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2.2. Adherence to Islamic Financial Values

2.2.3. Explaining the Relationship between Adherence to the Islamic Financial Values

No pasaré de Cartago sin escribir algo aquí sobre esta Cordillera de los Andes que acabamos de atravesar por el Quindío.

Dicha montaña es muy bella, muy sana, y hay sitios en ella en que se puede decir con el Barón de Humboldt: “que los árboles demuestran el lujo de la vegetación ecuatorial,” y con Caldas: “que las palmeras colosales se levantan tan alto que parece que desafían el cielo”.

Diario de campaña de Joaquín Acosta, octubre 12 de 1819209

En este capítulo abordaremos el estudio del Semanario de la Nueva Granada, uno de los dos libros publicados con la coordinación de Joaquín Acosta en París, al año siguiente de su obra histórica. El otro texto, Viajes científicos a los Andes ecuatoriales, si bien es importante desde un punto de vista científico, no es lo tanto para quien desee comprender la opción que hizo el General por estudiar las antigüedades en una etapa avanzada de su vida.210 Nuestro postulado básico es que existen lazos de unión entre los tres libros, pero principalmente entre el Compendio y el Semanario. Estos nexos son principalmente de dos tipos: editoriales, en primer lugar, ya que los tres fueron publicados por el mismo editor, A. Lasserre; conceptuales, en segundo lugar, pues los

209 Fragmento del diario de viaje de octubre 12 de 1819, en BGJA, p. 33.

210 Vale la pena citar el título completo de los libros: Semanario de la Nueva Granada. Miscelánea de ciencias, literatura, artes é industria. Publicada por una sociedad de patriotas Granadinos, bajo la direccion de Francisco José de Caldas. Nueva edición corregida, aumentada con varios opúsculos inéditos de F. J. de CALDAS. Anotada y adornada con un retrato y con el cuadro original de la Geografía de las plantas del Baron de Humboldt. París, Librería Castellana, Lasserre Editor, 1849. Viajes científicos a los Andes ecuatoriales ó colección de memorias sobre física, química é historia natural de la Nueva Granada, Ecuador y Venezuela, presentados á la Academia de Ciencias de Francia por M. Boussingault, su actual Presidente, y Miembro del Consejo de Estado de la República; y por el Sr. Dr. Roulin: traducidos con anuencia de los autores por J. Acosta y precedidas de algunas nociones de geología, por el mismo. París, Librería Castellana, Lasserre Editor, 1849. Hay un cambio sutil, no

involuntario, en el título que Acosta da a la reedición del Semanario: ya no se llama del Nuevo Reino de

Granada, como en su versión original, sino de la Nueva Granada, nombre que marca el cambio del

régimen colonial a la etapa republicana y muestra la apropiación de los contenidos del texto como pertinentes para la nueva época.

tres tienen como trasfondo el interés por conocer más profundamente a la Nueva Granada y pretenden generar un sentimiento de “patriotismo territorial” en los lectores.

En particular, me interesa determinar quién era el editor A. Lasserre, cuál era su perfil, sus intereses, el público al que se dirigía y el tipo de relación que entabló con Acosta. A falta de más fuentes, para tal fin me baso en la “Advertencia del editor” que aparece al inicio del Semanario. Este breve ejercicio de historia editorial está seguido por la exploración de los ejes conceptuales del Semanario que en nuestra opinión se convirtieron en un referente básico para Acosta. Me concentro en el encomio al estudio de las antigüedades neogranadinas hecho por los redactores del periódico ilustrado; en la mirada particular, de carácter científico-romántico que imprimieron a la montaña y a la altitud, y en la clasificación de la población del Virreinato según el código binario civilizados-salvajes. En los capítulos siguientes se volverá sobre estos temas al analizar los contenidos del Compendio. El capítulo toma en cuenta el papel de Acosta como comentarista y por tal motivo traemos a colación cuando sea pertinente las notas de página que acompañan el cuerpo del texto, que dicen mucho de la postura personal del General.

