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3.2 Multi-Biometric Authentication Framework

3.2.4 Experiments

Aunque la mayor parte de los trabajadores no comunitarios cuenta con permisos para trabajar por cuenta ajena (81%), existe un núcleo significativo de autónomos, sector que además está experimentando un crecimiento continuado. Entre 1992 y 1996 los permisos para trabajar por cuenta propia crecieron más que los destinados a trabajadores asalariados; además en el período 1992-1997 en el stock total de trabajadores no comunitarios los permisos por cuenta propia disminuyeron (–22,5%) en tanto que en el sector de la hostelería aumentaron (16,3%).

Existe, por tanto, un segmento significativo de empresarios hosteleros de origen extranjero.

Este fenómeno es particularmente importante entre los inmigrantes chinos (el 38% del total) y también alcanza cifras apreciables entre los argentinos (16%); en cambio, en las demás nacionalidades destacadas los autónomos no llegan al 5%. En valores absolutos el empresariado chino supera los 2.500 efectivos, mientras que los marroquíes, el segundo grupo más numeroso, no llegan a los tres centenares.

Dejando de lado la distinción entre trabajadores asalariados o por cuenta propia, el período de vigencia del permiso laboral establece una categorización entre los trabajadores de origen extranjero, en función de la menor o mayor estabilidad que garantiza. En 1996 el Gobierno aprobó un nuevo Reglamento sobre extranjeros en España. Entre otras modificaciones se introdujo una nueva estructura de permisos de trabajo con los siguientes períodos de vigencia: un año (tipos b y d), dos años (tipos B y D), tres años (tipos C y E), cinco años (permisos extraordinarios, de renovación automática) y permanentes (para quienes hayan trabajado durante seis años en España); además se mantienen los tipos A (para trabajadores de temporada, no renovables con vigencia máxima de nueve meses)

y F (para trabajadores fronterizos, no residentes en el país, con vigencia de hasta cinco años). Respecto a las modalidades existentes desde 1985 se mantienen los permisos iniciales (vigencia de un año), se amplía la vigencia de los renovados (de uno a dos años) y se crean los permanentes y extraordinarios. Esta regulación administrativa de la mano de obra extranjera genera un amplio abanico de situaciones: en el extremo de máxima estabilidad jurídico-administrativa encontramos a los trabajadores de países comunitarios que no necesitan ningún tipo de autorización para trabajar en España. A continuación aparecen los poseedores de permisos permanentes que, tras seis años de trabajar en situación regular, prácticamente se igualan a los de origen comunitario, con la salvedad de que deben presentarse cada cinco años para renovar su documentación. A continuación los poseedores de permisos con vigencia por tres años (tipos C y E), quienes durante dicho período mantienen su situación de regularidad cualquiera sea su situación laboral (con empleo o en paro) y pueden emplearse en cualquier actividad y lugar del territorio español. En el extremo precario se colocan los poseedores de permisos cuya vigencia es de un año (tipos b y d) y sólo habilita para trabajar en una rama de actividad económica. En situación especial se encuentran los trabajadores fronterizos que, aunque con relativa estabilidad (pues el permiso puede tener cinco años de validez) no están autorizados a residir en España.

Los poseedores de permiso A no pueden ser considerados residentes debido al carácter temporal y no renovable de su actividad.

Si analizamos los tipos de permiso en función de su duración o vigencia, agrupándolos en tres categorías, se constata que la situación de los trabajadores no comunitarios en la hostelería es mejor que la del conjunto de trabajadores extranjeros. Así, en el stock total el 56% tiene permiso con vigencia de tres o más años, cifra que en la si analizamos los tipos de permiso en función de su duración o vigencia, agrupándolos en tres categorías, se constata que la situación de los

trabajadores no comunitarios en la hostelería es mejor que la del conjunto de trabajadores extranjeros.

Así, en el stock total el 56% tiene permiso con vigencia de tres o más años, cifra que en la hostelería se eleva al 72% ; en el extremo precario, con permiso de tipo inicial, se encuentra el 7% de los trabajadores de la hostelería y el 13% del conjunto de extranjeros no comunitarios.

Dentro del sector hostelero los inmigrantes no comunitarios que se encuentran en situación más estable son los filipinos y argentinos (más del 70% con permisos de tres o más años; el 17% de los filipinos con permiso permanente). A continuación peruanos, dominicanos y marroquíes (en torno al 65%; el 7% de los dominicanos con permiso permanente).

Los menos asentados son los trabajadores chinos, aunque más de la mitad (55%) tiene permisos por tres o más años de vigencia.

La importancia de los permisos iniciales muestra, por una parte, una situación de inestabilidad y, por otra, el ingreso de nuevos trabajadores al sector. En este aspecto destacan chinos y marroquíes (algo más del 8% tiene permiso inicial), precisamente los colectivos que mayor incremento experimentaron entre 1996 y 1997.

