4.5 Evaluating the Voting Model
4.5.3 Evaluation by Test Collection
La descripción de la construcción de estos procesos de la consciencia y la autoconsciencia Damasio la centra siempre en el cerebro como realidad individual. Es un enfoque adecuado cuando se estudia el cerebro como órgano, pero no es suficiente. Si no se tiene en cuenta que el cerebro se debe formar necesariamente en un útero
135 Ibid. p. 123. 136 Ibid. p. 243. 137 Ibid. p. 25 - 26. 138 Ibid.
cultural se puede distorsionar la visión que de él se tiene. Dicho de otra manera, sin la interacción dentro de una sociedad guiada por patrones culturales el cerebro no puede desarrollar todas sus potencialidades. Si enfocamos el análisis de Damasio desde esta perspectiva, no sólo muchas de sus afirmaciones pueden ser todavía más sólidas, sino que evitamos determinados sesgos. Un ejemplo de esto lo tenemos en la referencia a William James que usa como ejemplo para exponer una cuestión muy importante: la aparición de lo que denomina «marcadores somáticos»139 es decir unas señales con base en las emociones que permiten al sí mismo diferenciarse de lo que él no es. La cita de James se refiere a su idea acerca de que el «”mí mismo como objeto” era la suma de
todo lo que un hombre podía llamar suyo». La cita hace un repaso sobre todo lo que un
hombre, en la época de William James, podía considerar “suyo”. Es interesante que veamos el fragmento entero: «No sólo su cuerpo y sus facultades psíquicas, sino sus
trajes, así como su esposa y sus hijos, sus antepasados y amigos, sus tierras y caballos, su embarcación de recreo o su cuenta bancaria»140. Afirma Damasio que, al margen de la falta de corrección política respecto a nuestra época, está de acuerdo con la afirmación sobre todo porque, lo más importante, es que sugiere que esas cosas que el cerebro percibe le generan una emoción, y que tal emoción le permite posicionarse como un sí mismo ante algo externo que descubre como “no yo”. Ese descubrimiento a través de las emociones permite la autoidentificación como una realidad diferente, es decir, permite que aparezca la autoconsciencia. Esto requiere de algunas observaciones importantes respecto al tema que nos ocupa. En primer lugar, para que esos marcadores somáticos se activen, el cerebro debe identificar esos “objetos” externos como algo susceptible de generarle tal reacción. Si no tenemos en cuenta que esos contenidos externos provienen de la cultura y la sociedad en la que el individuo vive, nos quedamos
139 Ibid. p. 28.
a medias respecto a las consecuencias potenciales de la observación del proceso. Que los marcadores somáticos se activen y generen reacciones físicamente detectables en el cerebro nos habla sobre su funcionamiento orgánico, cosa que es muy importante. Pero el hecho fundamental no es ese, es que se activen a través de la decodificación de contenidos que provienen de la cultura. En efecto, los “objetos” a los que se refiere James pueden ser compartidos por Damasio como susceptibles de generar esa reacción justamente porque para ambos son recognoscibles de entre una pluralidad potencial de estímulos externos, de los que sólo esos, entre muchos otros pero siempre en una cantidad determinada, son capaces de producir ese efecto. Es más, el hecho que Damasio aluda a la falta de corrección política de algunos de los “objetos” que utiliza James indica que su presencia como “objeto de propiedad” ya no es bien recibido en los registros de la “corrección política” de la sociedad actual frente a la de James. Así se comparte la idea de que la propiedad es algo que genera una reacción en nosotros, pero no todo puede ser considerado propiedad de la misma manera. Si presentásemos esos mismo objetos a un cazador recolector del Kalahari, es muy probable que no reconociese ninguno, ya que no son propios de su cultura – excepción hecha de esposa, hijos, amigos y antepasados – pero, sobre todo, lo que no le generaría emoción alguna sería reconocerlos como “propiedad” ya que en su cultura ese concepto tiene unas connotaciones y un uso social muy diferente del occidental moderno141. Así pues, el abordaje neurológico, genético, fisiológico del cerebro es de gran importancia para poder comprender su funcionamiento, pero debemos ser conscientes que tal explicación, a pesar de su gran valor, es siempre parcial. El cerebro está ubicado dentro del cráneo de un individuo, pero sólo puede funcionar, desarrollarse y llegar al máximo posible de sus posibilidades dentro de “redes de cerebros”. Sólo gracias a la intersubjetividad que
141 Véase al respecto Silberbauer, G., Cazadores del desierto. Cazadores y hábitat en el desierto del
le permite la organización social dentro de un marco cultural el cerebro puede reconocer esos marcadores somáticos que le permitirán reconocerse como “sí mismo”. En otras palabras, sólo “junto a” los demás – “con” los demás, se puede llegar a ser uno mismo. Lo que nos lleva a reflexionar acerca de la importancia ética de que toda persona pueda contar con entornos sociales y culturales estables y favorables a su pleno desarrollo como persona, cosa que haremos en al final de la presente tesis doctoral.
