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En mayo de 1987, dos meses después de entregar el proyecto de ejecución del cementerio de Igualada, la publicación de Arquitectura A-30 realiza un monográfico sobre los proyectos de Enric Miralles y Carme Pinós (el primero publicado del equipo). Según el equipo redactor, el origen del monográfico se remonta a una entrevista realizada a Miralles y Pinós unos meses atrás que con el paso del tiempo, se fue complementando a través de una serie de contactos, correspondencia escrita y un cierto trabajo de reflexión. Lo que denominan los redactores como una “entrevista imposible” que refleja un período de diálogo mantenido en espacios y tiempos diversos.

A30: “¿Cuáles son los arquitectos que más han influido en vuestro trabajo?” EM y CP: “Quien nos da confianza es Le Corbusier. Nuestro primer curso de

proyectos fue dedicado íntegramente por Rafael Moneo a este arquitecto. Como en un juego, todo debía encontrarse ahí…

Le Corbusier es el personaje que te da confianza. Nos admira la rotundidad de sus dibujos… su constante volver a pensar… no son imágenes, son lugares de pensamiento. El recorrido del aprendizaje es como una lectura… las notas a pie de página te llevan de un personaje a otro”.48

48 RIBAS, Carme; RAVETLLANT, Pere Joan; ROIG, Joan. “Entrevista a Enric Miralles y

142

[2.42]

Le Corbusier

La Sainte-Baume, 1948 Sección y planta

Bocetos de tinta sobre papel Fondation Le Corbusier, París

[2.43]

MIRALLES / PINÓS Cementerio de Igualada

Bocetos de preparación del proyecto de ejecución, 1986-97

Tinta negra sobre tarjetas médicas recicladas (pertenecieron a la consulta del padre de Carme Pinós) 8,94 x 14,90 cms

143 2.2.1. Sainte-Baume, alusiones

Enric Miralles había conocido la obra de Le Corbusier gracias a Rafael Moneo. En su curso de Elementos de Composición era imprescindible la lectura y el estudio de sus obras. En la biblioteca de Enric Miralles está la obra completa de Le Corbusier en una edición especial editada por H. Allen Brooks, de más de treinta volúmenes. Las obras del maestro suizo calaron en su formación profundamente.

En 1948 Le Corbusier revisó algunos bocetos que había realizado en el mes de octubre de 1910 durante su visita a Tivoli y a la villa Adriana regresando de su viaje a Grecia y Turquía. Desde el final del Canopo, Charles-Edouard Jeanneret dibuja la extensión de agua cobijado por la semicúpula que proyecta el Serapeum. Le impresionó la iluminación de este espacio. Le Corbusier regresa a estos bocetos desde el encargo que le realiza Édouard Trouin, un hombre profundamente religioso apasionado por la arquitectura. Trouin poseía un vasto terreno cerca de Marsella en el macizo rocoso de La Sainte-Baume que mira al norte hacia el monte de Sainte Victorie. Según la tradición, en las cuevas del macizo de La Sainte-Baume vivió María Magdalena, conservándose parte de su cuerpo allí, custodiado por los dominicos en una pequeña gruta a las faldas de la montaña. Édouard Trouin conoce a Le Corbusier en París y acude a él para encargarle ideas sobre cómo materializar un sueño que le persigue desde años atrás: realizar una gran basílica con estancias en el interior de la montaña, una intervención que no altere el lugar y que potencie su religiosidad.

Le Corbusier plantea en diferentes bocetos un proyecto complejo, situando en el valle una serie de infraestructuras hoteleras e instalaciones de recepción de peregrinos, para seguir hacía la montaña con una escalera que pasa cerca de la gruta existente ascendiendo depués hasta la nueva iglesia excavada en el interior. El recorrido ascendente continúa dentro de la montaña hasta salir de la caverna en la cima de La Sainte-Baume y divisar el mediterráneo. La mano y la tierra se juntan. [2.42]

Enric Miralles conoce bien este proyecto de Le Corbusier, publicado en sus obras completas y posible punto de inflexión en la trayectoria corbuseriana. En el cementerio de Igualada, Miralles y Pinós plantean desde el primer momento la capilla enterrada bajo un pequeño monte artificial, donde la iluminación es muy puntual y precisa, gestionada por elementos significativos (entrada, sagrario,...).

