Sistemas tradicionales de producción e intercambio. El conuco o chagra es un
sistema productivo que se asocia a la oferta de la vega del río y es común en la mayoría de pueblos indígenas de Guainía. Se trata de un sistema de agricultura itinerante que se combina con actividades de pesca, caza y recolección de frutos, semillas, nueces, y es estacional. El ciclo climático anual señala el comienzo de la actividad de transformación del territorio a inicios del verano, en los meses comprendidos entre diciembre y febrero. Al comienzo de las lluvias de marzo se siembran en el conuco la variedad de especies alimentarias: tubérculos, frutales, plantas medicinales, rituales y decorativas. El conuco “es femenino, espacio de fertilidad, extensión simbólica de la maloca y medio de aprendizaje de los niños. La preparación del terreno es masculina y la cosecha, transformación y distribución de los alimentos es femenina” (Zarate, et al., 2012:120). Cada nuevo conuco sustituirá en la cosecha al anterior que se deja enrastrojar para garantizar la recuperación de los suelos. En estos sistemas, las relaciones de reciprocidad son claves, en contraste con las relaciones de mercado.
Articulación al sistema estatal y a la economía de mercado. Los pueblos y
comunidades indígenas de Guainía sostienen una relación permanente, aunque relativamente tenue con la sociedad colonial, primero, y luego con la sociedad nacional y la sociedad mercantil global occidental -sus instituciones y centros poblados-, la cual se va intensificando a medida que el estado descentralizado y el régimen de transferencias de recursos del estado central se ha instaurado y va cobrando fuerza, que las estrategias de seguridad llamada democrática se han consolidado y que la construcción de soberanía por parte del Estado en las regiones de frontera se va intensificando, particularmente en la última década.
La educación formal en manos de misioneros católicos sentó las bases de una interlocución en castellano y moldeó algunas de las instituciones de gobierno propio, como el capitán y el cabildo, utilizados como puente de mediación con el gobierno y sus instituciones. Los sistemas estatales recientes de reproducción de la fuerza de trabajo, particularmente en el área de la salud y educación, profundizan el ingreso de una lógica estatal en la producción de la vida social.
De igual forma, los comerciantes del caucho, las bonanzas de pieles y fibras naturales, las empresas extractivistas de maderas y pescado, la explotación minera, los cultivos ilícitos de hoja de coca y los modelos de producción agropecuaria, introducen nuevas relaciones económicas, sociales y políticas que hacen presencia e interactúan con los modelos indígenas.
A continuación se presenta la tabla de temas generales y los problemas identificados en la relación de las comunidades indígenas con el Estado.
Descriptores departamentales de economía y productividad. Los sectores que más participan en la dinámica económica de Guainía son la administración pública y la educación, que sumadas representan casi la mitad del PIB departamental, seguidas por las actividades comerciales.
TEMÁTICA PROBLEMAS IDENTIFICADOS
En relación con el Estado
No reconocimiento por parte de las instituciones gubernamentales de la diversidad cultural
Legislación inaplicable que no tiene en cuenta la problemática regional.
Tramitomanía por cuenta de la DIAN. Explotación minera que ocasiona desplazamiento. Ausencia de fuerzas militares: presencia incompetente del estado.
Falta de transporte.
Inexistencia de cedula única binacional. Salud.
En relación con el respeto
El Estado no reconoce la autoridad indígena.
Irrespeto por la cultura ancestral, las zonas sagradas indígenas y sus territorios.
Invasión territorial por parte del municipio.
Maltrato a los indígenas en las fronteras por parte de los venezolanos.
Políticas de desintegración cultural. Irrespeto a los Desplazados.
En relación con la capacitación
Capacitación en legislación fronteriza. Trabajo y capacitación para los pueblos indígenas. Educación con infraestructura y dotación.
Tabla 3.
Temas generales y problemas identificados.
Figura 6.
Participación de los sectores económicos en el PIB de Guainía.
Fuente: (Zarate, et al. 2012:120).
Fuente: DANE – Cuentas Nacionales Departamentales - 2012
Educación 17% Construcción 11% Conmunicaciones 5% Comercio 12% Agropecuario 4% Administración pública 24% Servicios inmobiliarios 1% Servicios financieros 7% Comunicaciones 5% Minería 3% Industria 2% Impuestos 5%
Participación indígena en los sectores de la economía de mercado regional. El sistema de endeude que predominó en la relación de trabajo durante las bonanzas extractivas, se mantiene latente bajo una modalidad de avance o adelanto de insumos para la reposición de la fuerza de trabajo, especialmente en la zona rural: mercancías, herramientas y alimentos que son entregados con anticipación, para realizar faenas en pesca, minería, tala de madera, captura de peces ornamentales, construcción, etc., generando un ciclo de endeude permanente con los comerciantes.
La reciente empresa ecoturística en el Departamento no arroja oportunidades de participación e ingresos para el sector indígena por su debilidad e incipiente infraestructura. Sin embargo, podría ser un sector promisorio siempre y cuando se establezcan reglas de participación adecuadas y se informe adecuada y suficientemente a las comunidades indígenas sobre los beneficios y riesgos de estas empresas. (Zarate, et al., 2012:122)
Los excedentes del conuco aportan de manera marginal al conjunto de las economías familiares de las comunidades indígenas y rurales del Departamento. Productos como el mañoco, el cazabe y algunos otros derivados de la yuca, se sacan a los mercados locales más próximos. En menor proporción se comercializan productos como plátano, maíz, ají, piña, caimo y otros frutales, así como artesanías elaboradas en madera, fibras vegetales o cerámicas.
