4. Conclusion and Outlook
5.2. Extended Material, Methods and Data
Universidad Nacional de Rosario/ISHIR-Conicet
Introducción
La coyuntura del sesquicentenario de Mayo se hallaba inmersa en un clima político-cultural que invitaba a amplias franjas de intelectuales a replantear el modo en que esa sociedad se veía a sí misma y a su pasado. En este trabajo, buscamos volver la mirada sobre las inquietudes de los intelectuales movilizados por la crisis política abierta por la expulsión institucional del peronismo, su ilegalización y el exilio de Perón, así como también por su defensa y la resignificación de sus postulados.1
El recorte elegido para acercarnos a las resignificaciones del pasado pro- ducidas en esa coyuntura es la colección de ensayos La Siringa, colección de libros de bolsillo editada por la editorial Peña Lillo entre 1959 y 1966, con el objetivo de explorar en ese marco las interpretaciones que diferenciarían a la izquierda nacional de otros segmentos del campo político-cultural, pero también para acercarnos al universo de los imaginarios sociales en torno al pasado en un momento histórico particular.
En ese presente, la historia se veía como el territorio donde se podían descubrir las posibilidades de la nación, explicar sus obstáculos, y reve- lar qué y quiénes la paralizaban desde el origen. Los ensayos históricos evidenciaban una búsqueda en el pasado de un modelo alternativo al que había sido dominante desde entonces. Punto de origen de la nación y punto de apertura hacia lo que nunca se había realizado, Mayo ofrecía algunas claves para responder “quiénes somos” y “qué podemos ser” como nación.
Por este aspecto fundante de Mayo, explorar los sentidos que le han sido otorgados nos puede servir para responder a la pregunta acerca de qué nación piensa el pensamiento nacional, a través de las distintas argumentaciones,
y volver al problema de la relación entre revisionismo histórico e izquierda nacional en los 60.2
Sobre la colección como corpus
La colección que tomamos como recorte para la exploración de estas te- máticas fue un proyecto conjunto de Jorge Abelardo Ramos y Arturo Peña Lillo que editó treinta y seis libros de bolsillo entre 1959 y 1966, entre los que se encontraban ensayos históricos de escritores que se identificaban con la serie de problemáticas que, al calor de las resignificaciones acarreadas por el peronismo, se dieron a llamar “nacionales”. Tomaremos aquellas obras que, además de presentar una preocupación o interpretación histórica, se refieren, al menos lateralmente, al significado histórico de Mayo. Las obras a considerar son los volúmenes 1, 3, 5, 9 y 26, que respectivamente corres- ponden a Historia política del Ejército Argentino. De la Logia Lautaro a la industria pesada, por Jorge Abelardo Ramos (1959), Política nacional y revisionismo histórico, por Arturo Jauretche (1959), La historia falsificada, 3ª ed., por Ernesto Palacio (1960), Rosas: bases del nacionalismo popular, por Eduardo Astesano (1961) e Imperialismo y comercio libre, por Luis C. Alén Lascano (1963).
La decisión de tomar este grupo de libros se debe a que por un lado, nos brinda la posibilidad de considerar en conjunto posturas historiográficas fragmentadas o incluso confrontadas, y a autores quienes, aunque se en- cuentren agrupados, no expresan un conjunto homogéneo de ideas o preo- cupaciones, ni aun la autopercepción de formar parte de un grupo; pero, a la vez, pertenecen a la misma colección, hubo un agrupamiento realizado contemporáneamente. Contamos entonces con un corpus delimitado en aquella coyuntura por la decisión editorial de incluir ciertas obras y no otras en una misma colección.
