Resulta imprescindible asociar la evolución del sitio franciscano a su condición de frontera urbana configuradora del borde sur de La Cañada, considerando su posterior transformación en una periferia que tuvo una lógica de desarrollo distinta a la del centro de la ciudad, asociada a piezas preexistentes en el territorio, a caminos rurales y a subdivisiones agrícolas. Dentro de las piezas que fueron determinando el límite sur y luego la zona de crecimiento sur debemos destacar la presencia de piezas arquitectónicas notables: los templos franciscanos y del Hospital del Socorro, que se destacaron por tener un mayor tamaño de sus predios, lo que les concedió mayores posibilidades de crecimiento en el tiempo.
A la llegada de los españoles, el límite sur de la ciudad estaba definido por La Cañada, que era sólo un brazo del río Mapocho que se separaba de su cauce principal a la altura de la actual Plaza Baquedano y donde durante la Colonia corría por su centro la Acequia del Socorro, nombre asociado a la imagen cautelada por los franciscanos. Además de configurarse como una frontera urbana de la ciudad fundacional, La Cañada era un espacio público utilitario, el camino de acceso a Santiago y de circulación de animales, pero también era un área utilizada para cortar adobes y donde en algún momento debió incluso prohibirse arrojar basura. En su costado sur se levantaba un verdadero muro urbano constituido por iglesias y establecimientos principalmente religiosos: el templo y convento de San Francisco, la capilla de La Soledad, el Hospital San Juan de Dios y el noviciado de San Borja, perteneciente a los jesuitas. La zona sur, inmediatamente a continuación de este frente, estaba constituida por una faja de terrenos cultivables donde se concedieron chacras regadas por la misma acequia que corría por La Cañada (fig.84): “todas estas chacras formaban un extenso sector rural, que corría a lo largo de La Cañada. En el interior de muchas de ellas se construyeron modestas habitaciones y hacia el exterior se levantaron murallones.”287 Las chacras cambiaron de propietarios pero mantuvieron su
carácter rural hasta avanzado el siglo XVII cuando se inició su subdivisión y poblamiento.
El sitio franciscano estaba conformado por una serie de piezas arquitectónicas que incluían templos, conventos, cementerios y huertas y se encontraba además vinculado con otra construcción de gran envergadura: el Hospital del Socorro, denominado posteriormente San Juan de Dios, por la Orden del mismo nombre que se hizo cargo. Como hemos visto anteriormente, el origen de estas construcciones periféricas se remonta a la fundación de la ciudad con la ubicación de la ermita del Socorro para venerar a la virgen del mismo nombre en el área actual del templo. Su ubicación periférica se debió a su programa
287 León Echaiz, p.58.
Fig.85: “La Cañada de Santiago” (s. XVIII). La imagen muestra el desarrollo de piezas urbanas periféricas al lado sur de una vía utilitaria, en la cual destaca la circulación de animales.
Fig.84: Karina Nogales, “Desarrollo agrícola, distribución de chacras” (2009). La imagen grafica el orden rural en toda la periferia urbana, hacia el sur el ordenamiento a partir de chacras de cultivo es evidente.
Fig.86: Pariossien y Scharf, The Cañada, Santiago (1820-21), se distinguen la ciudad formal hacia la izquierda y la ciudad informal a extramuros.
113 inicial de ermita, es decir un “pequeño oratorio, instalado en frágiles y modestas construcciones (…) [y que constituyó] la base histórica de la vida religiosa santiaguina.”288 La ermita del Socorro fue cedida originalmente por Pedro de
Valdivia a los padres mercedarios para finalmente ser entregada definitivamente a los franciscanos por el Cabildo; junto a ella los hermanos de San Juan de Dios levantaron su templo, tal como indica León Echaiz: “Cuando a principios del siglo siguiente llegaron a Chile los hermanos de San Juan de Dios o ‘padres capachos’ a hacerse cargo del Hospital, edificaron su iglesia en el mismo local en que había estado la ermita del Socorro, ya prácticamente abandonada en ese entonces.”289
De esta manera, en las afueras de la ciudad fundacional se iban consolidando barrios periféricos conformados mayoritariamente por artesanos que vivían en los denominados arrabales y por indios que levantaban sus rancheríos. Por otro lado, durante la Colonia la periferia urbana la conformaban establecimientos industriales y artesanales que procesaban productos del agro, tales como el trigo y molinos que abastecían de agua a la ciudad, como por ejemplo, el molino de Flores que fue posteriormente donado al Hospital del Socorro. Pero las edificaciones más imponentes de la periferia eran sus numerosos conventos, como el Carmen Alto de San José (1684), el colegio franciscano de San Diego de Alcalá (1664), el colegio de San Agustín, la Ermita de San Miguel (1699), ubicada en la actual Av. Cumming y la iglesia y Convento Máximo de San Francisco (1572).
