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In document Project Management. Course Toolkit (Page 30-33)

Muchas caídas tuvieron que ocurrir en mi vida para poderme dar cuenta de varias realidades que nunca había querido aceptar y que tuve que corregir:

Primera realidad: El amor a Cristo debe eliminar el amor a la lujuria sexual. En mi caso, amaba a Cristo, pero amaba más a la lujuria sexual. Me gustaba mi pecado, me gustaba vivir atado al sexo. Así que a la hora de escoger entre una vida cristiana pura y una vida practicando el pecado sexual, esta última salía ganando. Claro está, nadie me «obligaba» literalmente a escoger entre una y la otra. Entonces, si nadie me obligaba a realizar una selección, yo escogía una mezcla de las dos. El resultado era una vida cristiana mediocre, salpicada de lujuria sexual y de mentiras por todos lados. De esa manera tendría, según mi corazón atado, lo mejor de los dos mundos. Además, con mi cristianismo mediocre, podría poner un pie en el cielo y otro en el infierno, uno en la pureza y otro en la lujuria sexual, uno en la verdad y otro en la mentira.

Seg unda realidad: La pureza sexual duradera se log ra con trabajo fuerte y constante. Esta era una realidad que me negaba a aceptar. No sé si se debía a que mi mente se acostumbró a la idea religiosa de que algún día Dios me lanzaría un rayo desde el cielo que eliminaría la lujuria sexual que llevaba dentro. Tampoco sé si mi corazón se acostumbró a la falsa idea de que la lujuria sexual era una «enfermedad» sobre la que no podía hacer nada, excepto esperar a que Dios me sanara. Sin embargo, a lo largo del camino mi

corazón no veía ni entendía que Dios siempre nos pediría diligencia, esfuerzo y valor para luchar contra nuestros enemigos:

¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas.

Josué 1:9, NTV

Durante todo este proceso, mi ceguera no me permitía ver que la pureza sexual costaría trabajo, sudor y lágrimas; que la pureza sexual requeriría que muriera a mis viejas costumbres, a mis viejos gustos, a mis viejas maneras de vivir. Todo esto iba a requerir una medida de trabajo increíble y yo no estaba dispuesto a realizarlo. Tercera realidad: La pureza sexual extrema y radical solo viene si se establece una relación con Dios extrema y radical. Cuando entendí que la pureza sexual era un regalo que proviene de un Dios extremo y radical, pude entender también que la única manera de vivir y defender esa pureza era de forma extrema y radical. Entonces, me di cuenta de que siempre que caía, siempre que me vencía la lujuria sexual, era porque ponía mi relación con Dios en un segundo plano y dejaba de vivir una vida extrema y radical con Él y para Él. Nunca podría aspirar a mantener una pureza sexual constante y que soportara los embates de estos tiempos, si vivía una relación con Dios anémica, por conveniencia y vacilante.

Cuarta realidad: La pureza sexual no es una «camisa de fuerza» para esclavizarnos a la santidad. En último lugar, pude darme cuenta que la pureza sexual no me esclavizaba a la santidad, como lo hacía la lujuria sexual al sexo. Antes de entender esta realidad, me pasaba la vida encerrado en una burbuja de cristal, evitando acercarme a todo lo que pudiera amenazar mi pureza. Poco a poco me di cuenta que así no se podía vivir, porque casi todo está contaminado de sensualidad y erotismo en este mundo. Tenía que vivir en el mundo, pero sin ser partícipe de su ambiente de intoxicación. ¿Cómo hacer tal cosa? Tenía que decidir vivir la pureza en medio de la impureza. Tenía que vivir mi pureza allá afuera y modelársela al mundo, no como algo que te quita, sino como algo que te añade. Entonces, pude comenzar a entender que la pureza sexual se vive y se disfruta en libertad; que la pureza sexual nos da la victoria, pero sin restar de nuestra vida el gozo de vivir.

En resumen, puedo decirte que antes veía a la pureza sexual como una opción perdedora. De ahí que mirara hacia el pasado con melancolía por todas las cosas «divertidas» que no podía hacer, por todo lo que tenía que cohibirme en la vida. Ahora, la pureza sexual me hace libre en medio de un mundo que siempre me dará la oportunidad de escoger entre dos caminos con rumbos diametralmente opuestos, tan opuestos como la vida y la muerte, la luz y las tinieblas.

MIS ARGUMENTOS SOBRE EL TEMA

526. Dios no te dará la pureza sexual imponiéndote una camisa de fuerza. Eso sería cambiar una

527. Muchas veces vimos a la lujuria sexual como una maldición. Después, cuando respiramos libertad, vimos a la lujuria sexual como un camino escarpado que nos llevó a la pureza. ¿Quién nos hizo cambiar? Dios. Él puede convertir una maldición en una bendición. 528. Las cadenas más pesadas de la lujuria sexual son las que llevas en tu mente. Mientras más le digas a tu mente que tienes el derecho divino de vivir en libertad, más rápido tu carne se someterá a una vida de pureza.

