capital requirements of the board of financing service for technology companies and the board of SMEs
7. Explaining the Failure of the LEEs as a Conduit for SME Financing
Como el alma y el cuerpo en el problema célebre de la correlación de las sustancias, así el Derecho y la Economía se concatenan estrechamente en su desarrollo, sin que jamás puedan reducirse entre sí. Toda la obra del insigne jurisconsulto y filósofo Rodolfo Stammler, "es una reacción frente a la concepción materialista de la Historia", dice Rivera Pastor en su libro "Las Doctrinas del Derecho y del Estado".
Conforme a la concepción materialista de la Historia, el derecho es a posteriori, efecto y no causa, exponente tardío y derivado del estado económico que le precedió: epifenómeno, superestructura, no forma irreductible de lo social. El Derecho es "un eco del pasado que no habla del porvenir".
Según la tesis del DERECHO NATURAL, reflexiona Stammler se oponía lo histórico a lo racional. El mundo del impulso inconsciente e irreflexivo, al azar, al orden racional, al DERECHO NATURAL.
El ideal jurídico, para Stammler, no es un código racional ni un programa, porque CARECE DE CONTENIDO. Es una forma de la razón, cuya materia es la historia. De donde puede colegirse la relación entre Economía y Derecho. Entre sí son términos inconmensurables. La máxima utilidad no puede fundamentar la mínima justicia. Como no es posible, sumando cantidades finitas, llegar al infinito. Esto, como diría Pascal, es de "otro orden".
Así han marchado, juntos, los hechos económicos de la historia universal y sus formas jurídicas; pero esta concatenación nos pone en presencia de magnitudes concomitantes e inconmensurables. Es inútil tratar de poner bajo un común denominador lo que, por su ausencia, difiere; lo que exhibe su heterogeneidad radical, con plena evidencia. La fundamentalidad de lo económico no puede admitirse en lo jurídico. Las contingencias de la historia económica universal, no pueden dar de sí el Derecho. Esto sería mágico. Una positiva ciencia social, distinta del materialismo histórico, jamás explicará por lo económico lo jurídico, ni esto por aquello. La verdad social comprueba la relación asidua de ambos valores, pero no se empeña en unificarlos. La correlación es verdad; la reducción, error. La síntesis científica no ha de preferir una de las tesis a la otra. El conocimiento que niega sus propios elementos se aniquila, porque carece de objetividad. Del mismo modo que no es posible dar una teoría jurídica de lo económico, es imposible ofrecer una teoría económica de lo jurídico. Y, no obstante ¡en cada página de la Historia, la materia siempre cambiante, proteica, de la Economía, se va plegando a la forma jurídica! Pero no como un principio que engendra necesariamente su consecuencia, sino como un líquido que llena su recipiente, y se amolda dúctilmente a él. Todo derecho y toda economía son "históricos", desde un punto de vista; pero el valor jurídico dice la finalidad última, y el económico es la materia que se informa en el designio.
