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VII. Robust Humanoid Contact Planning with Learned Zero and

7.8 Experiments

Cuando Pascual de Gayangos publicó por primera vez el libro de Calila e Digna en 1860, seguramente su fin no era presentar una versión fiel de uno de los manuscritos, sino más bien una mezcla de los dos manuscritos existentes. No obstante, no indica en su introducción la manera en la que había pensado editar el texto, ni distingue en su edición entre los dos manuscritos castellanos. Keller (1969, 30)277 afirma que Gayangos

“… avoided the problem of a critical edition by simply producing a text that was a blending of both manuscripts. […] However, he gave no explanation or indication of any of this, and to this day one cannot be certain when he departed from B to follow A, or when he did not.”

Damos un ejemplo, que muestra, que la edición de Gayangos va más allá de una mera compilación de dos manuscritos. Encontramos en Gayangos (1860, 38, c. 1, líneas 5–8) el texto de la manera siguiente:

Luego vino Dymna atado con su cadena, é el leon pardo comenzó así: „Despues que el leon mató á Senceba, siempre estovo triste e cuidoso…“

Sin embargo, en el ms. B (fo. 52v)278 se halla el pasaje de esta manera:

E el leon fizo llamar a la mesnada e a Dina. E asy todos juntos ante el, dixoles el rey: „Despues que mate a Sençeba, siempre estovo triste e cuydoso…“279

Para nosotros, estas alteraciones del texto son prueba suficiente para suponer que Gayangos procedió de la misma manera con el resto del texto. Así que encontramos en su edición formas (pseudo-)modernizadas como hobe por ove, ejemplos por enxenplos o

dijiste por dexiste etc. Por otro lado, cambia la forma “moderna” encontrada en los

manuscritos para presentar otra anticuada en la edición, como entendudo en lugar de

entendido, “apparently striving to offer a clear reading, but at the same time, a reading

with a somewhat medieval flavor.”280 Además hay algunos errores en la introducción a la edición acerca de la historia literaria del libro, los cuales abordamos en los capítulos respectivos si nos parecen de importancia para la historia de la recepción de Kalīla wa-

Dimna.

En el curso de este estudio prescindimos del uso de esta edición.

277 Véase también Benfey (1862) y Keller/Linker (1967, XXXIV). 278 Esta parte del texto falta en el ms. A por un folio en blanco.

279 De todas formas, hay una cierta confusión en este pasaje. Véase BII.66a en la edición nuestra para una

posible solución del problema.

En 1906, el americano Clifford G. Allen publicó “L’Ancienne version espagnole de Kalila et Digna, texte des manuscrits de l’Escorial” en Francia281. Esta edición tiene como texto básico el ms. A castellano y las variantes del ms. B en las notas a pie de página. Cuando en el ms. A hay un folio en blanco, sustituye el texto que falta por el del ms. B. Sin embargo, en la p. 86 (líneas 229–242) nos ofrece un pasaje que ni figura en el ms. A ni en el ms. B282. Desconocemos la fuente de este fragmento.

Allen prefiere presentarnos una transcripción pseudo-diplomática: por un lado, transcribe cuidadosamente la i baja, como en mjedo, suprimiendo algunos casos; por otro lado, moderniza la grafía del texto sin indicarlo: avra por avera, siempre por

sienpre o escrivio por escrevio etc. En cambio, también presenta formas anticuadas,

como beldat, en vez de las testimoniadas, como beldad. Además, en muchos lugares nos da la forma Digna como nombre de uno de los dos chacales de los capítulos I y II, cuando el ms. A tiene Dina. Hay más de 700 de estos errores de transcripción o alteraciones intencionales en la edición de Allen.

Solamente tenemos en cuenta esta edición de Allen en algunos casos que conciernen enmiendas supuestas del texto.

