PART II: EMPIRICAL STUDIES
3 V ERUM FOCUS IN G ERMAN AND F RENCH
3.3 Experiment 1: Picture-difference task in German
El racismo, en definición restringida, es toda ideología o conducta basada en la supuesta
superioridad o inferioridad de determinadas personas en función de su raza. (Giménez Romero,
2003:149)
Este racismo biologicista es bastante reciente –es más, es contemporáneo- y ha estado reducido geográficamente a Europa y Occidente. No se conocen otros pueblos que hayan hablado de los otros como razas inferiores. Según el manual de Banton sobre las teorías raciales (Racial theories, Cambridge University Press, 1987), la primera vez que aparece documentado el término raza en lengua inglesa se remonta a un poema de 1508 (poema “The dance of the seven deadly sins”, del escocés William Dumbar) y, según la historia del racismo de Szimansky (Class structure. A critical perspective, Praeger Publishers, Nueva York, 1983), habrá que esperar a un texto francés de 1749 para datar su aparición en la literatura científica.
Hay otra forma más amplia de concebir el racismo: como una ideología o práctica que discrimina o segrega al otro, en función de sus características raciales (es decir físicas) o culturales. Se ha hablado de etnicismo, de racismo culturalista, de fundamentalismo cultural y de racismo diferencialista. A diferencia del racismo biologicista, esta concepción ampliada del racismo se extiende en el tiempo y en el espacio, y ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad y en las más diversas latitudes.
En la génesis y desarrollo del racismo (del tipo y la intensidad que sea) influyen cuatro clases de factores: psicológicos y culturales, económicos y políticos. Mientras los dos primeros son elementos previos y materia prima fundamental, son los dos últimos los que verdaderamente explican el afloramiento del racismo sistemático, masivo, duradero e institucional.
Los prejuicios y estereotipos raciales y culturales, los mecanismos de culpabilización del otro (chivo expiatorio, cabeza de turco), o las actitudes de miedo y desconfianza, esto es, los mecanismos propiamente psicológicos están presentes en todos los pueblos, grupos y personas de una u otra manera, si bien con diferentes contenidos e intensidades.
“El prejuicio es un fenómeno complejo que se refiere a cualquiera de los siguientes fenómenos o a todos ellos: (1) mantenimiento de actitudes sociales o creencias cognitivas despreciativas, intolerantes, injustas e irracionales hacia otro grupo de personas; (2) expresión de afecto negativo hacia el exo-grupo; y (3) manifestación de conductas hostiles o discriminatorias hacia los miembros de un grupo por el hecho de pertenecer a él. (68)
El prejuicio es, a la vez, resistente al cambio e inmune a las nuevas informaciones que lo cuestionan, así como capaz de adaptarse a diversos contextos, cambiando de expresión en función de la situación. (68)
La evidencia de que las personas que manifiestan rechazar el racismo lo aceptan de forma latente, ha puesto de manifiesto la aparición de nuevas formas de expresión del prejuicio y nuevas formas de comportamientos racistas y xenófobos; y conducido a definirlo en términos de racismo sutil, racismo simbólico y racismo aversivo. (69)” (Manuel Francisco Martínez García, Manuel García Ramírez y Julia
Martínez García, “Inmigración y conflicto intergrupal. Una aproximación psicosocial a las actitudes y prejuicios racistas”, en AA.VV., Inmigración, sociedad y Estado. Una cuestión abierta, Junta de Andalucía, Sevilla, 2004).
El umbral del racismo, según expresión de Wieviorka (El espacio del racismo, Paidós, Barcelona, 1992), se traspasa cuando entran en juego los factores económicos y los factores políticos.
La funcionalidad del racismo radica en su capacidad para amenazar y amedrentar a quienes lo sufren. El efecto del racismo y de la xenofobia es mantener a los trabajadores inmigrantes y sus familias en una situación de la que no se atrevan a salir.
Todo racismo no es necesariamente xenofóbico sino que, por el contrario, el racismo ha ido dirigido mucho más a grupos y minorías autóctonas, como es el caso del racismo hacia los gitanos en varios países. De forma similar, siendo la xenofobia aversión hacia el extranjero, ese rechazo al de fuera de la tribu o de la nación no siempre es racista, no siempre se fundamenta en su consideración de
inferioridad debido a su pertenencia a tal grupo racial étnico o cultural. Aun siendo distintos, se refuerzan enormemente cuando el racismo es xenófobo y la xenofobia racista.
El pluralismo cultural es la mejor propuesta hasta el momento al interrogante que planea una y otra vez sobre Estados, regiones o metrópolis: ¿cómo organizar la convivencia social en un mundo de pluralidad de costumbres, lealtades étnicas, lenguas y creencias?
El pluralismo cultural defiende la necesidad de atender al mismo tiempo a dos ideales: la igualdad o no-discriminación, por una parte, y el respeto a la diferencia por la otra.
Las polémicas en torno al multiculturalismo y el giro hacia la interculturalidad se explica a partir de la creciente constatación de los límites y deficiencias de algunas de esas políticas y prácticas multiculturalistas. Básicamente, los puntos a superar son, primero, la exageración de la diferencia que se produce cuando se afirma con énfasis las ideas multiculturalistas y, segundo y corolario de lo anterior, las deficiencias para la construcción de cohesión social a partir de proyectos compartidos por los diferentes grupos. La interculturalidad ha puesto el énfasis precisamente en no olvidar lo que se tiene en común y en trabajar, además de sobre la igualdad de trato y de oportunidades y respecto de la diferencia, en el conocimiento mutuo, el aprendizaje entre culturas, la cooperación; en definitiva, lo que se viene sintetizando bajo el principio de la interacción positiva.