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Evaluation with the Adaptive Accelerated Evaluation

4.3 Adaptive Accelerated Evaluation in the Lane Change Scenario

4.4.2 Evaluation with the Adaptive Accelerated Evaluation

La fe vivida tiene un gran atractivo, con el que es posible mover montañas (cf. Mt 17,20). Esto repercute también en la familia, pues la fe ennoblece a la persona. En lo que

sigue vamos a describir tres dimensiones de la fe que, todas juntas, caracterizan a la familia cristiana y en relación con las cuales debe medirse la pastoral familiar.

a) Familia y relación con Dios

El papa Francisco ha definido la fe como «la respuesta a una palabra que interpela personalmente, a un tú que nos llama por nuestro nombre»32. A la fe le precede la llamada de Dios, la escucha de su voz. Se caracteriza por el encuentro con Dios, que es el factor fundamental. Si se quiere que la familia sea célula germinal para la renovación de la fe, entonces la familia debe ser capaz de responder a la llamada de Dios y de desarrollar (de nuevo) la capacidad de relacionarse con Dios.

La relación con Dios surge primordialmente a través de la oración, trabando relación con el Dios vivo. Por eso, la exhortación apostólica Familiaris consortio subraya la importancia de la educación en la oración: «Elemento fundamental e insustituible de la educación en la oración es el ejemplo concreto, el testimonio vivo de los padres; solo orando junto con sus hijos, el padre y la madre, mientras ejercen su propio sacerdocio real, calan profundamente en el corazón de sus hijos, dejando huellas que los posteriores acontecimientos de la vida no lograrán borrar»33. En los debates sobre la familia no se puede pasar por alto ni minusvalorar este elemento esencial. Pues el primer y más importante medio para que las familias puedan convertirse en células germinales para la renovación de la fe es el encuentro con el Dios vivo en la oración. Sin embargo, la oración en común se ha tornado difícil para muchas familias; la gente «no se atreve» a hacerlo, algunos incluso se avergüenzan de rezar juntos, algo que a menudo está relacionado con la ausencia de una profunda experiencia de oración propia. El papa Francisco ha destacado este aspecto y, en la homilía de la misa de clausura de la peregrinación de las familias del mundo a Roma durante el Año de la Fe, preguntó a las familias presentes: «¿Rezan alguna vez en familia? [...] Pero, en familia, ¿cómo se hace? Porque parece que la oración sea algo personal, y además nunca se encuentra el momento oportuno, tranquilo, en familia… Sí, es verdad, pero es también cuestión de humildad, de reconocer que tenemos necesidad de Dios, como el publicano. Y todas las familias tenemos necesidad de Dios: todos, todos. Necesidad de su ayuda, de su fuerza, de su bendición, de su misericordia, de su perdón. Y se requiere sencillez. Para rezar en familia se necesita sencillez. Rezar juntos el padrenuestro, alrededor de la mesa, no es algo extraordinario: es fácil. Y rezar juntos el rosario, en familia, es muy bello, da mucha fuerza. Y rezar también el uno por el otro: el marido por la esposa, la esposa por el marido, los dos por los hijos, los hijos por los padres, por los abuelos… Rezar el uno por el otro. Esto es rezar en familia, y esto hace fuerte la familia: la oración»34. De ahí que haya que acoger con satisfacción y fomentar iniciativas que animan y guían a las familias a la oración y al encuentro con Dios, pues no es la estructura lo que salva, sino el encuentro con el Dios vivo. En ello corresponde a los sacerdotes una tarea especial, que el papa Pablo VI, en la encíclica Humanae vitae, describe con las siguientes palabras:

«Sois por vocación los consejeros y los directores espirituales de las personas y de las familias»35. Y después de apelar a la obediencia y la fidelidad a la doctrina de la Iglesia, añade: «Enseñad a los esposos el camino necesario de la oración, preparadlos a que acudan con frecuencia y con fe a los sacramentos de la eucaristía y de la penitencia, sin que se dejen nunca desalentar por su debilidad»36. Con la vista puesta en el proceso sinodal, semejante enseñanza –que en las últimas décadas se ha descuidado, como ya se señaló en la exhortación apostólica Familiaris consortio– resulta prioritaria37. Pues «Cristo es la luz de las naciones»38, que también en medio de la oscuridad y las dificultades muestra el camino, consuela, sana y renueva.