Alemany y Bolufer utilizó esta misma versión de Allen, para elaborar y publicar su “antigua versión castellana del Calila y Dimna, cotejada con el original árabe de la misma” en 1915. Para eso, tomó las ediciones árabes de Cheikho (1905) y de Oalīl al0 Yāziǧī (1884) y las integró, junto con los dos manuscritos castellanos – así como aparecen en la edición de Allen –, en un texto entero de la manera siguiente: el texto básico sigue siendo el del ms. A, como es lógico porque utilizó la edición de Allen (1906); éste aparece en letra redonda. Los pasajes tomados del ms. B, para completar o modificar el texto del ms. A, salen en cursiva. Cuando el texto de los manuscritos castellanos no se encuentra en las dos ediciones árabes utilizadas, aparece en versalitas. En este caso se puede tratar de “adiciones del amanuense castellano o de omisiones del copista árabe.”283 Las variantes de los dos editores árabes se ponen en la notas a pie de página. Alemany partió de las suposiciones siguientes: la traducción latina de Juan de

281 Véase Menéndez Pidal (1906), Keller/Linker (1967, XXXIV) y Keller (1969, 31).

282 Se trata del final de un ejemplo, que falta en los dos manuscritos (véase III.53–64). De un cierto modo,

sí es importante esta observación, porque Pérez (1943) usó la edición de Allen para preparar su vocabulario clasificado (según el Questionnaire de Hallig y Wartburg (1934)). De este modo, en Pérez (1943) aparecen algunas palabras que no tienen su origen en los dos manuscritos castellanos: çoco, mear,

mondar, mochacho.

Capua (trasladada de la hebrea) y la castellana medieval son las dos versiones que mejor representan el original árabe de Ibn al-Muqaffa‘284. Por eso, y porque el texto árabe de Cheikho conviene mucho para un cotejo, dadas las estrechas similitudes entre éste y la versión castellana, y así con el original de Ibn al-Muqaffa‘, señala que

“en esta edición […] se publica el texto castellano corregido y añadido de conformidad con los mejores textos de la versión árabe, y se da la traducción completa del texto árabe editado por Cheikho, …”285

y llega a la conclusión que

“Los pasajes en que hay conformidad en los textos, representan fielmente la antigua versión árabe y también la castellana; cuando falta esta conformidad, queda por averiguar cuál de las dos versiones representa mejor el original: la castellana o la árabe.”286

dejando esta última tarea para un segundo tomo, el cual, según sepamos, nunca se ha publicado.

Nos oponemos a algunos aspectos expuestos y realizados por Alemany y Bolufer. Primero, es un error utilizar una edición anterior – y no los manuscritos mismos – sabiendo que ésta presenta uno de los manuscritos (el ms. B) solamente en fragmentos anotados287. Además, las diferencias, tanto entre los dos manuscritos castellanos como entre los árabes conocidos, son tantas que nos parece imposible ofrecer una versión crítica clásica, en la que hay un texto básico – normalmente el mejor transmitido – con variantes anotadas de los manuscritos restantes. Y con eso, no sabemos qué aspecto tenía el texto original de Ibn al-Muqaffa‘, dado la multitud de manuscritos árabes distintos288. Por eso, no podemos afirmar que la(s) versión(es) castellana(s) represente(n) mejor el original del persa convertido289. A lo más podemos hablar de una recensio

hispanica a causa de semejanzas evidentes entre todas las versiones medievales

elaboradas en la Península Ibérica.

Asimismo, aunque Alemany ofrece una traducción completa del texto árabe de Cheikho, “all questions of style, syntax, and even lexical choice must be set aside in the absence of the original Arabic material.”290

Reconocemos el peligro que acecha en el uso de ediciones sin la consulta de los manuscritos originales, en algunas palabras fantasmas que hemos encontrado en el

284 Alemany (1915, XXX). 285 Alemany (1915, XXXV). 286 Alemany (1915, XXXVI).

287 Véase también López Morillas (1971, 90). 288 Véase 1.4.1.

289 Queda claro que, para Alemany y Bolufer, la edición de Cheikho (1905) fue una innovación total,

puesto que la de de Sacy (1816) no sirve mucho para cotejarla con la traducción castellana, observación que también comparte Alemany (1915, XXXII). En este entonces ya se sabía que había manuscritos muy distintos unos de otros, pero el primer y único estudio que ofrece una supuesta categorización de los manuscritos fue el de Sprengling (1924).