144

[2.44]

Le Corbusier La Sainte-Baume sección, 1948

Dibujo de tinta sobre papel Fondation Le Corbusier, París

[2.45]

MIRALLES / PINÓS Cementerio de Igualada

Bocetos de preparación del proyecto de concurso, 1984-85 Rotulador negra, lapicero y lápiz de color sobre papel opaco 29,60 x 21,61 cms.

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En el espacio de la nueva iglesia de Sainte-Baume existen una serie de finas chimeneas de iluminación y ventilación hacia la zona superior de la montaña.

[2.44] Los estrechos caminos de ascensión enterrados tienen particulares

semejanzas con algunos de los bocetos preparatorios del cementerio de Igualada. También la búsqueda de los lugares de acceso y las conexiones entre los espacios más estáticos, los cubículos alternativos al recorrido, la conquista de todo el territorio desde el valle atravesando la montaña y la mirada al horizonte buscando el mar mediterráneo. La construcción del cementerio de Igualada plantea también apropiarse del territorio. El cementerio es todo el paisaje planteando diferentes episodios en un recorrido, casi sin conclusión. [2.45] Finalmente, la propuesta para Sainte-Baume no pudo llevarse a cabo ante la negativa de la jerarquía eclesiástica francesa.

Tanto Le Corbusier como el equipo de Miralles y Pinós, comparten una filiación especial con el mundo de las alusiones a otras disciplinas en su proyectos. Las trayectorias se relacionan y los procesos proyectuales de ambos, tienen cruces inesperados.

“Le Corbusier ya desde sus lecturas de juventud (como el libro de Schuré, uno de cuyos ‘iniciados’ era precisamente Pitágoras, personaje representativo de la ‘otra’ geometría) y más tarde, desde la teorización de los trazados reguladores, estaba perfectamente familiarizado con un variado abanico de pensamiento que, solo reductivamente, podemos llamar ‘alquímico’ o ‘hermético’ y que incluía un interés especial por la simbología cósmica y por una geometría entendida como portadora de valores ocultos, desveladores de las leyes del universo (una línea bien ejemplificada en las obras del rumano Matila Ghyka y sus estudios sobre las proporciones y el número de oro). Esta sólida base esotérica, ya presente cuando Le Corbusier era todavía Jeanneret, se vio reforzada por el renovado interés general por estas cuestiones que se producen en los años cuarenta y cincuenta, en el contexto de las fuertes tendencias de los años de posguerra, hacia el cuestionamiento de los principios de la razón ilustrada”.49

Toda esta trayectoria pesará en sus procesos al igual que la trayectoria de Enric y sus continuas referencias a la cultura católica, herencia de sus años de educación secundaria y reflejada en Igualada por sus símbolos, rituales, procesos de peregrinación, referencias al santoral, etc.

49 CALATRAVA, Juan. Le Corbusier y Le Poème de l’Angle Droit: Un poema habitable, una

casa poética, Del libro Le Corbusier y la síntesis de las artes. El Poema del ángulo recto,

146 [2.46]

MIRALLES / PINÓS MIRALLES / PINÓS

Cementerio de Igualada Cementerio de Igualada

Dibujos durante el proceso de la obra, 1987-1990 Dibujos durante el proceso de la obra, 1987-1990

Lapicero sobre papel opaco Tinta negra sobre papel opaco

21,61 x 29,60 cms. 64,59 x 90,00 cms.

Fundació Enric Miralles, Barcelona Fundació Enric Miralles, Barcelona

[2.47]

MIRALLES / PINÓS Cementerio de Igualada

Bocetos de preparación del concurso, 1984-85

Lapicero sobre papel opaco

29,60 x 21,61 cms.

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Aunque en principio el cementerio no estaba destinado a una confesión religiosa determinada, la cultura católica de Enric derivó hacía todas estas simbologías, que en Igualada, en ciertos aspectos, pierden su significado simbólico originario para conquistar una nueva dimensión. [2.46]

Algunos de los libros que Le Corbusier leyó, con gran interés, representan justamente el anhelo de integrar esta atípica religiosidad en una nueva visión de la arquitectura: es el caso de la obra de K. J. Huysmans, que a finales del siglo XIX había mezclado, con gran éxito de público, la estética simbolista y un tipo de religiosidad casi morbosa. Pero sobre todo la de Prière su l’Acropole de Ernest Renan, que Le Corbusier compró en Atenas y que le permitió ver la Acrópolis en clave de verdadera revelación parareligiosa.

