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Evidence from randomised controlled trials

In document restorative justice: the evidence (Page 63-65)

Restorative justice in the UK: the four settings Recent RJ practices in England and Wales have been developed

9. Reducing harm to victims

9.2 Evidence from randomised controlled trials

Klein, partiendo del pensamiento de Freud, fue construyendo sus propias ideas sobre las tres dimensiones del aparato psíquico y añadirá la dimensión geográfica del espacio psíquico. Esta autora enriqueció aún más el pensamiento psicoanalítico descubriendo y elaborando los mecanismos psíquicos de identificación proyectiva y escisión, las ansiedades diferenciadas en persecutorias, depresivas y confusionales y abriendo además la concepción económica al definir las posiciones esquizoparanoide y depresiva como momentos en el desarrollo inicialmente, y luego como estados de la mente entre los cuales oscilamos; que implican sistemas de valores que originan ansiedades y defensas diferentes.

La dimensión económica. Klein descubrió, a partir de su interacción con niños, cómo en el aparato psíquico se empezaban a establecer ciertos funcionamientos que le

permitían al individuo adaptarse a las vicisitudes que se presentaban tanto en su interior como en el mundo externo, y favorecían o impedía su crecimiento psíquico. En sus propias

palabras afirma que “Las ansiedades psicóticas, los mecanismos y las defensas del yo en la infancia ejercen una profunda influencia en todos los aspectos del desarrollo, incluyendo el

desarrollo del yo, superyó y relaciones de objeto” (Klein, 1946. p. 1)

Posteriormente postula que al no ser fenómenos transitorios, no deberían ser pensados como fases o etapas, sino como momentos psíquicos que pueden volver a presentarse:

Elegí el término "posición" para designar las fases paranoide y depresiva porque estos agrupamientos de ansiedades y defensas, aunque surjan primeramente en los estadios primitivos, no se restringen a estos, sino que aparecen y reaparecen durante los primeros años de la infancia y, bajo determinadas circunstancias, en la vida ulterior. (Klein, 1952a. p. 35)

La autora señala en su trabajo “La Influencia Mutua en el Desarrollo del Yo y el

Ello” (1952) que está de acuerdo con Freud cuando éste afirma que el ello funciona desde

el principio de la vida de todo ser humano, aunque difiere en su planteamiento al manifestar que para ella, el miedo a la aniquilación, por la usencia del objeto, es la causa primaria de la angustia, la cual lleva al yo a formar las defensas frente a la fantasía de ser destruido. Para Klein, estas fantasías tempranas se desarrollan desde los instintos, y se encuentran tras los

mecanismos usados por el yo: “La fantasía subyace a los mecanismos de introyección y

proyección que permiten al yo llevar a cabo una de las funciones básicas mencionadas, la de establecer relaciones de objeto” (Klein, 1952. p. 2).

Ansiedades, defensas y relaciones de objeto son constelaciones que difieren en las dos posiciones y generan formas diferentes de concebir y relacionarse con los personajes del mundo interno y del mundo externo. Klein plantea que en la posición esquizoparanoide

se observan “[...] los mecanismos de escisión del objeto y de los impulsos, la idealización, la negación de la realidad interior y exterior, y el ahogo de las emociones” (Klein, 1946. p.

2). En la posición depresiva, que para la autora sucede al funcionamiento esquizoparanoide y depende de su adecuada elaboración, se evidencian mecanismos que llevan al individuo a integrar tanto al objeto de amor como a las partes del yo que fueron proyectadas ante la incapacidad de soportarlas. Las defensas maníacas, la identificación proyectiva o la reparación son algunos de los mecanismos que se presentan en este funcionamiento de la mente.

La posición esquizoparanoide se presenta inicialmente durante los cuatro primeros meses de vida, y se caracteriza por la presencia de fantasías que deben ser proyectadas. Klein incorpora al concepto de proyección utilizado por Freud la dirección que toman los elementos displacenteros:

Desde un comienzo, el impulso destructivo se dirige hacia el objeto y se expresa primeramente en fantasías de ataques sádico-orales al pecho de la madre, que pronto se transforman en violentos ataques a su cuerpo con todos los recursos del sadismo (Klein, 1946. p. 2).

La dimensión dinámica. La proyección no es la única defensa ante el displacer de estos elementos destructivos; Klein (1946) describe cómo, a pesar de ser el mecanismo

primario junto a la introyección (“[...] funcionan desde el comienzo de la vida postnatal

como dos de las primeras actividades del yo [Klein, 1959. p. 4]), la proyección se apoya en otras defensas que ayudan a menguar las tensiones generadas por las fantasías persecutorias. Dentro de la posición esquizoparanoide, los mecanismos que se evidencian con regularidad son la escisión (tanto de los objetos como del yo), el control omnipotente a través de la identificación proyectiva, la idealización con su contraparte la denigración y finalmente la negación de la vida emocional.

