ACTUAL Y DE DENUNCIA EN MÉXICO
18María Angulo Egea
Profesora en la Universidad de Zaragoza (España). Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. Entre sus libros destacan Información, propaganda y discurso en la prensa
del los Sitios de Zaragoza (2009), junto a Jorge Rodríguez, Periodismo literario. Naturaleza, antecedentes, paradigmas y perspectivas (2010), con Teodoro León Gross, Artículo femenino singular. Diez mujeres esenciales en la historia del articulismo español (2011), entre otros. Ha
coordinado y es autora en el volumen Crónica y Mirada. Aproximaciones al periodismo narrativo (2014). Es directora de la revista universitaria Zero Grados (http://zgrados.com/). Tiene la sección “Carne de Crónica” en El Periódico de Aragón y también es colaboradora asidua de la revista de periodismo narrativo y viajes Altäir Magazine.
La desaparición de 43 estudiantes mexicanos de Escuela Rural Normal de Ayotzinapa sacude las conciencias desde que en septiembre de 2014 fueron subidos a una camioneta de la Policía en una pequeña localidad del estado de Guerrero. Nada se ha sabido de ellos y no pasa un día sin que los medios de comunicación de todo el mundo no especulen sobre su más que probable asesinato. Podría parecer un caso más de esa inacabable narcoguerra, en la que se sabe con bastante certeza quienes son los “malos”, pero que nadie puede afirmar con rotundidad quienes son los “buenos”.
El desastre de la guerra contra el narco, de la violencia extrema, acapara todas las páginas y, pasada la fase inicial del shock, el recuento de cadáveres pasa a formar parte
18 Este artículo se ha realizado en el seno del Grupo de Investigación en Comunicación e
de la rutina. La barbarie se va sobrellevando escondida detrás de la enumeración de hechos sangrientos, de lugares alejados, de números, de muertos sin cara, sin rostro, sin oficio ni familia. La hartura de muertes y de violencias termina por naturalizar la barbarie, logrando que la población y los periodistas se habitúen a la corrupción.
El papel de los grandes medios en toda esta guerra ha sido poco comprometido y muchas veces en connivencia con unos gobiernos que han preferido silenciar el problema o maquillarlo. Al principio los medios publicaban una figura diaria llamada “ejecutómetro”, que registraba el recuento de los muertos del día. La cobertura era muy superficial, anecdótica y centrada en cifras y números. Se consideraba el narcotráfico una lacra social y la violencia extrema que generaba se cubría como cualquier otro “acontecimiento extraordinario”, señala el periodista Álvaro Sierra19. Es decir, con la
misma óptica que se cuenta un desastre de la naturaleza, un huracán, un tornado. Las noticias versaban sobre los asesinatos, bombas, decapitados y, cuando estas muertes individuales se naturalizaban, se pasaba a registrar los asesinatos colectivos. Y cuando estos también se hacían cotidianos para los lectores y la sociedad, entonces solo se abrían paso en las portadas de los diarios aquellas muertes más truculentas y salvajes, en una suerte de carrera hacia el exceso, mientras la pura cantidad, los números se acumulan sin identidad.
La guerra contra el narcotráfico ha terminado por convertirse en una crisis social demoledora. Crisis que también ha calado en el periodismo. ¿Para qué sirve seguir reproduciendo las mismas noticias una y otra vez? ¿Qué estamos consiguiendo políticamente? ¿Qué estamos logrando socialmente? ¿Será este periodismo informativo, de actualidad, un formato en vías de extinción?
Tanto en México como en los otros escenarios en los que se desarrolla este conflicto, ha surgido una generación de “corresponsales de guerra” que reflejan en sus periódicos, revistas, emisoras o blogs los horrores de una confrontación sin frentes de batalla. La crisis social del narcotráfico y la crudeza de lo que están viviendo en ese inmenso subcontinente entre la frontera sur de los Estados Unidos y los límites entre Colombia y Ecuador, comprendiendo el continente americano del Norte, Centro y Sur, ha sido el disparador para que muchos decidieran apostar por otro tipo de periodismo. Un periodismo humano que muestre que no todo es rendición y que informe sobre los verdaderos líderes políticos de la mayoría de los países latinoamericanos. Una apuesta informativa que pueden llevar a cabo, en primer término, porque estos profesionales tienen otros trabajos en las redacciones; y, en segundo, porque cuentan con el apoyo de otros periodistas locales, que les facilitan el trabajo de denuncia y de localización de datos, historias y fuentes.
19 Álvaro Sierra, Cobertura del narcotráfico y crimen organizado en Latinoamérica y el Caribe,
LA COMUNICACIÓN EN MUTACIÓN
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Pero no creamos que esta situación es exclusiva de México y sus países limítrofes. El narco se internacionalizó hace décadas. El investigador Edgardo Buscaglia se refiere al colapso de las instituciones y espacios ocupados por el crimen organizado, es decir, aquellas tareas que el Gobierno mexicano ya no puede hacer y que son realizadas por los narcotraficantes20. Recoge la ampliación de mercados del crimen
organizado mexicano, que desde luego tienen sede en Estados Unidos, pero resalta también las conexiones de los cárteles en toda América y su vinculación con Europa, en concreto, con la‘Ndrangheta, la mafia más poderosa de Italia. La periodista mexicana Cecilia González, tras arduas investigaciones en Buenos Aires, ha puesto en evidencia la penetración del narcotráfico mexicano en la Argentina21.