Considero que la oposición entre lógica pura y pragmatismo lógico es muy implícita en
Hacerlo Explícito. Brandom menciona inicialmente y luego de forma dispersa que la
lógica es una ciencia normativa que prescribe los modos correctos de realizar inferencias. Las prescripciones elaboradas por la lógica tienen la forma de reglas explícitas de inferencia que se han obtenido por medio de la explicitación en enunciados condicionales de las normas implícitas ya existentes en las prácticas inferenciales. Dado que las prácticas inferenciales son discursivas y éstas son lingüísticas, las cuales son a su vez sociales, entonces las prácticas inferenciales se realizan usando un vocabulario general que pertenece al sistema lingüístico de una sociedad. El vocabulario que se usa para explicitar las prácticas inferenciales es especial y un subconjunto del general; es especial porque es reflexivo, ya que opera sobre sí mismo y sobre el vocabulario general, es decir, lo que cuenta como vocabulario lógico puede y suele usarse para referirse al vocabulario lógico mismo como cuando se dice “el modus ponens es una forma lógica válida”, en donde ‘modus ponens’ es el nombre de un sujeto lógico y ‘forma lógica válida’ el de un predicado, expresiones que pertenecen ambas al vocabulario lógico que no es necesariamente formal pero suele estar formalizado. Así, según Brandom, sobre cualquier sistema lingüístico puede efectuarse una partición en dos vocabularios: lógico (generalmente formal) y no lógico (material). Cabe aclarar que dicha partición o bien es distinta de la que se hace entre expresiones sustituibles y no sustituibles o bien Brandom incurre en una inconsistencia si supone que son la misma partición, pues él mismo señala que no toda forma tiene que ser lógica, además de que la lógica no tiene que ser toda formal, de ahí su pragmatismo lógico. Si dicha partición no pudiera realizarse, entonces o todo el vocabulario general sería no lógico o material y, por ende, no podrían estipularse inferencias correctas, o todo el vocabulario sería lógico, cosa que es imposible al considerarse que las expresiones lógicas requieren de un vocabulario no lógico sobre el cual operar y por medio del cual poder ser aplicadas en la práctica32.
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Esto sugiere que Brandom hace una referencia implícita a la sintaxis cuando habla del vocabulario formal, por lo que parece que él también cree que el formalismo lógico es sólo sintaxis explicitada en fórmulas por medio de símbolos y signos propios de la lógica. Sin embargo, hay semántica y pragmática formalizadas y existen componentes sintácticos que aun no han sido explicitados en fórmulas,
El hecho de que la lógica, como ciencia normativa, prescriba reglas de inferencia por medio de su explicitación con ayuda del vocabulario específicamente lógico, indica que Brandom, consecuente con su pragmatismo, esté concentrado en la función de la lógica en la filosofía y, tal vez, en las prácticas inferenciales en general y no preste atención a la lógica en sí misma, como una disciplina con asuntos propios e independiente de las posibilidades de la aplicación de sus desarrollos. Es decir, no es claro si en Brandom hay un supuesto de que la lógica no es una disciplina pura o de si no tiene sentido hablar de lógica pura, o si puede existir una lógica pura cuya definición no es de interés para el pragmatismo brandomiano. En ciertas circunstancias Brandom critica lo que él denomina un platonismo de las normas, a veces también pareciera preocuparle el ser calificado de dualista, ya no cartesiano sino kantiano, es decir, no un dualismo entre cuerpo y espíritu o mundo material y mundo formal-ideal sino un dualismo entre mundo de hechos y mundo de normas. Adicionalmente, en el contexto del pragmatismo la distinción entre praxis pura y teoría pura pareciera no tener sentido, y esto de forma característica. Se añade a esto el hecho de que hablar de formas puras, abstractas, ideales, universales, objetivas e independientes de las contingencias de cada mundo posible, como la hizo Husserl, está tan estrechamente vinculado con el platonismo que parece imposible no comprometerse con dicha ontología de las ciencias formales. Por estas razones, considero que para Brandom, de forma implícita, no tiene sentido hablar de lógica pura, independiente de las normas que rigen a las prácticas inferenciales.