Los intentos de protección buscados a través de estas defensas, no siempre son útiles para el desarrollo, por cuanto debido a su intensidad pueden llevar a la desintegración del sí mismo y de los objetos. Sin embargo, el yo los usa para diferenciar las cualidades buenas y malas del objeto parcial y del objeto total, y las emociones de amor y odio. Estas diferenciaciones son las que posteriormente a través de la tolerancia a la ambivalencia permitirán la síntesis del objeto bueno amado y el objeto odiado y aterrador y la integración del sí mismo bueno y malo. Estas diferenciaciones internas regulan después muchas de las relaciones con los objetos del mundo externo. Como dice Klein

La necesidad de dominar la ansiedad persecutoria da ímpetu a la disociación, externa e interna, de pecho y madre, en un objeto que ayuda y es amado, y otro es terrorífico y odiado. Estos son los prototipos de todos los objetos internalizados siguientes (Klein, 1958. p 3)

La dimensión estructural. Para Klein el objeto bueno, tanto parcial (pecho-pene) como el total (madre-padre) se convierte para Klein en el núcleo de la fortaleza del yo, factor además que le permite generar procesos de integración y reparación (Klein, 1952). Por otro lado, cuando la angustia persecutoria frente al objeto malo es intensa e insoportable, o existe un gran temor de perder al objeto bueno el yo queda debilitado y se somete a las demandas del objeto malo como del objeto bueno; El estado persecutorio planteado por Klein es de cualidad múltiple, por cuanto puede provenir del sí mismo malo interno o proyectado, o del objeto malo, o del objeto dañado por el self, o de la unión del sí

mismo malo con el objeto malo, o del objeto paranoide que es aquel objeto bueno que sin razón se convierte en objeto malo y finalmente de los objetos muertos, o desaparecidos. Este estado persecutorio es aliviado por la presencia de un objeto bueno que acompaña, protege y fortalece al yo. Klein afirma que

Si el bebé introyecta a la madre en su mundo interior como un objeto bueno y seguro, se suma al yo un elemento de fuerza, pues considero que el yo se desarrolla en gran parte en torno de ese objeto bueno, y que la identificación con las características buenas de la madre se convierte en la base para ulteriores identificaciones beneficiosas (Klein, 1959. p. 5).

La interacción con la madre, así como con otros objetos externos, va a estar mediada por procesos de identificación; Tanto al proyectar como introyectar elementos en y del otro, Klein asegura que el individuo realiza un proceso de feedback, dependiendo de qué tipo de identificación se dé:

[...] si se toma un objeto en el sí-mismo (si se introyecta), el acento recae en la incorporación de algunas de las características de ese objeto y en la influencia que ejercen. Por otro lado, al colocar una parte de uno mismo en otra persona (proyección), la identificación está basada en que atribuimos a la otra persona algunas de nuestras propias cualidades (Klein, 1959. p. 7).

Cuando el bebé es capaz de reconocer que los contenidos y elementos tanto del objeto bueno que idealiza como del malo que niega o rechaza hacen parte de una misma persona, se produce la integración del sí mismo y la síntesis de los objetos y de los sentimientos hacia este, lo cual, acompañado de la conciencia de haberle hecho daño al objeto, genera sentimientos de culpa y la posibilidad de repararlo, surge así lo que Klein (1958) denomina como la posición depresiva. El miedo a la pérdida del objeto se incrementa, hecho que origina nuevos sentimientos persecutorios y mecanismos maníacos que buscan la reparación de carácter maníaca:

El impulso a la reparación, que aparece en esta etapa, puede ser considerado como la consecuencia de un mayor insight de la realidad psíquica y de una creciente síntesis, ya que muestra una respuesta más realista a los sentimientos de aflicción, culpa y temor a la pérdida, resultantes de la agresión contra el objeto amado (Klein, 1946. p. 15).

Al reconocer y aceptar a la madre como un objeto integrado, el yo acepta que el mundo interno del individuo, además de los elementos amorosos, también está poblado de elementos destructivos y agresivos, los cuales fueron proyectados en la madre. Este proceso

promueve igualmente la integración del yo. Klein (1958) agrega lo siguiente: “Esta

integración, que lleva gradualmente a una culminación de la posición depresiva, depende de la preponderancia del instinto de vida e implica, en cierta medida, la aceptación por parte del yo de la actuación del instinto de muerte (p. 10).

Para Klein (1959), “Cuando la ansiedad persecutoria no es tan fuerte y la

proyección al atribuir a los demás principalmente buenos sentimientos, se convierte en la

base de la empatía, la respuesta del mundo exterior es muy distinta” (p. 12). La finalidad

de las defensas de la posición depresiva es proteger al objeto de los ataques del yo (al cual se le reconocen sus partes malas), y al mismo tiempo defender al yo de las ansiedades depresivas y la culpa por poder hacerle daño al objeto. Las defensas maníacas tienden a ser los primeros intentos del bebé por evitar la destructividad inherente a sus pulsiones, pero es sólo cuando se llega a la reparación cuando en el aparato psíquico predominan las pulsiones de vida por encima de las de muerte:

El éxito de estos procesos fundamentales y el consiguiente fortalecimiento e integración del yo dependen -en lo que concierne a los factores internos- del predominio del instinto de vida en la interacción de los dos instintos. [...] cuando predomina el instinto de vida, la integración y síntesis pueden progresar con éxito (Klein, 1958. p. 7-9).

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