2. Algunas consideraciones al respecto en Fernando Devoto, “Reflexiones en torno de la iz- quierda nacional y la historiografía argentina”, en Fernando Devoto y Nora Pagano (eds.),
La historiografía académica y la historiografía militante en Argentina y Uruguay, Buenos Aires, Biblos, 2004, pp. 107-131. Mientras que para Tulio Halperín Donghi el amplio espectro de intelectuales provenientes del trotskismo y el comunismo eran los nuevos reclutas del revisionismo, y los nombró “neorrevisionistas”, en nuestro caso la relación entre revisionismo histórico e izquierda nacional constituye uno de los problemas a enfrentar, ya que el contexto de producción, en términos amplios, la década del 60, se encuentra signado entre otros rasgos por la expansión de la interpretación revisionista del pasado en grupos sociales amplios, entre ellos la izquierda. Véanse Tulio Halperín Donghi, El revisionismo histórico argentino, Buenos Aires, Siglo xxi, 1970; Alejandro Cattaruzza, “El revisionismo: itinerarios de cuatro décadas”, en Alejandro Cattaruzza y Alejandro Eujanian, Políticas de la historia: Argentina 1860-1960, Buenos Aires, Alianza, 2003.
Al no encontrarnos con criterios unívocos para definir un recorte de tiem- po, obras y autores bajo la misma etiqueta “izquierda nacional”, elegimos una de las colecciones ofrecidas que ha sido identificada con la corriente, como vía de entrada a un universo tan amplio y difuso de libros y autores. La colección constituye el corpus a partir del cual explorar los problemas que nos hemos propuesto analizar entendiendo que el sistema de referen- cias que configura la edición de una colección nos aparta de definiciones arbitrarias sobre una corriente de pensamiento, y de la idea de izquierda nacional como “hibridación” de nacionalismo e izquierda, como si se tratara de corrientes discordantes.3
Definir la izquierda nacional como hibridación entre nacionalismo e izquierda supone que la izquierda y el nacionalismo eran unidades en sí mismas de algún modo “puras”, que habían transitado hasta el momento por caminos separados, y que de su “mezcla” ha surgido algo nuevo y dife- rente. Si bien esto puede tomarse como cierto, preferimos evitar este punto de partida y comenzar por este efecto de edición que nos remite a un piso común para la multiplicidad de interpretaciones históricas, más allá de si pueda verificarse luego que ha surgido algo nuevo del encuentro.
Mayo y la nación en los ensayos
Consideramos el ensayo dentro del tipo de discursos que Marc Angenot llamó “entimemáticos”, con intenciones persuasivas, en los que lo esencial es lo no dicho: la “literatura de combate” en la que encontramos, además del ensayo, la polémica, el editorial, el manifiesto o el panfleto.4 Analizar el
ensayo como texto entimemático supone rastrear lo no dicho en la construc- ción de argumentaciones: las máximas o topoï en que se basan, implícitas en una serie de recursos. Esto significa que es necesario atender recursos como la paradoja, la elipsis, la polémica, la metáfora (los desplazamientos y las condensaciones) y el aforismo para encontrar los lugares comunes en los que se apoyan los enunciados. Indagaremos en los presupuestos comunes antes que en tipologías o repeticiones de temas, interpretaciones o palabras, ya que éstas no nos permitirían rastrear la multiplicidad de sentidos otorga- dos. La propuesta no es recuperar el sentido dado a Mayo, ni explicar hasta
3. La noción de hibridación se encuentra en las caracterizaciones de Beatriz Sarlo, La batalla de las ideas, Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 48; Horacio Tarcus, “El corpus marxista. 1955- 1976”, en La irrupción de la crítica, vol. 10 de Noé Jitrik (dir.), Historia crítica de la literatura argentina, Buenos Aires, Emecé, 1999, p. 480.
4. Marc Angenot, La parole pamphlétaire. Contribution à la typologie des discours modernes, París, Payot, 1982; Mariana di Stéfano (coord.), Metáforas en uso, Buenos Aires, Biblos, 2006, p. 34 ss.
qué grado se comparten las interpretaciones sobre el acontecimiento o los actores principales, sino recuperar los sentidos que se pusieron en juego, que entraron en diálogo en un momento determinado en torno a Mayo.
