2. EXPERIMENTAL DESIGN AND METHODOLOGY
2.3 Laboratory Procedures
2.3.2 Experimental Design
Es casi imposible tomar un periódico sin leer acerca de algún individuo que haya logrado algo grandioso. E invariablemente, éstas noticias incluyen la conquista de lo que en un tiempo parecieran ser obstáculos insuperables. El muchacho cuyas piernas sufrieron terribles quemaduras y que parecía estar destinado a llevar una vida de inválido, que se convierte en una de las más prominentes estrellas de pista.
El muchacho pobre que acumula una fortuna.
El joven con un serio impedimento de locución que se convierte en uno de los destacados comentaristas de noticias.
Todos los días aparece, en alguna parte, una historia nueva y dramática. La vieja historia de los obstáculos vencidos... y de los grandes éxitos alcanzados. Son demasiado numerosos para mencionarlos.
Pero, ¿Cómo es que estas cosas se logran?
Para mí, éste es un tema muy interesante: estos individuos que hacen mucho más de lo que hace el promedio de las personas para vencer sus obstáculos y lograr el éxito
que buscan. Pero, es algo más que eso. Tenemos que empezar por la raíz y preguntar: “¿Por qué?".
La contestación a esa pregunta, si se entiende plenamente, nos traerá, a usted y a mí, todo lo que realmente necesitamos.
La contestación es sencilla. Estas personas tenían una meta. Esto es: tenían fijado en sus mentes un punto que tenían que alcanzar. Algo que era más importante... mucho más importante... que el tiempo y el esfuerzo que había que invertir en ello. Un sueño, que veían sólo en su mente y lo sentían sólo en su corazón, demasiado grande para poder negarlo. Un sueño que se levantaba ante sus ojos cuando despertaban en la mañana... y que era en lo último en que pensaban al dormirse en la noche.
Este gran sueño... esta cosa ondulante y dinámica... invisible para todo el mundo, excepto para el que la tenía... es la responsable de todo gran progreso del hombre. Es la causa de todo lo que vemos rodeándonos en el mundo.
Todo en el mundo es un sueño convertido en realidad... una meta alcanzada.
Se ha dicho: “Lo que la mente del hombre puede concebir y creer, se puede lograr".
Es el rascacielos, es el puente de un lado a otro de la bahía, es la nave espacial que se dirige hacia la estratosfera. Y es el pequeño negocio establecido a la vuelta de la esquina... es el ameno hogar de los suburbios. Es el joven que ganó su diploma, y el recién nacido en brazos de su madre. Es la trampa que vence el jugador de golf y la
posición que se alcanza en los negocios. "Lo que la mente del hombre puede concebir y creer, se puede lograr".
¿Sabe usted lo que significa esto para usted y para mí?
Bien. Permítame explicárselo. Y debo añadir que me tomó diecisiete años darme cuenta de ello. Una vez que se entiende esto, sin embardo, la vida se vuelve más fácil, más divertida y mucho más entusiasta e incalculablemente más retributiva.
Para empezar... y para comprender completamente este tema, debemos darnos cuenta que es la base de todo éxito. Es, de hecho, la definición misma del éxito.
La mejor definición del éxito que he podido encontrar, es ésta: “El éxito es la adquisición progresiva de un ideal digno".
Si piensa usted un momento en esto, se percatará de qué perfecta es ésta definición:
"El éxito es la adquisición progresiva de un ideal digno"
Pero, ¿Qué significa esto? Significa que toda persona que se propone lograr algo que considera un ideal digno, es una persona de éxito.
Al mismo tiempo, también significa que cualquier persona que no se propone una meta, puede definirse como lo opuesto al éxito... un fracaso.
Cualquier persona con un sueño en su mente y en su corazón, que lo ha identificado como una meta digna... es una persona de éxito. No tiene nada que ver necesariamente con el dinero, a menos que el dinero sea la meta. Se deja, a cada uno de nosotros, que decidamos por nosotros mismos cuál es la meta.
Dada tan sencilla definición del éxito, podría usted pensar que todas las personas son de éxito. Todas lo deberían ser, pero se estima que sólo un cinco por ciento lo es. De todas las personas que pasan junto a usted en la calle, sin importar qué tan grande y activa sea la ciudad, solamente cinco de cada cien personas pueden decirle hacia dónde dirigen su trabajo. El resto sólo pasan a la deriva, esperando que algo bueno les suceda o, por lo menos, que no les suceda nada malo... dejando que las circunstancias y los vientos de la economía los lleven de aquí para allá.
Esas son las personas que no han aprendido las reglas de la vida de que hablamos en nuestro Mensaje de Introducción.
Me gusta comparar a los seres humanos con los navíos. Y se calcula que el noventa y cinco por ciento pueden compararse con navíos que carecen de timón. Están sometidos a todos los cambios del viento y de la marea... están irremediablemente al garete. Y mientras tanto, esperan fervorosamente que algún día puedan llegar a un exitoso y rico puerto, pero usted y yo sabemos que por cada angosta entrada al puerto existen miles de millas de costa rocosa. Las probabilidades de ser arrastrados por la corriente al puerto, son una contra mil.