TDMS2. Este diccionario emplea la edición de Alemany (1915) – que se basa en la de Allen (1906) – como fuente de Calila e Digna. Se trata de las palabras siguientes:

amortar en el TDMS2 52291 como lectura errónea de amontar en Allen (1906,

195.268)292 (AXV.68b), rrogatura en el TDMS2 617293 como lectura errónea de

rrogatiua en Allen (1906, 175.130) (AXIII.26c). También Alemany (1915) cometió sus

propios errores que ahora se encuentran en el dicho diccionario: s.v. auiltar, en el número 7. abiltar no se usa como sustantivo (de mi abiltar)294 sino como infinitivo verbal (de me abiltar)295; s.v. çarapico, la forma zarapito testimoniada allí proviene del título del capítulo296, el cual no aparece en los manuscritos sino que fue añadido por Alermany.

Adoptamos para la edición nuestra las versalitas, es decir el texto de los mss. A y B que no tiene correspondencia con las dos versiones árabes utilizadas por Alemany, y las revisamos completamente con las ediciones y versiones usadas en esta publicación. Los pasajes que después aún carecen de testimonio en las otras traducciones, también las ponemos en versalitas en nuestra edición.

La edición siguiente fue la de Solalinde (1917), y como afirma el propio editor en su introducción “esta edición se ha hecho sobre los dos anteriores del erudito Allen (Macon, 1906) y del académico Alemany (Madrid, 1915).”297 Además modernizó completamente la grafía del texto (dijo por dixo, ejemplo por exemplo etc.), aconsejando a los investigadores de consultar las ediciones críticas anteriores298.

No hacemos uso de esta edición compilada.

En 1961, don Federico Sánchez Escribano llamó la atención de John E. Keller sobre el hecho de que nunca se había realizado una edición crítica del libro de Calila e

Digna y que aún existía el ms. B que nunca se había publicado en su totalidad,

proponiendo así el proyecto de una nueva edición del libro. Keller empezó inmediatamente con esta tarea, pero “as time went on and the magnitude of the task

291 Allí es fuente única de la palabra en el sentido de ‘asustar y ahuyentar por medio del temor a la

muerte’.

292 También aparece así de falso en la edición de Keller/Linker (A 6079).

293 Calila e Digna se presenta como fuente única de la palabra con el sentido de ‘súplica, instancia’. 294 Alemany (1915, 235).

295 AIII.69b.

296 Alemany (1915, 457). 297 Solalinde (1917, 11). 298 Solalinde (1917, 11).

became more apparent”299 pidió la ayuda y la colaboración de su colega Robert W. Linker. Las diversidades entre los dos manuscritos crearon algunos problemas:

“They differ so greatly that our original idea, that of editing one text with variants from the other presented at the foot of the pages, soon had to be abandoned as unfeasible and unsatisfactory.”300

En su lugar, publicaron en 1967 los dos manuscritos A y B completos en un tomo, presentando “el texto del de A en la mitad superior, y el de B en la mitad inferior de cada página”301 para admitir la libre consulta de ambos textos302.

Según nuestro parecer, el hecho de poner los dos manuscritos uno encima de otro, en lugar de uno al lado del otro, dificulta la lectura comparada. Así, las relaciones cuantitativas entre los dos manuscritos no destacan. Además la edición carece de un sistema uniforme de enumeración para poder cotejar los pasajes correspondientes303. Los editores sólo presentan los números de las líneas de los dos textos así como se han editado. Por eso, y por el hecho de que – al principio del libro – el ms. B es más extenso que el ms. A, los números de líneas no se corresponden en cuanto al comienzo de pasajes iguales, por ejemplo en la p. 180 el ms. B (arriba) empieza el párrafo con E yo

entonçes fuyme al lugar donde… en la línea 3018, mientras que el ms. A (abajo)

comienza el párrafo con E fueme al lugar donde… en la línea 2711. Desde allí en delante, el ms. A es más extenso que el ms. B, y por eso, el primero gana terreno, así que en la p. 365 en cuanto al párrafo que empieza con Et yo no te di/dy este

enxenplo/enxemplo… el ms. B está en la línea 6118 y el ms. A en 6117. Véase 3.3 para

la razón de este hecho.