El proceso de construcción y desarrollo de estas piezas urbanas periféricas fue determinante para comprender el desarrollo de la zona sur de la ciudad. En la ciudad que crecía, el convento de San Francisco destacaba por su gran tamaño. El historiador A. de Ramón observa que fue “el convento más extenso que tuvo Santiago en los tiempos coloniales,”290 hecho reafirmado por las palabras del
Padre Alonso de Ovalle, quien en 1644 describió al convento “como una ciudad, según es de grande.”291 En su Historia de Chile de 1862 Pedro de Córdoba
Figueroa indica que el convento tenía “seis cuadras en su circunferencia.”292
Eduardo Secchi cita en 1941 al historiador del siglo XIX Miguel Luis Amunátegui para dar cuenta de la extensión del convento, “[que] se extendía desde San Francisco hasta San Diego.”293 Por otra parte, diversos textos
agregan que en el año 1664 los franciscanos recibieron como donación un sitio de media cuadra de frente y dos cuadras de fondo ubicado en la Alameda con San Diego para edificar el colegio de los franciscanos, en el mismo lugar donde hoy se encuentra el edificio de la Casa Central de la Universidad de Chile.294
288 León Echaiz, p.44. 289 León Echaiz, p.45.
290 A. de Ramón, Santiago de Chile (1541-1991), p.54. 291 Ovalle, p.176.
292 Córdoba y Figueroa, Historia de Chile. p.34. 293 Eduardo Secchi, p.76.
294 Fr. B. Gutiérrez, Catálogo de las Casas de la Provincia (Santiago: Publicaciones del Archivo
Franciscano, 1994), p.72.
Fig.87: Eugenio Pereira Salas, “Interior del Templo” (1965). Como vemos en la imagen la nave central realizada en piedra y el artesonado del cielo se conservan desde la época colonial.
Fig.88: Carlos Peña Otaegui, “Refectorio de Comunidad en el Convento de San Francisco destruido con las modificaciones de 1921.”
114
Otras narraciones nos permiten comprender la real dimensión de los terrenos franciscanos hacia el sur que se extendían desde el Convento de la Alameda hasta el Conventillo de San Miguel. Según descripciones del “Conventillo,” hacia el sur de la Alameda aparecen dos límites claros: la Av. Matta y el Zanjón de la Aguada.295 Hacia el poniente en cambio, el límite lo marcaba el colegio de
San Diego (fig.89) que dio el nombre a la calle.296 Es así como se fue
configurando el sitio del convento, compuesto por un grupo de edificaciones y por un grupo de terrenos recibidos como limosna o donación.
