Centrándonos en las monedas antiguas de Hispania, objeto de este Catálogo, pode- mos señalar que aquí se estudian y clasifi- can 3.892 piezas, en las que se han distin- guido ocho grupos, atendiendo a criterios geográficos y períodos cronológicos. De ellas el mayor número corresponde a las acuñaciones provinciales romanas, y des- pués a las monedas ibéricas y celtibéricas, las ibéricas de la Ulterior, las fenicio-púni- cas, etc., hasta acabar en los seis ejemplares de las acuñaciones griegas. Agrupación que también nos sirve para conocer su crono- logía, que comprende desde las acuñacio- nes griegas, aproximadamente inicios del siglo III a.C., hasta el cierre de las cecas peninsulares con el emperador Claudio, 41- 54 d.C.
Algunas de las características de esta co- lección son la importante presencia de mo- nedas de la Hispania Citerior, tanto hispáni- cas como latinas, o el elevado número de cecas representadas, aunque se debe men- cionar la desigual composición de cecas y provincias: un 58,61 por 100 corresponde a la Tarraconensis, un 34,05 por 100 a la Bae- tica y un 6,78 por 100 a la Lusitania. Den- tro de ellas las cecas con más monedas en el Catálogo son: Carthago Nova en la Tarraco- nensis, Carteia, Corduba Colonia Patricia y Iulia Traducta en la Baetica y Emerita Au- gusta en la Lusitania, lo que, según la infor- mación que se proporciona, se debe a su mayor actividad, a un mayor número de emisiones y más éxito en el hallazgo de ejemplares. Las cecas que no están repre- sentadas son escasas y no se identifican con ninguna ciudad en concreto, sino con una determinada región. A pesar de ello, en va- rios casos se pone en evidencia uno de los puntos oscuros de este tipo de moneda, la determinación de los lugares de acuñación, y el de su realización a nombre de tribus, gentilidades o de ciudades.
Otros aspectos a destacar de estas mone- das son: las inscripciones, realizadas en di- versos alfabetos como el griego, el fenicio,
el ibérico y el latino, y los tipos iconográfi- cos. En muchos de los casos se encuentran dos inscripciones, una principal y completa, y otra secundaria y con siglas. Estas ins- cripciones tienen un valor geográfico y ét- nico, y sirvieron para que se incentivaran estudios de toponimia y geografía antigua de Hispania desde la Real Academia de la Historia, sobre todo entre los años 1875 y 1925. Así podemos encontrar nombres de una ciudad o de sus habitantes, de un pue- blo, tribu o clan, o, en las monedas de la úl- tima parte del Catálogo, el nombre de un emperador o de un magistrado.
Por lo que respecta a los tipos iconográ- ficos encontramos desde los guerreros, re- ligioso-mitológicos, arquitectónicos, mari- nos, los relacionados con la actividad co- mercial o agrícola hasta los que representan instrumentos ceremoniales. La persisten- cia de algunos de estos tipos podemos verla incluso en nuestra época. Este es el caso del reverso de los ases de Bilbilis (Calata- yud) que representa a un jinete con lanza a la derecha y sobre la línea del exergo la inscripción con el nombre de la ciudad, y que han copiado fielmente las monedas de cinco y de diez céntimos del período de go- bierno del general Franco.
Las monedas del Catálogo se reprodu- cen a tamaño natural, de ellas se señala la cronología, los tipos de anverso y reverso y las leyendas del conjunto de piezas de la misma ceca, el número de orden dentro de la colección, el metal, el peso y la posición de los cuños. Esta descripción se completa con observaciones como el estado físico de la moneda, su procedencia, las contramar- cas si las tiene, la denominación de la mo- neda y las referencias bibliográficas. Ade- más, al comienzo de cada capítulo hay un mapa con la localización de las ciudades que emitieron monedas presentes en esta colección.
Por otro lado, hay que señalar el carácter colectivo de la obra. En ella han colabora-
do especialistas en buena parte de las cecas representadas y que tienen publicadas mo- nografías al respecto; baste citar a: Marta Campo, Las monedas de Ebusus; Marta Campo y Bartolomé Mora, Las monedas de
Malaca; Carmen Alfaro, Las monedas de Gadir/Gades; Alicia Arévalo, La ciudad de Obulco: sus emisiones monetales; Ma-
ría Paz García Bellido, Las monedas de
Castulo...; Leandre Villaronga, Las mone- das hispano-cartaginesas, o Pere Pau Ripo-
llès, La ceca de Valentia, etc., y que se han ocupado de éstas. Trabajo que ha sido posi- ble gracias a la aplicación de los modernos métodos informáticos y en el que las refe- rencias bibliográficas de muchas de las mo- nedas catalogadas son las obras de los auto- res antes citados, junto con otras ya clásicas como la de Vives.
Los estudios pormenorizados de algunas de estas cecas, algunos, tesis doctorales, han conllevado que las piezas inéditas o con variantes de leyenda sean escasas, sin em- bargo, la gran cantidad de cecas representa-
das hacen que esta colección sea bastante completa. Esto nos permite ver la variedad de pueblos, ciudades y gentilidades en que se encontraba dividida la Península Ibérica, así como la identidad de caracteres de nu- merosos talleres monetarios. También ob- servar el cambio que se produce con la uni- ficación política conseguida por Roma y que afecta tanto al alfabeto como a los ti- pos, en lo que respecta al aspecto externo de las monedas.
En suma, la obra que aquí se presenta debe ser, ante todo, un instrumento de con- sulta, que permita a los investigadores de la numismática de este período no sólo que- darse en una mera descripción de las mone- das, sino, a través de ellas, lograr conocer sus creencias religiosas, su técnica, etc., y en la que con todos los datos porporciona- dos por las monedas se pueda llevar a cabo una completa historia económica.
SANTIAGO GONZÁLEZ SÁNCHEZ
Becario de la Fundación Casa de la Moneda RECENSIONES