Antes de Marx, la Historia Universal se estudiaba sin atender, suficientemente, a los hechos económicos. ¡Error funesto! Era una historia incompleta. Después de Marx, todo tiende a explicarse "económicamente". ¡Otro funesto error! Tan falso es el primer punto de vista como el segundo. Tan falso es el error en su primera como en su segunda manifestación. Porque la ciencia verdadera reconoce las causas reales y los límites de su alcance explicativo. Al sostener la hegemonía de lo económico, se niega la autonomía de lo no económico; y al ignorar el factor económico se desconoce una causa positiva de la Historia. Es más sutil la vida social que los esquematismos que pretenden constreñirla. "En el seno de la sociedad, dice Stammler, o lo que es lo mismo, en medio de los fenómenos de masa, surgen aspiraciones que tienden a la transformación del orden jurídico vigente. Estas aspiraciones chocan con las que tienden a conservar el orden jurídico establecido. Si las primeras triunfan, el orden jurídico actual se derrumba, para dejar su puesto a un nuevo derecho positivo. Pero, dentro de esta nueva ordenación, no tardan en aparecer nuevos fenómenos que representan el desenvolmiento homogéneo desorden jurídico. Y, nuevamente, provocarán estos fenómenos aspiraciones de transformación, que acabarán por imponerse, si alcanzan para ello fuerza bastante". El materialista histórico G. Plekhanof, una de las columnas intelectuales del bolchevismo, ha escrito esta breve fórmula, que condensa la reivindicación de Marx, Engels y Feuerbach contra el idealismo de Hegel: "SOY PARTIDARIO DE LA IDEA FUNDAMENTAL DEL MATERIALISMO HISTÓRICO; NO ES LA CONCIENCIA LA QUE DETERMINA EL SER, SINO EL SER EL QUE DETERMINA LA CONCIENCIA"; ENTONCES, LO ECONÓMICO, ES "EL SER". Y LO JURÍDICO, "LA CONCIENCIA"; PERO LA VERDAD ES QUE EL SER VERDADERO ES TANTO LA MATERIA, El SER MATERIAL, COMO LA CONCIENCIA, EL SER INMATERIAL. Por esto el Derecho y la Economía se integran en expresión más verdadera de lo que piensan Marx y sus discípulos. Ambos SON y son conciencia. El error metafísico influye de rechazo en la falsa concepción de las relaciones que median entre Economía y Derecho.
¡Paradoja inconcebible!... Un revolucionario social, como el fundador de la concepción materialista de la Historia, menosprecia, como dice Menger "la órbita ideal de lo jurídico". En consecuencia, tiende a ignorar, sistemáticamente, las relaciones entre los valores morales y los económicos. Sin embargo, SU PROPIA REIVINDICACIÓN SOCIAL, IMPLICA ESOS PRINCIPIOS JURÍDICOS QUE NIEGA. Por esto se ve urgido a hacer de la Historia un puro determinismo económico, en el que el ideal aparece siempre como "efecto" y no como "causa". Pero LA CIENCIA, NUNCA UNILATERAL, SI FUERE VERDADERA, HA DE UNIR EN SU SÍNTESIS EL DETERMINISMO ECONÓMICO Y EL IDEALISMO JURÍDICO, respondiendo, de este modo, a las urgencias decisivas de la conciencia humana, que hacen DEL VALOR ÚTIL un puro instrumento de la civilización.
El pluralismo de los valores torna inteligible la marcha complejísima de la Historia. En cambio, la funesta teoría materialista, que subordina como "epifenómenos la política, el
Derecho, la Religión, y la Cultura al fenómeno económico, desconoce la esencia propia de cada uno de estos ordenes históricos, y al desconocerlos, pretende lograr un saber imposible. Nada puede ser objeto de conocimiento, sin ser respetado en su integridad. El pensamiento filosófico no consiste en el empeño absurdo de unificar desconociendo, sino en la respetuosa consideración de lo diferente como diferente lo semejante como semejante y lo idéntico como idéntico en sí. El Derecho y la Economía afirmaron su ser propio al manifestarse aliados y diversos, dentro de la evolución y concatenación históricas.
Los materialistas, como Marx, niegan el derecho natural y afirman sólo el derecho positivo, emanación del Estado. Los partidarios del derecho natural dicen: un derecho que no se ajusta a la razón, no es tal derecho, sino un hecho, simplemente. La verdad es que, derivándose el derecho de las tradiciones y las costumbres, de las CREENCIAS y DESEOS, como diría Tarde, expresa en un momento dado de la vida social, ese ideal inmanente que constituye la esencia social del derecho natural, así como el conjunto de prácticas que con las creerlas y los ideales se sintetiza. Es decir, el derecho natural y el positivo son dos aspectos siempre enlazados del Derecho, y que encarnan en los hechos inseparables de la solidaridad humana.
EL CABALLERO DE LOS ESPEJOS HALLO SU SOMBRA