Según Rigoberto Iturriaga, en 1572 fue colocada la primera piedra del primer templo franciscano realizado de adobes. Tenemos noticias de la construcción del templo actual gracias a un documento de 1577 que indica una sesión del Cabildo fechada en el 2 de agosto en que se discutió sobre la construcción del templo y su ubicación fuera de la traza de la ciudad.297 A continuación en 1584
los frailes piden ayuda a los feligreses para financiar la construcción del templo, solicitando además formalmente apoyo al rey: “Por Real Cédula de 2 de enero de 1586, Felipe II les entregó la suma de 1.000 pesos en derrames de 6 años, a pesar que el costo calculado fue de 12.000 y el tiempo prudencial de edificación, de ocho años.”298 En 1587 se extrajeron piedras de los cerros vecinos y maderas
de los bosques de La Dehesa para la construcción del templo.299 En 1607
estaban construidas tres partes del templo, un año más tarde se talla la puerta de la sacristía considerada una obra maestra de la ebanistería colonial. 300
Finalmente, en 1618 se termina de construir la iglesia de planta de cruz latina: “el edificio de piedra blanca de cantería, labrada en grandes bloques, estaba compuesto de una nave principal y de sólo dos capillas laterales que formaban la figura de una cruz perfecta.”301 Dos años más tarde se construyó la arquería
del primer claustro, concluyéndose en 1628. En el terremoto del 13 de mayo de 1647 San Francisco fue la iglesia que mejor resistió en la ciudad gracias a sus muros de piedra y a su envigado de madera y derribándose solamente “una hermosa torre que estaba arrimada al coro y matando con su ruina un santo religioso lego que estaba allí en oración.”302 En 1665 ya se reconocía la
existencia de una ranchería detrás del convento. Según Miguel Laborde el templo no tenía muros rojos ni la portada de piedra, sino que era de cantería blanca con otra torre de la que conocemos actualmente.303
295 Fr. B. Gutiérrez, Catálogo de las Casas de la Provincia.
296 “Vecino al convento de N° S° del Socorro de la Alameda, se crea un colegio de formación superior
para servicio de los religiosos, bajo el título de San Diego de Alcalá.” Ver Iturriaga, Casas, Misiones y Lugares, pp.48-49.
297 Ver en Archivo Franciscano “Cabildo: Convento está fuera de límites,” Asuntos Varios, Volumen 1,
(2 agosto 1577).
298 Eugenio Pereira Salas, La Iglesia y el Convento Mayor de San Francisco, p.6.
299 Según Rigoberto Iturriaga, en una de las vigas del templo se puede leer la siguiente inscripción:
“Somos de los impenetrables bosques de La Dehesa.” En Cronología del Convento de Nuestra Señora del Socorro de Santiago de Chile (Inédito, Archivo Franciscano).
300 Señala Iturriaga: “De cinco metros de alto y tres de ancho, realizada en madera de ciprés con tres
hojas movibles.” Cronología del Convento de Nuestra Señora del Socorro de Santiago de Chile.
301 Pereira Salas, La Iglesia y el Convento Mayor de San Francisco, p.6.
302 Juan Ramón Rovegno, La Casa de Fray Pedro de Bardeci: el Convento de San Francisco Santiago
de Chile: Ensayo Cronológico 1554-2004 (Santiago: Orden Franciscana de Chile, Ediciones Alameda, 2009), p.24.
303 Miguel Laborde, Templos Históricos de Santiago (Santiago: El Mercurio, 1987), p.5.
Fig.89: “Vista de la capilla de San Diego” (1859).
115 Uno de los elementos más interesantes que se conservan del templo es el artesonado “de indudable abolengo mudéjar” de la nave principal, construido entre 1615 y 1618 y atribuido al maestro Mateo de Lepe304 (fig.87). Durante el
siglo XVIII se realizaron una serie de obras en el convento franciscano como la ampliación del segundo claustro, pero para Pereira Salas la obra maestra de estas ampliaciones fue el refectorio construido “en estrecha consonancia artística con el alfarje mudéjar de la nave central del templo.”305 Este refectorio
se conservó hasta el siglo XX y fue demolido para la construcción del barrio París – Londres (fig.88). En 1758 un francés agregó la “pétrea y ornamental” portada del templo.306
La última modificación se debió al derrumbe de la torre por un terremoto y corresponde a la intervención del arquitecto Fermín Vivaceta, quien proyectó la actual torre. Según Pereira Salas, “Vivaceta iba a dejar su huella en ese ecléctico siglo XIX en que Santiago ensayara las más variables formas estilísticas,”pero para el autor su solución arquitectónica fue la acertada.307 El templo de San
Francisco se configuraba junto a los claustros como la pieza arquitectónica clave del sitio del convento. La importancia que adquiere desde su origen, debido a su tamaño y calidad arquitectónica, determinará su permanencia, convirtiéndose en el centro de gravedad del sitio conventual que muta en el tiempo.