El editor A. Lasserre y la colección

Desde luego no fue coincidencia que las tres obras que Acosta escribió y coordinó en París fueran publicadas bajo el patrocinio del editor A. Lasserre. La colección de la que hicieron parte, llamada “Librería castellana”, demuestra el interés por llegar a un público lector hispanoamericano residente en Europa, proclive a la defensa de los valores republicanos y a las independencias americanas, tanto de las colonias españolas como anglosajonas, auditorio éste con un perfil cosmopolita e interesado en la divulgación científica y humanista. Esta colección hacía parte de aquella literatura escrita en idiomas diferentes al francés publicada en París, capital mundial de la edición en el siglo XIX, y dirigida a las comunidades anglófonas, germanófonas y de habla

hispana, principalmente.211 En sus títulos se encuentran libros de ciencias, de viajes, de

historia, manuales prácticos, entre los cuales destacan los del barón de Humboldt.212

El perfil de A. Lasserre se hace muy claro en la “Advertencia del editor” que aparece en las primeras páginas del Semanario. Lasserre empieza afirmando: “Deseando contribuir al progreso de las ciencias y de la ilustracion en la América Española, he emprendido una serie de publicaciones que hasta aquí han sido acogidas con favor”.213

Se declara un editor extranjero vivamente motivado por “la prosperidad” de los países hispanoamericanos. Como en el caso de Acosta, este cuidado se manifiesta de dos formas: el avance de la ciencia y la ilustración, en primer lugar, y lo que podríamos llamar el triunfo de la causa republicana, en segunda instancia. Es así como, cual un americano del sur, Lasserre habla del sacrificio de las vidas de los hombres ilustres reunidos en torno al Semanario, y presenta su libro como un homenaje a la memoria de “tan ilustres patriotas”. Por supuesto, también recalca las valiosas contribuciones de los artículos del Semanario en los ramos de la geografía, la historia natural, la economía industrial y la política.

211 Cooper-Richet, Diana, “Littérature étrangère et monde du livre, á Paris, au XIX siècle”. Ponencia

presentada en el I Seminario brasilero sobre libro e historia editorial, noviembre de 2004, Río de Janeiro. Disponible en: <http://www.livroehistoriaeditorial.pro.br/pdf/dianacooperrichet.pdf>. Última consulta: voviembre 19 de 2006. Lamentablemente, no hemos encontrado información sobre A. Lasserre en los archivos de Colombia, ni en la web.

212 En la “Lista de algunas obras que se hallan en la Librería Castellana”, reproducida al final de Viajes científicos, podemos distinguir las siguientes categorías temáticas: 1) geografía y viajes; 2) historia; 3)

economía y política; 4) ciencia y técnica. En el primer campo encontramos obras como las siguientes: los

Ensayos políticos de Nueva España y Cuba, de Humboldt; Viajes de Thomas Gage en la Nueva España durante los años 1625 y siguientes, y Viajes a las regiones equinocciales también de Humboldt. En el

segundo campo figuran, por ejemplo: Curso de historia antigua, griega y romana, al uso de la escuela

militar de Francia, de un tal Guay; Historia de la conquista del Nuevo Mundo, recopilación de obras

clásicas de Solís, Garcilaso de la Vega, y Cárdenas y Cano; Historia verdadera de la Conquista de

Nueva España, por Bernal Díaz del Castillo; Historia de América de William Robertson, libro

importante como veremos en este capítulo. En el tercer campo se halla un Curso de economía política, de un tal Álvaro Florez Estrada. En el último campo tenemos Historia natural del género humano por Virey y Obras completas de Buffon, entre otros. Baste citar estos ejemplos para hacer notorio el prestigio de algunos títulos de la colección, la novedad de otros y su carácter polifacético. El hacer parte de esta serie significaba para el Compendio comenzar su vida con una distinguida carta de presentación.

