4.3 Community detection methods
4.6.12 Evolutionary clustering
Nota: Los autores principales de este recuadro son David J. Robinson y Sandy Mackenzie.
1En el resto de este recuadro se examina en especial
la inflación en un grupo de 29 países industriales y de mercados emergentes a los que les corresponde un 80% del producto mundial, y para los cuales se dis- pone de datos mensuales sobre la inflación global y básica del IPC.
-2 0 2 4 6 8 Inflación mundial
(Variación porcentual anualizada del promedio móvil trimestral respecto del anterior promedio trimestral)
Agregados regionales Mercados emergentes -2 0 2 4 6 8 Países industriales Inflación básica Inflación global Mundo Mercados emergentes Países industriales 2 1 Mundo 1 2 Países industriales -4 -2 0 2 4 6 8 -4 -2 0 2 4 6 Inflación básica Inflación global Zona del euro Japón
Otros EstadosUnidos Estados Unidos Otros Japón Zona del euro 2000 01 02 03 Jul. 2004 2000 01 02 03 Jul. 2004
Países de mercados emergentes
-5 0 5 10 15 20
Fuentes: Haver Analytics y cálculos del personal técnico del FMI. Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Japón, Noruega, el Reino Unido, Suecia y la zona del euro.
Brasil, Chile, China, Corea, India, Indonesia, Hungría, México, Polonia y Sudáfrica. 1 2 -5 0 5 10 15 Inflación básica Inflación global América Latina Resto de Asia China Otros América Latina Otros China Resto de Asia 2000 01 02 03 Jul. 2004 2000 01 02 03 Jul. 2004 2000 01 02 03 Jul. 2004 2000 01 02 03 Jul. 2004
Al parecer, una proporción significativa del reciente aumento de la inflación global es atri- buible al incremento de los precios de los pro- ductos básicos (en julio de 2004, los del petró- leo estaban un 27% por encima de su nivel de finales de diciembre de 2003 y los de los otros productos básicos un 8%), mientras que la infla- ción básica subió bastante menos que la global (véase el gráfico) y se mantiene en valores relati- vamente moderados2. Desde un punto de vista
regional, la inflación global ha aumentado en casi todas partes pero, en materia de infla- ción básica, la evolución ha sido muy diversa: en el caso de Estados Unidos, el incremento ha sido sorprendentemente pronunciado3, quizá en
parte como consecuencia de un repunte a partir de los niveles anormalmente bajos de 2003, aun- que se ha moderado en los últimos meses. Por el contrario, en la zona del euro el aumento no es pronunciado. Pese a las sustanciales fluctua- ciones mensuales, es posible discernir además cierta tendencia al alza de la inflación básica en China, otros mercados emergentes de Asia y de Europa, así como también en América Latina.
Un interrogante fundamental para las autori- dades monetarias es saber si el reciente aumento de los dos tipos de inflación se trata de una ma- nifestación única y aislada o si irá transmitién- dose a los salarios y, en consecuencia, arraigán- dose más. Estos riesgos adquirirán una mayor dimensión si el excedente de capacidad de la economía es reducido (porque en esos casos hay poca oferta de mano de obra y el mercado laboral ejerce presión sobre los márgenes de utilidad o si se intensifican las presiones infla- cionarias (acrecentando la posibilidad de que esa mayor inflación se incorpore en futuros
aumentos salariales). Al echar una mirada a lo que acontece en el mundo entero, se observa que:
• Los márgenes de capacidad ociosa están acortán- dose, pero todavía siguen siendo significativos en la mayoría de los países. Dado el sólido creci-
miento de la economía mundial que, según las proyecciones, llegará al 4,9% en 2004, casi un punto porcentual por encima de su ten- dencia, las tasas de utilización de la capacidad deben estar aumentando. Aun así, en casi to- dos los países industriales, salvo en el Reino Unido, Australia y Noruega, esta capacidad parece significativa y las brechas de produc- ción estimadas son aún apreciables. Así ocurre en especial en la zona del euro, donde se prevé que persistan durante varios años unas brechas próximas al 2% del PIB; en Estados Unidos, la brecha de producción es menor pero no se cerrará antes de 2007. No obs- tante, hay que reconocer que en estas estima- ciones el margen de error es grande y podrían hacer falta sustanciales revisiones (una incertidumbre clave —muy pertinente en Estados Unidos— es el ritmo que tendrá en el futuro el aumento de la productividad). En los mercados emergentes y los países en desa- rrollo, las brechas de producción son todavía más difíciles de medir pero, como se analiza en el texto, las presiones de sobrecalenta- miento comienzan a inquietar en algunos países de Asia y la CEI.
