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2.2 STD-TLB: A STT-RAM-BASED DYNAMICALLY-CONFIGURABLE

2.2.3 Evaluation

2.2.3.2 Experimental Results

El vivir en medio del alcoholismo era como vivir en un estado de duelo constante. La enfermedad me hizo perder demasiado, incluyendo una parte de mi niñez. Crecí con demasiada rapidez, perdí mi confianza natural en el prójimo, y perdí el respeto por mi madre a medida que la bebida destruía por completo su autoestima y su dignidad. Nunca me sentí cerca de ella o realmente querido.

Me escapé de la vida que llevaba en mi casa cuando me casé y me mudé a los 17 años. Mi matrimonio desvió grandemente la atención que le prestaba al alcoholismo de mi madre, pero su alcoholismo no me devastó tanto como cuando me di cuenta de que mi esposo tenía un problema de alcoholismo peor que el de ella. A medida que se agravaba el alcoholismo en mi hogar, perdí la esperanza y los sueños para el mañana y cualquier posibilidad de "tener un futuro feliz"

No sé cómo encontré el programa de Al-Anón, pero se lo agradezco a Dios. Aprendí muchísimo, en especial acerca de la enfermedad familiar del alcoholismo, su poder, y mi incapacidad. Esta fue una de las primeras cosas que me ayudaron a aliviar el dolor. También me proporcionó un punto de partida, un lugar en el que

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podía retroceder para obtener una perspectiva más amplia de mi vida. En el programa, aprendí a andar a gatas antes de poder caminar, y gateé durante mucho tiempo.

El encontrar una Madrina fue un momento clave en mi progreso. Con alguien ante quien debía asumir responsabilidad, ya no había margen para la autocompasión, la hipocresía ni las justificaciones. Con su ayuda, comencé mi viaje a lo largo de los Pasos. La práctica de los Pasos Primero al Tercero me abrió las puertas de la mente y del corazón; pero fueron los Pasos Cuarto a Noveno los que me liberaron del dolor, de la ira, de la amargura y de la confusión. De esta manera obtuve una perspectiva de mí misma y de mi papel en la insensatez del alcoholismo. Empecé a ver a mi madre de forma totalmente distinta. Pude reparar el mal que le había causado y formar la relación estrecha y cariñosa con ella que nunca había tenido en mi niñez. Limitaba el tiempo que pasaba con ella cuando bebía y permanecía más tiempo a su lado cuando estaba sobria. Nuestra relación cicatrizó de manera increíble, permitiéndonos disfrutar muchos momentos valiosos a lo largo de los años. Mi madre murió hace un tiempo, y el dolor de su pérdida superó los límites de lo que me esperaba. Irónicamente, fue el programa y mi nueva relación con mi madre lo que me hizo estar consciente del dolor tan intenso que sentía. No obstante, la paz, la alegría, el amor y el compañerismo de Al-Anón y las relaciones que allí formé me respaldaron durante el período de dolor. Sé que a pesar de lo mal o lo triste que me sienta, puedo sentirme mejor, y así será si voy a una reunión, hago una llamada telefónica o utilizo uno de los instrumentos de nuestro programa. Esta forma de vida me ha enseñado que ya nunca tendré que estar sola otra vez.

Cuando mi madre murió, el sentirme devastada me sorprendió. Fueron muy pocos los momentos en que ella y yo nos llevamos bien. Mi madre me formó para que la reemplazara en el hogar. Trabajaba largas horas para mantener a la familia, mientras que yo me ocupaba de limpiar la casa y cuidar a los niños. Si algo

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no salía bien, yo era la culpable. Por desgracia, ella y yo nunca tuvimos la oportunidad de resolver y cicatrizar nuestra relación turbulenta.

Después de la muerte de mamá, mis hermanos encontraron de inmediato un reemplazo para sus problemas no resueltos: Yo. Era una pauta arraigada con firmeza en nuestra niñez. Toda la familia todavía sufría debido al alcoholismo de papá. Aunque había muerto hacía mucho tiempo, aún estábamos atrapados en las garras de la enfermedad. No teníamos límites. Mis hermanos encaraban su propio dolor de la única forma en que podían: con comportamientos calumniosos y maltratos verbales hacia mí y mis hijos. Me sumergí en las profundidades de la desesperación y la soledad. Para intentar seguir adelante, mentalmente "enterré" a mis hermanos junto con mi madre, e inicié una nueva vida sin ellos.

Encontré consuelo en las reuniones de Al-Anón con tan sólo saber que me querían y me aceptaban incondicionalmente. Mi familia Al-Anon entendió lo que me estaba pasando porque ellos habían librado sus propias batallas. Me ayudaron a sobrellevar la soledad que acompañaba a mi dolor. Antes de Al-Anon, mi vida estaba llena de confusión, desgarrada y hecha trizas por la enfermedad del alcoholismo. La muerte de mamá me liberó y pude cicatrizar, seguir adelante y centrar la atención en la vida que llevo hoy. Comprendo ahora que mamá y papá eran personas comunes que lucharon contra la enfermedad del alcoholismo.

Hoy los viejos recuerdos ya no dominan mi vida como antes. No puedo cambiar lo que fue, pero puedo cambiar yo misma y aceptar lo que la vida me ofrece ahora. Ya no voy a permitir que la enfermedad del alcoholismo me robe las experiencias de la vida.