Exploraremos entonces los puntos en común, los sentidos comunes, que pueden encontrarse dentro de la colección. La pregunta que nos guía es si, además de encontrarnos con un conjunto de autores que venían de tradiciones muy diferentes y con textos unidos por efecto de incluirse en una colección, podemos encontrar también aquello compartido: los supuestos que constituían el piso común a partir del cual las posiciones, encontradas o no, pudieron entrar en diálogo. Esto supone ir más allá de lo dicho explícitamente y bus- car en el nivel de lo no dicho los lugares comunes de los distintos ensayos que conforman la colección, para así acercarnos a los postulados implícitos en que se basan y que son compartidos por los destinatarios del discurso. Y, de este modo, poner en evidencia la necesidad de atender el problema tanto en el nivel de lo implícito como en el de lo explícito, entendiendo que ambos niveles son generadores de sentidos.
Para analizar los lugares comunes en torno a Mayo, consideramos en primer lugar el antiliberalismo como punto de encuentro. Michael Goe- bel señaló sobre los distintos autores que se podrían agrupar dentro del revisionismo de izquierda o neorrevisionismo que, aunque no acordaban en qué símbolos o figuras exaltar, sí coincidían en quién era el enemigo: el mitrismo, la conspiración de silencio, la falsificación de la historia, la penetración ideológica y cultural.5 A partir de la hipótesis de Goebel res-
pecto de que el enemigo común unifica los relatos históricos de los distintos autores pertenecientes al amplio campo de encuentros entre el marxismo y el revisionismo, exploramos los distintos modos en que se presentaban y se articulaban estas representaciones en las obras de la colección.6
A pesar de que Mayo no se encuentra tematizado como acontecimiento en los distintos ensayos que analizamos, en este trabajo nos interesa abordar lo que podemos considerar a priori un “lugar común” antiliberal sobre Mayo: el origen que sella el destino de una Argentina liberal, pro imperialista y
5. Michael Goebel, Argentina’s Partisan Past. Nationalism and the Politics of History, Liverpool University Press, 2011, pp. 114-115.
6. Tal amplitud de problemas y elementos a analizar no está contemplada en esta ponencia. Aquí privilegiamos los problemas en torno a Mayo y la nación, mientras que la cuestión de la falsificación de la historia la hemos trabajado en la ponencia “Representaciones del pasado en La Siringa (1959-1966)”, xiv Jornadas Interescuelas-Departamentos de Historia, Mendoza, 2013, y de manera más amplia en la tesina de grado “El diálogo se ha vuelto posible. Las for- mas del pasado y la política en la colección de libros La Siringa”, Facultad de Humanidades y Artes-Universidad Nacional de Rosario, marzo de 2014.
porteña. Para abordar este problema, preguntamos a los distintos ensayos qué comienza en Mayo.7
La “revolución reducida” y la desintegración del virreinato
En Política nacional y revisionismo histórico de Arturo Jauretche en- contramos un acercamiento histórico que inscribe los conflictos anteriores a Caseros como los distintos aspectos de una sola lucha entre un “país que quería realizarse, según su modo americano y tradicional” y una “finalidad británica de acomodarlo a su esquema imperialista”.8
Efectivamente, desde un principio, en Mayo emancipador se definen las dos corrientes de nuestra historia. Una tendencia trata enseguida de reducir la revolución, casi [a] un problema municipal, y el puerto fija un destino de esta tendencia y ésta un destino a la nación.9
Mayo se considera sin más el comienzo de la historia nacional, pero nos detendremos en dos imágenes: “reducir la revolución” y “el puerto fija un destino”. Esta última metáfora dentro del desarrollo de la argumentación deja a la interpretación del lector que existía y existe una tendencia que supone que la nación es Buenos Aires y su hinterland, a la que sólo interesa el intercambio comercial a través del puerto, y que estos intereses comer- ciales de Buenos Aires marcaron desde la Revolución de Mayo un destino