Reducir la complejidad humana a la complejidad del cerebro es, seguramente, la extensión de un sesgo cultural que identifica la realidad humana fundamental con el individuo aislado del colectivo. Un sesgo que proviene de la Modernidad y que equipara el pensamiento individual a la existencia, al ser. No se trata de un planteamiento absurdo y sin sentido, pero es parcial. Podríamos imaginar una versión distinta del cartesianismo desde esta perspectiva: “Si puedo pensar es porque tengo un lenguaje,
lenguaje que no he aprendido solo, lo he aprendido gracias a la interacción con los demás. Si valoro el pensamiento, quizás por encima de la emoción, es porque el lenguaje que he aprendido iba acompañado de una visión del mundo determinada y no de otra, con lo que en otro contexto tal vez hubiera valorado más la emoción que el pensamiento”.
De esta manera, sin menospreciar de ninguna manera el necesario tratamiento específico del cerebro, creemos que es imprescindible abordarlo también desde una perspectiva transdisciplinaria, en el sentido de Edgard Morin142. Esto nos permitiría alejarnos del sesgo cultural mencionado anteriormente y ver que un cerebro solo, por muy complejo que sea, no puede hacer, ni pensar ni sentir nada de nada o, por lo menos, nada que tenga sentido ya que el sentido se adquiere en la intersubjetividad. Con lo que
podemos estar completamente de acuerdo con Damasio cuando afirma que aquello que precisa un cerebro para hacerse consciente es la subjetividad, una nueva propiedad, que se define por el sentimiento que generan las imágenes de las que tenemos experiencia subjetiva, punto donde se muestra coincidente con R. Rorty143. No obstante, en el ser humano y más allá de los impulsos básicos, la condición de posibilidad de la subjetividad es la intersubjetividad. Sin ella no hay nada, más allá de los impulsos básicos ligados a la supervivencia y que son internos dado que los podemos considerar instintivos144. Afirma el autor que lo importante para la aparición de la consciencia no es la formación de las imágenes sino «hacer que correspondan a sus legítimos dueños,
que sean de los organismos singulares y perfectamente delimitados en los que esas imágenes surgen»145. Las imágenes, en efecto, surgen dentro del cerebro del individuo en su relación con el entorno, pero en el ser humano el principal entorno es un entorno cultural-lingüístico, con lo que de nuevo podemos afirmar que los efectos que causen las imágenes en el individuo dependerá de cómo las identifica en relación con lo que estas representan dentro de dicho entorno cultural y social. De esta manera, podemos poner en duda que los “legítimos dueños” de las imágenes dentro del mundo cultural humano sean los individuos, en todo caso, si debiéramos hablar en términos de propiedad sería necesario hablar de “propiedad compartida” por todos los miembros del grupo. Lo contrario sería pensar que puede existir una “cultura privada”, algo que es tan absurdo como pensar en un “lenguaje privado” en términos wittgensteinianos. Se confunde el lugar donde se forman las imágenes con la interpretación que estas
143 Ibid. p. 30.
144 En páginas anteriores ja nos hemos refererido a los “niños salvajes” y lo volveremos a hacer más
adelante, es decir a personas que no han podido compartir la intersubjetividad en las fases decisivas de su constitución como personas. Las consecuencias son devastadoras.
necesitan para poder generar un marcador somático y, en consecuencia, una subjetividad.