Pero, el cinco por ciento que se han tomado el tiempo y han ejercitado la disciplina para decidir el punto de su destino... y que se han fijado un curso... navegan a lo ancho y a lo amplio en los profundos océanos de la vida, tocando un puerto y otro, y llevando a cabo más en unos cuantos años de lo que el resto llevará a cabo en toda una vida.
Si usted alguna vez visita un barco en el puerto, suba al puente de mando y pregunte al capitán cuál es el siguiente puerto que va a tocar. El capitán le contestará con una sola frase. Aún cuando el capitán de un navío no puede ver el 99 por ciento de su viaje, sabe qué viaje es, cuál es su destino, y que llegará si hace ciertas cosas en cierta manera, todos los días.
Todos deberían de hacer la misma cosa. A menos que usted pueda decir en una sola frase concisa en qué consiste su meta... lo más probable es que usted nunca haya definido, realmente con claridad, cuál es su meta.
Cuando usted pregunta a la mayoría de las personas qué es lo que buscan... le responderán en términos vagos e irreales. Le dirán a usted: “La Felicidad" o "La buena salud" o "Tener el suficiente dinero para mantener a mi familia", y así sucesivamente.
Estas no son metas, sino simplemente condiciones que todos deseamos.
Cuando hablamos de metas, queremos decir: “¿Qué es lo que usted quiere?" Usted, como individuo. ¿Qué es lo que le gustaría mucho tener, o ser, pero que usted puede pensar que está, por una razón u otra, fuera de su alcance?
Porque vea usted, si me puede decir lo que quiere, yo puedo decirle cómo lograrlo, con tal de que sea digno de usted y dentro del terreno de las consecuciones humanas.
El proceder con éxito en el curso de toda una vida, debería ser un asunto de fijarse metas progresivas y lograrlas una tras otra; cada una, mejor que la última, exactamente como un barco que navega hacia un puerto a la vez; fíjese su puerto. Cuando lo haya tocado, entonces puede usted fijar la meta nueva...Y después la siguiente. Siguiendo éste significativo enfoque lleno de sentido común hacia la vida, usted tendrá éxito y logrará más en cinco años de lo que la gran mayoría de las personas logran en toda su vida. Ahora bien, permítame decirle una manera en que aclarará su pensamiento y de establecer la primera meta, si es que usted no se ha fijado ya una.
Sabiendo que, sin una meta no podemos tener éxito; y también, que si tenemos una, nos podemos fijar una dirección y propósito, y que la lograremos, empezamos a darnos cuenta de que el establecer una meta claramente definida es el paso más importante que podemos dar.
Es bueno recordar también que, noventa y nueve veces de cada cien, nuestra meta puede ser alcanzada en el trabajo en el que actualmente estemos ocupados.
Si usted no sabe qué es lo que más desea; en otras palabras, si usted no es del número de los afortunados mortales que saben exactamente qué es lo que buscan... salga a algún lugar apartado y tome como una hora escribiendo las cosas que usted desearía tener.
En esa lista podría estar incluído un bello hogar, un automóvil, cierta cantidad de dinero, una entrada específica, un puesto especial dentro de la compañía, una cantidad fija a cuenta de sus comisiones sobre ventas... cualquiera de las miles de cosas. Ponga en su lista cuantas cosas pueda desear. Y, es una buena cosa hacer ésta lista en compañía de su esposa.
Cuando haya escrito todas las cosas que desea, escoja una de ellas... solamente una... que usted desearía tener sobre todas las demás, escriba lo que ha escogido en otra hoja de papel, o póngala dentro de un círculo. Hecho ya esto, guarde su lista y olvide todo, excepto aquella cosa que haya decidido lograr primero.
Como el navío, una persona no puede tocar más que un puerto a la vez. Mucha de la confusión y de la indecisión que se ve en la mayoría de las personas se debe a que desean tantas cosas que no deciden cuál es la que quieren lograr primero.
Como resultado, caminan en círculos y muy frecuentemente no logran nada.
Recuerde que sólo se llega a una meta a la vez. Ya que se haya decidido por una cosa que se propone lograr, escríbala en una tarjeta que lleve siempre en el bolsillo. Piense en esa cosa a primera hora en la mañana y que sea en lo último que piense en la noche. Y, en el intervalo, piense en ella lo más frecuentemente que pueda. Al hacer esto, usted da fuerza a su meta en su subconsciente, de donde salen todas las respuestas, conforme las va necesitando, para lograr sus propósitos. Este es el proceso mental que
siguen todas las personas, hombres y mujeres, que tienen éxito en el mundo.
Piense en su meta tan frecuentemente como pueda. Fórmese una imagen mental de su meta, dándola como cosa hecha. Pero, cerciórese de ser absolutamente específico. ¡No generalice!
Si su meta es tener cierta cantidad de dinero, escriba exactamente la cantidad y el límite de tiempo que tiene y que se ha fijado para obtenerla.