A veces también pareciera que Brandom confunde la lógica como una disciplina que tiene sus propios objetos de estudio: cierto tipo de sistemas formales, con el recurso a la lógica para el modelamiento formalizado de las prácticas lingüísticas. El físico matemático usa la matemática (y la lógica y la estadística) para hacer explícitas en ciertas definiciones y fórmulas las regularidades implícitas en los sucesos físicos (o por lo menos los supuestos que se asumen cuando se describen tales sucesos), pero el matemático no hace matemática para hacer explícita regularidad o supuesto descriptivo algunos en el mundo de ciertos sucesos que se puedan llamar empíricos; el matemático estudia todas las posibilidades de las formas, independientemente de si éstas subyacen implícitamente a
luego no toda la lógica entendida como ciencia formal se reduce a la explicitación en fórmulas de la sintaxis implícita en las prácticas inferenciales.
suceso alguno o si existe o es concebible suceso alguno que pueda determinarse por alguna de dichas formas. Si se reconoce que no es carente de sentido afirmar que las prácticas sociales, entre las cuales se cuentan las prácticas lingüísticas como un subtipo de aquellas, son parte del “mobiliario” del mundo en el sentido de que tienen al menos algo en común con los hechos físicos en vez de estar construyendo la realidad desde afuera, entonces, por analogía, puede decirse que el lingüista matemático usa la matemática (y la lógica y la estadística) para hacer explícitas en ciertas definiciones y fórmulas las regularidades implícitas en las prácticas lingüísticas. Pero el lógico no hace lógica para hacer explícita regularidad alguna en el mundo de las prácticas lingüísticas qua empíricas. El lógico estudia todas las posibilidades de las formas en general que le sea posible y establece particiones entre conjuntos de dichas formas, independientemente de si éstas subyacen implícitamente a práctica lingüística alguna o si existe o es concebible práctica lingüística alguna que pueda determinarse por alguna de dichas formas. Sostener que la función esencial del quehacer lógico es hacer explícitas en fórmulas (expresiones en vocabulario lógico) las normas implícitas en las prácticas inferenciales implicaría sostener que no habría diferencia entre la lingüística matemática de las prácticas lingüísticas y la lógica “pura”, cosa que ni los lógicos ni los lingüísticas matemáticos parecieran estar autorizados a decir. Un ejemplo de criterio diferenciador entre el hacer lógica “pura” y usar la lógica para explicitar regularidades de las prácticas lingüísticas es que mientras que en el primer caso los resultados del quehacer lógico no pueden ser evaluados según su adecuación a un conjunto de sucesos, en el segundo caso el resultado del quehacer lógico puede ser evaluado según si falla o se adecua a las regularidades implícitas en las prácticas lingüísticas toda vez que la tarea consista en lograr acertar en la debida explicitación de la forma subyacente a la práctica lingüística en cuestión. Si en el proceso de modelamiento formal de una práctica lingüística ocurre que, por ejemplo, el vocabulario lógico que mejor la explicitaba era una conjunción pero se la pretendió explicitar por medio de una disyunción excluyente, entonces hubo un fallo en la explicitación; pero no puede decirse que el lógico falla ni se adecua a la forma subyacente a una práctica lingüística cuando define, por ejemplo, vertitativo-funcionalmente a la conjunción, aunque existan casos en que su “análoga” lingüística no siempre opere de la misma forma. Si la cuestión radica en hacerle justicia al uso del ‘y’ al hacer inferencias en el lenguaje natural, entonces se trata
precisamente de un uso explicitador de la lógica y no necesariamente de lógica pura, pero incluso si fuese lógica pura, aunque la definición veritativo-funcional de la conjunción haga justicia al menos en parte a la forma más amplia y básica del uso del ‘y’ en las inferencias en el lenguaje natural, éste no es necesariamente el criterio fundamental para decidir si la especificación de una figura lógica es acertada o no, pues la apelación a los usos intuitivos ya ha mostrado en otras ocasiones no ser tan buen criterio como se cree. Ejemplo de ello es la teoría intuitiva de conjuntos que condujo a la tan conocida paradoja de las clases de Russell.