• Las expectativas inflacionarias han aumentado un poco, pero al parecer con una justificación relativa- mente buena. Desde diciembre, la predicción
unánime en cuanto a la inflación mundial ha sido revisada al alza en 0,3%, para llevarla al 2,6%, y los valores más grandes corresponden a mercados emergentes —principalmente China, Polonia y Brasil (donde las medidas in- ternas de las expectativas inflacionarias tam- bién han repuntado)— en tanto que los países industriales tienen aumentos más pe- queños (véase el cuadro). A largo plazo, los pronósticos profesionales —cuando los hay— siguen teniendo una base relativamente sólida. Las expectativas del mercado financiero para
Recuadro 1.1 (conclusión)
2La inflación básica se define, para casi todos los
países, como la del IPC, excluidos los alimentos y la energía. En el caso de aquellos países para los que no se dispone de datos, se emplea otro índice de precios relativamente estable.
3Los economistas de la Reserva Federal estiman que
solo de una cuarta parte a la mitad de este aumento en 2004 respecto de 2003 es consecuencia de los ma- yores precios de los productos básicos (Junta de la Reserva Federal, 2004).
primarios durante un período considerable para reducir la deuda pública a niveles mane- jables, en un contexto en que las presiones por un mayor volumen de gasto social y en
infraestructura son intensas, aunque compren- sibles. Esta situación pone de relieve la impor- tancia de otras medidas para mejorar la soste- nibilidad de la deuda pública, en especial la PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA Y CUESTIONES DE POLÍTICA ECONÓMICA
la inflación estadounidense a largo plazo, re- presentada por la diferencia entre las tasas de las letras del Tesoro a diez años4, nominales e
indexadas, subieron 0,25% entre diciembre y junio, y se observan incrementos similares en los casos del Reino Unido, Francia y Canadá, pero desde entonces han bajado, quizá porque los datos mensuales más recien- tes implican cierto descenso de la inflación. En conjunto, la combinación de un mayor crecimiento mundial y un aumento de los pre- cios de los productos básicos significará que la política monetaria deberá endurecerse un poco más rápido de lo previsto, según —como se expresa en el texto principal— la posición de cada país y cada región en el ciclo económico. En la mayoría de los casos, el riesgo de un mar- cado rebrote de la inflación parece moderado en vista de los márgenes todavía significativos de la capacidad excedentaria, las expectativas bien
fundamentadas en materia de inflación y —de- jando aparte a los países más avanzados en el ci- clo— la presión más bien discreta del mercado laboral y el aumento de los márgenes de las uti- lidades. Pero, a pesar de lo dicho, las autorida- des tendrán que responder con prontitud si se intensifican las presiones inflacionarias o se in- crementa la utilización de la capacidad a mayor velocidad que la prevista, entre otras razones im- portantes porque si se espera demasiado para responder a las señales de una inflación inci- piente, será costoso hacerlo y los bancos centra- les perderán algo de la credibilidad que tanto les costó ir adquiriendo en los años ochenta y noventa.
Pero más allá del corto plazo, ¿hay acaso al- gún riesgo de que los factores de largo plazo que contribuyeron a la reciente desinflación mundial cambien de signo? En la coyuntura ac- tual, siguen actuando las fuerzas fundamentales que originan la desinflación: unos bancos cen- trales más eficaces e independientes y la globali- zación. Si bien al parecer esta situación se man- tendrá, como observa Rogoff (2003), “es menes- ter reconocer que todo cambio marcado o gene- ralizado en el panorama relativamente favorable de globalización, desregulación, aumento de la productividad y política fiscal más bien benévola podría comenzar a erosionar los extraordinarios logros de los últimos años”. Dos inquietudes concretas —que se refieren a los retos actuales de la política económica examinados en el texto principal— son la posibilidad de que haya un brusco giro en materia de globalización por la intensificación de los riesgos del terrorismo o la reanudación de las presiones proteccionistas, o bien la imposibilidad de resolver los problemas fiscales a mediano plazo, lo que acrecentaría los incentivos para eliminar la deuda por medio de la inflación en alguna fecha futura.