Siguiendo con otro tipo de alusiones, el trabajo por fragmentos será vital en el proceso proyectual y sobre todo constructivo del cementerio de Igualada. En los procesos de Le Corbusier también podemos reconocer este tipo de gestiones, por ejemplo, en El Poema del Ángulo Recto. “En el Poème, la reutilización de fragmentos extraídos de otros lugares constituye, de hecho, una reivindicación de este tipo, muy presente en el dispositivo gráfico que confiere tanta fuerza a las dos páginas en las que aparece el título de la obra”.50 El fragmento como configurador de un todo, entre los cuales los entrelazamientos construyen la unidad. [2.47] Es importante subrayar que la unidad es fundamental, la unidad construida en este caso con fragmentos. Esta aptitud es similar a la generada por el cineasta ruso Eisenstein, y reconocida por el propio Le Corbusier.

“…Le Corbusier tuvo la ocasión de ver cuarenta minutos de la película inacabada The General Line, un pasaje protagonizado por una arquitectura construida por su ferviente seguidor, el arquitecto constructivista Andrej Burov, que estaba influido por el estilo Le Corbusier. Posteriormente Eisenstein documentó la conversación con L-C: Le Corbusier es una gran fan del cine, al que considera el único arte contemporáneo junto con la arquitectura. La afinidad de los procesos fue reconocida por el propio Le Corbusier, —Me parece que en mi obra creativa yo pienso de igual modo en que Eisenstein piensa cómo crear sus películas—”.51

50 MOUCHET, Eric. Las diecinueve ilustraciones a color del Poema del Ángulo Recto o la

quintaesencia del sincretismo de Le Corbusier, Del libro Le Corbusier y la síntesis de las

artes. El Poema del ángulo recto. Circulo de Bellas Artes, Madrid, 2006, p. 68

51 V.V. A.A. Le Corbusier expone. Centro Atlántico de Arte Moderno, Las Palmas de Gran

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[2.48]

MIRALLES / PINÓS Cementerio de Igualada

Bocetos de preparación del concurso, 1984-85

Lápiz sobre papel opaco

29,60 x 21,61 cms.

Fundació Enric Miralles, Barcelona

[2.49]

MIRALLES / PINÓS Cementerio de Igualada

Bocetos de preparación del concurso, 1984-85

Tinta negra y lápiz sobre papel opaco y vegetal pegado con celofán

29,60 x 21,61 cms.

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En el proceso para el cementerio de Igualada, la herramienta del montaje cinematográfico, de cómo unir fragmentos para conseguir una unidad comprensible es evidente. Sirvan como ejemplos la decena de perspectivas que se entregaron en el concurso y los múltiples bocetos para la preparación del mismo.

El instrumento del montaje, era para el director cinematográfico Eisenstein un medio para enlazar en la pantalla varios elementos [fragmentos] de un fenómeno filmado en diversas dimensiones, desde distintos puntos de vista y aproximaciones. El montaje era un mecanismo abstracto de visibilización con habilidad para transformar las relaciones inabarcables por una mirada única, que debían, en cambio, verse desde diversas dimensiones, lados y puntos de vista. Pero siempre buscando la unidad, “…y así Eisenstein culminaba su película mostrando una ocupación del territorio opuesta a la fragmentación del principio”.52 Eisenstein fue muy admirado por Le Corbusier, por su puesta en valor de los acontecimientos cotidianos, que en nuestra mirada superficial pueden pasar inadvertidos, y que el cineasta los eleva a imágenes importantes y significativas. [2.48]

Los procesos proyectuales de Miralles y Pinos, no son lineales en su formación, se producen episodios, a veces singulares, a veces metódicos, pero son fragmentos concatenados, como explica Josep Quetglas hablando de la Villa Saboya de Le Corbusier:

