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Executive Master of Public Health Faculty and Instructors Melissa (Moose) Alperin, Chair of Career MPH Program and Senior Associate Master Certified

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En términos generales, la energía hidroeléctrica es una fuente de energía renovable por excelencia, pues en términos de disponibilidad es inagotable en tanto el ciclo del agua perdure. Además, es una opción atractiva económicamente, pues aunque es intensiva en uso de capital y tiene costos iniciales de ejecución muy elevados, en términos de costos de operación y mantenimiento, tiene costos más bajos que las opciones térmicas o nucleares (UNDP-WEC, 2000). Sin embargo, el costo de inversión por KWh es el más bajo para fuentes renovables (Jiménez, 2001).

Una pequeña central típica hidroeléctrica de 5 MW, puede contribuir a brindar energía en las zonas alejadas y dispersas, reemplaza toneladas anuales de combustibles fósiles, evita la emisión de 16000 tonelada de CO2 y más de 100 toneladas de SO2, supliendo la electricidad

de aproximadamente 5000 familias (Guevara y Rodríguez, 2000). En este sentido, no contamina en la proporción en la que lo hacen las energías derivadas del uso del petróleo o carbón, ya que no genera gases de efecto invernadero ni lluvia ácida, por tanto, no

contamina la atmósfera. De tal forma, no es necesario emplear costosos métodos que limpien las emisiones de gases.

El producir energía eléctrica por medio de esta fuente genera un ahorro de divisas por concepto de importaciones de combustibles, en caso de utilizar fuentes térmicas, y más bien, el aprovechamiento de los excedentes para exportación contribuiría a la generación de divisas para el país.

Aunque la generación hidroeléctrica, por basar su proceso de generación en un recurso renovable, se ha considerado como una de las fuentes de energía más amigables con el ambiente, ésta provoca importantes efectos negativos en el medio como la destrucción y cambios en el uso del suelo, pues se deben inundar terrenos eliminando las actividades, forestales, agrícolas y ganaderas, alterando notablemente el ecosistema.

Pueden surgir conflictos por el uso del agua así como cambio en la calidad de la misma, ya que el agua embalsada no tiene condiciones de sanidad, gases disueltos, temperatura y demás propiedades del agua que fluye por el río (Carless, 1995).

En muchos casos la construcción de la infraestructura necesaria para este tipo de proyectos tiene un fuerte impacto social pues requiere de desplazamiento de poblaciones, atentando contra la cultura, costumbres, formas de satisfacer sus necesidades, etc.

Los ecosistemas resultan seriamente alterados, se afecta a los peces pues sus vías de desove pueden estar bloqueadas por un dique y porque la instalación hidroeléctrica afectará la cantidad y velocidad del flujo del agua al río, temperatura y contenido de oxígeno. Se han documentado casos en los cuales la emigración de algunas especies acuáticas queda limitada por este tipo de instalaciones (Carless, 1995).

Otro problema presente es la acumulación de sedimentos, que afecta tanto la eficiencia con que funciona el sistema hidroeléctrico como el ecosistema del río. Dado que los sedimentos transportan nutrientes que benefician a los peces y las áreas agrícolas que estén

corriente abajo, su corriente puede privar a los peces y cualquier otro tipo de vida marina del alimento necesario, y a la tierra agrícola de nutrientes vitales (Carless, 1995).

Para la evaluación del impacto ambiental del subsidio, se parte de la idea de que es posible dado el cambio en la cantidad consumida, ante una reducción o eliminación del subsidio, una estimación de la cantidad de kWk ahorrados o dejados de producir. Claro está que para que una política de este tipo funcione y los efectos de la misma no desaparezcan en el tiempo debe acompañarse con campañas informativas de uso eficiente y racional de la energía.

Para lo anterior, dado el monto de la energía ahorrada vía la eliminación del subsidio, lo que se hace es suponer cual sería el efecto en términos no solo económicos sino también en emisiones de CO2. Lo que se intenta es una aproximación, para identificar cuánto se evita o

ahorra en emisiones de CO2.

Además de contar con una idea de los costos externos de la generación de la energía que se subsidia y sus posibles impactos en el medio. Se podría pensar que los efectos se podrían medir principalmente en la generación por fuentes térmicas, pues son las que se ponen a trabajar con el fin de atender las horas pico, que usualmente es cuando se recurre a la generación con este tipo de fuente y que son horas donde el consumo residencial aumenta la curva de demanda en forma significativa, debido principalmente a la cocción de alimentos.

El Gráfico 1.6, presenta como se estructura la curva de demanda por electricidad para un día normal. La curva muestra la demanda eléctrica por un período de doce horas y como se despacha ésta curva según la capacidad de generación del país.

El consumo aumenta a partir de las diez de la mañana y hasta aproximadamente la una de la tarde, alcanzando niveles máximos, posteriormente vuelve a incrementarse alcanzando los mayores niveles entre las seis y las ocho de la noche. Lo anterior, refleja un incremento en el consumo efectivamente en horas (horas pico), que es cuando las unidades domesticas

utilizan en sus diferentes procesos la electricidad de manera intensiva. El color rojo muestra los momentos del día donde se recurre a fuentes térmicas para abastecer la demanda, como se aprecia una parte importante de este suministro se da en horas pico.

Gráfico 1.6. Costa Rica: Curva de carga por electricidad para un día normal.

Fuente: Instituto Costarricense de Electricidad, 2002.

Nos interesa aquí los efectos ambientales que genera la producción de energía eléctrica y evaluar los aspectos positivos de una reducción en el consumo vía emisiones de CO2

evitadas, las cuales podrían estimarse para un período de mediano o largo plazo. Lo anterior es importante en un contexto donde el uso de fuentes como la hídrica en la generación se dificulta por las restricciones legales y ambientales, además de una tendencia creciente en la demanda y una inclinación hacia el uso futuro de fuentes térmicas para satisfacer el consumo creciente sino se encuentran otras alternativas viables económicamente (Fernández, 2003).

No se profundiza o evalúan los beneficios que podrían considerarse si la reducción en la producción de energía se diera desde las fuentes hidráulicas, aunque la mayor parte de la generación del país es por esta fuente, esto por el grado de complejidad y dificultad de identificar todos los efectos ambientales de un proyecto hidroeléctrico y complejidad para llevarlos a términos monetarios. Sin embargo, se existen estudios realizados que permitan contar con alguna estimación al respecto (Jiménez, 2003).

Teniendo una aproximación de la cantidad de kWh que se dejan de consumir ante el aumento del precio, así como una estimación de las emisiones de CO2 por kWh, es posible

tener las emisiones que serían emitidas si el subsidio no se elimina. Por su parte, basándonos, por ejemplo, en costos externos de la energía identificados previamente en algunos estudios, podemos contar con estimaciones de los efectos ambientales del subsidio eléctrico y su impacto social y ambiental

Otra forma de atender el problema, es considerar la capacidad instalada de un proyecto hidroeléctrico, para atender la cantidad de energía que se deja de proporcionar al sector residencial ante la eliminación del subsidio y, paralelamente, encontrar una estimación de los costos sociales y ambientales que se dejan de incurrir ante la no implementación del proyecto, pero esta opción requeriría un proyecto equivalente a la energía ahorrada por la reducción o eliminación del subsidio y en el cuál exista un estudio de los efectos ambientales y los costos externos del mismo.

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