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3. Burden of proof

3.2 Evidential rules built from the 91/533/EEC Directive

Las condiciones fundamentales para establecer una base de apoyo son: contar con fuerzas armadas antijaponesas, emplearlas para infligir derrotas al enemigo y, con ayuda de ellas, movilizar a las masas populares. Así, el establecimiento de bases de apoyo es, antes que nada, el problema de organizar fuerzas armadas. Quienes dirigen la guerra de guerrillas deben dedicar todas sus energías a formar una o más unidades guerrilleras y, en el transcurso de la lucha, convertirlas gradualmente en cuerpos guerrilleros e incluso en unidades y agrupaciones regulares. Organizar fuerzas armadas es la clave para la creación de bases de apoyo. Sin fuerzas armadas o con fuerzas armadas muy débiles, nada puede hacerse. Esta es la primera

La segunda condición indispensable para establecer una base de apoyo consiste en infligir derrotas al enemigo empleando las fuerzas armadas y con el apoyo de las masas populares. Ninguno de los lugares controlados por el Japón es base de apoyo de las guerrillas sino del enemigo, y evidentemente las bases del enemigo no podrán ser transformadas en bases de apoyo guerrilleras a menos que éste sea derrotado. Aun los lugares controlados por las guerrillas caerán en manos

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del enemigo, si no aplastamos sus ataques, si no lo derrotamos, y en tal caso tampoco será posible establecer bases de apoyo.

La tercera condición indispensable para establecer una base de apoyo consiste en dedicar todos nuestros esfuerzos, incluidos los de las fuerzas armadas, a movilizar las masas en la lucha contra el Japón. En el curso de esta lucha debemos armar al pueblo, es decir, organizar cuerpos de autodefensa y guerrillas. En el curso de esta lucha hay que crear organizaciones de masas, reunir a los obreros, campesinos, jóvenes, mujeres, niños, comerciantes y profesionales, a medida que crezcan su grado de conciencia política y su entusiasmo combativo, en las diversas

organizaciones necesarias para la lucha contra el Japón, y ampliar éstas en forma gradual. Sin organización, la fuerza de las masas populares no puede hacerse sentir en la lucha contra el Japón. En el curso de esta lucha, debemos liquidar a los colaboracionistas declarados y encubiertos, tarea que sólo podremos cumplir apoyándonos en la fuerza de las masas populares. En esta lucha, es de particular importancia movilizar a las masas populares para establecer o consolidar el Poder local antijaponés. Allí donde los antiguos órganos chinos de Poder no han sido destruidos por el enemigo, debemos reorganizarlos y fortalecerlos apoyándonos en las amplias masas; allí donde han sido destruidos por el enemigo, debemos

reconstruirlos con el esfuerzo de las amplias masas. Estos órganos de Poder deben poner en práctica la política de frente único nacional antijaponés y unir a todas las Fuerzas populares para la lucha contra nuestro único enemigo: el imperialismo japonés y sus lacayos, los colaboracionistas y reaccionarios.

Toda base de apoyo de la guerra de guerrillas sólo puede ser realmente

establecida después que se hayan cumplido en forma gradual las tres condiciones fundamentales, es decir, después de crear fuerzas armadas antijaponesas, infligir derrotas al enemigo y movilizar a las masas populares.

Es necesario hablar, además, de las condiciones geográficas y económicas. En lo que atañe a las condiciones geográficas, ya hemos señalado tres categorías distintas en la sección "Tipos de bases de apoyo"; aquí solamente trataremos del requisito principal: la zona debe ser extensa. En circunstancias en que el enemigo nos cerca por los cuatro lados, o por tres de ellos, las zonas montañosas, desde luego, ofrecen las mejores condiciones para establecer bases de apoyo duraderas; pero lo principal es que haya espacio suficiente que permita maniobrar a las guerrillas, esto es, que la zona sea extensa. En pre-

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sencia de esta condición, es decir, de una zona amplia, la guerra de guerrillas se puede desarrollar y sostener incluso en las llanuras, para no hablar de las zonas fluviales, lacustres y de estuarios. Debido a la inmensidad del territorio chino y a la insuficiencia de tropas del enemigo, la guerra de guerrillas en China ya cuenta, en general, con esta condición. Esta es una condición importante e incluso de primera importancia en lo que respecta a la posibilidad de sostener una guerra de guerrillas. En países pequeños, como Bélgica, que carecen de dicha condición, tal posibilidad es muy pequeña o no existe. Pero en China, esa condición no es algo por alcanzar, ni un problema por resolver; está allí objetivamente, esperando sólo ser explotada.

En cuanto a las condiciones económicas, considerándolas como tales, sucede igual que con las geográficas. Porque no estamos discutiendo el problema del establecimiento de bases de apoyo en un desierto, donde no hay enemigo alguno, sino su establecimiento detrás de las líneas enemigas. Adondequiera que llegue el enemigo, ya viven desde hace tiempo habitantes chinos y hay una base económica de subsistencia, de modo que no surge la cuestión de elegir condiciones económicas para establecer una base de apoyo. En todos aquellos lugares donde hay habitantes chinos y fuerzas enemigas, cualesquiera que sean las condiciones económicas, debemos esforzarnos al máximo por desarrollar la guerra de guerrillas y establecer bases de apoyo permanentes o temporales. Sin embargo, consideradas desde el punto de vista político, las condiciones económicas presentan un problema, la política económica, que es vital para el establecimiento de las bases de apoyo. La política económica a seguir en las bases de apoyo guerrilleras debe basarse en los principios de frente único nacional antijaponés, es decir, la distribución racional de las cargas y la protección del comercio. Los órganos locales de Poder y las

guerrillas nunca deben violar estos principios; de lo contrario, se verán afectados el establecimiento de las bases de apoyo y el mantenimiento de la guerra de guerrillas. La distribución racional de las cargas significa que "quien tenga dinero, que

contribuya con dinero", mientras los campesinos deben, dentro de ciertos límites, proporcionar cereales a las guerrillas. La protección del comercio exige que éstas observen rigurosamente la disciplina y no se incauten arbitrariamente de ningún establecimiento comercial, salvo de aquellos que sean propiedad de

colaboracionistas comprobados. Es un asunto difícil, pero debemos aplicar esta que es ya una política decidida.

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