Economías extractivas para el mercado. El caso de la minería. Los estudios
geológicos llevados a cabo en el oriente colombiano a partir de los años 80 precisaron la existencia y se aproximaron al potencial de los yacimientos de diversos minerales, en territorio de Guainía. Se reportó oro en las Serranías de Naquén (formación Maimache) y Caranacoa; aluminio en los ríos Guainía y Negro; uranio en Maimachi; un depósito de diamantes en afluentes del caño Guayapito y múltiples depósitos de minerales asociados en diferentes áreas del Departamento (Lobo-Guerrero, 2005).
Tras varias investigaciones se fue ampliando la información sobre nuevos minerales que suscitaron expectativas entre empresarios y particulares. Actualmente se extrae oro de los depósitos aluviales de los ríos Chamusi, Inírida, Guainía, Naquén, Isana-Cuyari y Colorado, y en algunos caños. Entre 1999 y 2000 se registró una producción de 2.000 gramos anuales; en 2001 aumentó a 3.000 gramos (Parques Nacionales Naturales, 2004).
Esta ascendente dinámica se evidencia en el trámite de solicitudes para concesión de títulos mineros en varias regiones del Departamento. De acuerdo con la información del Anuario Estadístico Minero Colombiano, de siete solicitudes para contrato de concesión sobre diversos minerales en el 2004, se pasó a 460 peticiones en el 2008, 150 en el 2009 y 95 en el 2010. Los registros de Catastro Minero Colombiano indican que sólo en un año -comprendido entre 2008 y 2009- se habrían podido formalizar al menos 80 contratos de
concesión minera, sobre 258.482,01 hectáreas, la mayor parte de ellas en Puerto Colombia e Inírida (municipios con casi la totalidad de su superficie en resguardos indígenas), pero también en jurisdicción de la Reserva Natural de Puinawai.
La explotación sistemática de oro en el Departamento ha tenido problemas de licenciamiento que surgieron desde los inicios de la actividad, hecho que no ha impedido que durante todos estos años se haya mantenido una explotación al borde de la ilegalidad. Hasta la fecha no se ha resuelto el estatuto jurídico de los mineros que hacen presencia en la zona hace más de 20 años y que se agremiaron como productores tradicionales desde 1997 (Mendoza, 2012). Recientemente se ha generado una nueva oleada extractivista que reviste interés en la explotación del coltán u “oro azul”, el cual es una combinación de columbio (niobio) y tantalio, altamente resistente a temperaturas elevadas de gran conductividad, indispensable para la fabricación de componentes electrónicos, y conocido como uno de los “minerales de sangre” por las nefastas consecuencias humanas y ambientales que ha tenido su explotación en el África.
METALICOS 8.908 Has. 3% MINERALES METALICOS 102.738 Has. 40% NIOBIO TANTALIO VENADIO CIRCONIO 2.156 Has. 1% HIERRO 1.429 Has. 1% ESMERALDAS 5.940 Has. 2% DIAMANTES 1.980 Has. 1% ORO 135.331 Has. 52% Figura 7.
Hectáreas y porcentaje de títulos mineros según mineral en Guainía.
Fuente: (Zarate, et al. 2012:120).
La minería ha precipitado una afluencia importante de colonos del interior del país que presionan otros recursos de las áreas naturales de los territorios indígenas, cuyas comunidades participan marginalmente y sufren las consecuencias sociales, ambientales y políticas de esta lógica de explotación. Según el Ministerio de Minas, en Guainía existe una zona minera indígena, declarada sobre 47.760 hectáreas (Resguardo: Remanso-Chorrobocón, con
una extensión de 47.769 Has.) (Ministerio de Minas, 1992). La creación de la Zona Minera Indígena -ZMI- demuestra la ambigüedad del Estado, en tanto que ha contribuido a generar situaciones anómalas en cuanto al estatus jurídico de la actividad minera en el Departamento, donde la vinculación de los indígenas a esta actividad se da de diferentes maneras. Por ejemplo, de manera subordinada en empresas de particulares, dado que no cuentan con capacidad para asumir los compromisos económicos de una empresa de exploración y explotación.
Para las autoridades indígenas de Guainía el balance de la minería en sus territorios resulta muy desventajoso. De hecho, algunos han tratado de cerrar el paso avasallante de los buscadores de yacimientos, oponiendo las prerrogativas que les concede la Ley en cuanto a la constitución de zonas mineras indígenas, a la consulta previa o al derecho de prelación.
Finalmente, debe anotarse que las afectaciones y amenazas asociadas a la actividad minera en Guainía, se inscriben en las “zonas grises” del conflicto armado, donde se superponen intereses de la criminalidad, la política, el lucro y las multinacionales, entre otros. En esta combinación de factores resulta visiblemente diezmada la vida individual y colectiva de los indígenas, como sector
más vulnerable (Zarate, et al., 2012:126). Igualmente, es necesario aclarar que
la mayor parte de la producción minera en el Departamento “no ingresa a las arcas nacionales por conductos oficiales y, por lo tanto, no pagan impuestos ni contribuyen al recaudo de regalías” (Mendoza, 2012:104).
Balance general sobre economía, sistemas productivos y medio ambiente. A
pesar de que algunos sectores del Departamento han soportado la presión extractivista y de prácticas productivas que degradan los ecosistemas, el balance general por el momento no presenta resultados críticos para la conservación y la prestación de servicios ambientales sostenibles.
Problemas relevantes: entre los problemas se han resaltado tres aspectos: a) empresas extractivas legales e ilegales; b) pesca comercial que podría afectar la sostenibilidad ambiental y social; c) altos costos en el transporte aéreo y fluvial.