“El lenguaje es lineal, y no puede evitarlo, si quiere seguir siendo con eficacia él mismo. Tanto el enunciado como la recepción del lenguaje se producen en un tiempo ordenado, dispuesto secuencialmente, sílaba tras sílaba, palabra tras palabra, frase tras frase. Pero el proyectar no tiene porqué haberse producido igual, involuciones, interrupciones, entre los imprevistos saltos atrás de la memoria y los inesperados sobresaltos del presagio, quebrados y apartados todos por los borbotones simultáneos de súbitas fugas transversales de una imaginación no encauzable”.53

El proyecto del cementerio de Igualada es constante pero fragmentado en su proceso, es un todo unitario pero construido desde las partes. Proyecto formado por múltiples capas que se van superponiendo y que no siempre coinciden. [2.49]

52 MARTÍNEZ DE GUEREÑU, Laura. “Imágenes en movimiento. Eisenstein y el paisaje

ruso”. Paisaje Cultural. 4º Congreso Europeo de Investigación Arquitectónica y Urbana. EURAU 08. Ministerio de Fomento. UPM, Madrid, 2007

53 QUETGLAS, Josep. Le Corbusier P. Jeanneret. (Villa Saboye “Les Heures Claires” 1928-

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[2.50]

Le Corbusier paseando por las ruinas de la antigua capilla de Notre Dame du Haut, Ronchamp, 1951.

[2.51]

Le Corbusier

Apuntes desde el tren París-Marsella, 1950 Cuaderno D17

151 2.2.2. Ronchamp, dibujos

Estudiando los proyectos del cementerio de Igualada y de la capilla de Ronchamp se puede observar que tienen ciertas afinidades. De ellas y de su génesis, tratará el siguiente apartado. Las primeras cualidades que se pueden considerar afines parten del lugar, de sus profundas características físicas. [2.50]

En Igualada, el lugar es el inicio, es la primera focalización en los bocetos preparatorios para el concurso, es el sustrato de partida. También en Ronchamp, el propio Le Corbusier explica las condiciones de relación entre el proyecto y el lugar. La poética del espacio entra en juego y los cuatro horizontes dialogan con la capilla. Según Le Corbusier todo es coherente y todo es libre sin más limitación que un programa sencillo.

Desde los primeros contactos con el lugar se quiso dar respuesta a los “horizontes” y trazar una planta que representara esta relación con el paisaje circundante.

[2.51] El texto redactado por Le Corbusier en 1946, L’espace indecible, va a

suponer un punto de inflexión en su trayectoria y uno de los orígenes de las referencias lecorbusianas que más calan en los intereses de Enric Miralles y Carme Pinós durante los primeros años de su trayectoria, repercutiendo en proyectos, como el de Igualada, donde se demuestra que la arquitectura no es un problema de órdenes sino de acontecimientos plásticos. El lugar donde se asientan las cosas, esté próximo o esté lejano, está plenamente involucrado en la obra. Como explica Le Corbusier en un texto de 1946:

“La reacción del medio: los muros de la fábrica, sus dimensiones, el lugar con los pesos diversos de sus fachadas, los llanos o las pendientes del paisaje y hasta los horizontes desnudos de la llanura o los horizontes escarpados de las montañas, todo el ambiente, pesa sobre ese sitio”.54

El encargo de Ronchamp provino del canónigo Ledeur de Besançon, pero su gran apoyo fue del dominico de Lyon, Alain Couturier. Le Corbusier se empapó en los libros que le aconsejó Couturier sobre la liturgia católica, volviendo a revisar los espacios religiosos que el había visitado años atrás. Pero sería el propio genius loci , sobre otras cosas, lo que más iba a pesar en su imaginación. Los condicionantes ocultos del lugar y sus relaciones con el paisaje dominarían el proceso. Las relaciones entre la colina y las cumbres lejanas pesarán en la propuesta.

54 LE CORBUSIER. L’espace indecible. L’Architecture d’aujourd’hui, nº especial Arte, 2º

trimestre, 1946, p. 9-17 (traducción al castellano de Juan Calatrava, citado en: PAULY, Daniéle. Le Corbusier. La capilla de Ronchamp, Abada edits, Madrid, 2005)

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[2.52] [2.53]

MIRALLES / PINÓS MIRALLES / PINÓS

Cementerio de Igualada Cementerio de Igualada

Dibujo durante la ejecución de la obra, 1987-90 Dibujo durante la ejecución de la obra, 1987-90 Lápiz de color sobre papel vegetal Lápiz de color sobre papel vegetal

29,60 x 43,00 cms. 29,60 x 43,00 cms.