b) Familia y profesión de fe

La oración es el elemento esencial para vivir la fe, pero se inserta en el contexto más amplio de la fe. Las encuestas recopiladas en la fase preparatoria del sínodo extraordinario han puesto de manifiesto de manera alarmante cuán poco se sabe sobre la fe, que en consecuencia no puede ser entendida ni vivida. La relación entre «conocer» y «vivir» tiene una importancia decisiva. Incluso cristianos practicantes no conocen ya a menudo los diez mandamientos, por no hablar de los mandamientos de la Iglesia. Si nos referimos ahora al credo, no pensamos en un conocimiento de la fe meramente abstracto, sino en la certeza del encuentro con Dios. La fe brinda la condición previa para ello, por lo que es necesaria para la salvación (cf. 1 Pe 1,5). «Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo»39; en consecuencia, conocer la fe significa conocer a Cristo. Esta relación debería ser elevada de nuevo a conciencia, a fin de que todos los cristianos tengan presente la profunda responsabilidad que les incumbe en esta hora histórica dada la «profunda crisis de fe que afecta a muchas personas»40. Lo dicho vale de modo especial para la familia, la Iglesia doméstica. El «Año de la Fe» estuvo guiado por el objetivo principal de volver a abrir la puerta de la fe, redescubrir el camino de la fe, reencontrar el gusto por la palabra de Dios transmitida y –en palabras de Pablo VI– llegar a un conocimiento exacto de la fe, «para reanimarla, purificarla, confirmarla y confesarla»41. El conocimiento de la fe posibilita a las familias responder con convicción y decisión a la llamada de Dios, cabalmente a la vista de una falsa «mundanidad», frente a la cual Francisco advierte sin cesar42. Ese debe ser el criterio con el que se mida la pastoral orientada según el Catecismo de la Iglesia católica, al que Juan Pablo II calificó de «norma segura para la enseñanza de la fe» y de «instrumento válido y autorizado al servicio de la comunión eclesial»43. En este lugar no es necesario esbozar propuestas concretas para una pastoral familiar; basta con mostrar el marco general en el que pueden desarrollarse.

c) Familia y testimonio

Ser cristiano está inseparablemente unido a «dar testimonio». Jesucristo afirma de sí mismo que ha venido al mundo para dar testimonio de la verdad (cf. Jn 18,37); esto vale igualmente para todo cristiano. El Espíritu Santo es enviado para que los apóstoles sean sus testigos hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Por el bautismo, todo cristiano es hecho partícipe de esta misión, también las familias cristianas. Estas se convierten en células germinales para la renovación de la fe si cultivan una profunda relación con Dios, hacen una profesión de fe fundamental y la refrendan con su testimonio de vida. Así pues, siguen la llamada de Cristo y anuncian la luz del Evangelio44.

A la Iglesia le corresponde –esto volverá al foco de la atención a consecuencia del sínodo– la importante tarea de ofrecer a las familias los recursos necesarios, acompañarlas y no dejarlas solas, máxime en situaciones difíciles o supuestamente sin salida. En 1979, Juan Pablo II se dirigió en Irlanda a las familias y les dijo: «El futuro de la Iglesia y el de la humanidad dependen en su mayor parte de los padres y de la vida familiar que se desarrolla en sus hogares. La familia es la verdadera medida de la grandeza de una nación, de igual modo que la dignidad del ser humano es la verdadera medida de la civilización»45. Este criterio es de permanente actualidad, pues una nación que no fomenta y respeta la familia se revela como interiormente enferma y deteriorada. Esto lo supo exponer con gran claridad Joseph Ratzinger cuando escribió: «De la salvación de las familias depende la capacidad de paz de un pueblo. Si la familia no media ya entre el varón y el mujer, entre viejos y jóvenes, las relaciones fundamentales de las personas se transforman en una lucha de todos contra todos»46. De ahí que haya que ayudar preferentemente a aquellas familias que se han puesto ya en camino para vivir el evangelio de la familia y lo hacen no solo con palabras sino mediante su testimonio personal47. En una época cada vez menos pacífica y en la que aumenta el anhelo de verdadera paz y armonía, las familias cristianas pueden y deben convertirse en sal de la tierra (cf. Mt 5,13) y luz del mundo (cf. Mt 5,14) y dar testimonio de la esperanza de la que están colmadas (cf. 1 Pe 3,15).

1. W. KASPER, El evangelio de la familia, Sal Terrae, Santander 2014, 76.

2. PAPA FRANCISCO, «Homilía del II Segundo Domingo de Pascua (o de la Divina Misericordia)» (27 de abril de 2014), en: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2014/documents/papa- francesco_20140427_omelia-canonizzazioni.html [consultada el 1 de octubre de 2014].

3. Una buena visión de conjunto sobre el tema puede leerse en C. WEST, Theology of the Body Explained. A Commentary on John Paul II’s Man and Woman He Created Them, Boston 2007.