213

Lasserre termina con un aplauso a la colaboración desinteresada de Acosta, quien además de proporcionarle los materiales para la publicación y excitarlo a llevarla a cabo, tradujo la “Geografía de las plantas” de Humboldt nuevamente, adecuándola a ediciones posteriores a la traducción original de Jorge Tadeo Lozano y le facilitó algunos escritos inéditos de Caldas.214 Después Lasserre recomienda continuar el

estudio de las riquezas naturales de la Nueva Granada y ofrece su cooperación en calidad de editor a quienes tuvieran interés en publicar escritos de este tipo:

A los que lo hagan ofrezco mi cooperacion en calidad de editor, como mi agradecimiento al Sr. Coronel Acosta por el sacrificio desinteresado de su trabajo, su saber y su tiempo. ¡Ojalá le imiten muchos de sus compatriotas á fin que el nombre Granadino sea mas y mas apreciado en Europa y América, y se le tribute el loor debido!215

Es probable que Lasserre compartiera los círculos de sociabilidad parisinos de Acosta que estudiamos en el capítulo anterior. Es probable, también, que fueran amigos personales y que este editor tuviera la misma pasión por América y los americanos que otros europeos de la época, despertada por el ciclo de las independencias y la curiosidad científica. Si Lasserre era el editor y el librero, como se aprecia en su forma de firmar –“A. Lasserre, librero editor”--, a Joaquín Acosta le cupo el papel de compilador, traductor y comentarista. Tanto los viajes de Boussingault como la gaceta de Caldas son más que una mera “reimpresión” de unos textos publicados anteriormente: en ellos hay una intencionalidad palpable en el aparato de edición que los acompaña, compuesto de notas al pie, comentarios, etc., que los convierten en dispositivos culturales de un tipo particular.216

214 La obra de Humboldt “Geografía de las plantas” había sido traducida originalmente del francés por

Jorge Tadeo Lozano y publicada en el Semanario. Para la edición de 1849 Acosta hizo una nueva traducción de común acuerdo con Humboldt. Los escritos inéditos de Caldas que Acosta publicó son “Viaje al corazón de Barnuevo”, de 1804 (pp. 435-437); “Viajes al sur de Quito” (pp. 437-481); “Viaje de Paute” (pp. 481-491); Cuenca (pp. 491-504) y “Viaje de Quito a Popayán” (pp. 504-522).

215 Ibíd., p. VII. Todas las citas del Semanario que aparecen en este capítulo fueron tomadas de la edición

de Joaquín Acosta.

216 En el curso del siglo XIX las figuras del editor y el librero se separaron. Es posible que Lasserre,

El modelo del científico patriota: Francisco José de Caldas

En efecto, Joaquín Acosta tenía un claro propósito al reimprimir el Semanario, como lo demuestra la “Breve noticia sobre Francisco José de Caldas”,217 pequeño boceto biográfico acompañado de un grabado del sabio neogranadino. Para Acosta, Caldas era una figura emblemática, objeto del mayor respeto. Sin desconocer los aportes de los otros personajes que contribuyeron a la publicación, Acosta parece adjudicar el éxito del Semanario a don Francisco José.

Llama la atención el paralelo que se puede establecer en la vida de los dos personajes, Caldas y Acosta: ambos cultivaron la ciencia, o mejor, las ciencias, ya que no se dedicaron a una sola permanentemente; asimismo, ambos batallaron en las guerras de Independencia y pusieron sus conocimientos técnicos al servicio de las nacientes instituciones republicanas. Este “doble destino” de científicos y militares, interpretado por sus comentaristas y por ellos mismos como una entrega por el bien de la patria, es la representación predominante en los bocetos biográficos de los dos sujetos. Caminos que confluyen en el mismo fin: el patriotismo, el progreso nacional.

