para otras empresas. Por
ello se dice que la demanda de trabajo es una demanda derivada, ya que depende de la demanda de los productos que contribuye a fabricar. De nuevo, se aprecia aquí otra contradicción del capitalismo y una de las razones que provocan las crisis del sistema (Ud. 9): si hay una caída de la demanda de bienes de consumo, las empresas contratarán menos trabajadores, lo que provocará un aumento del paro y una reducción de los salarios y, con ello, una caída aún mayor de la demanda de bienes de consumo, lo que crea un círculo vicioso de difícil resolución.
IV.2.5 La competencia imperfecta en el mercado de trabajo
Por su propia naturaleza, el mercado de trabajo no reúne, ni mucho menos, las características de la competencia perfecta. El modelo más aproximado al funcionamiento empírico del mercado laboral es el del
oligopsonio o, incluso, el monopsonio, es decir, situaciones en las que existe
una gran cantidad de oferentes más o menos indiferenciados (los trabajadores) y muy pocos demandantes (las empresas) o, incluso, uno solo (el Estado).
Las causas por las que esto ocurre son las siguientes:
― Las empresas son muchísimo menos numerosas que los trabajadores, lo que crea una situación desequilibrada. Las empresas suelen tener una gran cantidad de candidatos entre los que elegir para cada puesto de trabajo, mientras que los aspirantes a empleados sólo disponen de algunas vacantes a las que optar y a un número relativamente reducido de empresas a las que acudir.
― La fuerza de trabajo no es una simple mercancía que el trabajador ofrece a las empresas, sino que supone la entrega de la mayor parte de sus capacidades psicológicas y físicas, de su tiempo y de su esfuerzo.
― Ni fuerza de trabajo ni el mercado de trabajo son únicos ni homogéneos, sino que existen infinidad de profesiones y empleos distintos que exigen
calificaciones y aptitudes diferentes, lo que supone múltiples y complejas barreras de entrada en dichos mercados.
― El perjuicio que supone no hacer realidad las intenciones de oferta y de demanda no es comparable en el caso de la empresa y del trabajador. Mientras que, para la primera, desechar a un candidato o despedir a un empleado puede suponer un contratiempo asumible, un simple coste monetario a corto plazo o, según el caso, una medida necesaria para mejorar sus resultados, para el segundo el paro es un drama personal, social y económico que puede acarrear consecuencias terribles durante mucho tiempo a él y a su familia.
El hecho de que el mercado laboral funcione de un modo similar al oligopsonio o al monopsonio tiene dos consecuencias tan obvias como graves: ― La empresa tiene un poder de decisión sobre salarios y condiciones laborales muchísimo mayor que el trabajador. Por ello, cuando se produce la negociación individual entre empresa y trabajador, lo que realmente se está dando es una imposición unilateral de condiciones por parte de la empresa ante las cuales el trabajador no puede hacer nada más que aceptarlas o rechazarlas.
― La demanda de trabajo en el mercado laboral es inferior a la que tendría un mercado de competencia perfecta, lo que produce desempleo crónico y creciente, y los salarios son inferiores a los que existirían en un mercado de competencia perfecta e, incluso, en casos extremos, pueden situarse por debajo del propio valor de la fuerza de trabajo.