4. Cf. PAPA FRANCISCO, Evangelii gaudium, Sal Terrae, Santander 2014, n. 66 (accesible también en www.vatican.va). Del 26 de septiembre al 25 de octubre de 1980 se desarrolló en Roma un sínodo sobre «La familia cristiana». En la exhortación apostólica Familiaris consortio, resultante de aquel sínodo, Juan Pablo II alude a los abarcadores y profundos cambios de la cultura y la sociedad, que repercuten también en la familia. Cf. JUAN PABLO II, Familiaris consortio (1981), n. 1 (accesible en www.vatican. va). Estas transformaciones van asociadas a una profunda crisis cultural, de naturaleza compleja, que afecta a los

fundamentos del saber y la ética. La conciencia moral se oscurece y la diferencia entre el bien y el mal es crecientemente abandonada, lo que lleva a que se cuestionen los valores básicos. Cf. JUAN PABLO II, Evangelium vitae (1995), nn. 11 y 58 (accesible en www.vatican.va).

5. Al respecto, cf. PONT IFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA, Desarrollos demográficos: sus dimensiones éticas y pastorales. Instrumentum laboris, Città del Vaticano 1994, n. 88.

6. Cf. D. SIEMS, «Das deutsche Rentensystem beutet die Familien aus», en:

www.welt.de/wirtschaft/article123932260/Das-deutsche-Rentensystem-beutet-die-Familien-aus.html

[consultado el 1 de octubre de 2014].

7. Cf. S. FUCHS, Gesellschaft ohne Kinder. Woran die neue Familienpolitik scheitert, Wiesbaden 2014, 343-351.

8. MINIST ERIO FEDERAL ALEMÁN DE FAMILIA, MAYORES, MUJERES Y JÓVENES, «Gender-Daten-report Stand 2005», en: www.bmfsfj.de/doku/Publikationen/genderreport/4-Familien-und-lebensformen-von-frauen-und- maennern/4–1-einleitung.html [consultado el 1 de octubre de 2014].

9. Cf. G. KUBY, Die globale sexuelle Revolution. Zerstörung der Freiheit im Namen der Freiheit, Kisslegg 2012, 149-173.

10. Ibid., 150.

11. Al respecto, cf. G. KUBY, Die Gender Revolution. Relativismus in Aktion, Kisslegg 52011, 56-63.

12. Estudios claros muestran con cuánto compromiso se impulsa la difusión del gender mainstreaming. Cf. MINIST ERIO FEDERAL ALEMÁN DE FAMILIA, MAYORES, MUJERES Y JÓVENES, «Machbarkeitsstudie Gender Budgeting auf Bundesebene», en: www.bmfsfj.de/RedaktionBMFSFJ/Abteilung4/Pdf- Anlagen/machbarkeitsstudie-gender-budgeting-pdf,property=pdf,bereich=bmfsfj,sprache=de,rwb=true.pdf [consultado el 1 de octubre de 2014].

13. Cf. LG 11.

14. W. KASPER, El evangelio de la familia, op. cit. (cf. supra, nota 1), 12.

15. JUAN PABLO II, Familiaris consortio 86.

16. Cf. PAPA FRANCISCO, Evangelii gaudium 25.

17. Cf. PABLO VI, Evangelii nuntiandi (1975).

18. Cf. JUAN PABLO II, Christifideles laici (1989).

19. Con este propósito convocó Benedicto XVI el «Año de la Fe» y fundó ex profeso un «Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización». Al respecto, cf. BENEDICTO XVI, Porta fidei (2012).

20. PAPA FRANCISCO, Evangelii gaudium 97.

21. JUAN PABLO II, Familiaris consortio 86.

22. PAPA FRANCISCO, «Discurso a los participantes en la plenaria del Pontificio Consejo para la Familia» (25 de octubre de 2013), accesible en: w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2013/october/documents/papa- francesco_20131025_plenaria-famiglia.html [consultado el 1 de octubre de 2014].

23. Cf. R. GUARDINI, Die Technik und der Mensch, Mainz 19902, 18-31.

24. La Oficina Federal de Estadística de Alemania define la familia partiendo de una concepción funcional: «En sentido estadístico, la familia abarca en el microcenso –a diferencia de antaño– a todas las comunidades de padres e hijos, o sea, matrimonios y uniones no matrimoniales, tanto heterosexuales como homosexuales, pero también a las madres y padres solteros que crían en solitario a sus hijos no casados que residen en el hogar familiar. Además de los hijos biológicos, en este concepto de familia se incluyen hijastros, niños en acogida e hijos adoptivos sin límite de edad. Por consiguiente, una familia en sentido estadístico está formada siempre por dos generaciones (la regla de las dos generaciones): por los progenitores o uno de ellos y por los hijos que residen en el hogar familiar». Cf. OFICINA FEDERAL DE ESTADÍST ICA DE ALEMANIA, «Begriffserläuterungen für den Bereich Migration und Integration “Familien”», en: www.destatis.de/DE/Zahlen-

Fakten/GesellschaftStaat/Bevoelkerung/MigrationIntegration/Migrationshintergrund/Begriffserlaeuterungen/Fa milien.html [consultada el 1 de octubre de 2014].