Sería arriesgado plantear que el natural de Guaduas se sintió “identificado” con el estudioso payanés, entre otras razones, porque éste nunca salió del Virreinato y solo entró en contacto indirecto con las comunidades científicas de Europa. Pero era precisamente su vocación autodidacta la que Acosta destacó en el corto boceto de introducción del Semanario, así como su destino de mártir de la emancipación. La constancia que vence el aislamiento y la dificultad, y la entrega por la patria son, pues, los dos aspectos que Acosta reivindica. El primer aspecto es importante en un país carente de instituciones científicas afianzadas, en el cual la perseverancia de un individuo aislado puede ser el camino para coronar el éxito. Al igual que en el des editeurs”. En : Henri-Jean Martin y Roger Chartier (ed.), Histoire de l´édition française, vol. 3. París, Fayard, 1990, p. 176.

Compendio, el público ostensible de este libro son los jóvenes de la Nueva Granada,

pero en este caso el objeto de emulación y enseñanza no son sucesos históricos, sino Francisco José de Caldas. Se pretende pues incentivar la formación científica de los neogranadinos a partir de un personaje ejemplar, como se puede apreciar a continuación218:

Francisco José de Caldas nació en Popayán en 1770 y llegó á ser, por sus propios esfuerzos, sin maestros, sin libros [sic.] y sin recursos, botánico, físico y astrónomo distinguido. Su vida ofrece el mas brillante ejemplo de lo que es capaz de obrar la virtud perseverante, el ardor y el entusiasmo por las ciencias.219

Y más adelante establece la conexión con su otro destino:

[...] !Que mucho pues que un carácter tan noble y patriótico abrazara la independencia la causa de la independencia de su patria! Y que el botánico y el astrónomo se transformara, durante la lucha por la libertad, en militar y en ingeniero ocupado los últimos años de su vida en formar jóvenes para la ciencia de la guerra, ó en trazar fortificaciones!220

Con ligeras modificaciones, Acosta hubiera podido transformar este párrafo en una descripción autobiográfica. La capacidad de unir ciencia y política, de colocar la ciencia al servicio de la política y dotarla de un cariz de nacionalismo incipiente, la comparten ambos. La conexión entre ciencia, independencia y patriotismo es claramente puesta de relieve por el autor del Compendio.221 Por tal razón, el

218 En 1852 Lino de Pombo publicó la primera biografía de cierta extensión del sabio Caldas, en el cual

se refiere al Semanario como una empresa “grandiosa en su objeto, y eminentemente patriótica...” y a Caldas como “mártir de la Independencia nacional”. Pombo, Lino de, “Biografía de Caldas”. En: Caldas, Francisco José, Estudios varios. Bogotá, Imprenta Nacional, 1941, pp. 5-50. Primera edición en La

Siesta, periódico fundado por Lino de Pombo.

219 “Breve noticia...”, p. IX. Es notoria la similitud con el boceto biográfico que Soledad Acosta de

Samper hizo sobre su padre en 1910. “El General Joaquín Acosta”. En: Biblioteca histórica: época de la

independencia y presidentes de la Nueva Granada. Bogotá, Imprenta Moderna, 1910, vol. 1, pp. 199-

224. Puede tratarse, quizá, de un modelo de interpretación historiográfica aplicado a la biografía de los “grandes personajes” en Colombia.

220 “Breve noticia...”, p. X.

221 Thomas Glick ha estudiado la relación entre ciencia, patriotismo e independencia política en Nueva

fusilamiento de Caldas implicaba un doble sacrificio: el del científico heroico y el del patriota. El autor utiliza figuras retóricas exaltadas para reprobar su muerte y ligar este hecho con el presente de su país:

¡Vergüenza é ignominia eternas á los bárbaros que le hicieron perecer en el patíbulo, solo porque era sabio y patriota! El dia 30 de octubre de 1816 en que la cuchilla del general español Morillo privó á Caldas de la vida, la naturaleza tropical se cubrió de un velo fúnebre, y desde aquella época triste la patria no ha podido reemplazar a su hijo benemérito.222

El lugar de ese hijo de la patria que no se había podido remplazar en 1849, es el pretexto para comprometer a los jóvenes granadinos en el estudio de las ciencias. Acosta dice que más de treinta años han transcurrido y el puesto de Caldas continúa vacante, a pesar de los progresos que ha hecho la ciencia en el mundo. Así, argumenta, los jóvenes coetáneos disponen de condiciones más favorables, que podrían aprovechar mejor para llegar más allá del sabio sacrificado: “Libros, métodos e instrucciones”, y más importante, “...un gobierno liberal que protege á los que se dedican á las ciencias. La patria os convida, la gloria y la celebridad os aguardan”223.

