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Experiment 3: Biometric TAS for Inter-process Access

5.3 Experimental Results and Analysis

5.3.3 Experiment 3: Biometric TAS for Inter-process Access

Para contextualizar brevemente, se expondrán las cuatro fases del hombre desde 1600, planteadas por Karen Harvey. La primera fase representa la idea del patriarcado del hombre dentro de casa, donde los aspectos más importantes son el honor, que proviene desde el comportamiento mismo del hombre y el de su mujer (2005, p. 298). Desde este punto de partida, “el honor del hombre depende en ejercer control sobre el comportamiento sexual de la mujer, con el cual él está asociado” (Foyster, 1999, p. 3). En otras palabras, el honor del hombre estaba asociado directamente con la sexualidad tanto de él como de las mujeres con las que mantenía relaciones. Esto implica por una parte, el comienzo de una estructura de dominación del hombre; y además muestra la importancia del honor desde un aspecto cultural: la idea de lo masculino desde la satisfacción sexual. La idea del placer sexual

femenino estaba controlado por los hombres dentro de la idea del “hogar”, sino que era la base para que el hombre construya su propia identidad (Harvey, 1999). Evidentemente, no todos los hombres tenían este poder patriarcal del hogar, ya que no siempre estaban casados; lo cual generaba una ansiedad en cuanto a la masculinidad, ya que esta idea de patriarcado podía ser muy frágil en términos de factores culturales y sociedad.

Esta idea del hombre patriarcal del hogar tuvo una ruptura post renacentista, donde el hombre empezó una etapa de libertinaje donde la idea del sexo no implicaba una sola pareja, incluso se empezó hablar sobre el deseo entre personas del mismo sexo, homosexualidad y bisexualidad (Harvey, 2005). Desde este punto, la masculinidad tradicional se vio cuestionada y emergieron nuevas formas de entender la hegemonía masculina: el hombre heterosexual se define como todo lo contrario a estos personajes que surgen en esta etapa durante el siglo XVII. Es decir este proceso de libertinaje tuvo consecuencias en redefinir el concepto del hombre masculino y heterosexual. Entonces el hombre dominante ya no es definido por su estatus de patriarcado del hogar, bien comportado y cristiano; sino esta idea del hombre que desea –sexualmente hablando– y tiene relaciones sexuales solamente con mujeres (Trumbach, 1991). El concepto de hombre dominador y heterosexual siempre busca redefinir su identidad para diferenciarse de otras formas de masculinidad. En este caso, implica las relaciones sexuales heterosexuales como factor determinante de esta masculinidad hegemónica; la cual se diferencia del hombre patriarcal porque ya no se habla de una relación sexual, sino del deseo como vehículo y justificación para recalcar su honor de “hombre”, que también envuelve a la mujer en términos plurales, no singulares como se hablaba en la anterior forma de masculinidad hegemónica.

A comienzos del siglo XVIII existe otra ruptura en la concepción de la masculinidad: la idea del caballero educado y respetuoso como nueva forma de masculinidad hegemónica. En respuesta al libertinaje y el hombre que busca a partir de su deseo, nace el hombre respetuoso,

considerado y educado (Harvey, 1999). En este siglo, el giro es importante porque hay un cambio en el imaginario de las masculinidades, la construcción ya no está basada en el sexo, sino que toma un nuevo concepto respecto a la interacción social. Por ejemplo, en esta etapa del hombre, los conflictos ya no se solucionaban a través de violencia y contacto físico, sino que debido a este refinamiento en la idea del caballero, las disputas se resolvían a través del diálogo (Shoemaker, 1999). Adicionalmente, el hombre respetuoso que empezó a tener más fuerza en este siglo, se comportaba educadamente cuando había presencia de alguna o algunas mujeres. En otras palabras, el lenguaje era menos vulgar y más adecuado y políticamente correcto. Evidentemente, estos códigos de comportamiento en la interacción social se reducen justamente a lo social, pero en términos domésticos la violencia era predominante (Carter, 1996). Aparentemente, esta nueva versión del hombre refinado, parecería ser un cambio abrupto en la concepción de la masculinidad, pero también fue un momento en el que otras masculinidades surgieron. Pasar demasiado tiempo en compañía de mujeres también podía ser cuestionado en términos de lo que significa ser hombre. De esta forma, durante este siglo, la masculinidad hegemónica y otro tipo de masculinidades, estaban relacionadas directamente con el nivel de amabilidad y educación que mostraban los hombres en la esfera social. En este sentido, Robert Shoemaker, argumenta que la idea del honor en cuanto a la masculinidad (nombrado en las anteriores fases del hombre), pasó de ser un condicionante en la esfera de lo público hacia una idea de conciencia individual (2002). A finales del siglo XVIII, la idea del hombre amable y educado pierde fuerza. Según Harvey, dos aspectos importantes cambian en esta época: “el cambio de amabilidad hacia etiqueta, cambios en los ideales de la masculinidad con la aparición del concepto de domesticidad” (1999, p. 304). En este sentido, la amabilidad en el contexto social, pasó a ser una regla de etiqueta, la cual ya no implica solamente comportarse correctamente y hablar de la manera adecuada frente a las mujeres, sino una regla de etiqueta, en la que simplemente

hay cosas que se hacen y cosas que no se pueden o deben hacer. La idea de domesticidad cuestiona la masculinidad, además de esta nueva relación con las mujeres, la masculinidad se ve amenazada, y los hombres empiezan a tener encuentros exclusivamente entre ellos, sin mujeres; en donde los temas son más “masculinos” (Harvey, 1999). Esto implica que la masculinidad debe ser reafirmada a través de encuentros en los cuales no se vea cuestionado el honor, la hombría, etc. A partir de este breve recuento de la historia de las masculinidades, podemos ver que los cambios desde el siglo XVI, en donde se reforzaba la idea del patriarcado, hasta el siglo XVIII, en donde se hablaba del hombre de etiqueta, han sido relevantes para hablar de las mismas. Un aspecto importante durante estas cuatro fases del hombre, es cómo el concepto de amabilidad del hombre ha delineado sus ideales en cuanto a las masculinidades. En este análisis se puede observar que la masculinidad hegemónica se ha visto amenazada siempre por distintas masculinidades o feminidades; teniendo que reafirmar la misma, a través de distintos comportamientos en lo social, personal y familiar.