Tomé la decisión de alejarme de mi familia por un tiempo con el fin de examinar mi dolor. Mi negación me había impedido ver cómo esta enfermedad nos había afectado a todos. Las conversaciones con mi familia y mis visitas durante esa época eran breves. Aprendí que mi familia no era capaz de brindarme el apoyo y el amor incondicional que necesitaba, y me dolió perder el sueño de la familia que siempre había deseado.

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Al-Anon me dio opciones nuevas: dejar de buscar en los mismos lugares para obtener resultados diferentes y, en su lugar, buscar gente que fuera capaz de darme lo que necesitaba. Por medio de la asistencia a reuniones, congresos, Asambleas y seminarios de

Al-Anon pude conseguir una familia en Al-Anon, una familia de amor y respeto incondicionales. Los miembros me querían en mis momentos de ira, cuando no sabía cómo quererme a mí misma. Me han abrazado y han compartido mi felicidad y mis alegrías. Me han enseñado a quererme a mí misma y a querer a otras personas.

En Al-Anon he encontrado muchas amistades nuevas y magníficas. He podido soltar las riendas de la ilusión de una familia ideal y abrazar la familia que sí tengo. Ahora puedo visitar a mi familia con más frecuencia, disfrutar su compañía, y darle el don del amor incondicional, del respeto y del apoyo que con tanta generosidad me han dado en Al-Anon.

Mi madre murió cuando yo tenía nueve años. Mi padrastro obtuvo mi custodia. Al año después de la muerte de mamá, él comenzó a maltratarme física, sexual y emocionalmente. Durante años quise saber el motivo. ¿Por qué le había dado mi madre tanto control sobre mí? Estaba tan furiosa con ella. Nunca le llevaba flores a la tumba.

Después de varios años en Al-Anon, volví a casa para visitar la tumba de mi madre. De pie ante ella, la realidad de su vida me golpeó con fuerza. Su padre había sido un alcohólico violento. Ella había sufrido de cáncer desde los veintisiete años y tenía treinta y dos cuando murió. Era una mujer enferma y aterrorizada que cuidaba de una niña. Si no fuera por Al-Anon, todavía sentiría ira y resentimiento contra ella. De pie ante su tumba, sentí compasión por mi madre y comprendí que las circunstancias le habían impedido tomar mejores decisiones para mí. En ese momento, me di cuenta de que mamá y yo no éramos tan distintas. Ella sufría de la enfermedad del alcoholismo, tal como yo. Pude perdonar a mi madre por las decisiones que

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habían dificultado tanto mi vida. Antes de partir, coloqué un ramo de flores sobre su tumba.

Me ha llevado mucho tiempo reconocer que me afectó más mi madre que la persona alcohólica en nuestro hogar. Al darme cuenta de eso me invade un profundo sentimiento de pérdida por lo que pudiera haber sido si mi madre hubiera alcanzado la recuperación. Ya han pasado tres años desde que murió, y no tuvimos la oportunidad de reparar nuestra relación.

Mi recuperación en Al-Anon ha tenido mucho que ver con mi madre. Por ella asistí a mi primera reunión. No es que ella me presentara el programa; más bien, me di cuenta de que comenzaba a comportarme como ella. Durante mi adolescencia, hice la promesa de que nunca sería como mi madre, ¡y aquí me tenían, empezando a actuar tal como ella! Me consideré una víctima. Tenía una personalidad explosiva. Cuando la vida no marchaba como yo quería, gritaba y me enfadaba. Me sentía deprimida y agotada después de los arranques de ira, y el sueño se convirtió en mi escape.

Con la ayuda de Al-Anon, he podido ver a mi madre desde una nueva perspectiva. Cuando me di cuenta de que ella también había sido afectada por la enfermedad del alcoholismo (su abuelo y mi padrastro eran alcohólicos), pude sentir compasión hacia mi madre. Hoy puedo valorar los dones que ella me dio. Me enseñó a ser hospitalaria. Era inteligente, disfrutaba aprender nuevas cosas y le encantaba explorar el mundo. Cuando veo quién soy en la actualidad, miro una imagen de mí radiante por todos los dones que he recibido tanto de Al-Anon como de mi madre. Y me siento agradecida.

Preguntas para la reflexión y la meditación

¿De qué manera afecta mi crianza en un hogar alcohólico mis actitudes hacia la vida familiar en el presente?

¿En qué aspectos penosos de mi pasado prefiero no pensar?

66 Abramos el corazón, transformemos nuestras pérdidas

¿Reconozco en mí mismo sentimientos de ira por las pérdidas sufridas durante mi niñez en un hogar alcohólico? ¿Qué me dicen estos sentimientos de ira acerca de mí mismo?

¿Cuáles son las tres simples cosas que puedo hacer para ocuparme mejor de mí mismo la próxima vez que esté con mi propia familia?

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¿Qué me puede enseñar la Oración de la Serenidad sobre la acep-

tación de mi familia tal como es y sobre mi deseo de que aún pueda convertirse en la familia que siempre quise?

¿Estoy dispuesto a reconstruir una relación con mis padres u otros familiares?

¿Cómo daña o ayuda mi concepto de familia a mi sentido de bienestar?

Las

pérdidas

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