• No results found

Extension to Handle Additional Missing Data

Así anduve mucho tiempo empleándome como sirvienta en las casas, pero un día me cansé de esa vida, porque a veces tenía yo tan mala suerte que en algunas casas me pagaban poco o nada, hasta que por fin abrí mis ojos y tomé la decisión nuevamente de huirme a otra ciudad. Mi deseo era ir a otros lados a trabajar, mi esperanza era conseguir trabajo como ayudante de cocina, en alguno de esos res- taurantes que se ponen en las ferias en donde se dan de comer puras cosas de Oaxaca.

¡Ah!, me acuerdo mucho de la ocasión en que se celebraba la fiesta de Santo Domingo en Yaxal Wits. Míralo, en ese tiempo traba- jaba en casa de doña María pero un día, cansada de estar ahí, decidí que habría de irme pero no sabía cómo; de tanto estarlo pensado se me vino a la idea de que en mi tiempo libre le pediría permiso a la señora para ir a pasear a la feria, teniendo claro que mi intención era meramente el ir a buscar trabajo en esos negocios oaxaqueños; de lo que me quisieran dar, no importaba. Por fin, cuando logré tener el permiso de la señora, me alisté bien y me fui a la feria; una vez que llegue comencé a caminar entre los puestos, preguntando de restau- rante en restaurante si había trabajo para mí. Después de un rato me acerqué a uno de esos negocios; de pronto una señora alta, morena y gorda me preguntó qué quería, y le respondí que trabajo andaba bus- cando. Escuchada mi intención, luego luego me dijo la dueña: “qué bueno que llegaste porque sí necesito una ayudante de cocina”, y así mero fue como me fugué de la casa de mi ixawal y empecé a trabajar en las ferias, trabajo que hasta la fecha hago.

En ese tiempo, que alegre era mi vida en ese tiempo, gracias a este trabajo conocí muchos lugares de Chiapas y de Oaxaca. La pri- mera vez que viajé fue a la ciudad de Oaxaca. Cuando llegamos a al- gún pueblito en donde había feria, lo primero que levantábamos era nuestro puesto bien arregladito, que se viera bonito, elegante. Luego, preparábamos las comidas que venderíamos para los días de fiesta. Así me la pasaba, me gustaba mucho esta vida porque yo me dedicaba a ayudar en la cocina y a servir en las mesas a las personas.

Fíjese lo que me pasó en ese primer viaje, ¡no lo va a creer pero, ahí... tuve a mi primer novio! Este era un zapoteco muy gua- po, lo recuerdo mucho porque él me enseñó y me preguntó muchas

cosas sobre mi cuerpo; mi noviazgo era muy divertido con él. ¡Ah!, como lo gocé. Pero, desgraciadamente, cómo es la vida ¿no?, con ese mi novio no dilaté mucho pero, eso sí, durante el tiempo que lo fue me visitó dos veces en la ciudad de Yaxal Wits. Después de él he te- nido muchos más novios, pero mi primer novio lo recuerdo mucho porque fue muy importante en mi vida, porque éste me enseñó mu- chas cosas bonitas.

Durante algunos años estuve trabajando de esa manera pero, un día, decidí que ya sería bueno que yo tuviera mi propio restauran- te de comida oaxaqueña, ya no quería tener patrones, pero quería se- guir en esta vida de viajes. Así fue que en una ocasión tomé mi dinero que había ahorrado y puse mi negocio, el que ahora ves que se llama La Juchita. Cada que hay feria grande en Oaxaca o donde quiera, yo voy, así que de esta forma he logrado tener dinero pero, viera doña Chonita, así como lo gano, así lo pierdo. He llegado hasta tener ca- rro pero, han habido ocasiones en que yo he estado un poco mal de dinero; cuando me pasa eso es porque alguien me anda echando mal.

Cuando sucede eso agarro mis cosas y me voy a curar ya sea con una ajnanum de Comalapa o de Villa Las Rosas, viera qué buenas son, lo digo porque muchas de mis amigas me han platicado de ellas y me dicen que cuando tenga algún mal vaya a visitar a estas señoras. Cuando me voy a curar con ellas le digo a la curandera que me haga “la limpia para que yo tenga suerte con mis novios”, me hace la limpia para que yo tenga suerte y dinero y pueda seguir con mi negocio. Ya ve usted que la gente nada quiere; si estás bien, luego luego te echan envidia; si estás mal también se ríen de uno, por eso digo que no hay que hacer caso de lo que la gente dice. En otras veces estoy jodida de dinero porque yo misma me jodo, es que soy muy cabrona. Cuando tengo mis novios, como está contento mi corazón, siempre les doy dinero para que compren lo que quieran; los llevo a pasear porque me gusta tener a mis novios bien atendidos, porque nunca faltará en- contrarse a otra mujer que lo trate mejor que una, y luego luego se van con ellas y a una la mandan a la chingada.

Pero eso sí, tengo dinero, pues. Bueno, y cuando no tengo da igual porque estoy contenta, porque he dejado allá en mi pueblo las burlas de la gente.

Chonita deja descansar un rato a Inés, pues en esa charla ca- tártica la joven ha eliminado por un momento los malos ratos que vivió en su juventud. La tendera ofrece un vaso de agua y unos cara- melos con ajonjolí para humedecer la garganta reseca por la charla.

Inés, pensativa, descansa reclinada sobre el mostrador del tendejón oyendo la lluvia. La anciana percibe que la joven se encuentra per- turbada. Después de unos minutos pregunta:

—¿Pero qué haces cuando te ve la gente de tu pueblo aquí en Las Margaritas?