2. STRATEGY
2.2 The Main Approaches to Strategy
2.2.3 Evolvement of Strategic Thinking
1.2.1 El tiempo pasa y es inmanejable
¿Cuáles entonces son las primeras impresiones que uno tiene sobre el tiempo? La primera es que el tiempo pasa y que es inmanejable. La condena del tiempo por ejemplo es que no se puede ir de para atrás y esa a la vez es su segunda característica: es irreversible.
1.2.2 El tiempo es irreversible
Esta característica del tiempo lo hace más insoportable. Pero si uno pudiera ir para atrás qué diferente sería todo. Qué diferente sería la ética, entonces cambiaría la manera en que nos apropiamos de nuestros errores para ir resolviéndolos. La ética de la responsabilidad tendría sentido, pero no es posible porque un error dura para siempre salvo que uno pudiera olvidarlo. La irreversibilidad del tiempo se junta con la primera característica (la de que el tiempo pasa) que es su indisponibilidad del tiempo, es indisponible porque no lo podemos dominar y al mismo tiempo el tiempo es irreversible porque el tiempo solo va en una dirección. Lo que sucede sucede y ya, no hay retorno. Lo irreversible deja marcas que uno tiene que asumir. Es interesante el tipo de vida que nos tocó. Nos podría haber tocado otro, nos podría haber tocado el volver todo el tiempo o al menos que pudiéramos conseguir al menos diferentes opciones. Sería distinta la vida. Pero es imposible. Estamos condenados a una opción. Y es el tiempo el que nos lleva a esa lógica.
1.2.3 Somos tiempo
¿Qué es el tiempo? ¿estamos dentro del tiempo o fuera del tiempo? Heráclito dijo: Somos y No Somos tiempo. Es decir, el tiempo está fuera nuestro, pero somos tiempo, al mismo tiempo está adentro nuestro, como dice Agamben. Hay un tiempo que sucede por fuera, está pasando el tiempo. Pero al mismo tiempo, como somos los seres humanos seres temporales, no solo
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percibimos el tiempo porque no solo somos los perceptores del tiempo, sino que además ontológicamente somos seres temporales. Es una característica que nos define. Entonces, queda en esta situación de este contraste que hay un tiempo que nos excede, pero al mismo tiempo no somos más que tiempo. Se da esa dualidad de la que no podemos salir. Es más, todo lo que digamos sobre el tiempo lo decimos desde nuestro lugar temporal. Entonces es imposible salirnos del tiempo para hablar de él. Y el problema es que para hablar del tiempo como algo objetivo solo podemos hacerlo si nos salimos del tiempo. Si estamos implicados en el tiempo, lo que decimos carece de objetividad como mínimo.
El presente es presente para mí. Tomemos las tres categorías de tiempo más famosas, pero llevémoslas a una cuestión más cotidiana. Ayer, hoy y mañana. Explicar estas categorías es imposible. Porque son categorías móviles como el yo, el tú y el nosotros. ¿Pero y el ahora? ¿Cómo explicar el ahora? El ayer obviamente no tiene un lugar fijo. ¿Qué es el ayer? Uno vive por conceptos móviles. Esto significa que hay que dar cuenta en principio de una relación problemática entre un tiempo objetivo de un tiempo subjetivo. Conviven ambas formas del tiempo. Es cierto que el tiempo es tiempo para nosotros. Y el hoy, es hoy para nosotros. Y el presente, tiene que ver con nuestro presente. Y nuestro pasado, tiene que ver con nuestro pasado. Y es cierto en este esquema que hay un pasado compartido porque tampoco es individual. El tiempo es una categoría relacional y pública. Es cierto que el tiempo es siempre tiempo percibido y vivido por alguien y que eso cambia.
Pero independiente de cómo lo percibamos el tiempo se da. Y no lo podemos poseer ni manejar, porque si el tiempo fuese plenamente subjetivo entonces en algún punto podría operar sobre él. Y las formas en que podemos operar el tiempo son siempre cualitativas. Podemos hacer la obviedad de no darnos cuenta de que el tiempo pasa. Pero lo que no podemos hacer es detenerlo. O sea, el tiempo nos excede. Y lo que nos excede es que hay tiempo objetivamente hablando independientemente de nuestra percepción. Entonces la pregunta de la grieta toma lugar: ¿el tiempo es subjetivo o objetivo? Respuesta; ambos. Y lo que hay que entender es cómo vincular ambos extremos.
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1.2.4 Hay repeticiones
Hay repeticiones, hay regularidades con las que nos permitimos medir el tiempo. El sol sale todos los días y saldrá mañana. Entonces esas regularidades nos permiten su dimensión. ¿Para qué queremos medir el tiempo? La medición del tiempo no es solamente una cuestión de curiosidad intelectual, nos da a un orden y nos proporciona un ordenamiento, para caracterizar y justificar desde una concepción del trabajo como transferencia y satisfacción de nuestras necesidades básicas, está bien, y para que exista la posibilidad de medir el tiempo gracias a la regularidad de la naturaleza para sembrar el tiempo. Lo que sucede es que se fue dando algo que uno puede pensar que fue algo exactamente inverso y es que el ordenamiento del tiempo más que remitir a la necesidad o uso inmediato por parte del ser humano, se convirtió en un instrumento de su dominación.