7. Para el análisis, nos apoyaremos en aquellas herramientas que nos permitan vincular el despliegue argumentativo con su capacidad persuasiva en un momento histórico determinado. Seguimos las reflexiones de Christian Plantin respecto de la operación argumentativa, la cual se apoya sobre un enunciado asegurado (aceptado) – el argumento– para llegar a un enunciado menos asegurado (menos aceptable), la conclusión. La operación argumentativa construye una respuesta a las preguntas: ¿Qué debemos creer? ¿Debemos creer esto? ¿Qué debemos pensar sobre esto? Y: ¿Qué debemos hacer? ¿Debemos hacer eso? ¿Cómo debemos actuar a partir de esto? Los enunciados se presentarían entonces en dos formas lingüísticas principales: para el primer tipo de preguntas, una forma constatativa, en el presente del indicativo, “las cosas son así”; para el segundo, una forma inyunctiva, típicamente en imperativo “hagamos pues esto”. El paso de lo aceptado a lo menos aceptado se da mediante una ley de paso, que aporta a la premisa un sentido argumentativo que no tenía antes. A menudo implícita, la ley de paso permite al argumentador apoyar lo que dice en un principio, en una convención admitida en su comunidad de habla. También recibe el nombre de lugares comunes, máximas o topoï, en los que se apoyan los entimemas (razonamientos incompletos). Véase Christian Plantin, La argumentación, Barcelona, Ariel, 2001, pp. 39-43.
8. Arturo Jauretche, Política nacionaly revisionismo histórico, Buenos Aires, Peña Lillo, 1959, p. 9.
(negativo) para toda la Argentina. Desde entonces, se habría producido la europeización cultural de la nación.
La patria vista como un puerto con su prolongación pampeana, una cabeza de puente de Europa, destinada al intercambio de productos. Con ese punto de vista, el país debe ser lo menos americano posible, lo más maleable a la europeización cultural según el modelo político francés de entonces y el plan económico inglés. Economía, sociedad y cultura deben acomodarse a ello, y se hace necesario disgregarse del todo latinoamericano, y subsidiariamente del todo geográfico que ha constituido el virreinato del Río de la Plata.10
“Reducir la revolución” y “reducir la nación” se asimilan en la argumen- tación a reducir el territorio. Aparece una totalidad concreta, el territorio virreinal, como escenario que pone en evidencia que lo que ha sucedido es una disgregación o separación que comienza en la Revolución de Mayo y queda consolidada con la guerra del Paraguay.
Vemos que se atribuye una continuidad entre Estado colonial y Estado-na- ción que no necesitaría ser justificada, se da por evidente, para argumentar que el virreinato había sido un todo que luego la europeización redujo: la continuidad colonia-nación es un presupuesto asociado al de reducción del territorio, ya que habilita considerar a la Argentina el legítimo heredero de la totalidad del virreinato, y a todos los países que una vez fueron parte de él y ahora son Estados independientes –Bolivia, Paraguay y Uruguay– como pérdidas de territorio. La percepción de que todo el territorio ante- riormente incluido en el virreinato pero no incluido en el Estado argentino es una pérdida neta da cuenta de una perspectiva que podríamos llamar genealógica de la nación y patrimonialista respecto del territorio.11
10. Arturo Jauretche, Política nacional…, p. 170.
11. Un recorrido histórico por esta concepción del territorio vinculada a la noción de pérdida se remonta al período rosista, tal como puede verse en Paulo Cavaleri, La restauración del virreinato. Orígenes del nacionalismo territorial argentino, Bernal, unqui, 2004; para apre- ciar la pervivencia y la extensión de este sentido común respecto de la historia y el territorio argentinos pueden verse Carlos Escudé, “Argentine Territorial Nationalism”, Journal of Latin American Studies, vol. 20, N° 1, Cambridge University Press, 1988, pp. 139-165; Alejandro Grimson, Mitomanías argentinas, Buenos Aires, Siglo xxi, 2013. En cuanto a la mencionada concepción de la nación, las perspectivas genealógicas son aquellas que suponen que se trata de entidades singulares y objetivas que evolucionan en el tiempo desarrollando un principio que les es inherente. Mientras, el enfoque antigenealógico enfatiza la modernidad y el ca- rácter de construcción mental de la nación, entendiéndola como entidad inventada, producto de fenómenos como la secularización, la burocracia y el capitalismo que se da a sí misma un pasado inventado. Un análisis de ambas posiciones puede encontrarse en Elías Palti, “Nación. El enfoque genealógico de la nación y sus descontentos. El dilema hobsbawmiano”, en Aporías: tiempo, modernidad, historia, sujeto, nación, ley, Buenos Aires, Alianza, 2001, pp. 193-232.