Si su meta es tener un bello hogar, fórmese un cuadro exacto de ese hogar, aún si tiene usted que pagar los honorarios de un arquitecto que dibuje el plano de la casa. Y debe usted hacerlo porque, créame, logrará tener esa casa. Pero, recuerde, tenga cuidado en lo que fija usted en su mente y su corazón... porque, si usted lo desea con fuerza... lo tendrá.
Mencioné que pasé diecisiete años buscando el secreto del triunfo... el secreto del éxito. Yo quería saber qué es lo que separa a "los que tienen", de los que "no tienen". No solamente hablando de dinero (aunque el dinero es una parte muy importante de la vida), sino en todos sentidos. Empecé a buscar la respuesta en 1933, durante la depresión, y no la hallé sino hasta el día del Año Nuevo... en 1950.
Y, de pronto, me dí cuenta de que en los cientos de vidas que había estudiado... en los cientos de libros que había leído, un sólo hecho había estado ante mis ojos todo el tiempo. Ese hecho es, sencillamente, que no somos los que pensamos.
Porque, vea usted, en éste momento usted no es más que la suma total de sus pensamientos hasta este momento. Similarmente, usted será el año entrante o dentro de cinco años; y así sucesivamente, lo que usted piense desde este momento en adelante.
Eso es por lo que el establecerse una meta es esencial para el éxito. A menos que usted esté pensando en lo que desea lograr, su pensamiento es vago, confuso... saltando de una cosa hacia otra, con el resultado de que no se logra nada, ni se llega a nada.
Al pensar todas las mañanas, todas las noches, y cuantas veces se pueda durante el día, en una sola meta que hayamos fijado, efectivamente empezamos a movernos hacia ella y a atraerla hacia nosotros. Cuando concentremos nuestro pensamiento, es como si siguiéramos un río que dará vueltas y divagará por el campo y nos propusiéramos encauzarlo por un canal recto y tranquilo. Entonces tendré fuerza, dirección, velocidad. Lo mismo pasa con nuestras mentes.
Una vez que sabemos hacia dónde vamos, sabremos para qué saltamos de la cama en las mañanas y para qué estamos trabajando... y por qué es tan importante que hagamos el mejor trabajo que podamos. Sabremos por qué es esencial que nos cortemos el río de esa gente, tan grande y perezoso, que va sin rumbo ni propósito, y pongamos un canal derecho y claro que se dirija hacia el sueño de nuestro corazón.
Alguna de estas tardes, párese en la esquina de una calle llena de bullicio y actividad y examine los rostros de la
muchedumbre que pasa. Observe cómo caminan, mire sus expresiones. ¿Le parecen a usted rostros animados, felices, interesantes, llenos de determinación? o ¿Le parecen, en su mayoría, opacos, distraídos y aburridos?
Si se mantiene usted observando bastante tiempo, verá a una persona cuyos pasos son rápidos y objetivos: tiene buen porte y postura, sus ojos están llenos de interés y de inteligencia... camina como quien sabe a dónde se dirige e insiste en dirigirse hacia allí.
Miles de millones de personas darían cualquier cosa de la tierra por la libertad y aplomo personal que usted y yo tomamos como cosa natural y concedida.
Tener la libertad de escoger su trabajo y sus metas. Disfrutar de nuestro generoso nivel de vida... conocer la paz y privacía de nuestros hogares... tener leyes que protegen al ciudadano en vez de perseguirlo.
Todo eso tenemos y, sin embargo, en medio de nuestra prosperidad, millones de personas llevan una vida triste, sin objeto... viven de día a día... de mes a mes... en una prisión que se han fabricado. Estas son las personas que nunca han tomado la decisión que los pondría en libertad. No han decidido qué hacer de sus vidas, aún en nuestro clima de libertad.
Como dijo Carlysle: “El hombre sin propósito es como el navío sin timón. Tened un propósito en la vida y, al tenerlo, poned toda la fuerza de vuestra mente y toda la fuerza de vuestros músculos en el trabajo que Dios os ha dado".
Carlysle también escribió: “Un hombre con la mitad de su evolución va hacia atrás y hacia adelante y no adelanta ni aún en el camino más despejado. El hombre que es todo evolución avanza aún en los caminos más ásperos y llegará a su propósito, aún poniendo en ello poca sabiduría".
Y Munger escribió: “No hay camino al éxito sino por un propósito claro y fuerte. Nada puede reemplazar al propósito. Un propósito subraya el carácter, la cultura, la posición social, la consecución de toda suerte".
Decida usted su meta, insista en ella... y durante los siguientes treinta días, mire la tarjeta que lleva en el bolsillo todas las mañanas, todas las noches, y cuantas veces pueda durante el día. Imprima su meta en su mente subconsciente. Véase como si ya la hubiera alcanzado. Haga esto sin fallar, todos los días durante treinta días, y se volverá eso un hábito. Un hábito que lo llevará de un éxito al otro... todos los días de su vida.
Porque, éste es el gran secreto del éxito... la puerta a todo lo que usted tendrá o será."Usted es ahora, y se