Fundació Enric Miralles, Barcelona Fundació Enric Miralles, Barcelona

[2.54]

Le Corbusier

Acrópolis de Atenas, 1911 Acuarela

153

El cementerio de Igualada es un recorrido. Como se explica en la memoria del proyecto de ejecución, el cementerio es un paseo excavado en la tierra que recorriendo la parcela de una punta a otra, vuelve hacía atrás para volver otra vez a descender hacia la riera como un camino desciende por la pendiente de una montaña. En el proceso se busca el itinerario, el movimiento [2.52] [2.53]. En los recorridos que se dibujan aparecen elementos de diferente índole, personas, árboles, tumbas. Todos ellos generan un movimiento procesional hacia el fondo del valle, hacia el espacio de remanso.

En Ronchamp se busca el recorrido procesional hacia la capilla, esto puede recordar la subida a la Acrópolis, las vistas diagonales del Partenon, el tortuoso itinerario hasta la entrada trasera, y el modo en que los estilóbatos curvos y las columnas con éntasis ligaban la silueta del edificio con el paisaje lejano. [2.54]

“Se anda, se circula, uno no deja de moverse, de ir y venir. Observad con qué utillaje siente el hombre la arquitectura… son centenares de percepciones sucesivas las que forman la sensación arquitectónica. Es su paseo, su circulación, lo que importa, el motor de acontecimientos arquitectónicos”.55

La percepción de la riqueza plástica del edificio, la comprensión de sus formas, de sus espacios, de sus funciones, implican emprender el ya famoso “paseo arquitectónico” sugerido por Le Cobusier desde los años veinte para abordar sus obras. Siguiendo por la pendiente tranquila que entra en Ronchamp, como dice Luis Moreno Mansilla:

“Siente la impresión de entrar en una gruta (a Petit le recordaba las catacumbas de los primeros cristianos y el aire de Lourdes); las gruesas y profundas ventanas dejan pasar una luz matizada, mágica. El suelo se hunde, como si ya existiera y las paredes se enorgullecen de su áspera irregularidad; la luz entra desde lo alto, como si estuviésemos bajo tierra, y los confesionarios se encierran no ya en los muros, sino en la montaña, en un peñón”.56

55 LE CORBUSIER, conferencia en la Reale Accademia d’Italia, Roma, 1936 “Les tendances

de l’architecture rationalita en relation avec la peinture et la sculpture” texto mecanografiado, archivos FLC, publicado en L’Architecture Vivante, 7º serie, Paris, 1936, p.7

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[2.55]

MIRALLES / PINÓS Cementerio de Igualada Dibujos de preparación del proyecto de ejecución, 1986-87

Tinta negra sobre papel opaco

8,81 x 8,91

Fundació Enric Miralles Barcelona [2.56] Le Corbusier Capilla de Ronchamp, Dibujo de la planta, realizado en el estudio a partir del primer croquis, 1950

Lapicero sobre papel vegetal Fondation Le Corbusier, París [2.57] MIRALLES / PINÓS Cementerio de Igualada Boceto preparación del concurso 1984-85 29,60 x 21,61 cms. Fundació Enric Miralles Barcelona

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En Igualada no hay ventanas. Miralles Pinós proponen una capilla enterrada con la iluminación natural controlada por distintos lucernarios que cualifican también los diferentes lugares del rito [2.55]. En Sainte-Baume, Le Corbusier ya había propuesto una cueva para los peregrinos con la luz cayendo desde arriba y en Ronchamp en los documentos de creación del proyecto dice Le Corbusier, “No habrá ventanas, la luz entrará por todas partes, como un resplandor”.

Tanto la capilla de Ronchamp como el cementerio de Igualada se piensan en planta desde sus comienzos. Los primeros bocetos originales de Le Corbusier desaparecieron, pero existen unas copias que se realizaron en su estudio. Eran unos bocetos que dibujaban los cuatro horizontes sobre la colina y que según Le Corbusier “desencadenaron arquitectónicamente la respuesta”.57 Daniéle Pauly describe estas primeras ideas y los siguientes dibujos:

“Existe un bosquejo sobre papel de calco, hecho en el estudio y fechado el 6 de junio de 1950, que es una transcripción fiel de esta