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EXPERIMENT 2: SINGLE IMAGE HARVEST CLASSIFICATION

CHAPTER 3: MATERIALS AND METHODS

3.4 EXPERIMENT 2: SINGLE IMAGE HARVEST CLASSIFICATION

Si bien el concepto de ideología es difuso y polémico se utiliza de manera generalizada en las ciencias sociales. Acuñado en el siglo XVIII por Destutt Tracy, hacia referencia a la ciencia de las ideas, al estudio de cómo pensamos, hablamos y argumentamos. Desde su construcción el concepto lleva implícita la relación entre sistemas de ideas y grupos sociales. Marx interpreta el concepto como expresión de “falsa conciencia”, creencias equivocadas, inculcadas por la clase dominante para legitimar un status quo. Posteriormente Mannheim (1966) en su primera etapa relaciona los problemas de la ideología y

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de la sociología del conocimiento e incorpora el concepto al clásico

Ideología y Utopía donde trata de comprender la situación del

pensamiento y su relación con la vida social centrando la atención en la fuerza integradora y cohesionadora, a la vez que insiste en la no concordancia entre ideología y realidad. En Mannheim todo el pensamiento influido por la realidad social se denomina ideología, es el conjunto de creencias que trascienden la realidad de la existencia social.

Sin embargo, el concepto de ideología que nos interesa se acerca más a la definición propuesta por Van Dijk (2003) que lo relaciona con los grupos sociales. Para el autor la ideología es el conjunto de ideas que comparten los miembros de un grupo “constituyen la base de unas creencias especificas sobre el mundo y que guían su interpretación de los acontecimientos, al tiempo que condicionan las prácticas sociales” (Van Dijk 2003:14). En este sentido, entendemos por ideología sexual el sistema de creencias que explica la desigualdad social entre hombres y mujeres.

Las ideologías sexuales son sistemas de creencias que implementan derechos específicos y de protección. En general, las ideologías sexuales asignan a las mujeres más responsabilidades y más restricciones que a los hombres, sus recompensas son más simbólicas y sus derechos son de protección. Los hombres afrontan menos restricciones y las que afrontan se refieren al abuso potencial

2. Marco teórico

71 de sus derechos y ventajas, y constituyen la base de normas y estereotipos sexuales. Las normas especifican conductas particulares para hombres y mujeres, y los estereotipos sexuales son creencias relativas a la diferenciación sexual, que varían en el número de rasgos y el nivel de acuerdo entre los miembros de la sociedad (Saltzman 1989: 83-85). Sobre la base de la ideología sexual se especifican derechos, deberes y gratificaciones y se construyen identidades.

La ideología sexual, desarrolla la creencia de que en las mujeres está más desarrollada la expresión de los sentimientos y el interés por el espacio doméstico y en los hombres el interés público. La teoría sociológica parsoniana le dio nombre a la diferencia argumentando que en las mujeres se desarrolla más la dimensión expresivo-comunal y en los hombres la dimensión instrumental. El desarrollo de dicha dimensión expresiva conlleva la creencia de que las mujeres están más ocupadas y preocupadas por el bienestar de los demás, más interesadas que ellos en las relaciones interpersonales, son más afectivas, buscan la armonía y son capaces de expresar abiertamente sus emociones. La dimensión instrumental, que aparece como característica de la identidad masculina, considera que ellos están orientados hacia la autorrealización, el control y el dominio, que antepone sus logros personales a los intereses del grupo (Alberdi 1996). Así, la diferencia sexual y la división dicotómica de los espacios públicos y privados adquieren un doble sentido. Por un lado, se constituyen como principio organizativo de la sociedad y eje de poder

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social y, por otro lado, sirven para construir el sentido individual de la identidad (MacDowell 2000: 21).

Las diferencias sexuales de hombre y mujer se construyen a partir de los estereotipos basados en las dimensiones de expresividad e instrumentalidad. Mecanismos burdos pero eficaces en el reforzamiento de la desigualdad (Cobo 1995: 67). Sobre la base de estas diferencias sexuales se ejerce lo que Bourdieu denomina la violencia simbólica1 1 “una violencia amortiguada, insensible e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento” (Bourdieu 2000:12).

A través de la violencia simbólica se impone una definición de la realidad que reproduce la dominación y de hecho, el ejercicio de la violencia simbólica cumple su objetivo cuando es capaz de imponer las representaciones del mundo social inoculándose en los deseos de las personas que, a partir del proceso de socialización interiorizan, participan y colaboran activamente con tal éxito que lo que en realidad son creencias ideológicas aparecen como características espontáneas y

1 1 El concepto de dominación de Weber hace referencia a la probabilidad que tiene un mandato de ser obedecido y se restringe a la relación dominante- dominados. Bourdieu parte del concepto pero lo extiende a las luchas simbólicas que se expresan y manifiestan en todas las relaciones sociales. Este concepto que nace para analizar la institución escolar y analiza como esta institución impone una definición de la cultura, la cultura legítima que no es más que la cultura de la clase dominante.

2. Marco teórico

73 propias. De tal forma que "de acuerdo con la ley universal de la adecuación de las esperanzas a las posibilidades, de las aspiraciones a las oportunidades, la experiencia prolongada e invisiblemente amputada de un mundo totalmente sexuado tiende a hacer desaparecer, desanimándola, la misma inclinación a realizar los actos que no corresponden a las mujeres sin tener ni siquiera que rechazarlos" (Bourdieu 2000:81).