La construcción del Colegio de San Diego de Alcalá se materializa en 1664 gracias a la donación de la viuda de un capitán de un sitio que poseía en La Cañada con San Diego, de media cuadra de frente y dos cuadras de fondo. Su templo era de menores dimensiones que el del templo Máximo y se conservó hasta mediados del siglo XX como capilla del Instituto Nacional (ver fig.89) y posterior biblioteca de la Universidad de Chile, ambas instituciones que luego de la Independencia se instalaron sobre las dependencias del colegio.
Como dijimos anteriormente, junto al complejo religioso franciscano se ubicaba otra pieza emblemática, el Hospital San Juan de Dios, separados simplemente por el callejón de San Francisco. Ambos programas fueron fundados en paralelo por instrucción del conquistador Pedro de Valdivia, dando cuenta de su condición periférica. Las dos construcciones permanecieron juntas hasta avanzado el siglo XX, confirmando el origen religioso de las principales piezas periféricas. Podemos considerar que el hospital es relevante en la historia del sitio por compartir un origen común con las construcciones franciscanas, la Ermita del Socorro. Esto se debe a que el hospital fue inicialmente administrado por los franciscanos y porque ambos edificios representan lo que aquí se
304 J. Benavides, p.115.
305 Pereira Salas, La Iglesia y el Convento Mayor de San Francisco, p.10. 306 Miguel Laborde, Templos Históricos de Santiago, p.7.
307 Pereira Salas, La Iglesia y el Convento Mayor de San Francisco, p.13.
Fig.90: “Plano de Santiago en el s. XVI” con la zona del Hospital de Nuestra Señora del Socorro y la Ermita del Socorro. Abajo la zona ampliada.
116
denominan piezas de grandes dimensiones claves en el desarrollo urbano de la ciudad.
Durante el siglo XVII, destacaba en el área de estudio el Hospital del Socorro, al costado oriente del convento de San Francisco (fig.90). El Hospital, al igual que el convento franciscano, fue creado poco después de la fundación de Santiago, configurándose como el primero de la ciudad y del territorio chileno. Ambos casos contaban con extensos terrenos conformados por las chacras de forma rectangular que se extendían hasta el Zanjón de la Aguada, con un frente angosto hacia La Cañada. Esta subdivisión rural tenía relación, como indicamos anteriormente, con la distribución de las aguas. Según el historiador de la medicina en Chile Ricardo Cruz Coke, de forma indirecta se sabe que el hospital se construyó en la chacra de la Cofradía de Nuestra Señora del Socorro, entre las actuales calles Carmen y Santa Rosa, al lado de la ermita del mismo nombre y donde actualmente se venera su imagen y se ubica el templo de San Francisco. Fue fundado por Pedro de Valdivia el 3 de octubre de 1552 bajo el nombre de
Hospital de Nuestra Señora del Socorro: “construido de adobes y su techo de
paja; contaba con 50 camas para enfermos de ambos sexos y éstos eran atendidos por un médico y un cirujano más tres practicantes.”308
En sus inicios, la capilla del hospital era atendida por los padres franciscanos, pero la administración del recinto siempre corrió por cuenta del Cabildo. El Hospital del Socorro cambió su nombre por el de San Juan de Dios en 1617 al hacerse cargo los hermanos de la Orden de la Caridad. Señala Cruz Coke que “[e]n 1617 el predio del hospital era gigantesco y se extendía al sur de la Cañada, con un frente de ocho cuadras entre las actuales calles San Francisco y Portugal, llegando su fondo por el sur hasta el Zanjón de la Aguada.”309 Durante el
gobierno de don García Hurtado de Mendoza se fueron fundando hospitales en cada ciudad, mientras que en Santiago se completó la edificación del Hospital del Socorro y se proporcionaron los medios económicos para mantenerlo, gracias a que las Leyes de Indias daban participación a los hospitales de los diezmos obtenidos por el patronato real, recibiendo un porcentaje del diezmo del obispado.