Esa reducción, según la argumentación de Jauretche, era además la que contemporáneamente resistía San Martín. En cuanto a la corriente alternativa, la figura de San Martin es la que condensa el proyecto de que “la nación se realizara” frente a la “antinación”, a la que se refiere como “concepción de factoría”, concentrando las distintas nociones vinculadas a la idea de nación reducida. Jauretche toma como punto de partida “Mayo emancipador” para construir la genealogía de la antinación, la falsificación de la historia y la “factoría”, privilegiando las continuidades de lo que allí comienza y tiene consecuencias políticas hasta el presente, sin juzgar a Mayo en sí mismo como acontecimiento histórico.
A continuación, repetiremos la pregunta que guía este trabajo en argu- mentaciones que ofrecen orígenes alternativos para la nación.
El significado de Mayo ante otros orígenes para la nación
La reedición de La historia falsificada de Ernesto Palacio (1939) trae al presente una interpretación que proponía otra genealogía. La historia había sido falsificada, según Palacio, para negar o esconder la filiación española y por ello provocaba ignorancia sobre la identidad verdadera: impedía a los argentinos saber que eran hijos de España, lo cual tuvo como consecuencia que la conciencia histórica ligada a la conciencia del ser se encontrara obturada.
No sabemos qué hacer porque no sabemos lo que somos; y no sabe- mos lo que somos porque se nos ha confundido deliberadamente sobre nuestros orígenes y no sabemos ahora de dónde venimos.12
En su argumentación vemos que la historia falsificada impuso, después de Caseros, un origen falso para la nación: nos hizo creer que éramos hijos de las ideas de la Revolución Francesa, negando nuestro pasado español. Los intereses detrás de la historia falsificada que pertenecían al siglo pasado habían instaurado un sistema de valores según el cual fueron apartadas la herencia española y la figura de Rosas. Palacio niega la existencia de un origen nacional en 1810 y lo que aparece como problema es el significado histórico otorgado al acontecimiento por Mitre, quien a su vez negaba la importancia de la herencia hispánica.
Mayo en esta mirada no condensaba en sí mismo el comienzo de una genealogía histórica negativa para la nación, sino que el hecho de conside- rarlo un comienzo era lo que acarreaba efectos negativos.
La adopción de este mito arbitrario envenenó toda nuestra vida colectiva. Porque declararnos hijos de la Revolución, tanto daba como considerarnos hijos del Caos, ya que sus principios implican la negación de todas las condiciones de convivencia social.13
Ante esto, la revisión histórica para Palacio en 1939 era lo que permitiría restablecer “el vínculo natural con la tradición hispánica”,14 es decir, volver
a los valores verdaderos y positivos de la herencia colonial y de Rosas. El ensayo de Luis Alén Lascano se inscribe también en una interpreta- ción hispanista, afirmando que el origen de la nación se encuentra en las corrientes civilizatorias que se instalaron en el interior, “la primera sociedad argentina es la que se asienta en el interior mediterráneo, bajando con las corrientes civilizatorias por el norte y el noroeste territorial”, conformando una “patria vieja” que se había fundado desde allí.15
En cuanto a la interpretación histórica de Mayo, se refiere en particular a la gloria póstuma de la Representación de los hacendados, gloria que se debe a que “había que justificar históricamente las teorías librecambistas”,