• No results found

6. Empirical model

6.1 Variable definitions

6.1.2 Explanatory and control variables

En la historia del hombre, así como en la novela de Nicholson, el acto de viajar, encierra -como acaba de decirse- un significado del todo trascendente. En la memoria cultural colectiva conviven los relatos de viajes extraordinarios que se han configurado como hitos del hombre en distintas épocas y circunstancias. En la historia hebrea por ejemplo, se refiere el viaje del éxodo a cargo de Moisés para asentar a los judíos, el ‘pueblo elegido por Dios’. En la baja edad media, están los épicos viajes de Marco Polo que unieron comercialmente a Europa con Asia en la llamada ruta de la seda. En el siglo quince, inician los viajes de Cristóbal Colón a lo que sería conocido como ‘El nuevo mundo’. Y en el siglo veinte, un astronauta de apellido Armstrong llegaría a la luna, siendo el viaje más distante hasta la actualidad. Son sólo unos pocos ejemplos de los incontables viajes que acompañan y han construido la historia del ser humano. Sin embargo, viajar, como

102

89

P.|

reseña la antropóloga Maria José Fernández,103 no es una actividad que haya surgido en exclusiva con el pincel histórico del hombre. Habría que irse mucho más atrás, a tiempos prehistóricos en los que ya los primeros homínidos se vieron en la necesidad de desplazarse en busca de otros climas y territorios para seguirles la huella a sus presas y lograr mejores condiciones de habitabilidad; tal como aún lo hacen muchas especies de animales que se desplazan con el cambio de estaciones. Es así como los mamíferos y el Homo Sapiens, tuvieron que llevar a cabo este desplazamiento prefigurando con él, los proto-viajes humanos, aunque éstos se dieran motivados por una necesidad básica de supervivencia, como un acto natural e instintivo.

Pero luego, el viaje se transformó en algo más humano y adquirió otros sentidos: Florece como un símbolo cultural y espiritual. Cuando aparece en el hombre la idea de que al morir no puede terminar el viaje, sino que la muerte habría de ser la partida hacia uno nuevo, instaura su condición de viajero eterno. Por ello se inventa complejas ceremonias y tumbas funerarias, algunas de ellas tan magníficas como las pirámides egipcias; refugios de los reyes que emprendían su viaje hacia ese destino misterioso, acompañados en algunos casos, de otras personas cercanas, animales y pertenencias materiales. A medida que avanzan las culturas, también lo hacen los viajes ataviados de sentidos simbólicos: En la Grecia clásica, miles de personas adoptan la rutina de viajar a ciudades como Olimpia, Delfos y Corinto, con motivaciones religiosas, estéticas y espirituales; encuentros con sus dioses, el goce de la belleza, la fuerza, y el arte en sus diversas manifestaciones. El sentido simbólico-religioso, también conducirá a los europeos a partir de la Edad Media a pelegrinar rumbo a ‘tierra santa’, de modo similar a lo que ocurrirá con los musulmanes en sus peregrinaciones hacia La Meca, en Arabia Saudita. Es así como el viaje, termina siendo una práctica totalmente humanizada a la vez que humanizante.

103 FERNÁNDEZ, Ma. José. El hombre y el viaje. Hacia una reflexión ontológica del turismo. En: Ciencia y Mar. Mayo 1998. Vol. II, Núm. 5. p. 45-49

90

P.|

Viajar es en esencia un movimiento de un lugar a otro, que en el sentido humano, como anota Fernández, implica “ir en busca de otros paisajes, otras personas, otros ambientes, otras situaciones. En un sentido básico, (…) ir al Otro”104 y hacia ‘lo otro’, porque como ya se ha indicado, en la intención del viaje siempre hay una búsqueda. El sujeto viajero siempre va en busca de algo de lo que carece en su cotidianidad, en su sitio de residencia y en las personas con quienes comparte. Sólo que el caso de nuestro personaje William es más crítico puesto que no comparte realmente su vida con otro ser diferente a su reflejo en el espejo. Su búsqueda ha de ser la de sí mismo; la necesidad del viaje de William es de orden espiritual y filosófico aunque se dé en términos físicos: Al viajar debe buscarse hacia adentro para liberarse, y en este proceso han de mediar los otros. Para este propósito, una parte de él, pesada y dañina con la que ha estado cargando toda su vida, necesariamente debe morir en el trayecto; aquello lo intuye su familia al enterarse de la partida, él en cambio sólo advierte una ironía:

Ésta es mi sorpresa.(…) Catástrofe atómica en el seno de la familia. Todo este tiempo queriendo sacarme de mi habitación y, ahora que me voy, se comportan como si fuera a morirme.105

El viaje humanizante de William, se ubica en una dimensión alejada a la de otros viajes en la vida ordinaria. Esos en los que se busca “vender productos, transportar gente, cobrar dinero, firmar contratos, acuerdos políticos, [o] farandulearle a los amigos por visitar lugares exóticos”.102 El de William es un viaje ajeno a estos fines; no hay destino geográfico predeterminado, ni una oferta turística ‘todo incluido’, ni siquiera una cámara fotográfica para presumir o guardar registro gráfico de los sitios a los que se arriba. Incluso el teléfono celular se ha ido por un inodoro. Será el plan “más limpio de toda la existencia”; sólo su mano será la herramienta de viaje disponible para hacer autostop, -echar dedo-, a algún desprevenido conductor que se anime a transportarlo a cualquier lado:

104 FERNÁNDEZ, Op. cit., p.45 105

91

P.|

El gran avance es este: No tengo por qué tener destino. Puedo largarme sin ir a ningún sitio. (…) Se me antoja el plan más limpio, puro, ligero y sencillo de toda la existencia. Ningún destino. Ningún equipaje. Ninguna expectativa. Ninguna llegada. Viaje sin voluntad. Rodar como un guijarro, caer como una hoja, navegar como una nube.106

En efecto es, como él lo asevera, “un viaje sin voluntad”, sólo que debe completarse esta afirmación: Sin voluntad consciente. De fondo, sí hay una finalidad específica, ajena todavía a los razonamientos de William: Le urge salir en busca de los otros para descubrir ‘su otro’, reprogramar su espíritu y darle un sentido diferente a su existencia trágica e individualista. El viaje deberá servir como tratamiento para un paciente cuyo cuadro clínico revela la agonía de un egoísmo crónico.

Related documents