El predio del denominado “Hospital de los Pobres” fue mensurado por el visitador de tierras Ginés de Lillo en 1604, momento en que se encontraba rodeado de chacras y posteriormente por una viña.310 Al igual que el predio de
los franciscanos, las tierras del hospital fueron subdivididas a fines del siglo XVII a partir de la venta de sitios y de la consecuente apertura de las calles Las Matadas (actual Santa Rosa), San Isidro y Carmen, vendiéndose “en total … 45 solares o sitios, y en 1715 el edificio del hospital se trasladó hacia el oriente,
308 A. de Ramón, Santiago de Chile (1541-1991), p.56.
309 Ricardo Cruz Coke, Historia de la Medicina Chilena (Santiago: Editorial Andrés Bello, 1995), p.147. 310 Mensura general de tierras de Ginés de Lillo: 1602-1605, pp.119-21.
Fig.92: Joaquín Toesca, “Planta del nuevo Hospital de san Juan de Dios” (1796). Fig.91: Archivo General de Indias, “Plano del Hospital de San Juan de Dios de la ciudad de Santiago de Chile” (1767).
117 entre las calles Santa Rosa y San Francisco, en donde permaneció hasta su demolición en 1944.”311
El hospital a cargo de la orden San Juan de Dios era un establecimiento para pobres, españoles, naturales o soldados, tal como lo confirma A. de Ramón: “Los hospitales, durante el período colonial y luego durante el siglo XIX, habían sido hechos para atender a los pobres. Jamás un miembro de las clases acomodadas iría a curarse a uno de ellos. Por eso en 1864, el 71,24% de los ingresados en el hospital San Juan de Dios eran gañanes y labradores y el resto artesanos y pequeños comerciantes.”312 De esta forma, se constituiría como un
programa periférico en la ciudad, especialmente porque trataba enfermedades infecciosas.
La administración del hospital por parte de los hermanos de la Caridad no estuvo exenta de controversias y de hecho, en el archivo franciscano se encuentra un documento titulado “Carta al Rey: Hospital S. Juan de Dios,” fechado el 6 de julio de 1648, que da cuenta del desorden con que los religiosos administraban el hospital: “El Hospital de San Juan de Dios de esta ciudad está cargo de sus Religiosos y aunque tiene bienes suficientes para la curación de los pobres pasan grandes incomodidades porque les faltan en el sustento y las limosnas y los frutos de las haciendas se consumen entre los Religiosos del otro hospital según estoy informado….”313 Años más tarde del envío de esta carta de
los franciscanos al Rey para denunciar la mala administración del hospital por parte de los religiosos y la consecuente insatisfactoria atención, encontramos un informe de un mayordomo del hospital acusando también a los religiosos de no prestar atención a los enfermos, de “no preocuparse de la sanidad e higiene más elementales, convirtiendo al ‘hospital de caridad’ en una verdadera ‘casa del horror’ y un cuadro del infierno.”314 Por estos motivos, el 16 de junio de 1823
se decretó la exclusión de la Orden de toda intervención en el hospital. Con respecto al edificio, en 1797 se le encargó a Joaquín Toesca que realizara un proyecto para la construcción de un nuevo hospital. En el contrato firmado ante escribano se establecía dicha necesidad “… por el estado ruinoso del templo existente [y que] se había determinado construirlo de nuevo de cal y ladrillo, corriendo su fábrica por reglas de arquitectura para su mejor perfección y permanencia.”315 Como es sabido, Toesca se encontraba trabajando en paralelo
para finalizar la Catedral y la Casa Real de Moneda. Como indica Guarda, en el plano del antiguo hospital (fig.91) se puede apreciar un mal aprovechamiento del sitio de forma trapezoidal, una construcción que probablemente fue el resultado de un crecimiento orgánico a partir de la agregación de partes, al igual
311 Cruz Coke, p.148.
312 A. de Ramón, Santiago de Chile (1541-1991), p.170.
313 “Carta al Rey: Hospital S. Juan de Dios,” Asuntos Varios, Volumen 2, Archivo Franciscano de
Santiago (6 de julio de 1648).
314 A. de Ramón, Santiago de Chile (1541-1991), p.104.
315 Gabriel Guarda, El Arquitecto de la Moneda, Joaquín Toesca, 1752-1799: una Imagen del Imperio