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Cristo representa la conciencia. Su amante/hermana, la diosa, representa la psique. Cristo representa el centro del círculo del yo. La diosa representa el radio. El radio es una línea con dos extremos. Uno tiene su raíz en el centro de la conciencia y el otro acaba en la línea de la circunferencia, que representa el cuerpo en el mundo. La diosa, por tanto, engloba dos aspectos: a veces se la llama «alta Sofía» y otras «baja Sofía», o «Sofía incorruptible» y «Sofía mortal». La primera de cada par representa la psique en un estado de Gnosis, unida a la conciencia del centro del círculo del yo. La segunda representa la
psique identificada con el cuerpo en el borde de la circunferencia.
Como en la tradición gnóstica pagana, la diosa cristiana tiene varios nombres. Normalmente se la llama Sofía, que significa «sabiduría» y es el nombre con el que nos referiremos habitualmente a ella. Sin embargo, también se la conoce como Psique, Zoe (que significa «vida»), Achamot (del hebreo «sabiduría») y otros nombres que ya no entendemos, como Barbelo.
Existen muchas versiones del mito de la diosa perdida, uno de los mitos cristianos más antiguos. Después exploraremos el nivel cosmológico de este mito, que se refiere a cómo se originó el cosmos. Sin embargo, para empezar, echaremos un vistazo a la misma historia en el nivel humano, en el que la diosa perdida representa la psique de cada uno de nosotros. Examinaremos una versión abreviada del mito que se halla en un texto llamado La exégesis del alma. Es una alegoría de la caída de la psique o alma al identificarse con el cuerpo, y su redención de los demonios de la encarnación a través del poder salvador de la conciencia, representada por el amante de la psique. En esta versión de la historia, la diosa y su amante no tienen nombre. Sin embargo, en la mayoría de mitos cristianos se les identifica como Sofía y Cristo, por lo que nosotros utilizaremos estos nombres para analizar el mito.
Al más puro estilo ecléctico gnóstico, La exégesis del alma se expande en su narrativa mito lógica citando tanto el Antiguo Testamento judío como la obra de Homero, la «Biblia pagana». Estudiaremos estas referencias cuando vayamos a decodificar el mito. Pero primero lo presentaremos como una fábula vívida con un intenso tono erótico que evoca la experiencia humana de haberse perdido, encontrarse solo, en un mundo amenazador.
«Antiguamente, los sabios daban a la psique un nombre femenino porque es femenina por naturaleza. Tiene incluso una matriz. Originalmente era virgen y vivía con su Padre. Pero cuando nació en un cuerpo, cayó en manos de hombres malos que se la fueron pasando. Algunos la violaron. Otros la seduje- ron con regalos. Se convirtió en prostituta, aunque secretamente albergaba la esperanza de que cada hombre al que abrazaba se convirtiera en su marido. Después todo era arrepentimiento, pero pronto escapaba a un hombre, corría a brazos de otro. Todos la hicieron vivir con ellos y servidos en la cama, como si fueran sus amos. Sobrecogida por la vergüenza, ya no se atrevía a abandonar a los que abusaban de ella, yeso que le mentían al decide que la respetarían y le eran constantemente infieles. Al final, todos la abandonaron. Acabó como una viuda desamparada, sin ayuda ni sustento. La dejaron sin nada, sólo con los resultados de haber tenido sexo con ellos: niños tontos, ciegos, enfermizos y de mente débil.
Entonces fue a veda su Padre y la encontró suspirando y sufriendo por los remordimientos. Ella le rogó: «Sálvame, padre. Mira lo que me ha ocurrido. Sé que me escapé de casa, pero, por favor, vuelve a llevarme contigo». La mujer empezó a gritar y a retorcerse como si fuera a dar a luz. Pero la mujer no tiene el poder de engendrar un hijo sola. Su Padre le prometió enviarle del cielo a su primogénito, el hermano de ella, para que fuera su novio. Ella dejó de prostituirse y se quitó el mal olor de todos sus antiguos abusadores. Se preparó
en la cámara nupcial, llenándola de perfume dulce, y esperó a su verdadero esposo. Dejó de frecuentar el mercado y de tener sexo con quien le apetecía. Esperó, preguntándose ansiosamente: «¿Cuándo llegará?». Estaba asustada, porque había abandonado la casa de su Padre y no recordaba cómo era su hermano. Sin embargo, como toda mujer enamorada, incluso soñaba con su amante por la noche.
Al final llegó su novio para tomada por esposa, tal como su Padre había anunciado. Su matrimonio no fue como los mundanos, donde, después del sexo, el hombre y la mujer se comportan como si se hubieran librado de una irritante carga física y se giran sin mirarse. En este matrimonio, ambos se unieron para vivir una sola vida. Poco a poco fue reconociendo a su esposo, que la llenaba de felicidad. Cada vez que recordaba su anterior viudedad, rompía a llorar. Hacía todo lo posible para estar hermosa, para que él estuviera contento de estar con ella. Sabía que tenía que olvidar a todos sus falsos amantes y consagrarse al verdadero rey. Y así ambos disfrutaban el uno del otro y, cuando hacían el amor, ella recibía su semen y engendraron buenos hijos.»