Previsiones consensuadas: Proyecciones de inflación para 20051
(Porcentaje)
Enero Marzo Agosto
Mundo 2,3 2,3 2,6
Estados Unidos 2,1 1,9 2,4
Zona del euro 1,7 1,6 1,8
Japón –0,2 –0,2 0,0
China 2,4 2,8 3,2
Brasil 5,4 5,2 6,0
Polonia 2,7 2,8 3,22
Fuente: Consensus Forecasts.
1Proyección mundial basada en una muestra de 18 países, incluida la zona del euro.
2Julio.
4La diferencia entre los bonos nominales y los vin-
culados a un índice es solo una medida imperfecta de las expectativas inflacionarias, ya que también puede aumentar cuando los inversionistas tienen menos certeza acerca de sus pronósticos, y están dispuestos a pagar una prima por una cobertura.
El crecimiento de China se ha caracterizado por períodos de repuntes cíclicos de la actividad económica y la inflación, seguidos por períodos de retracción. En los años ochenta, dos ciclos concluyeron con reducciones abruptas del creci- miento. Tales períodos estuvieron influenciados por la evolución política, caracterizándose al inicio por políticas monetarias y fiscales más expansivas en apoyo a las empresas del Estado, lo que causó un aumento significativo de la in- flación. A la larga, la respuesta de las autorida- des fue la introducción de controles directos y otras medidas administrativas. Se llegó a contro- lar la inflación rápidamente pero el crecimiento se desaceleró marcadamente y las medidas admi- nistrativas adoptadas, al no basarse en criterios de mercado, afectaron adversamente la eficiencia en la asignación de recursos.
Este patrón se repitió durante el ciclo 1991–97. En 1992, la aplicación de políticas monetarias y fiscales más expansivas activaron un auge en las inversiones, el crecimiento real del PIB superó el 14% y la inflación se aceleró. Los primeros in- tentos por aplicar políticas más restrictivas afec- taron severamente a las empresas del Estado, lo que llevó a la adopción de políticas más expansi- vas nuevamente. Esta expansión, y una devalua- ción del tipo de cambio oficial cuando se uni- ficó con la tasa de los swaps, generó una acele- ración de la inflación superior al 24% en 1994 (véase el gráfico). Eventualmente, las autorida- des lograron un aterrizaje suave de la economía y que la tasa de inflación registrara un nivel de un solo dígito en 1996, así como una desacelera- ción moderada del crecimiento. Los factores que contribuyeron a esta situación fueron las re- formas estructurales para consolidar el funcio- namiento de las leyes de mercado en la econo- mía, una cosecha de granos sin precedente en 1996 que dio origen a una caída de los precios de los alimentos, la acumulación de la capacidad excedente que ejerció presión hacia la baja de los precios y una política monetaria restrictiva. No obstante, esta situación está vinculada a los
problemas que experimenta actualmente el sec- tor financiero dado que el crecimiento del cré- dito en 1992–96 contribuyó a la debilidad actual que sufre este sector. Se considera que gran parte de la cartera vencida del sistema bancario se remonta a ese período, cuando los bancos financiaban a empresas del Estado sin tomar en cuenta el riesgo crediticio.
El ciclo actual (2002–04) aún contiene algunas características de los ciclos de sobrecalentamiento anteriores tales como un alto crecimiento del PIB y del crédito, así como altas tasas de interés (véase el gráfico). Debido a la epidemia del sín- drome respiratorio agudo severo (SRAS) en el segundo trimestre de 2003, hubo demora en adoptar medidas para hacer frente a esas presiones pero, a mediados del mismo año, las autoridades