El ejercicio de la violencia simbólica se lleva a cabo mediante dispositivos ideológicos, como la ideología de la maternidad1 2 o el amor romántico1 3. Estos dispositivos consiguen que las mujeres consideren a la organización familiar y el espacio doméstico como “su lugar natural” y las necesidades de sus miembros se acaben convirtiendo en obligaciones y deseos propios (González de Chávez 1999: 95).

El proceso de socialización, llevado a cabo desde antes de nacer con las expectativas de los progenitores, se encarga de conformar las estructuras perceptivas. Esta ideología bajo las formas de “natural”, “moral” o “científica” legitima el statu quo de la relación entre los sexos. Como dice Alberdi, el discurso dominante hasta los años 70 dibuja una identidad femenina donde “tener hijos, criarlos y educarlos

1 2 La ideología de la maternidad constituía lo que algunas autoras han denominado la mística de la maternidad (Giberti 1987 citado en González de Chávez 1999: 95).

1 3 Ver Varela y Uría (1989); Varela (1997); Stone (1979); Giddens (2000); Gómez Bueno (2001); Lipovetsky (2001).

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aparece en la superficie del discurso femenino como una faceta de su superioridad sobre el hombre, como una de las ventajas o privilegios mayores del ser mujer” (Alberdi 1984: 47). La identidad femenina queda relegada al ámbito de lo relacional, de la parcialidad, del cuidado, de los afectos y de las pasiones. El discurso dominante, no exento de contradicciones y de contestación, tiene repercusiones en la vida cotidiana y en el proceso de socialización de las mujeres diagnosticadas.

La desigualdad entre los sexos se entreteje en interacciones que constantemente revelan el ejercicio de la autoridad y afectan a las orientaciones y a los intereses de actores y actrices. La interiorización de la dominación, sentirse “menos que” o “inferiores a”, tiene consecuencias en las formas de expresar las necesidades y demandas, pero también en la forma de manifestar el estrés y el malestar. La imposibilidad de satisfacer abiertamente las demandas y expresar claramente las hostilidades provoca la necesidad de recurrir a otras estrategias de protesta1 4 que tienden a manifestar lo que González de Chávez denomina “el poder de los débiles”, que no son sino formas indirectas de manifestar la agresividad y de imponerse. La imposibilidad para ejercer el dominio directa y abiertamente obliga a utilizar recursos que se derivan del terreno de las emociones, de las lealtades afectivas y permiten manifestar, aunque de modo pasivo e

1 4 Hirschman (1986) entiende que existen dos formas de manifestar la protesta: la salida y la voz.

2. Marco teórico

75 indirecto, el malestar, la ira o el resentimiento (González de Chávez 1999: 141).

Las quejas y el llanto que las mujeres diagnosticadas expresan en las entrevistas lo contemplaremos en este sentido, como protesta encubierta, como formas alternativas de comunicación que sustituyen a la palabra. Constituyen una acción de rebeldía o de protesta ante la necesidad de tomar una decisión importante o de realizar un acto de autoafirmación (González de Chávez 1999: 142). Como dice M. Ángeles Durán “la ira es un sentimiento al que raramente se permite llegar a las mujeres, porque la ira de las mujeres cuando no se templa o encuentra otras vías de salida deriva fácilmente hacia formas de tristeza y culpa” (Durán 1995: 8). De la misma manera, cuando a las mujeres se les acusa de manipuladoras, se oculta que existen pocos contextos en que las mujeres pueden hacer demandas de forma legítima, la expresión de las demandas en las mujeres suelen conllevar los calificativos de caprichosas e irracionales (Rosaldo 1979).

Creemos con Leonardi que la depresión es otra de las formas femeninas de manifestar el malestar “es el resultado de un estrés extremo que afecta a las personas que sufren un profundo desequilibrio que las predispone a toda clase de problemas como la pérdida de confianza y coherencia y la consiguiente tendencia a encerrarse en sí mismas" (Leonardi 1996: 112). Como hemos visto en

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el anterior apartado la depresión se constituye como un síntoma de primer orden en los TCA.

Por otra parte, no podemos olvidar los profundos cambios en la vida de las mujeres que se producen en las sociedades modernas reflexivas en las últimas décadas y que afectan a ámbitos como la familia, la educación, la legislación, el trabajo, la vida pública. Por un lado, el acercamiento a las posiciones de los hombres y, por otro lado, una toma de conciencia de la desigualdad. Elisabeth Beck- Gernsheim (2003) señala que: “en las últimas dos décadas, han tenido lugar unos cambios muy rápidos en el contexto de las vidas de las mujeres. Estos se han producido no de una manera uniforme y lineal, sino con unos claros vaivenes de progreso y retroceso. Sin embargo, se puede discernir una línea de movimiento general, que va de un vivir para los

demás a un vivir un poco la propia vida. Esto implica un proceso

complejo, con múltiples capas y a todas luces contradictorio” (Elisabeth Beck- Gernsheim 2003: 119).

El proceso de abandonar paulatinamente los roles adscritos a la identidad estereotipada femenina y sustituirlos por otros que necesitan construirse continuamente puede generar incertidumbre y contradicciones. Pero ¿cómo se genera la esperanza y la compulsión de lograr la propia vida? ¿Se producen conflictos en la ideología sexual en las mujeres que han sido socializadas en un sistema sexista y las expectativas de vida que ellas tienen para sí? ¿Cómo lo resuelven?

2. Marco teórico

77 ¿Qué tipo de relación mantienen con sus parejas? ¿Cómo son las relaciones con sus iguales? ¿Qué relación tiene el estrés y/o conflictos en sus trayectorias y los trastornos alimentarios?