1.2.5 El reloj y la medición
Quinto elemento: el reloj. ¿El reloj mide el tiempo? ¿O lo ordena en función de intereses que no son exactamente aquellos que están presentes en la necesidad de su medición? Julio Cortázar (1914-1984) en Preámbulo a las Instrucciones para dar cuerdas al reloj (1964), decía que cuando te regalan un reloj no te dan «solamente ese menudo picapedrero que atarás a la muñeca y pasearás contigo...Te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgando de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio en la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo por perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comprar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj». (p. 23)
Hay entonces con el reloj una relación directa con el paso del tiempo, su temporalidad, su condena, su cotidianidad más nefasta. Hay una obsesión además impulsada por sujetar al reloj,
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o que el se sujete a nosotros, de nuestra muñeca, literalmente, haciéndonos sus esclavos; pensando que lo poseemos, pero en realidad termina éste poseyéndonos a nosotros mismos y no al revés.
1.2.6 La idea del presente
Seis, la idea de presente. Estamos viviendo el presente. ¿Qué es el hoy?; ¿qué es el ya? ¿qué es el ahora? Imposible de explicar ¿verdad? Pensemos materialmente al tiempo. Estamos viviendo ahora el presente. El presente está sucediendo y esto que sucede deja de ser de inmediato el presente para ser el pasado. ¿Adónde se fue? sucedió, desapareció. Está en nuestra memoria sí, que se va corrompiendo con la apilación de los recuerdos. Pero lo que va sucediendo se va yendo. ¿Por qué no permanece? Qué bueno fuera que cada segundo permaneciera, o sea, que cada segundo que vivimos permaneciera y fuera acumulativo. No alcanzarían los átomos del universo porque en términos de Física Cuántica, el Principio de Entropía explica que lo que va sucediendo se va acabando; el tiempo se hace menor, lo que sigue a lo que era. Hay una pérdida; el segundo principio de la Termodinámica es que se va perdiendo energía, frente a esto más la irreversibilidad.
La figura del presente que todo se lo devora se llama Cronos. Que es el Dios del tiempo para los griegos y Saturno para los Romanos. Para nosotros pensar en el tiempo en la actualidad remite a una única idea que no nos alcanzan para bordear esa diversificación de conceptos. Para los griegos en sus días estaba Cronos, y Aión, dioses con los que podían acercarse me jor para pensar en todo esto que es el tiempo. Cronos, era más el tiempo desde una concepción cronológica, el tiempo lineal. Su figura más famosa es una la cual más adelante analizaremos de la mano de los estudios de las artes, y que se ha repetido diferentes veces en diferentes momentos y con diferentes artistas, es la de Cronos devorando a sus hijos, un filicidio fundado en el temor de que ellos le arrebaten el poder. Miedo, además sometido a su propia pena porque en el pasado ya había asesinado a su padre Urano para tomar su lugar en el poder. Entonces Cronos pensaba que le iban a hacer a él lo que él le había hecho a su padre.
Cronos es la figura del presente, porque el presente todo lo que toca lo arruina, lo hace ruina. Si algo queda del presente es ruina. Pero si uno lo piensa en términos absolutos, primero el
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presente no existe, se está yendo, y segundo, el presente lo que hace en algún sentido, es que va devorando todo lo que toca. El tiempo es algo así como un objeto poliédrico con muchos ángulos que tratamos de descifrar, pues estamos aquí viviendo un tiempo que va desde la nada hacia la nada. Y lo único que hay es el presente.
Cronos en Romano es Saturno, que es sábado. Y sábado es el día en el que se celebra al Dios Saturno. El sábado era en la Edad Media el día de la melancolía, una figura muy temporal también que ya analizaremos en este texto7. Pero que, sólo hasta aquí diremos que este día,
antiguamente, se decía, bajaban los demonios y buscaban personas lo suficientemente débiles para penetrar su alma y depositar en ellos una especie de polvo negro o bilis negra que les generaba la melancolía. Veremos también que a quienes encontraban sobre todo con la disposición a volverse melancólicos sería a los monjes, que estaban en los conventos. Diremos hasta aquí que, la melancolía tiene una relación muy particular entre el pasado y el presente y sobre todo justamente por la inaplicabilidad del presente que hace que en realidad nuestro presente siempre sea nuestro pasado más inmediato.
¿Qué es el Ya? ¿El ahora?: Lo que acaba de pasar. Estamos justo ahora, o sea ahora, recién. El ahora es siempre un recién no porque lo sea o no lo sea, sino porque nuestra conciencia del tiempo siempre es conciencia del tiempo que pasó. Pero porque la conciencia supone un movimiento que no tiene que ver con lo que está pasando sino con cómo nosotros lo concebimos y en ese acto hay un paso del tiempo. Si fuese así todo lo que decimos sobre el hoy, lo estamos diciendo sobre el recién. Si así fuese, conclusión, la melancolía no es un estado de ánimo, es una condición misma de nuestra existencia. Es decir, no es que seamos melancólicos o que podamos dejar de serlo, sino que nuestra relación con el tiempo supone a la melancolía como forma de ser, porque siempre somos habitantes del pasado. Tenemos entonces una descripción sintomática del ser humano, de nosotros mismos, como seres trágicos.
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