25. EL PONT IFICIO CONSEJOPARA LA FAMILIA («Matrimonio, familia y “uniones de hecho”», n. 12, disponible en www.vatican.va) describe esta problemática con las siguientes palabras: «El concilio Vaticano II señala que el llamado amor libre (amore sic dicto libero) constituye un factor disolvente y destructor del matrimonio, al carecer del elemento constitutivo del amor conyugal, que se funda en el consentimiento personal e irrevocable por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente».

26. LG 11.

27. Catecismo de la Iglesia católica, Asociación de Editores del Catecismo, Madrid 1992, n. 2202 (accesible en www.vatican.va).

28. Al respecto escribe JUAN PABLO II en Veritatis splendor (1993), n. 53: «No se puede negar que el hombre existe siempre en una cultura concreta, pero tampoco se puede negar que el hombre no se agota en esta misma cultura. Por otra parte, el progreso mismo de las culturas demuestra que en el hombre existe algo que las trasciende. Este algoes precisamente la naturaleza del hombre: precisamente esta naturaleza es la medida de la cultura y es la condición para que el hombre no sea prisionero de ninguna de sus culturas, sino que defienda su dignidad personal viviendo de acuerdo con la verdad profunda de su ser».

29. En ello, mucho dependerá de una buena preparación del matrimonio. A tal fin, el Pontificio Consejo para la Familia ha elaborado un folleto orientativo, que es poco conocido, pero que puede resultar de gran utilidad para los contrayentes. En él se plantean propuestas concretas para preparar en tres pasos a los contrayentes para la recepción del sacramento. Cf. PONT IFICIO CONSEJO PARALA FAMILIA, «Preparación al sacramento del matrimonio» (accesible en www.vatican.va).

30. Cf. C. CAFFARRA, Creati per amare, Siena 2006, 286.

31. Cf. M. FEDORYKA, «The Family: At the Heart of John Paul II’s Theology of the Body», en P. BARRAJÓN (ED.), La teologia del corpo di Giovanni Paolo II, Roma 2012, 349-362.

32. PAPA FRANCISCO, Lumen fidei (2013), n. 8 (accesible en www.vatican.va).

33. JUAN PABLO II, Familiaris consortio 60.

34. PAPA FRANCISCO, «Homilía en el Día de las Familias» (27 de octubre de 2013), en

w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2013/documents/papa-francesco_20131027_omelia- pellegrinaggio-famiglia.html [consultado el 1 de octubre de 2014].

35. PABLO VI, Humanae vitae (1968), n. 28. en: http://www.vatican.va/holy_ father/paul_vi/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae_ge.html [consultado el 1 de octubre de 2014].

36. Ibid., 29.

37. Al respecto, cf. en general los caps. II-IV de la Cuarta parte sobre la pastoral familiar. Primero se muestran las «estructuras de la pastoral familiar» (cap. II), luego se habla de los «agentes de la pastoral familiar» (cap. III) y, por último, se ofrecen indicaciones para una «pastoral familiar en los casos difíciles» (cap. IV) [véase JUAN PABLO II, Familiaris consortio 65-85]. También el Pontificio Consejo para la Familia ha subrayado la importancia de la catequesis familiar, que es insustituible. Cf. Pontificio Consejo para la Familia, «Matrimonio, familia y “uniones de hecho”», n. 45.

38. Cf. LG 1.

39. BENEDICTO XVI, Porta fidei 14.

40. Ibid. 2.

41. Así citado en ibid. 4.

42. Cf. PAPA FRANCISCO, Evangelii gaudium 93-97.

43. JUAN PABLO II., Constitución Apostólica Fidei depositum, en Catecismo de la Iglesia católica, op. cit. (cf. supra, nota 27), p. 10 (accesible también en www.vatican.va).

44. Cf. PAPA FRANCISCO, Evangelii gaudium, 20.

45. Así citado en JUAN PABLO II, Die Familie – Zukunft der Menschheit, Aussagen zu Ehe und Familie 1978- 1984, vol. 3, Vallendar-Schönstatt 1985, 7.

46. J. RAT ZINGER, Diener eurer Freude, en ID., Gesammelte Schriften, vol. 12, ed. por G. L. Müller, Freiburg i.Br. 2010, 489 [trad. esp.: Servidor de vuestra alegría: reflexiones sobre la espiritualidad sacerdotal, Herder, Barcelona 20072].

T

ERCERAPARTE

:

Matrimonio y familia.

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