529. ¿Quieres que Dios te libere de la esclavitud de la lujuria sexual? Comienza a actuar como alguien

libre, aunque no te sientas como tal.

530. Si la mente te dice una y otra vez que tu destino es vivir encadenado al sexo, no le creas. ¡Arranca

tus cadenas con el poder de Dios y úsalas para arremeter en contra de la lujuria!

531. Dios podrá libertar tu mente de la lujuria sexual, pero de nada te valdrá si permites que tu carne se

siga saliendo con la suya. A ti te toca someter tu carne a la pureza que te ofrece Dios.

532. La verdadera pureza exige una nueva manera de vivir. No por contener la respiración dentro del

agua somos peces. Si tu manera de alcanzar la pureza es resistiendo con fuerza humana, acabarás ahogado en esa misma lujuria sexual que te rodea. Solo con la fuerza de Dios podrás vivir de forma sobrenatural en medio de un mundo torcido por el sexo.

533. Prefiero escoger una y mil veces estar atado a la cruz del divino Nazareno, que estar atado a la

impureza de este mundo. Mientras que la lujuria sexual me esclaviza, ¡esa bendita cruz me liberta!

534. ¿Esclavizado a la lujuria sexual? Mira al Calvario: Cristo clavó en la cruz toda la impureza, la

pornografía, la masturbación. Sé libre en Él, pues allí se abolió tu esclavitud. ¿Dónde está tu carta de emancipación? Escrita con sangre en el cuerpo del Hijo de Dios.

535. ¿Por qué insistes en vivir atado a la lujuria sexual, cuando Cristo la llevó sobre sus espaldas y la

clavó por amor a ti en su Cruz? ¡Ya eres libre! Solo te toca creerlo.

536. Ser puro significa estar libre de contaminación. La pureza no quita, sino que añade. En la pureza se

tiene más, pues nos da cada vez más libertad. Mientras más pureza encuentres, menos esclavitud tendrás.

537. El mundo dice que alguien atado a la lujuria sexual es un adicto y un enfermo incurable que nunca

será libre. Quien así habla no conoce el poder liberador de Jesucristo. Él lo hizo por ti, por tu libertad... ¡no lo dudes!

538. ¿Has podido mantenerte libre de la pornografía y la masturbación por algunos días? ¿Qué hiciste

bien? ¿Qué evitaste? ¿Qué pusiste en acción? Contesta esto y verás una guía a seguir y un mapa de pureza que puedes vivir todos los días. 539. Si desairaste y engañaste a personas una vez que las usaste sexualmente, mira la espalda azotada de Cristo que está rasgada por tus engaños. Fue por ti. Fue por tu libertad. 540. Si el adulterio te tiene atado, mira el corazón de Jesús traspasado por la lanza de tus infidelidades. Fue por ti. Por tu libertad. 541. Si la masturbación te tiene atado, mira las manos de Cristo, traspasadas por los clavos de tu pecado sexual. Fue por ti. Fue por tu libertad. 542. Si la fantasía sexual te tiene la mente atada, piensa en la frente de Cristo traspasada por la corona de espinas. Fue por ti. Fue por tu libertad. 543. ¿Es la lujuria sexual tu carcelera? No dejes de creer y alabar a Dios en tu prisión. Así se abrirán sus

puertas y caerán las cadenas. Él libera a aquel que en la cárcel deja de ser prisionero, pues la libertad comienza en tu mente y en tu corazón.

544. ¿Estás en la cárcel de la impureza sexual? La luz de Cristo llegará donde tú estés, aun en el

calabozo más oscuro, y te mostrará la salida. Créelo y no cierres los ojos a la libertad que te envía Dios.

545. ¿No te atreves a hablar de tu atadura a la pornografía y a la masturbación por el «qué dirán»? El

«qué dirán» que más te debe importar es el de Dios, no el de la gente. Procura agradar a Dios y serás libre de la lujuria sexual.

546. No podrás tener pureza ni libertad con un pasado dentro de ti. Dios te dice: «Así pondré fin a tu

lujuria y a tu prostitución, que comenzaste en Egipto» (Ezequiel 23:27). Para ser puro de verdad, no será suficiente con dejar de actuar como esclavo, pues la esclavitud más difícil de derrotar es la de tu mente.

547. Atado a la lujuria sexual te convertiste en marioneta manejada por la oscuridad. Sin embargo, con el

nuevo a esos hilos y volver a tu pasada vida de marioneta. ¡Es tu decisión!

Es evidente que siempre tendrás que escoger, siempre será tu decisión. ¿A qué me refiero? A que el maravilloso regalo de la pureza sexual, que Dios nos ganó mediante su Hijo en la cruz del Calvario, nunca será una imposición forzada. Por el contrario, es un regalo de amor que aceptamos o rechazamos día a día, con nuestras acciones. En fin, es así que podemos disfrutar de la pureza sexual en verdadera libertad. Por lo tanto, hoy tú también puedes disfrutar de este regalo. ¡Un Dios extremo y radical te espera!

capítulo 21

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