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6.2 Suggestions for Future Work

6.2.3 Experiments

El miedo al qué dirán es uno de los miedos más humillantes que puede sentir el ser humano, y esto lo planteo en el sentido universal de la frase, es decir, aplicado a cualquier situación. Aplicándolo al tema que ahora nos ocupa, agrego que manipular a alguien y dominarle infligiendo miedo al qué dirán es un acto bochornoso y tiránico. Ejemplo: «si me dejas pensarán que no sabes mantener un matrimonio», o peor aún, «si me dejas le contaré a todos lo que hacíamos en la cama».

¿Tienes miedo a revelar tus sombras o defectos? Pues yo desconfío de todo aquel que tenga una vida inmaculada. Si eres humano tienes que haber cometido errores, y quizá algunos muy graves, pero lo mejor es aceptarlo y vivir con ellos. Yo he cometido errores de los cuales me arrepiento enormemente y otros de los cuales me río. El qué dirán es la medida de control por excelencia de los dominantes y de los manipuladores, y si dejas de hacer cosas o de tomar decisiones solo por el temor al qué dirán, terminarás dejando de vivir tu vida. ¿Que habrá quien te rechazará? Sí, puede ser. El rechazo forma parte de la vida y aprender a tolerarlo te hace más flexible y más pacífico.

¡Qué fastidiosos aquellos que permanentemente te están amenazando con el qué dirán! Lo peor es que son personas que en el fondo te admiran, te quieren o te envidian. La verdad es que quienes voluntariamente están pendientes del qué dirán esconden un narciso que les hace creer que los demás están pendientes de ellos. Cuando realmente se tiene una personalidad bien definida el qué dirán es solo un punto de referencia y no una medida de control. Siempre que no hagas daño a los demás ni a ti mismo, el qué dirán es solo una anécdota y no un grillete.

No se puede dejar de vivir por el temor al qué dirán. Ten presente que juzgar es el deporte de los que se sientan a ver lo que hacen los demás. Generalmente quienes critican o juzgan a los demás son espectadores bobos de las hazañas que ellos nunca se atreverían a hacer. No tiene ningún sentido criticar algo si la opinión que emites acerca de algo o de alguien no lleva en sí la semilla del crecimiento. Si es solo por criticar, solo es un ruido molesto. Temer el desprestigio por algún error cometido por muy grave que sea es temerle a tu condición humana y a tu derecho a errar. Son los miedosos generalmente quienes critican, y lo hacen a los valerosos, a los que sí se atreven a vivir.

Las críticas bondadosas podemos acogerlas, si queremos. Las críticas destructivas las dejamos pasar o nos reímos de ellas. Si el caso es que le tienes miedo a que te critiquen, entonces mejor quédate en casa viendo cómo los demás hacen cosas, porque quien no se atreve tiene que darle el paso a quienes sí lo hacen.

Mis consideraciones sobre este tema pueden resumirse así: el qué dirán sirve solo como referencia, si se usa como control es despotismo. Temer a la crítica es pretender que eres perfecto y que siempre harás todo bien. Si, por el contrario, piensas que todo el mundo está pendiente de ti sin que tú seas un personaje público famoso o destacado, revisa tu narcisismo o tu paranoia, pero bien no andas.

El odio

El odio, así como el amor y el miedo, es una de las emociones más intensas que puede sentir un ser humano. No es parte de las emociones básicas, pero cuando se siente puede volverse dueño de la personalidad. Tiende a aparecer cuando el individuo ha sido profundamente herido, o nace de la frustración, que es una incapacidad del individuo para enfrentar determinadas situaciones. Es una de las emociones que se experimenta

después de terminar una relación tormentosa o cuando nos dejan por otra persona. Es así como el amor puede llegar a ser la base del odio, y es por eso que el odio se alimenta de las heridas abiertas, tiene su centro emocional en el mismo sitio donde lo tiene el amor.

El odio y el amor se parecen en la intensidad, pero son absolutamente diferentes en la forma de expresión, acción y objeto. Las respuestas emocionales que genera son impulsivas e irreflexivas, y se puede sentir hacia los demás o hacia uno mismo. Hacia los demás se llama sociopatía, hacia uno mismo, depresión. Dentro de los esquemas del odio, la intolerancia es manifiesta, así como la agresión y la violencia. Esto es peligroso, pues el que odia quiere revancha. No se puede llegar al odio sin previamente haber sido herido o tener la sensación de haberlo sido.

El odio es una respuesta humana, no se puede llamar insano, pero es una emoción devastadora. La diferencia entre la rabia, el rencor y el odio tiene que ver con la intensidad y el tiempo de duración del tipo de emoción. Para entender el odio hay que entender el amor, están relacionados. De hecho, por uno puede llegarse al otro y los dos tienen una base obsesiva, pero la diferencia radica en lo que deseamos hacer con el objeto emocional.

Cuando una misma persona puede generar amor y odio implica que la percepción de esa persona hacia los demás es fundamentalmente subjetiva. ¿Necesita terapia? Seguramente sí, y la ayudaría muchísimo, porque muchos odios son tan fuertes que el individuo no los aguanta.

Una persona flexible, tolerante, con capacidad de aguantar problemas y frustraciones no llegará al odio con facilidad; este tipo de personas son felices y más sanas. El odio, además, es un sentimiento que no da ninguna satisfacción, y mientras te posea vivirás dentro de un espiral oscuro perdiendo un tiempo valioso de tu vida.