Podría decirse que Acosta pretende obrar con sus palabras y con los escritos de Caldas, y busca que éstas tengan efectos prácticos en la Nueva Granada. Aquí aparece claramente expresada la conexión entre ciencia, patria e instituciones liberales que primer lugar, las tentativas por crear una “ciencia americana” a fines del siglo XVIII por parte de un núcleo de personalidades ilustradas, entre ellos, y principalmente, Caldas. Ciencia esta que se opusiera a la representación de inferioridad del continente hecha por varios naturalistas europeos del momento, especialmente de Pauw y Buffon, y que estaba asociada a valores patrióticos. En segundo lugar, mantiene que debido a la polémica sobre el ambiente americano, los científicos criollos trabajaron en un marco ideológico que era por definición anti-europeo, y así les quedaba fácil identificarse con la ideología política anti-europea. Puede plantearse que en Acosta también hay una marcada relación entre ciencia y patriotismo, mas el intento por lograr la “autonomía” de las influencias externas no lo acompaña. Glick, Thomas, “Science and Independence in Latin America (with Special Reference to New Granada”. En:

HAHR, Vol. 71, No. 2, 1991, pp. 307-333. 222 “Breve noticia...”, p. X.

223 Ibíd. Es curioso que Acosta llamara “liberal” al gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera, vigente en

el momento de publicar el libro, con el cual se encontraba enemistado y tenía una relación ambigua, como vimos en el capítulo 1. Sin duda, Acosta se refería a las instituciones demoliberales y no al partido político liberal aún en formación.

Acosta y varios de sus contemporáneos proponían. Un interrogante por resolver más adelante es qué tipo de “efectos” esperó generar al dar a conocer su historia de la conquista.

Sabemos, gracias a su biógrafa, que Acosta había leído a Caldas en su juventud. Tal vez esta lectura, acompañada del examen de algunas obras de Humboldt, generó en él una actitud de admiración por la naturaleza y de descripción precisa. Posiblemente le inspiró un patriotismo ligado al estudio riguroso, que lo mismo podía apelar al estudio de la naturaleza que al del ser humano y las “antigüedades”.224 Indaguemos, pues, cuáles fueron los ejes conceptuales que se expresaron en el Semanario, que seguramente sirvieron de base para la empresa de Acosta.

La geografía, las antigüedades y el patriotismo territorial

Varios estudiosos coinciden en señalar que el Semanario dirigido por Caldas fue uno de los focos más importantes del movimiento ilustrado en la Nueva Granda, y que en torno suyo se fraguó una suerte de “patriotismo territorial”, ligado al descubrimiento y exaltación de la geografía y los recursos naturales del Virreinato.225 En ese sentido, es

224 Es necesario precisar la acepción que nos interesa del término “antigüedad” en esta época. Los

diccionarios de la Real Academia de 1780 y 1817 registran el mismo significado: “La calidad de antigüo, como la ANTIGÜEDAD de una ciudad, de una familia, de un edificio, &co. [...] El tiempo antiguo, y tambien las cosas que en él sucedieron. [...] Se entiende muchas veces de los hombres sabios que hubo en lo antiguo”. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia española. Madrid, Imprenta Real, 1817, p. 69. La definición más precisa de este término en el contexto neogranadino y americano, se refiere a los objetos votivos o de uso cotidiano elaborados por culturas precolombinas en un material