Si, además de la nacionalidad, tenemos en cuenta el sexo de los trabajadores se constata que en el polo de mayor estabilidad predominan las mujeres filipinas (81%), peruanas y dominicanas (en torno al 70%) y los hombres argentinos (76%), marroquíes (67%) y chinos (58%).

En el extremo más precario, entre los trabajadores regulares, las mujeres chinas, marroquíes, argentinas y filipinas, y los varones dominicanos y peruanos predominan sobre sus conacionales del otro sexo.

Encontramos dificultades para analizar la evolución de las distintas categorías ocupacionales en gran medida debido al cambio producido en la Clasificación Nacional de Ocupaciones a partir de 1993. Podemos, sin embargo estudiar la distribución de las diferentes categorías en 1997 para las principales nacionalidades de trabajadores extranjeros .De las categorías utilizadas por la clasificación nos centraremos en las principales: directivos de empresa, trabajadores en servicios de hostelería, en servicios de limpieza y en otros servicios no cualificados.

El caso de los chinos presenta un perfil muy definido: un tercio son directivos y del resto casi todos realizan trabajos de restauración. Sólo los argentinos presentan una distribución similar, aunque con menor importancia de los directivos (15%; 71% en tareas de hostelería, 8% en limpieza y 5% en otros servicios).En cambio, destaca la importancia de los trabajos de limpieza (realizados en empresas de restauración y hostelería) a cargo de trabajadores de ambos sexos de las otras nacionalidades. En el caso de las mujeres el 25% de las marroquíes, el 20% de las peruanas, el 18% de las dominicanas y 15% de las filipinas empleadas en el sector se dedican a estas labores. Entre los varones es el caso del 11% de los filipinos, el 10% de los dominicanos y marroquíes y del 5% de los peruanos.

La diferente proporción en que se dedican a limpieza explica la variabilidad de porcentajes, entre hombres y mujeres de cada nacionalidad, en tareas de restauración y hostelería propiamente dichas.

Entre las mujeres, exceptuando el caso de las argentinas, no se supera el 70%;en cambio todos los grupos de varones exceden esa cifra, excepto los chinos, debido a la importancia de los autónomos. Sólo las mujeres filipinas destacan, además, en otras ocupaciones: unas en el extremo inferior de la escala ocupacional (el 9% ocupa otros puestos no cualificados) y otras en el superior (el 4% tiene categoría de director de empresa).

Agrupando las categorías ocupacionales obtenemos un indicador aproximado de estatus laboral. Situamos en el nivel alto a directivos de empresa, técnicos y profesionales; en el estrato medio, a empleados administrativos, comerciales y trabajadores cualificados, y en el nivel inferior, a trabajadores de la hostelería, de servicios de limpieza, peones y otros no cualificados. De esta forma se observa el predominio de los empleos de estatus bajo (76%) y un índice significativo de los de nivel alto (20%).

Existe, por tanto, una fuerte polarización ocupacional en el sector, caracterizado por la práctica inexistencia de trabajadores en el segmento intermedio (4% en hostelería, 15% en el total de trabajadores no comunitarios).

La importancia del segmento superior es mayor en los colectivos entre los que destacan los trabajadores por cuenta propia; precisamente éstos son los que en general suelen desempeñarse como directivos de empresa. En esta situación destacan los chinos (34%) y, en menor medida, los argentinos (18%). Los que menos participan de este estatus son los filipinos (2%), en tanto que dominicanos, marroquíes y peruanos presentan índices algo mayores (en torno al 5%).

En este nivel las diferencias de sexo no tienen casi incidencia entre chinos, marroquíes y peruanos; en cambio, existe un claro predominio de las mujeres entre los filipinos y de los hombres en el caso de argentinos y dominicanos. En el extremo inferior de la escala ocupacional se sitúa la gran mayoría (más del 90%) de filipinos, dominicanos, peruanos y marroquíes. En este caso la diferencia de sexo sí incide sobre la asignación de puestos: en tanto que la mayoría de hombres trabajan en servicios hosteleros, un grupo significativo de mujeres tiene asignados trabajos de limpieza (el 25% de las marroquíes, entre el 15-20% de las filipinas, dominicanas y peruanas), en mayor medida que sus conacionales varones (en torno al 10% de los filipinos, dominicanos y marroquíes).

El estrato intermedio es el menos nutrido: prácticamente no existe entre los chinos y alcanza el máximo nivel entre los argentinos (6%), de forma destacada entre los varones de esa nacionalidad. La cuadro V.III resume la distribución de estatus ocupacional en función de la nacionalidad y el sexo de los trabajadores. Entre los comunitarios, en 1991 predominaban los empleos que requieren menor cualificación: el 48% era cocinero o camarero, el 11% administrativo y apenas el 9% gerente o encargado.

5.5. Limitaciones para el conocimiento de la inmigración: el problema de las