Por lo demás, los dos editores presentan un texto bastante fiel aparte de unos errores de lectura los cuales anotamos en nuestra edición. Sin embargo, hay otro aspecto que nos ha llamado la atención. La puntuación – siempre agregados por los editores para facilitar y estructurar el texto – no es homogénea en los dos manuscritos editados

299 Keller (1969, 25). 300 Keller (1969, 29).

301 Keller/Linker (1969, XXXV).

302 Sin embargo, en la edición encontramos el ms. B por arriba y el ms. A por abajo. Los editores no

parecen darse cuenta de este hecho porque en la nota 13 refiriéndose al ms. B (p. 69) dicen: “Aquí en el manuscrito A se escribe Calilla, pero es claro que habla Dina, y corregimos también abajo; en el manuscrito B se escribe Digna.” Sólo en 1969 corrige este error: “It was then that Dr. Rafael de Balbín Lucas, […], offered an excellent suggestion […]. He advocated printing the two texts in such a way that each would contribute an equivalent passage on the same page, with the parts coming from Manuscript A separated from the equivalent part from B by a short line. The text of B appears, then, in our edition at the top of each page, and on the lower part of the page appears the text of A.” (Keller (1969, 32)). Pero allí se equivoca Keller atribuyendo los dibujos al ms. B y no al ms. A (p. 28).

en cuanto a pasajes correspondientes. Hay muchísimos casos de este fenómeno en la edición. Aquí nos limitamos a presentar dos ejemplos:

A 4341 …tan bien de mis bestias commo de las otras cosas.

B 4630 …tanbien de mis parientes, commo de mis vasallos e de mis tesoros e de mis bestias,

Véase IX.25b en nuestra edición para ver como el texto aparece en los manuscritos.

En el ejemplo siguiente, hay una enmienda en el texto del ms. A, la cual no aparece en la edición del ms. B304:

A 2733 …pues qu’el ha de perder este siglo e el otro [e] non es ninguna cosa…

B 3038 … pues que ha de perder este mundo e el otro. Non es ninguna cosa…

Estas observaciones nos hacen suponer que – en muchos lugares – los dos editores no colaboraron en la edición sino que cada uno editó un manuscrito independientemente del otro. Además, muchos problemas del texto – sobre todo los que salen a la luz por el cotejo de los dos manuscritos – quedan sin solución.

López Morillas (1971, 93) juzga la edición de la manera siguiente:

“As it is, the book lacks weight, pleasant though it may be to read and to handle. Beyond including the unabridged text of both extant MSS all that one could do in editing CeD had already been done – and done best, probably, as far back as 1906 by Stanford’s Clifford G. Allen.”

Se trata de un juicio erróneo opinar que la edición de Allen (1906) ya había puesto término al deber editorial en cuanto al libro de Calila e Digna.

Usamos esta edición para elaborar la nuestra, sobre todo porque figura en ella el ms. B como editio princeps.

Por último, en la historia editorial del libro de Calila e Digna, hay que mencionar la publicación de Cacho/Lacarra (1984), presentando sólo el ms. A. Esta edición es la mejor de todas con respecto a su fidelidad.

La utilizamos para verificar correcciones del texto.

Del ms. P, traducido de la versión hebrea de Ben Eli’azar305, hay dos ediciones simultáneas, una de Lacarra (1984) y otra de Sola-Solé (1984). No incorporamos este

manuscrito en el estudio presente a causa de su origen hebreo, señalando que nunca se ha publicado un cotejo de ambas versiones.

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